Por qué traducir a Jose Maria Arguedas al Quechua/ Gloria Caceres Vargas

En este esperado texto Gloria Caceres Vargas, que ademas de ser poeta y narradora quechua es traductora de Jose Maria Arguedas al quechua,  comparte sus reflexiones acerca de la traduccion literaria a la lengua de los andes. Sosteniendo entre otras cosas, que no cree que Jose Maria Arguedas haya pensado en quechua y escrito en castellano, cosa en la que estoy en completo acuerdo. Sin duda este es un punto polemico, pero el articulo vale  por esto y porque ademas da pautas utiles a tomar en consideracion para la traduccion literaria en momentos  en que hay un fuerte desarrollo de la literatura quechua y en lenguas nativas.  Todo esto es nateria de mucho dialogo e invitamos al ayllu a partipar  haykaylla imaylla en el intercambio de ideas al respecto. Sullypayki panicha

 

¿Por qué traducir al quechua a José María Arguedas?

 

Gloria Cáceres Vargas

 

 

¿Imapunin kachkan chay mayu patapi, taytallay ductur?

Largavistaykita urquykamuy, qawaykamuway, atispaqa[1].

José María Arguedas

 

 

Presentación

 

¿Por qué traducir los cuentos de José María al quechua si él lo hablaba muy bien y conocía profundamente el mundo andino? Siendo así, ¿por qué no escribió más en quechua? Es un asunto que siempre me lleva a pensar en la naturaleza de la palabra y su relación con el pensamiento y sentimiento. Según Vygotsky[2] “de la palabra hemos conocido siempre sólo su aspecto externo, el dirigido a los demás. Su otro aspecto, el interno, su significado, es desconocido como la cara oculta de la luna, ha permanecido y permanece sin estudiar.” Pensamos que ahí también está la clave de la elección de la lengua, ¿por qué una persona siendo bilingüe tiene preferencia por una de ellas para expresarse de manera escrita?  Como ésta surgen otras a nivel lingüístico que sería interesante indagar.

Ahora bien, la producción poética de José María en quechua ha sido reunida y publicada por Sybila Arredondo en Katatay[3] Temblar, con algunas notas explicativas sobre las fechas y circunstancias en que fueron escritas. En él reunió todos los poemas que habían sido publicados anteriormente, tenemos así, el más célébre y trascendente poema Tupac Amaru kamaq taytanchisman (haylli – taki). A nuestro padre creador Tupac Amaru (himno – canción) publicado en 1962; Iman Guayasiman. Qué Guayasamín (1964 o tal vez 1965 ¿?); Jetman, haylli. Oda al Jet (1966); Katatay. Temblar (1966); Huk Doctorkunaman Qayay. Llamado a algunos Doctores (1966); Cubapaq. A Cuba (1968), este poema fue traducido por Leo Casas y finalmente Qollana Vietnam Llaqtaman. Ofrenda al pueblo de Vietnam (1969), cuya versión al castellano es del mismo Arguedas y de Alfredo Torero. En 1938, se había publicado Canto Kechwa, en edición bilingüe, con un ensayo sobre la creación artística.

En la vasta obra narrativa de Arguedas encontramos solo un cuento escrito en versión bilingüe Pongoq mosqoynin (Qatqa runapa willakusqan) El sueño del Pongo (cuento quechua)[4].  Quizás la explicación reside, como dice Sybila[5], en que nuestro narrador consideró, en ese entonces, que era inútil escribir en quechua porque la castellanización estaba arrasando con el conocimiento y uso de la lengua quechua y gran parte del Perú profundo ya eran hispanohablantes que habían sido alfabetizados en el castellano; entonces desde ese punto de vista, tanto esfuerzo no merecía la pena. Las circunstancias socioculturales eran otras, porque decir que hablábamos quechua o aimara significaba ser menos que los demás, ser un atrasado y así lo sintió Arguedas y lo expresó en el primer verso del poema Huk Doctorkunaman Qayay. Llamado a algunos doctores, poema dedicado a Carlos Cueto Fernandini y a John V. Murra: Manas imatapas yachaniñachu, atrasus kayku; huk umawansi umaykuta kutichinqaku[6]. “Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor”[7]. Al respecto creo que José María se equivocó porque en estos últimos veinte años la situación del quechua ha cambiado, se aprecia que ha avanzado y continua avanzando, los escritores que la tienen por lengua materna han empezado a escribir poemas, relatos en su propia lengua, ya sea en versión monolingüe como es el caso de Andrés Alencastre Killku Waraka, Hugo Carrillo o en versión bilingüe como Dida Aguirre, Arnulfo Fuentes, Odi Gonzáles, Feliciano Padilla,  etc. Y en narrativa tenemos a Porfirio Meneses, Sócrates Zuzunaga, José Oregón Morales, Macedonio Villafán y otros más. También la traducción de poesía y narrativa peruana, latinoamericana y universal contemporánea al quechua, en estos últimos años, ha aumentado y algunas han tenido la suerte de ser publicadas y otras como la de Manuel Marticorena, que tradujo Los Heraldos Negros no pudieron tomar la forma de libro[8]. Entre las obras que han sido publicadas, mencionaremos algunas: El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, en quechua ecuatoriano; El principito, de Antoine de Saint-Exupéry en quechua ecuatoriano; Paco Yunque[9], de César Vallejo, en quechua surperuano; El principito[10], de Antoine de Saint-Exupéry, también en quechua surperuano;  el poema El Río[11], de Javier Heraud, en quechua surperuano; La agonía de Rasu ñit’i[12], en quechua surperuano; Trilce[13], de César vallejo en quechua sureño; Los heraldos negros[14], de César vallejo en quechua sureño.

