Literatura peruana y las traducciones quechua de Gloria Cáceres Vargas, Gonzalo Espino Relucé

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Literatura peruana y las traducciones quechua de Gloria Cáceres Vargas

Gonzalo Espino Relucé

UNMSM.

Los más de 3 millones y medio de hablantes quechuas y la presencia de más de 8 millones de quechuas pensantes, permiten hablar ya no del coleccionistas de libros exóticos –y más precisamente, cosas de indios– y del lector académico, sino de un tipo de lector, al menos eso muestra el éxito de la poesía quechua más recientes y el dato estadístico, que accedió a la letra y que espera leer en su idioma lo que en el Perú seguimos llamando literatura peruana.

Del quechua para la ciudad

Si el estudio del quechua y la palabra quechua supuso el levantamiento un corpus literario en el siglo pasado, este se hizo de cara a la historia y se trabajó principalmente los textos más representativos de la situación colonial. La preocupación se centró en precisar los contornos de los códices coloniales, por ejemplo, en manos de don Teodoro Meneses (1983) que trabajó Ollanta o La muerte de Atahualpa, asunto también abordado por José María Arguedas, que le puso su ojo zahorí de etnógrafo en la poesía religiosa de la evangelización y al mismo tiempo tradujo relatos de tradición oral quechua a la lengua de la ciudad.

Los estudios de la lengua y sus producciones textuales quechua permitieron ir organizando el corpus de la literatura quechua. En líneas generales podríamos decir que se trataba básicamente del trasvase de los textos quechuas a la lengua de la ciudad. Si en el pasado –como era de esperar – los quechuas – intelectuales de los 30 y 50, le pusieron atención a la producción discursiva quechua de la colonia, el siglo XXI que comenzó en la década del 90 le pone atención a lo que en la ciudad se llama literatura peruana.

Literatura peruana para quechuas

Esto fue en parte el proyecto de un hombre quechua de la llamada generación del 50 don Porfirio Meneses, narrador y filólogo quechua, que tradujo a nuestro poeta universal César Vallejo. Manuel Marticorena publicó en Iquitos traducciones de Los Heraldos Negros, pero sus versiones no llegaron al libro. Meneses, en cambio, encontró en la Universidad Villarreal, primero y luego, en uno de los editores más sensibles a los asuntos de nuestra cultura, me refiero a Miguel Ángel Rodríguez Rea, el auspicio necesario para la publicación de su traducción de Trilce. Si ya la escritura vallejiana es compleja, no solo por su componente andino sino también por su fuerte carga innovadora y su imperativo de sentido, tenemos que imaginar que su tarea fue sumamente azarosa: difícil transición entre una lengua a otra, sobre todo en Trilce.

Lo cierto es que hay un déficit de traducciones de lo que en el país conocemos como literatura peruana y que no se ha traducido a las lenguas nacionales. Ciertamente no hay una política cultural ni menos educativa que haga de la literatura un elemento consustancial a la formación una identidad comprendida como diversa y múltiple. La inversión en este rubro no pasa de ser, en términos educativos, un saludo a la bandera. Se pueden revisar los textos escolares como dato factual para que vea qué ocurre con la literatura peruana y como está ausente la idea de literaturas peruanas.

Este déficit es tan evidente que no se puede ocultar. No hay versiones de la literatura llamada peruana a las lenguas nacionales. No encontramos versiones quechuas de Inca Garcilaso de la Vega o Guamán Poma, si me voy a los inicios del siglo XVII o de Ciro Alegría, José María Arguedas; José María Eguren o César Moro; Abraham Valdelomar o los Orkopata si menciono al núcleo de inicios del siglo XX. Si bien Ricardo Palma, Alejandro Romualdo y Washington Delgado tienen versiones en las lenguas nacionales, no han alcanzado la difusión necesaria. Sin duda, este déficit ha empezado a ser enfrentado por el más ambicioso proyecto realizado a la fecha y que corresponde al poeta runa Washington Córdova que ha puesto en circulación traducciones al quechua del cuento moderno de nuestros clásicos, agrupado en la colección Runasimi (Abraham Valdelomar, César Vallejo y José María Arguedas) y a grupo de autores de lo más significativo de la literatura penúltima (Óscar Colchado y Félix Huamán Cabrera; Julián Pérez y Dante Castro).

Arguedas en la traducción de Gloria Cáceres

Gloria Cáceres se inserta en esta tradición. La de quechuahablantes letrados que han vivido el déficit de lectura de sus autores favoritos en la lengua materna. Digamos algunas palabras sobre la creación literaria de Gloria Cáceres Vargas. Básicamente conocida como maestra de quechua y como entrañable animadora de la educación intercultural bilingüe. Su presencia en el mundo letrado quechua coincide con el momento de vitalidad que vive la poesía quechua contemporánea. Con la publicación  / Si tú me quisieras… (2009), la sitúo como una poeta de la importancia de Dida Aguirre y Ch’aska Alka Ninawaman. Con una poesía madura, que se caracteriza por un tono nostálgico aunque celebratorio, nostálgico porque su poesía habla de aquello ausente (amado, querido, deseado) y celebratorio porque todos los elementos que trasuntan su poesía son los que da vida y sentido a la existencia de la voz poética de la runa Gloria Cáceres Vargas.

Al año siguiente, apareció su libro de relatos Wiñay Suyasqayki huk willaykunapas/ Te esperaré siempre y otros relatos, cuya linealidad del relato atrapa al lector, sin necesidad de experimentalismo narrativos, exactamente por la forma como narra. Esto último habría que retener a fin de observar que ocurre con sus traducciones.

