Reseña de Isaac Goldemberg, La vida breve. Antología personal (2001- 2012). Alberto Julián Pérez

Reseña de Isaac Goldemberg, La vida breve. Antología personal (2001- 2012). Ediciones UPAGU: Cajamarca, 2012.

Alberto Julián Pérez

Texas Tech University

 

Reseña de Isaac Goldemberg, La vida breve. Antología personal (2001- 2012). Ediciones UPAGU: Cajamarca, 2012.

Este libro del escritor Isaac Goldemberg (Chepén, Perú, 1945) reúne más de diez años de labor poética. El autor, reconocido sobre todo por su novelística, particularmente La vida a plazos de don Jacobo Lerner, 1978, ha publicado numerosos poemarios a partir de 1970. En esta antología selecciona poemas de sus libros Peruvian blues, 2001; Los cementerios reales, 2004; Libro de las transformaciones, 2007; Cuerpo de amor, 2009 y poemas inéditos que incorpora bajo el título Variaciones Goldemberg en 2012.

La antología está precedida de una excelente introducción y estudio crítico de Eduardo González Viaña, donde éste destaca la experiencia bicultural del poeta. Goldemberg mira simultáneamente al Perú y a New York e, hijo de un matrimonio mixto, de padre judío y madre católica, reflexiona sobre su judaísmo. En el primer poemario de la antología, Peruvian blues, toma como modelo poético el “blues”, composición musical melancólica que expresa en sus letras las experiencias sentimentales de los negros norteamericanos de manera coloquial y humorística. Notamos en poemas que reflexionan con sarcasmo sobre la vida, como “Huayno zapateado de Chepén a Santiago de Chuco”, “Los judíos en el infierno” y “Memorias de mercachifle”, un deseo explícito de integrar cultura popular y alta cultura.

Goldemberg recrea el mundo de su infancia en el Perú, su relación con sus padres y la vida comunal de Chepén. Es una experiencia que lo marcó. Podemos pensar que allí aprendió a entender la vida desde una perspectiva espiritual y religiosa que caracteriza su poesía. El poema “Crónicas” sintetiza este punto de vista; dice el poeta: “…hoy en día la palabra ha dejado de ser el arma del profeta/ y la razón de esta época distanciada como nunca/ del misterio que nos teje el universo/ sólo se refleja en la mudez de nuestros muertos”.

En su próximo poemario antologado, Los cementerios reales, del 2004, juega con el título del famoso libro de Garcilaso, Comentarios reales. Hace de “comentarios”, “cementerios”. Es un libro en que mezcla el humor popular con la burla, y dirige el sarcasmo hacia sí mismo y hacia su dios, como en el “Soneto inexacto del judío peruano y viceversa” y “Mail de Dios a los pueblos elegidos”. Ese tono burlón es uno de los aportes más interesantes de Goldemberg en el uso de la lengua: es el humor peruano criollo, que tan bien supo representar Palma en sus inigualables Tradiciones. Si bien el poeta ha residido en New York la mayor parte de su vida, notamos en su lengua poca influencia del inglés. Su castellano denota más bien el uso de la lengua de New York, donde habita una colectividad hispana multiétnica proveniente de diferentes países hispanohablantes de más de dos millones de personas.

El español de New York, literariamente hablando, es un español léxicamente empobrecido, ya que la educación pública es en inglés y el español es estudiado como segunda lengua o lengua extranjera, pero parece conceptualmente fortalecido por la relación entre variantes nacionales del uso de la lengua y su contacto con el inglés. El hablante multilingüe tiene conciencia de la sintaxis de cada lengua y su papel en la escritura. Sabe recurrir con soltura al uso pragmático y “hacer” cosas con la lengua. Esto lo observamos en poemas como “Resucitar un muerto” y “Testamento”, donde el poeta realmente siente que la lengua tiene una utilidad relacionada con sus necesidades y sus experiencias.

El hablante de las minorías hispanas de New York, al que Isaac representa, está siempre deseoso de salir de su condición subalterna, es consciente de la mirada desvalorizadora del otro, del angloparlante que se siente representante legítimo de su país. Hay en la poesía de Goldemberg una búsqueda de legitimidad, de filiación, de aceptación. Sus dos primeras identidades: la judía y la peruana, confluyen en otra identidad nueva: la de hablante minoritario hispano en un país angloparlante. New York es la puerta cosmopolita a Estados Unidos y en ella pueden encontrar espacio de convivencia los sujetos de múltiples países. New York se constituye como una cultura diaspórica. Isaac se identifica con ese sujeto diaspórico neoyorquino, que sólo puede vivir en una ciudad abierta y plural. Recrea los recuerdos de su patria en un juego literario lleno de nostalgia que contribuye a fortalecer su nueva identidad.