Últimamente, Washington Córdova ha traducido cuentos y novelas de autores de la penúltima literatura peruana, entre otros, a Félix Huamán, Oscar Colchado, Dante Castro, Julián Pérez.

 

Fundamentación

La traducción como actividad marcó fundamentalmente la historia de los intercambios humanos tanto en la constitución de los estados y en las mutaciones religiosas como en la difusión mundial de la cultura y en la salvaguardia de las lenguas menos difundidas, casi olvidadas. En la historia de la humanidad, el traductor y el intérprete siempre han cumplido un papel altamente diplomático y estratégico, cultural y político, porque después de la lengua en sí, la traducción es el primer instrumento universal de comunicación.

La traducción en el Perú, como profesión de gran valor, no ha sido muy conocida ni reconocida pese a que se ejerce desde hace mucho tiempo y tampoco se ha valorado el rol importante del traductor oficial en nuestra sociedad. En la actualidad, esta situación también va cambiando porque algunas universidades como la de Ricardo Palma, la Universidad Femenina tienen la Facultad de Traducción. Asimismo se organizan encuentros, conversatorios sobre traducción en lenguas occidentales (inglés, francés, etc.), pero en lo que concierne a la traducción en lenguas nativas no se ha avanzado porque ninguna universidad peruana forma traductores en estas lenguas, ni siquiera en el quechua, aimara o alguna otra lengua amazónica que son las más difundidas. Las lenguas nativas son lenguas oficiales según la Constitución Política, sobre todo en las regiones donde se hablan pero esto ha quedado solo en el papel. Paradójicamente a esta actitud, la reciente Academia Peruana de Traducción (APT) ha organizado por dos años consecutivos el Conversatorio: “El quechua como lengua de traducción e interpretación” en la ciudad de Lima, el último fue en 2011.

La traducción literaria que es la que nos interesa corresponde a un tipo de traducción que representa mayor complejidad debido a la naturaleza misma del texto por traducir o traducido. La traducción permite la realización de un acto comunicativo que, debido a las barreras lingüísticas y culturales no hubiera sido de otro modo posible[15].  La traducción literaria es una acción transgresora que lucha contra su propio destino enfrentándose a sus propios obstáculos con la esperanza de encontrar un medio para vencer la incomunicación[16]. Y esto adquiere mayor certeza cuando se trata de traducción de textos literarios porque la literatura no muestra un comportamiento unidireccional ni representa una constante sólida en la tradición cultural de un país, es una realidad dinámica y metamórfica. Las peculiaridades del texto literario que no comparten otros textos (estilo, creatividad léxica y semántica, realce de la forma, preocupación por el sonido, etc.) convierten a la traducción literaria en un caso aparte, en una compleja tarea intelectual y es desde esa óptica que debemos revalorar a la traducción literaria –desde su condición perfectible e inacabable– como una  labor creadora por excelencia que coadyuva al fortalecimiento de la literatura y por ende de la cultura de los pueblos.[17]

 

