Juan de Espinoza Medrano, el primer crítico literario americano. Hernán Hurtado Trujillo

 Juan de Espinoza Medrano (¿?-1688)

Hernán Hurtado Trujillo, Universidad Nacional Micaela Bastidas, Abancay

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Según Clorinda Matto nació en 1629, y según Sánchez y García Calderón en 1632. (no existen fuentes que evidencien la fecha exacta de su nacimiento) en la comunidad campesina de Calcauso, provincia de Antabamba, departamento de Apurímac. Su nombre originario fue Juan Chancahuaña; es el máximo representante del culteranismo en América. En 1662, publica su obra Apologético, en defensa de Luis de Góngora, príncipe de los poetas líricos de España, donde rebate los argumentos y ataques del escritor Portugués Manuel de Faria contra Góngora, demostrando la inconsistencia de sus postulados y planteamientos, basado en una erudición y amplio conocimiento de los poetas clásicos. Augusto Tamayo Vargas manifiesta sobre el apologético, en su libro Literatura Peruana: “Es esta obra el mejor exponente en prosa del culteranismo gongorino, y del conceptismo gracianesco, a la vez que la defensa de los ideales literarios culteranos” (Tamayo Vargas 1965:261).

Según la literatura oficial, que ha ignorado los aportes de la producción literaria regional, el hispanista José de la Riva Agüero (1885-1944) es considerado como el padre de la crítica literaria en el Perú; sin embargo, si nos remitimos al siglo XVII, Juan de Espinoza Medrano sería el primer crítico literario del Perú y de América Latina. Carlos García Bedoya, reconoce que el primero en destacar  a  Lunarejo  como iniciador  de la crítica en América Latina fue Alfredo Remigio con su artículo “Juan de Espinoza Medrano: Apertura de un espacio crítico en las letras de América Latina” y coincide al afirmar que:  “El apologético en favor de don Luis de Góngora de Juan de Espinoza Medrado, publicado en 1662, constituye sin duda un hito crucial. Con este texto se puede marcar el inicio de la crítica literaria en el Perú y en Hispanoamérica” (GARCÍA BEDOYA, Carlos: 2000: 118) El  Apologético, es una obra de crítica literaria reconocida no sólo dentro de la literatura peruana, sino dentro de la metrópoli española, obra crítica en defensa a un escritor que sus paisanos no pudieron hacer:

Tarde parece que salgo a esta empresa –dice el autor–; pero vivimos lejos los Criollos, además cuando Manuel de Faria pronunció su censura, Góngora era muerto y yo no había nacido. Si alguien quisiera proseguir la batalla, la pluma me queda sana y volveré sin temor al combate, Ya ves, cuan poco me va en defender a quien  aún sus paisanos desamparan, pero dicen, que es linaje de generosidad reñir las pendencias de los buenos. (Tamayo Vargas 1965: 261).

El Apologético es una obra de crítica literaria y una muestra de virtuosismo y erudición en la interpretación de una obra poética, de inevitable lectura en estudio de la cultura letrada barroca y sobre todo, porque hace accesible textos trascendentales  herméticos y complejos como la poética  de Góngora, de gran impacto e importancia  para los letrados criollos que reclamaban ser reconocidos por la metrópoli, es una refutación a los prejuicios antiamericanos de los europeos y alabanza de los méritos intelectuales de los indígenas o criollos americanos. Gracias a su riguroso análisis que supera la vieja crítica literaria preceptiva  se considera a Lunarejo como precursor de la moderna teoría literaria del siglo XX:

Lo que caracteriza a la crítica del Lunarejo es un afán analítico-interpretativo y no preceptivo un esfuerzo por desentrañar los sentidos del texto y evidenciar el funcionamiento de sus estructuras retóricas. Es por este esfuerzo de elaborar una crítica textual rigurosa, casi de intención científica, que cabe considerar al Apologético un texto fundamental de la reflexión crítico-literaria en América Latina, su labor hermenéutica evidencia una actitud formalista[1], una atención privilegiada por la organización verbal de la poesía de Góngora. Espinoza Medrano defiende un cierto derecho de los poetas a buscar la innovación y no necesariamente ceñirse a pie de puntillas a los preceptos preconizados por las poéticas al uso. Tales posiciones permiten considerar al  Lunarejo un precursor de algunos postulados de las modernas poéticas o de la teoría literaria del siglo XX (GARCÍA BEDOYA, Carlos: 2000: 118-119).