Esa conformación de un lenguaje nuevo, conceptual y sintético, “descolorido”, lo vemos en poesías como “Hombre de paso”, cuando dice “Todo es por accidente:/ se le pierde el miedo a la muerte/ porque hay días del hombre/ que se le escapan”. El poeta busca captar, explicar conceptualmente lo que siente, la idea de lo que es ser “hombre de paso”. Tiene necesidad de ser claro para todos los hablantes y hasta pedagógico. Las condiciones subjetivas del hablante minoritario cambian radicalmente en relación con las del hablante que siente que representa la lengua nacional legítima de un país. Es una situación enunciativa casi “secreta” y culposa. El sujeto de las minorías tiene un miedo inconsciente a la marginación y al rechazo, que se hace evidente en la escritura.

En el próximo poemario de la antología, Libro de las transformaciones, de 2007, que alude al I Ching chino, el oráculo que orienta al ser humano sobre cómo conducirse en la vida, Goldemberg lleva a cabo una importante meditación histórico-religiosa sobre sus dos raíces: judaísmo y cristianismo. La convivencia de ambas se materializa para el sujeto en una lucha, una agonía, que vemos en poemas como “Oración fúnebre”, donde la máscara de una momia peruana del museo de New York lo lleva a dialogar imaginariamente con sus familiares del Perú durante su niñez, y en “Umbilicus mundi”, donde medita sobre las dos ciudades representativas y simbólicas de sus dos religiones y culturas: Jerusalén y Cusco.

El último libro antologado es Cuerpo de amor, de 2009. Aquí el poeta cambia su preocupación existencial para cantarle al amor. Aparece la imagen del doble, y de la ambigüedad amorosa en los amantes. En “Dobles” dice: “Del lado del doble de la mujer/ se ha sentado el hombre a ver su doble”. Ensaya composiciones populares, como la décima, para hablar al ser amado de manera más coloquial e íntima, más persuasiva, y otras inspiradas en danzas criollas peruanas, como la marinera y el vals, el tondero y el fandango. Aquí usa un lenguaje popular apicarado y vivaz, adecuado al coloquio de la danza; dice en “Fandando criollo”: “Tú eres sagrada y profana/ tú eres cau-cau y turrón/ anticucho de corazón/ frejol a la chepenana/ cajón de buena jarana.”

La antología termina con su producción más reciente inédita, que reúne bajo el título Variaciones Goldemberg, de 2012. En esta última parte, cuya organización quizá no sea definitiva, vuelve a aparecer la preocupación histórica y antropológica que encontrábamos en Libro de las transformaciones. Es un tipo de poema, como “Tierra prometida”, que tiende a una interpretación épica y ética del mundo, desde una posición contemporánea responsable ante las posibles catástrofes que pueden aguardar al ser humano si no controla su ambición y cruel lucha por el poder. Dice Isaac: “En el deseo de transmutar el futuro,/ en los planetas vacíos,/ en las presencias amargas,/ una larga cadena nos dejó caer./ Faltó la paz en cuevas y cabañas./ Abundó la guerra.”

Toda esta antología refleja una actividad y meditación constante del poeta maduro, que sigue buscando con su poesía nuevos caminos. Isaac Goldemberg se plantea su poesía como espacio de expresión, pero también de cambio, de transformaciones. Ve la poesía como un espejo de la conciencia en que el poeta debe mirarse y ver al mundo reflejado en él. Notamos en su poesía un progreso constante, es un poeta que no se repite a sí mismo y busca nuevos rumbos para su obra. Testimonia a un nuevo tipo de escritor aún pobremente estudiado y comprendido: el escritor de las minorías hispanas norteamericanas que se expresa en su lengua materna. Un escritor diaspórico que ve el mundo dividido, donde su pasado se separa de su experiencia contemporánea, y que, en el caso de Isaac, suma a esa separación de nación y lengua, su situación religiosa conflictiva, como judío nacido en un país católico y en un matrimonio mixto. Su literatura se caracteriza por expresar un sentimiento doloroso de pérdida y la necesidad de reparación, que obliga al sujeto a bucear en su pasado y estar en constante búsqueda de su identidad.

 

 

 

 

 

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