Antecedentes

En la historia de nuestro Perú, la traducción estuvo presente desde los primeros años de la colonia. El quechua, en una de las etapas de su desarrollo fue la lengua de administración del imperio pero después se convirtió en el instrumento de evangelización de la iglesia colonial. El III Concilio de Lima (1583 – 1584) impuso ciertas normas con criterios prácticos para escribir y traducir en quechua porque el objetivo era transmitir mensajes coherentes sin particularismos en la vasta región que fue el Perú. La “Doctrina Christiana y Catecismo” fue la primera obra publicada en 1584 en la Ciudad de Lima, en las dos lenguas generales: el quechua y el aimara. En ella ya se señala los antecedentes de una traducción literaria en la Lengua General (quechua) aprobada por el Concilio y lo comprobamos en esta cita. “Y por huir del vicio de los extremos se tomó el medio que es lenguaje común, fácil y propio, observando en la traducción la regla de interpretar sentido por sentido más que palabra por palabra y túvose en esto más atención a las provincias que están fuera del Cuzco y de los pueblos…”[18] Se tenía conciencia que para mantener la unidad de la lengua de llegada o meta se debía señalar las reglas de traducción. Posteriormente se escribieron, se tradujeron en Lengua General los sermones y ejemplos relacionados con la evangelización en el Perú. Gérald Taylor en su libro “Sermones y Ejemplos”[19] nos presenta cinco documentos del siglo XVII cuyos originales fueron escritos en castellano y luego traducidos al quechua. Estas traducciones fueron hechas en la Lengua General recomendada por el III  Concilio limense,  lo cual no disminuye su valor como testimonios de la evolución de la lengua escrita.  En “Sermones y Ejemplos” G. Taylor nos presenta una versión normalizada del quechua colonial y concluye con una expresión que deberíamos reflexionar: “nuestra finalidad es que sirvan para introducir al estudiante a un aspecto del desarrollo del quechua como lengua literaria.”[20]

 

No pretendemos hacer una historia de la literatura escrita en quechua de la colonia sino señalar los antecedentes de la tradición y traducción literaria en esta lengua. Hay muchos manuscritos y textos publicados durante los siglos XVI, XVII y XVIII que tratan de la evangelización pero también hay otros que, hoy en día, se podrían consideran verdaderos testimonios literarios;  nos referimos a las obras de teatro, por ejemplo los auto-sacramentales que fueron escritos en el quechua llamado Lengua General: “El Hijo pródigo” y “El rapto de Proserpina y sueño de Endimión” cuya autoría han sido atribuidas a Juan de Espinoza ‘El Lunarejo’. Hubo también comedias: “El pobre más rico”, “Usca Paucar” y “Ollantay”, todas fueron escritas en la Lengua General y publicadas entre 1650 Y 1750. César Itier, estudioso del teatro colonial publicó en dos tomos algunas de estas versiones acompañadas con sus respectivos estudios, así tenemos: El teatro quechua en el Cuzco[21] de esa época y las que corresponden a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.[22] También se sabe de algunos poemas anónimos que estarían incluidos en “cancioneros” inéditos del siglo XIX. El manuscrito quechua más importante es el de Huarochirí (MQH)[23] que fue escrito por encargo del Obispo Francisco de Ávila, y publicado en 1608, cuyo objetivo principal fue dar cuenta de las manifestaciones religiosas originarias y también de las tradiciones anteriores al tiempo del inca. En conjunto, todo este material nos habla de una apropiación criolla de la lengua quechua que fue utilizada con diferentes objetivos.

 

Traducir al quechua

En las obras traducidas al quechua se aprecia que los escritores/traductores sean peruanos o no realizaron su tarea guiados más por una vocación literaria recreadora y no como una actividad básica fundamental. En relación a su quehacer literario es más bien una actividad secundaria en la que han puesto mucho de su sensibilidad y conocimiento de las dos lenguas: la de partida y la de llegada. Por eso, estas traducciones literarias son las más acertadas debido a la identificación y sintonía del traductor con el escritor a quien traduce.  Cuando un traductor empieza su tarea acude a los significados y a los conceptos de la lengua de llegada, casi sin adaptarla, porque los significados y conceptos del idioma de partida no coinciden con los de la lengua de llegada. He ahí el primer problema, el traductor tiene que buscar o elaborar conceptos que reflejen lo que se quiere traducir. “El traductor traduce contenidos textuales y no lexicales”[24].

 

Cuando se trata de traducir un texto cualquiera o un cuento al quechua se nos plantea otro problema. ¿En cuál de las variedades? Para elegir hay que tener en cuenta a qué área va a estar dirigida. Esto es importante porque el desconocimiento de un código diferente al que manejan podría generar rechazo entre los lectores.  Se sabe que el quechua –lengua meta o de llegada de nuestra traducción– no es una realidad uniforme sino una familia lingüística[25] cuya diversificación es comparable con la de las lenguas románicas. Cada variedad se caracteriza por sus variaciones fono-morfológicas, lexicales, semánticas y gramaticales, sin embargo, aproximadamente la mitad de los ocho millones de quechuahablantes manejan una variedad de quechua relativamente homogénea, la que se habla desde el centro sur del Perú pasando por Bolivia hasta Santiago del Estero, en Argentina. Por tal razón nuestra propuesta de traducción al quechua es en esta variedad, del quechua meridional sureño que los lingüistas la denominan Chinchay: Quechua II (QIIB-C) que se habla desde Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Cuzco, Puno y Moquegua en el territorio peruano y fuera de éste se extiende desde Bolivia hasta la región de Santiago del Estero en Argentina. Variedad que se caracteriza por ser la más extendida, más homogénea  y por presentar mayor comprensibilidad entre ellas. Esto no significa que las traducciones en las otras variedades se desmerezcan ni se consideren válidas, al contrario, permite que se mantengan las características locales de la lengua.