Cáceres Vargas ha traducido a José María Arguedas. La elección que realiza llama la atención porque precisamente acoge a uno de los relatos más estudiados y al mismo tiempo propone leer aquellos textos que tengan que ver con la sensibilidad de la niñez andina. Nos estamos refiriendo a tres cuentos. En el caso de Warma kuyay, que corresponde al primer libro publicado por José María Arguedas (1935), es uno de los relatos más difundidos, estudiados y tergiversados con adaptaciones sosas. Los otros dos cuentos corresponden a historias tiernísimas. Se trata de Yawar huillay que fue publicado en 1945, un texto que llama la atención porque se trata del canto y las aves como los que protagonizan la historia, se lee en sus Obras completas. Elige también Hijo solo (1957) que empieza en media res, narra la historia de Singu, sirviente de hacienda, y la adopción de un perro al que pone como nombre “Hijo solo”, con el que desarrolla un entrañable cariño, en medio de un destino incierto, por el infierno que se vive en los parajes de los terratenientes de Lucas Huayk’o, que tras el atropello a Hijo Solo, el indio Singu responderá con el incendio del molino en su sublevante rebeldía y su huida para convertirse en pastor, como cuento se incluye en la obra arguediana a partir de 1961.

La traducción está caracterizada por una pauta que supone la captura de su auditorio. Gloria Cáceres Vargas en su traslado lo hace en un quechua llano, no erudito. De acceso a todos. Así, nuestra autora, tiene un cuidado especial para mantener el aliento casi musical que emerge de los cuentos arguedianos. Lo atrapa y se lee como si fuera voz que se deja escuchar, porque el willanakuy se hace posible solo si está el otro. Es decir, el ejercicio de traducción supone establecer esa condición dialógica del relato, asunto que bien estructura Cáceres. Una pregunta que se deriva de la traducción es su relación con el relato tradicional y popular, es decir, que ocurre cuando se traduce a un narrador cuyo eje es la escritura y no la voz. Y por ello, entonces, como la voz, aparece plegada a la escritura y dentro de un estatus que sugiere más bien autosuficiencia. Por lo que las marcas reportativas o las verbales del narrar casi desaparecen como evidencias de algo que se está narrando. Esto ya aparecía como una marca del su libro de cuentos Wiñay suyasqayki, huk willaykunapas, el relato es autosuficiente y apela básicamente a un trazo escrito. Una voz asociada a la escritura he dicho, cierto, entonces, se trata de seguir el hilo del relato con apego al espíritu de la historia que se narra en el original, pero inevitablemente también en el sentido de reinvención que José María Arguedas aplicaba para su poesía.

Un problema que plantea la traducción del texto quechua: se trata de relatos que se hicieron pensando desde universo andino, pero imaginado desde una escritura moderna. Esto obviamente resultaba un elemento facilitador para la traducción sin embargo, y a pesar del apego al original, Cáceres Vargas, estudia bien su secuencia y produce una atracción discursiva que se replica la sonoridad poética del texto, una musicalidad que termina por atrapar al lector, sobre todo en Yawar huillay, cuya textura es equivalente a la musicalidad con que se lee a Arguedas en castellano y Arguedas, en la versión de Gloria Cáceres. Si bien hay otros problemas que caben enunciar, por ejemplo, porque repetir aquello que en el cuento arguediano se nos indica como dichos en quechua. El supuesto es que el lector sabe que va en quechua, ¿qué utilidad tendría hacerlo para la eficacia del cuento?

La importancia de las traducciones Gloria Cáceres Vargas estriba en que los lectores quechuas podrán leerlo en su idioma, pero al mismo tiempo, revela una sutil invitación, en realidad un programa. La disputa de la lengua. Esto es cómo hacemos para que el quechua se convierta en una lengua de comunicación en el sentido de que cope todos los espacios sociales en nos movemos.  Ello supone, entonces, partir del uso sí de quechua en la vida cotidiana, en actos íntimos como públicos, pero al mismo tiempo volver sobre la importancia de la letra –dejar de creer en logo eurocentrista que declara a nuestro idioma como ágrafo-, esto desde asuntos tan burocráticos como aquello que tienen que ver la palabra que desborda los sentidos, aquello que solemos identificar como literatura.

No solo  reconocemos en Gloria Cáceres a una lectora de sensibilidad atenta a lo que se puede comunicar en su comarca sino que nos revela, a su vez, una suerte de pedagogía del relato que suscribe lo conocido pero invita a su lector(a) a que viaje sobre otras textualidades que resultan intensas. El mérito de Cáceres Vargas reside en una sensibilidad capaz recoger aspectos singulares de una escritura clásica como la de José María Arguedas (musicalidad de su prosa, razón andina, circularidad del relato, relato moderno con el tradicional, intensidad del par ternura/ violencia, etc.) que convierten a sus traducciones, estamos seguros, en un referente. La escritura quechua  ahora representa la voz que Arguedas ha trazado en sus cuentos, incluso en los giros más violentos que Gloria Cáceres sigue con respeto casi religioso, una traducción que se convierte en homenaje y devoción a nuestro clásico.

Referencias:

Cáceres Vargas, Gloria. Wiñay suyasqayki. Huk willaykunapas. Te esperaré siempre y otros relatos. Lima: UAP, 2010.

––––––––– . Munakuwaptiykipa. Si tú me quisieras… Lima: Punto&grafia, 2009.

Meneses, Teodoro L. Teatro quechua colonial. Antología, selección, prólogo y traducción de Teodoro L. Meneses. Lima: Ediciones Edubanco, 1983.

Vallejo, César. Los Heraldo Negros, Yana kachapurikuna. Ed. Bilingüe. Traducción al quechua de Porfirio Meneses. Lima: Universidad Nacional Federico Villareal, 1997 (Biblioteca de la Cultura Quechua)

––––––––. Trilce. Versión quechua de Porfirio Meneses. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2008.

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