 

Los estudios realizado demuestran que Juan de Espinoza Medrano el padre de la crítica literaria del Perú y de América, para esta aseveración partimos de las constatación de dos  hechos evidentes: En primer lugar Juan de Espinoza Medrano pertenece al S. XVII, anterior a José de la Riva Agüero (1885-1944) a quien se le reconoce como padre de la crítica literaria peruana y otros críticos latinoamericanos, en segundo lugar el reconocimiento unánime y universal del Apologético como texto de crítica literaria. Aunque estos planteamientos requieren ser debatidas, obviamente  exigiría  replantearse los estudios de la historia de la crítica literaria peruana y latinoamericana; ya que es innegable omitir a este importante escritor apurimeño que merece una seria atención.

El cultivo de la literatura escrita se realizó en la costa, zona geopolítica donde se estableció el poder central virreinal del Perú. A dicha ciudad letrada hegemónica se contrapone la voz del Lunarejo desde el Cusco y la sierra peruana:

El escritor brasileño Euclides de Cunha “sostenía que era la más brillante expresión de la genialidad americana: “el fantástico Lunarejo –dirá– en “Carta a Domicio Da Gama” –tal vez el mayor genio de América”. Y cuando Dámaso Alonso y su generación inician en este siglo el gran combate de reivindicación de Góngora, acuden a la primera fuente de crítica estilística en torno a la poesía del cordobés: “El lunarejo” (Tamayo Vargas 1965:263).

Juan de Espinoza Medrano tenía el mayor dominio y manejo del castellano del siglo XVII; fue políglota y polifacético; desde su infancia mostró un privilegiado talento y una aptitud para los idiomas; dominaba el latín, el hebreo, el griego y tradujo la Eneida de Virgilio al quechua; antes de los 18 años, escribía autos sacramentales, componía música sacra y escribió su primera obra: El rapto de Proserpina y sueño de Endemióm (drama que llegó a ser representado en Madrid y Nápoles). Otras obras de carácter apostólico son: El amar su propia muerte y el auto sacramental en quechua El hijo pródigo. El Lunarejo tiene el mérito de escribir en latín el primer libro de filosofía en el Perú y en América, Philosphia Thomística (1688). Póstumamente, sus admiradores publicaron los 30 más hermosos de sus sermones agrupados bajo el título La novena maravilla.

Carlos García Bedoya, en su libro La literatura peruana en el periodo de estabilización colonial (2000), considera que, para abordar la literatura colonial peruana escrita en español, el primer problema que se plantea es el de su relación y diferencialización de la literatura metropolitana:

Un eje fundamental para comprender a la literatura peruana colonial será su relación medular con la literatura española pero esta relación no puede aprehenderse  en términos de simple imitación: un escritor peruano “imita” a Góngora en la misma medida que un autor español, el habitad intelectual de ambos es en gran medida un similar espacio discursivo. La literatura peruana orgánicamente engarzada con el sistema literario imperial, por lo menos en un primer enfoque el sistema literario de élites era parte de él y compartía similares orientaciones, pero se trataba  por cierto de un sistema literario  situado en una parte periférica, caracterizada por un conflictivo  contacto con culturas muy diferentes, lo que determinará desarrollos particulares, que serán luego sustento de lo que conceptuamos como una nueva entidad nacional. (García Bedoya 2000: 63).

En el libro antes mencionado, García Bedoya manifiesta que el estudio de Juan Espinoza Medrano se encuentra dentro de dos distintos discursos literarios: “Cuyas  obras en castellano se examinarán en el marco del discurso criollo, mentiras que las escritas en quechua se abordarán en el marco del discurso andino” (García Bedoya 2000: 78).

En su libro Apologético, el mismo Lunarejo se identifica como criollo: “Tarde parece que salgo en esta empresa; pero vivimos muy lejos los criollos […]”.(Descléede Brouwer 1938: 72)[2]. La producción literaria de Juan de Espinoza Medrano pertenece al sistema literario de élites, a pequeños grupos privilegiados que tuvieron acceso al conocimiento y dominio de la tecnología escritural en español; en efecto, en su época mayormente fueron clérigos, funcionamos burocráticos, soldados, profesores, poetas cortesanos. A esta tradición letrada de élite pertenece, por ejemplo, su mencionada obra:

Mientras que al discurso andino pertenecían, sus trabajos en quechua, el hijo pródigo, es una obra  de interpretación de la experiencia indiana bajo el esquema español: “El hijo pródigo, auto sacramental que significa la traslación a la escena indígena de la parábola cristiana, con indudables elementos sociológicos y lingüísticos occidentales, tanto más ostensibles cuanto no hay telón de fondo aborigen, ni ambiente para ello”. (Tamayo Vargas 1965: 264).