 

El desarrollo actual de la Educación Bilingüe Intercultural-EBI, tanto en Ecuador como en Bolivia y Perú[26] tropieza con la escasez de material de lectura en quechua: las personas que han sido alfabetizadas en esta lengua prácticamente tienen poco que leer. Sin duda esta carencia significará un retroceso en el conocimiento y uso de la lengua. En este contexto, la existencia de una biblioteca de obras de la literatura peruana y universal traducida al quechua contribuiría mucho a la toma de conciencia lingüística, al reconocimiento de sí mismo, a su integración en el tiempo y espacio, a su universalización y al conocimiento de otras realidades distintas a su entorno inmediato.

 

Ante esta realidad, creemos que la traducción de las obras de José María Arguedas, de Mario Vargas Llosa, José María Eguren y otras de la literatura escrita en español y en otras lenguas, contribuiría con el desarrollo de la Educación Bilingüe Intercultural al cubrir la necesidad de textos literarios accesibles a los niños, adolescentes, quienes en la escuela o colegio han adquirido cierta práctica de la lectura y escritura en la lengua materna y puedan continuar con el aprendizaje y conocimiento estilístico de la lengua escrita. Además forjaría el hábito de la lectura tanto en su primera lengua como en la lengua oficial, habilidad lingüística bastante abandonada en el Perú.

Es así que como hablante y profesora[27] de quechua de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, más conocida como La Cantuta, ante la falta de textos de lectura para completar mis clases de quechua opté por incursionar en este quehacer muy interesante y difícil a la vez pese a que soy hablante nativa. Comencé traduciendo textos cortos, fábulas, canciones, etc. de antologías y después relatos más amplios hasta que llegué a Arguedas.

 

Traducir a José María Arguedas

Sabemos bien que la vasta obra de José María revela el profundo amor por la cultura andina y por su gente. La circunstancia especial de haber nacido en uno de los pueblos andinos, lejos de la influencia de elementos occidentalizados y el haberse formado y educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó aunque algunos afirmen que estas dos fuentes no llegaron a ensamblarse en su vida ni en su obra[28]. Es sabido que lo que uno vive de niño no lo olvida nunca, queda sumergido en alguna parte de la memoria, de la conciencia pero está ahí siempre haciéndose recordar y a veces es suficiente un pequeño estímulo para aflorar, como la lengua (en este caso el quechua), las costumbres, los valores éticos y culturales del poblador andino, como en este caso. La frase  «Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente como un demonio feliz habla en cristiano y en indio; en español y en quechua» sintetizan bien su formación y destino.

 

Ahora bien, traducir a Arguedas al quechua siendo él quechua es un tremendo desafío, reescribir en quechua su amor al olor y color de la tierra y a su gente, de ese amor atento a los latidos de nuestro país que refleja en casi toda su obra, es una tarea y a la vez un compromiso. Para ello, hemos optado por la variedad que él hablaba bien, según José María, la ayacuchana pero creo que también manejaba la cuzqueña, eso lo apreciamos por ejemplo en este verso: “Mayun takisian[29] escrito y pronunciado en la variante de Cuzco, porque en la variedad ayacuchana sería: “Mayum takichkan”, la diferencia está en la manera como se escribe y se pronuncia el sufijo progresivo –sia– /–chka–;  lo mismo sucede en cuanto al uso del sufijo confirmativo: –n, en Cuzco y –m, en Ayacucho.

Se ha obviado la representación gráfica de los fonemas glotales /p’/ /t’/ /ch’/ /k’/ /q’/ y aspirados /ph/, /th/ /chh/ /kh/ /qh/ del quechua cuzqueño y se ha optado la serie simple del quechua ayacuchano, porque para el lector es más fácil pronunciarlo: /maqta/ que  /maqt’a/,  ya que en este último se hace trabajar la glotis y el sentido de la palabra no cambia.

En cuanto al léxico hemos procurado usar las palabras más conocidas y/o usadas del quechua meridional las que se hablan desde Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Cuzco, Puno y Moquegua, buscando sus sinónimos para enriquecer la lengua y familiarizarlas con el lector. Por ejemplo: /wayta/ /sisa/ /tika/ las tres significan /flor/ y nosotros hemos usado las tres de manera alternativa en la traducción de sus cuentos. Cabe mencionar que gran parte del léxico quechua provienen del castellano y que está lexicalización ha venido dándose desde tiempo atrás ya que ambas lenguas convivieron y conviven en el mismo espacio, influyéndose mutuamente, pero también hay otras de reciente asimilación y la hemos escrito de acuerdo a las normas de escritura dadas por el Ministerio de Educación[30]. Solo las palabras que corresponden a nombres propios lo hemos conservado. Hemos evitado en lo posible los neologismos y préstamos que tienen su equivalencia en la misma lengua.

En cuanto a la construcción gramatical, en la mayoría de los casos se ha respetado la estructura propia del quechua [S + OD + V] pero también se ha optado por las otras estructuras conocidas del español para mantener la melodía, la cadencia y sentido de la frase original. El quechua es una lengua melodiosa que resulta de la combinación acertada de los sufijos formativos y de los sufijos gramaticales.

 

El mayor problema asumido ha sido el hallar un estilo que exprese lo que Arguedas expresó en español, reelaborar el texto escrito en quechua que transmita su sensibilidad y conocimiento del mundo andino. Y a medida que avanzaba con la traducción me planteaba la pregunta con la que empecé esta reflexión. Yo no creo que José María haya pensado en quechua para escribirlo en español.Sigo pensando que José María recreó el mundo andino siempre en español y lo expresó en español. Uno escribe en la lengua que va recreando una ficción o una realidad ficcionada, es un proceso que no puede escindirse. Pensar en una lengua y escribirla en otra no lo encuentro coherente. Vayamos a lo más simple, a escribir una carta a alguien querido, si lo pienso en quechua lo escribo en esa lengua, salvo que no sepa escribirla o no conozca lo suficientemente la lengua o mi destinatario no conozca el quechua entonces acudo a la traducción y la escribo en la lengua que más domino, en español. Si pienso en español y mi destinatario sabe español entonces lo hago en esa lengua, sin implicancias. Creo que la mayoría de los escritores han escrito en su primera lengua, en la que usan cotidianamente, y para alcanzar la dimensión universal han acudido a la traducción. Esto es un problema de escritura. José María Arguedas sobre lo que va a escribir nos dice: “La realidad puede no ser verdadera, la verdad puede no ser real, entonces cuando nos ponemos a hablar de la realidad y novela, ¿nos estamos refiriendo a la novela y verdad? Si nos estamos refiriendo a novela y verdad estamos en una discusión bizantina y ociosa. La novela es una invención, el arte es una invención, es una gran mentira, es la más maravillosa de las mentiras”[31]. Esto también interesa en nuestra traducción, en traducir esa maravillosa invención.

 

En esta primera etapa, hemos traducido tres breves cuentos de Arguedas que fueron publicados por la Editorial Horizonte[32]. Nuestra selección tiene como hilos comunicantes: el amor, la ternura, dolor, la ira, la descripción psicológica de los personajes, la descripción del medio ambiente, etc. Los tres textos están adecuados para niños y/o adolescentes, finalmente para quien quiera leer a Arguedas en quechua.

 

El primer cuento que traduje fue Warma Kuyay[33](Amor de niño) en 1994. El cuento más conocido, interpretado y con más estudios y críticas de todo tipo. Con mis alumnos de quechua en la Universidad Nacional de Educación habíamos trabajado los mitos y leyendas, pero todo era mítico, lejano, ya no era la lengua cotidiana de comunicación, necesitábamos algo que nos recordara que estamos/ “somos, aun vivimos” kachkaniraqmi, en las mismas palabras de José María, que somos personas de carne y hueso, puesto que los Apus y otros dioses tutelares ya habían cumplido su misión épica y ya no estaban explícitamente presentes entre nosotros. Luego a partir de 2002, cuando trabajé en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales- INALCO, en París, traduje los otros dos cuentos: YawarHuillay[34] es la historia de amor entre un pato negro pesado y una patita blanca juguetona en un ambiente bucólico. Hijo solo[35]es la historia de un perro que se llama Hijo solo (en quechua Sapan Churi) y la devoción y cariño del joven Singu que lo recibe y adopta porque cree que regresó de la otra vida en busca de su dueño. Entre ellos se establece una relación amical, solidaria ante los abusos, maltratos de los que más tienen.