Siguiendo la tradición de Guamán Poma y Garcilaso, Espinoza Medrano se apropia de la cultura occidental para llevarla a su cultura originaria cuando traduce a Virgilio al quechua y otras expresiones culturales; al mismo tiempo, introduce la cultura andina, dentro de la literatura elitista letrada. Tamayo Vargas nos refiere el comentario de Eulogio Tapia: “El indio lunarejo llevó su decorativismo y su sentido plástico, su inquietud por los matices –con raíz indígena– al vocablo, al gongorismo y la  prédica catequista, resultando un arte lleno de color con una armazón escolástica”; y añade:“El Lunarejo introduce en la literatura del siglo XVII cierto aspecto nativista”.(Tamayo Vargas 1965: 263).

La obra literaria de Espinoza Medrano, por su condición de sacerdote, está marcada por la influencia del pensamiento cristiano religioso y los cánones de la literatura hispánica, que desdice la famosa anécdota relatada por Clorinda Matto de Turner referida a su madre, que refleja la plena identidad con su origen y raza: “Señores den lugar a esa pobre india que es mi madre”.(Tamayo Vargas 1965: 261) Su visión sobre el indígena adopta el pensamiento colonizador dominante de la época. Si bien pone en relieve la cultura andina y en particular el quechua en sus obras teatrales y en la traducción de la Eneida de Virgilio, su concepción del mundo fue más occidental, de un sujeto heterogéneo y dual que no dejó en absoluto su cultura originaria.

Existen críticas sobre la falta de identidad del Lunarejo con la cultura andina. Según el artículo publicado en la Revista de la Literatura Peruana (2006), escrito por Rubén Bueno Pacheco, su visión sobre el indígena fue muy negativa:

El indio siempre procura engañar y se considera engañado. Llamarse pobre y le sobra todo, se ufana de lo que le deben y no se acuerda de lo que ha de pagar. Es tan opuesto a la verdad que miente hasta con el semblante. Deja de hacer el mal solo cuando no puede. Nunca le deja de robar lo que le viene a la mano, trata como amiga a la señora y a la mujer como esclava. La amiga le sirve a él y la señora a los dos. No agradece, todo le repugna a nadie quiere y él mismo se trata mal. Si le tratan bien se enoja, si mal, es obediente. Es diablo entre los demonios como ninguno […](Bueno Pacheco 2006: 31).

Sin embargo, esta cita no tiene fuente, no se sabe de qué texto escrito por el Lunarejo fue extraído. Similar a estas opiniones, cita una estrofa versada Alfredo Yépez Miranda, en la Revista Universitaria del Cusco (N.º 72); pero tampoco señala ninguna fuente, lo cual le quita toda seriedad y evidencia a lo dicho. Ángel Avendaño, en su libro Historia de la literatura del Cusco, afirma que la fama del Lunarejo fue muy inflada, no corresponde a la realidad que dé cuenta de esa grandeza y lo cuestiona como un escritor elitista sin identidad:

En fin, Espinosa Medrano escribió en “difícil” para un pequeño círculo de iniciados de su época, echando mano a una grandilocuencia ajena al entendimiento común de las gentes de su época. Usando y abusando de sus conocimientos de mitología greco-romana, jugando con los posibles sentidos de los vocablos, diluviando hipérboles, epítetos, hipálages, inversiones, etc., para que nadie lo entienda, tal vez, ni los señores españoles que formaban su corillo de selectos interlocutores. Claro que escribió algunas cosillas en quechua –EL HIJO PRÓDIGO, EL RAPTO DE PROSERPINA, EL SUEÑO DE ENDIMIÓN, EL RÍCO MÁS POBRE– para amoldar el alma de los indios a la voluntad de los españoles. (Avendaño 1993: 203).

Estamos de acuerdo que el Lunarejo pertenecía a la élite letrada de su época y su producción literaria no está orientada al mundo marginal de los indígenas que no tenían acceso a la cultura letrada, que era una forma de ejercer el poder hegemónico y de control social. Esto es comprensible porque el mismo Lunarejo estaba sujeto a esta regla insalvable, si leemos  la autorización oficial que la iglesia  otorgó a Juan de Espinosa Medrano para publicar el Apologético nos daremos cuenta que la producción intelectual se sometía a u una evaluación y control estricto por la iglesia para autorizar su difusión, si  algo  afectaba a la “fe y las buenas costumbres” no se autorizaba y se sometía al tribunal de la Santa inquisición para juzgar al autor. Veamos el documento de autorización del Apologético publicado por Desclée de Brouwer en su  libro El apogeo de la literatura colonial  donde publica la obra  completa del Apologético:

APROBACIÓN

DEL M.R.P.F.GONZALO Tenorio del Orden de N.P.S. Francisco, providencial que fue en las provincias de Lima.

EXC.mo S.or.

Por comisión de V. Exc. he visto el Apologético, que el doctor Juan de Espinosa Medrano compuso en favor de don Luís de Góngora, y no hallo en él cosa que sea contra nuestra fe, ni buenas costumbres, ni impedimento para su impresión. V. Exc. hará  lo que más convenga.