 

Cada cuento en el proceso de la traducción ha presentado un nivel de dificultad. En algunas partes la estructura de las oraciones es breve y directa pero en otras son muy elaboradas y extensas, y han ofrecido mayor dificultad. Veamos algunos casos:

 

–  Yawar Willay, Arguedas tituló este cuento en quechua como lo he hecho con un buen número de sus relatos pero desarrolló la historia en español. Yawar willay, podría traducirse como un aviso de sangre, un canto triste, aviso de muerte. Las tres son válidas para el texto porque la fábula tiene un final triste, trágico. Por ejemplo, en la expresión “De los retamales goteaba la escarcha”[36] podría haber sido traducida de esta manera: Ritamakunamanta sullukunaqa sutumurqa, teniendo en cuenta que en español el pasado imperfecto está marcado por el sufijo /-aba/ que expresa una acción imperfecta, no acabada. Pero en quechua el sufijo verbal  /-rqa/ pasado imperfecto tiene otro matiz, solo expresa que la acción se dio y que a los oídos de un hablante nativo no da la idea de que la acción sigue realizándose, por eso en quechua para expresar la idea de continuidad se acude al sufijo progresivo, continuativo /-chka-/ que expresa que la acción progresa, que continúa; con esta opción se establece una diferencia semántica entre sutumurqa (goteaba) y sutumuchkarqa (seguía goteando) Ritamakunamanta sullukunaqa sutumuchkarqa[37]. “De los retamales goteaba la escarcha”, es una oración cuya estructura gramatical es propia del quechua. Ahora bien, La idea de espacio, tiempo, movimiento y direccionalidad se da siempre con el uso adecuado y la combinación de los sufijos. Cuando los párrafos son extensos y las frases largas es difícil hallar el término que se da en el texto de partida, en esos casos en la traducción se la ha segmentado siempre manteniendo el sentido o concepto del texto original.

 

–  Hijo Solo, el título ha sido traducido como Sapan churi y no Sapan wawa porque quien lo acoge y lo hace suyo es un joven Singu/ Singucha. El concepto hijo en quechua tiene dos formas de género: churi: hijo/a del hombre y wawa: hijo/a de la mujer. El ritmo es rápido, hay violencia, trote de caballos, etc. pero también hay descripciones muy poéticas de un tiempo y de un espacio. La traducción de los conceptos abstractos son los que generan algunos problemas, por ejemplo, el sonido, el ruido siempre tiene que ser de algo material y ahí cambia de acuerdo a las circunstancias y la naturaleza del objeto. Por ejemplo. “Singu miró al agua. Era transparente, pero honda. Cantaba con voz profunda; no solo ella, sino también los árboles y el abismo de rocas de la orilla, y los loros altísimos que viajaban por el espacio. Singu no alcanzaría jamás a Hijo Solo.”[38] Nos preguntamos ¿cómo es el canto profundo del agua? ¿Y cómo el de árboles y del abismo de rocas?  Aquí no nos basta saber el significado de las palabras ni el de las frases sino ir más allá, tomar todo el contexto y trasladarlos a un espacio geográfico con sus elementos y humanizarlos, darles voz para hacerlos cantar, con el tono emocional e intención del autor; en fin, impregnarnos de su sentido, de su contenido y de su lenguaje. Nuestra traducción es una reescritura a partir del texto de JMA en la que hemos tratado de transmitir sus cualidades estilísticas y contenido. Singucha mayutam qawarqa. Chuyallañam karqa ichaqa uku ukupi. Mayuqa uku sumaq siminwan takiq; manayá sapallanchu, sachakunapas mayupatapi rumi rumi qaqakunapas uku ukumantam takiqku. Singuchaqa manam imaypas Sapan Churita aypanmanchu karqa.[39]

 

Warma Kuyay (Amor de niño) narra el primer amor de un adolescente y el dolor que siente cuando descubre el comportamiento inhumano de las personas con los otros que son más débiles. Fue mi primer ejercicio de traducción y lo guardé hasta que traduje los otros cuentos y después de muchos años, con la idea de publicarlos lo leí nuevamente y me di cuenta que  faltaba algo. Había que compenetrarse con la historia, con los personajes y  transmitir las particularidades estilísticas del quechua, por ejemplo la construcción gramatical. En la traducción de “Noche de luna en la quebrada de Viseca.” Aparentemente fácil pero dudoso, al menos para mí porque en mi antigua traducción había puesto Tuta killa que no reflejaba el concepto denoche de luna” sino “luna de noche”. Para traducir “Noche de luna”; formulé otras estructuras paralelas: noche de fiesta, noche de amor, noche de juegos,/ etc. y determinar cuál es la palabra más importante: ¿noche o luna? Las frases anteriores, nos da la idea de que lo más importante es ‘noche’, entonces es el núcleo y en el quechua la estructura de la frase nominal es: MD + N, donde lo correcto es Killa tuta como las siguientes expresiones traducidas de las arriba mencionadas: raymi tuta, kuyay tuta, pukllay tuta, respectivamente.

 

En cualquier traducción literaria la identificación del traductor, la empatía con el autor le otorgará más del 50% y el otro por ciento estará en la habilidad y el conocimiento profundo de ambas lenguas.  Conocer la cultura del autor le garantizara el éxito.

 

Conclusiones

A modo de colofón señalaremos algunas conclusiones:

– La traducción de las obras (poemas, cuentos y novelas) de José María Arguedas  (JMA) al quechua contribuye al desarrollo de la educación intercultural bilingüe y multilingüe y al desarrollo de una educación de valores que reafirme la identidad y cultura del hombre peruano.

–  La traducción de los relatos y poemas de JMA no solo debe estar destinado al mundo quechua y andino sino a todos los peruanos, ya sea de áreas urbanas y rurales; hispanohablantes o quechuahablantes; niños,  adolescentes, adultos sin distinción que quieran leer en quechua.

– La traducción de obras literarias al quechua han aumentado y desempeñan un papel esencial en la elaboración de una lengua escrita porque de un lado, estimula la lectura de textos universales y de otro, promueve la creatividad y el cultivo literario de las variedades locales.

–  La traducción de textos literarios al quechua es otorgarle el rango de una lengua literaria, darle un alcance universal y no solo local ni familiar. El quechua como cualquier lengua porta la idiosincracia del poblador andino y tiene todo lo necesario para ser una lengua de comunicación y en esto nosotros los hablantes somos piezas fundamentales al usarla en todo ambiente, no solo en casa, con los mayores y con los niños, sino también en otros espacios, en la calle, en el trabajo, etc.  hay que hacerla vigente y actual.

– La traducción de textos literarios al quechua contribuye a la vigencia y permanencia de la lengua escrita, cuando uno deja de traducir la lengua muere y con ella desaparece una buena parte de los conocimientos de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

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s/f                   Pensamiento y lenguaje en Obras escogidas. Tomo II. Versión digital.

 

 

 

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[1]José María Arguedas. Obras Completas  Tomo V. Editorial Horizonte, Lima, 1983. Pág. 253. “¿Qué hay a la orilla de esos ríos que tú no conoces, doctor?”/ “Saca tu largavista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes”.

[2] Lev Semiónovich Vygotsky. Pensamiento y lenguaje. Obras escogidas Tomo II. Pag. 6, edición digital.

[3] José María Arguedas. Obras Completas. Tomo V. Editorial Horizonte, Lima, 1983. Pág. 229.

[4] Ibídem. Tomo I, Pág. 249.

[5] Comunicación personal de Sybila Arredondo, ante la solicitud para publicar la traducción de los cuentos realizados por mí.

[6] José María Arguedas. Obras Completas, Tomo V, Pág. 252, Editorial Horizonte, Lima, 1983.

[7] Ibídem. Tomo V, Pág. 253.

[8] Gonzalo Espino. “Literatura Peruana y las traducciones al quechua de Gloria Cáceres”. En Warma  Kuyay y otros relatos. Coedición de la Universidad Nacional de Educación y Editorial San Marcos. Lima, 2011. Pág.14.

[9] Niños y niñas de la comunidad de Maras- Apurímac. Pako Yunke. Versión bilingüe. Edición: Asociación para el Desarrollo y la Cultura- Bolsillos Creativos. Lima 2002.

[10] César Itier y Lydia Cornejo. Quyllur llaqtayuq wawamanta. Asociación Pukllasunchis, Centro de Estudios Andinos Bartolomé de las Casas e Instituto Francés de Estudios Andinos. Cuzco, 2002

[11] Fredy Roncalla. Mayum kani. En la revista Runa. Instituto Nacional de Cultura. 1978.

[12] Washington Córdova. Agonía de Rasu ñ’iti.  Colección Runasimi. Editorial San Marcos, Lima,

[13] Porfirio Meneses. Trilce. Universidad Ricardo Palma. Lima, 2008.

[14] ––––––––  Heraldos negros. Yana kachapurikuna. Edición bilingüe. Universidad nacional Federico Villarreal (Biblioteca de la Cultura Quechua) Lima, 1997.

 

 

 

 

[15]Mercedes Tricas Preckler. Manual de Traducción. 2° reimpresión, octubre de 1998. Barcelona, Editorial Gedisa,   S.A. 1998, 275 pp.