En este Convento de Jesús de Lima, 16 de Octubre de I66I años.

F. Gonzalo Tenorio.

(Desclée de Brouwer 1938: 57).

No se puede juzgar a un escritor sin tomar en cuenta el contexto social donde vivió; por ello, es injusto exigir aquello que estaba en contra de su formación y convicción religiosa. Aristóteles  no  toma en cuenta a los esclavos cuando habla de la democracia y no por este error podemos decir que Aristóteles no vale nada porque escribió sólo para la élite y justificó la esclavitud como algo natural; de igual forma, es un extremo decir que el Lunarejo escribió “para que nadie le entienda”; es decir que, según Ángel Avendaño y Jorge Flores Aybar, que lo citan y llegan a las mismas consideraciones, el Lunarejo escribe para nadie. Tampoco se puede subestimar sus trabajos en quechua, como la traducción de la Eneida. El Lunarejo, como escritor bilingüe y heterogéneo, escribe en el marco de dos discursos: el discurso criollo en castellano de élite  y el discurso andino en quechua.

Espinosa Medrano  proviene de un grupo social marginal. Para muchos fue indígena, para otros fue mestizo y él mismo se identificó como criollo; pero, al fin, es marginal en una sociedad altamente racista y disgregada (no se sabe exactamente cuándo nació, porque no existe una partida de nacimiento que lo evidencie). Para el indigenista o el escritor que no es indígena, el indio y el mundo andino son sus referentes. En el caso del Lunarejo, sería el indio (si lo fuera) bilingüe, que escribe en castellano y en su idioma nativo.

No es de extrañar que los críticos subrayen que la producción del Lunarejo fuera una literatura bizantina, ceremoniosa, cortesana, cuando procede incuestionablemente de una tradición impuesta; por lo tanto, no podemos esperar una literatura que tuviese elementos propios para su desarrollo.

Según el Indigenismo, el indio y el mundo andino son referentes para un escritor que no es indígena: en el caso del Lunarejo, es el “indio” bilingüe que escribe, en quechua o castellano, la cultura cristiana y occidental con una maestría y erudición espléndida. Su visión colonizadora e hispanista no le quita los aportes de este escritor apurimeño y  calcausino a la literatura hispanoamericana del siglo XVII; sobre todo, ser el padre de la crítica literaria peruana y latinoamericana y un precedente fundamental en el debate  de la literatura indigenista apurimeña.

 

 


[1]  García Bedoya  refiere el estudio  de  Eduardo Hopkis quien destaca la cercanía entre algunas ideas del Lunarejo y planteamientos de los formalistas rusos, en especial de Tinianov. Para una discusión de la modernidad del Apologético. Además sugiere la lectura de: “Poetics and modernity  in Juan de Espinosa Medrano, known  as Lunarejo” de   Gonzáles  Echebarría y  “Máscaras de humanidad: sobre la supuesta modernidad del Apologético  de Juan de Espinoza Medrano” de Jhon Beverley.

[2] Desclée de Brouwer, en su libro Apogeo de la literatura colonial, reproduce en forma completa la obra Apologético, fuente de la que tomamos la cita.

4 Comentarios

  1. El autor de este texto desconoce la bibliografia sobre Espinosa Medrano: en los ultimos 10 años se han publicado varios libros y articulos muy importantes sobre él. Me parece que antes de escribir sobre un tema, hay que leer las investigaciones que se han llevado a cabo sobre el mismo. Varias de las afirmaciones del autor son completamente falsas.

    1. Hola Cesar, precisamente se trata de intercabiar conocimiento, si nos puedes dar algunas pistas de los libros pubkicados e indicar en que puntos no esta acertado Hernan, seria una gran cosa, si no seguirian en la ingognita y fruera de del publico en general los ukltimos estidios sobre JEM. . Estamos en comunicacion
      F

  2. Encuentro muy interesantes los aportes de investigación realizados por Hernán, así como los decires de algunos por él citados en contrapuestas opiniones sobre El Lunarejo. Para los que somos profanos en el tema, nos merece un reconocimiento la entrega y en especial el reclamar para JEM su posición como pionero en la crítica literaria (cuestión, al parecer, irrebatible); y, para los doctos, hay una obligación en argumentar y hacer públicos los atributos o equívocos, en un sano compartir el esfuerzo por revalorizar al legendario JEM. En fin, gracias a tirios y troyanos por desaznarnos.

  3. SEGÚN CLORINDA M. EL NOMBRE ES JUAN DE ESPINOSA MEDRANO, PORQUE TAMBIÉN EXISTIÓ OTRO RELIGIOSO JUAN ESPINOZA MEDRANO…

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