[16] Antonio Bueno García, “La Teoría de la Traducción a final de siglo”. En: La Traducción: de la Teoría a la Práctica. Universidad de Valladolid. 1998. Pág. 194.

[17] Iván Rodríguez Ch. “Importancia de la traducción literaria”. En Hieronymus Complutensis. N° 9-10. Centro Virtual Cervantes.

[18] Gérald Taylor. Introducción a la lengua general. Instituto Francés de Estudios Andinos y Lluvia Editores. Lima, 2001. Pág. 9.

[19] ——— Sermones y Ejemplos. Antología bilingüe castellano – quechua. Siglo XVII. Coedición del Instituto Francés de Estudios Andinos – Lluvia editores, Lima, 2002.

[20] Ibídem. Pág. 12.

[21] César Itier. Teatro quechua en el Cuzco. Tomo I. CERA Bartolomé de las Casas y el Instituto Francés de Estudios Andinos. Lima, 1995.

[22] ————  Teatro quechua en el Cuzco. Tomo II. CERA Bartolomé de las Casas y el Instituto Francés de Estudios Andinos. Lima, 2000.

[23] Este documento ha sido traducido al español por José María Arguedas, Dioses y hombres de Huarochirí. Narración quechua recogida por Francisco de Avila (¿1598?), Museo naional de Historia. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1966, y por  Gérald Taylor: Ritos y Tradiciones de Huarochirí S. XVII. Lima, 1987. IEP.

 

[24] César Itier. “Estrategias de traducción de una obra literaria moderna en una lengua amerindia”. En Revista Amerindia N° 22. Celia- CNRS. Paris, 1997.

[25] Rodolfo Cerrón- Palomino. Lingüística quechua. Centro de Estudios Rurales Bartolomé de las Casas, Cuzco, 1987. Pág. 247. Diagrama N° VII, en él grafica que del Protoquechua se originan las dos familias Huaihuash (QI) y Huampuy (QII). De esta última surgen otras dos subfamilias lingüísticas: Yungay (QIIA) y Chinchay (QIIB-C) Nuestra traducción es en la variante meridional del Chinchay (QIIB-C) que se hablan en las zonas geográficas de Ayacucho, Cuzco, Bolivia, Argentina.

[26] Según el Censo Nacional de Población y de Vivienda que se llevó a cabo el 21 de octubre de 2007, la población peruana asciende a 28 millones 220 mil 764, de los que 75.9 % es urbana y el 24.1 % es rural. Estos datos son muy determinantes porque están ligados con los índices de pobreza y del analfabetismo de nuestro país, También  arrojó cifras y porcentajes de las lenguas que aprendieron en su niñez. Aprendieron el castellano: 24 693 941; en áreas urbanas: 18 896 982 y en áreas rurales: 5 796 959, es decir el 83, 9 %. Aprendieron el quechua 3 262 137; en áreas urbanas: 1 521 397 y en áreas rurales: 1 740 740, es decir el 13. 2 %.  En menor porcentaje aprendieron el aimara: 434 372 siendo el 1.8 %, el  asháninka 63 213, 0.9 % a esto le siguen las otras lenguas nativas y lenguas extranjeras  que aprendieron.

[27] Actualmente alejada de las aulas de la UNE

[28] Mario Vargas Llosa. La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. Fondo de cultura económica, México, 1996. “siempre hay narradores que escriben sobre la sierra, y algunos con conocimiento profundo del quechua y del indio, como Porfirio Meneses, pero en ninguno de ellos aparece una versión tan trabada y tan sutil de la utopía arcaica como en Arguedas”. Pág. 200.

[29] José María Arguedas. Obras Completas, Tomo V, Editorial Horizonte, Lima, 1983. Pág. 224

[30] Resolución Ministerial N° 1218-85.  Ministerio de Educación, Lima 1985.

[31] José María Arguedas y otros. Primer encuentro de narradores peruanos. Latinoamérica editores, Lima, 1968. Op. Cit. Pág. 104-105.

[32]  José María Arguedas. Obras completas. Tomo I. Editorial Horizonte, Lima 1983.

[33] Ibídem .Tomo I. Págs. 7 – 13

[34] Ibídem. Tomo I. Págs. 271 -273

[35] Ibídem. Tomo I. Págs  195 – 202.

[36] Gloria Cáceres V. Warma kuyay y otros relatos. Edición bilingüe. Coedición Universidad Nacional de Educación – Editorial San Marcos, Lima, 2011. Pág. 20

[37] Ibídem. Pág. 21.

[38] Ibídem. Pág. 58.

[39] Ibídem. Pág 59.

 

 

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