Apuntes sobre el sustrato ideológico de la República Empresarial*. Carmen Ilizarbe

 

Hace unos días la historiadora Cecilia Méndez caracterizó al Perú actual como una República Empresarial. Es una caracterización interesante y provocadora que merece discusión.

Creo que es una caracterización acertada porque podemos constatar que a pesar del cambio de gobiernos en el Perú desde la década del 90, y a pesar del cambio en la forma de gobierno luego de la caída del Fujimorato,  hay una notable continuidad en la imposición de un modelo neoliberal en el que las empresas y los empresarios tienen una posición dominante. Los principales exponentes de este proyecto que da continuidad gubernamental al capitalismo neoliberal no son los líderes políticos democráticamente elegidos sino más bien empresarios que han adquirido una capacidad de influencia muy fuerte y visible en el Estado y sus gobernantes de turno. A su vez, el régimen se sostiene en funcionarios del Estado, ubicados principalmente en el Ministerio de Economía y Finanzas, que hicieron posible la institucionalización del neoliberalismo en los 90 y que desde entonces le dan continuidad gracias a que permanecen dentro del aparato del Estado mientras los gobiernos cambian (Alberto Vergara lo explicó muy bien aquí). Y también hay que mencionar a sus ideólogos, quienes públicamente predican la retracción del Estado a un rol regulador que corresponde con la idea del Estado mínimo, alientan la transformación del proyecto nacional en un proyecto de marketing alrededor de la Marca Perú, y proponen que la mejor forma de ejercer la ciudadanía es actuando como consumidores y como abanderados del “emprendedurismo”.

La tesis es provocadora porque invita a formular una multiplicidad de preguntas: por ejemplo no sólo en quiénes sino cómo se sostiene esta República Empresarial, es decir, cuáles son los factores estructurales, institucionales e ideológicos que permiten la reproducción de este régimen. Asimismo, invita a preguntarse si el régimen que hegemoniza el espacio de la administración centralizada del Poder Ejecutivo lo hace de manera uniforme en ese espacio, y si adquiere la misma fuerza en todas sus instancias (en todo el Ejecutivo, en los tres poderes del Estado y en los distintos niveles de administración descentralizada del poder). De igual forma, hay que preguntarse por la manera en que este régimen logra movilizar o no a la sociedad considerando sus distintas formas de organización, provocando quizás resistencias pero también formas diversas de adaptación y hasta transformación, por ejemplo en los distintos sectores que habitan las urbes peruanas y que atraviesan notables procesos de “modernización” orientada a situar al consumo como actividad predominante, o en sectores rurales en los que las comunidades y etnias peruanas empiezan a reivindicar políticamente su identidad y derechos como sujetos colectivos que no ven en la integración al mercado una contradicción a sus reclamos. Justamente los antropólogos Ludwig Huber y María Eugenia Ulfe hacían notar hace poco en una conversación a propósito de la tesis de Cecilia Méndez, la importancia de formular también preguntas de investigación que permitan dar cuenta de las formas en que la transformación del proyecto nacional en un proyecto de  marketing logra instalarse o es más bien reapropiada, en las prácticas sociales de actores sociales y políticos contemporáneos.

Hay entonces, mucho pan que rebanar. Para continuar con la discusión, a mí me interesa pensar en la ideología que sostiene a esta República Empresarial, en la cultura política que promueve, y también en las formas en que soslaya e invisibiliza su proyecto ideológico. Veinte años después del inicio del proyecto neoliberal en el Perú, ¿en qué consiste la ideología del neoliberalismo peruano? ¿cuáles son los valores que promueve y cómo informan estos las prácticas sociales y políticas de quienes gobiernan? Hablar de ideología en el siglo XXI parece una falta de sentido común pues se asume que con la caída de los socialismos realmente existentes, simbolizada en la caída del muro de Berlín en el siglo XX, ya no hay más ideología. En esta lógica que hay que cuestionar, el concepto de ideología se ha asociado exclusivamente al pensamiento de izquierda y se utiliza como sinónimo de “conjunto de ideas equivocadas y trasnochadas que inducen a la violencia” y por lo tanto como una mala palabra. Se retoma así la clásica definición Marxista para implicar que la ideología es una visión distorsionada de la realidad, pero se olvida que dicha definición estaba orientada a visibilizar las formas culturales y morales en las que, desde el Estado, se reproducía una forma de ejercicio de poder.

Es necesario recuperar la categoría para identificar más bien las formas en que el ejercicio del poder, en todo régimen, tiene un sustrato ideológico que asegura su continuidad por la vía del convencimiento de quienes lo habitan. En un régimen no solo hay imposición de diverso tipo, también hay convencimiento y adoctrinamiento precisamente desde las instituciones de ejercicio del poder. Las ideologías pueden por eso tener tantas orientaciones como tenga el ejercicio del poder, y no hay que reducir el análisis de ideologías a su fórmula del S. XX en el contexto del bipolarismo mundial.

Por el contrario, creo que seguir planteando debates en términos de “derecha” e “izquierda” en la actualidad pierde totalmente sentido si constatamos que, al menos en el período que estamos analizando (la década del 90 en adelante), no ha sido posible aun un gobierno de izquierda en el país. Lo más cerca que tuvimos ha sido la elección de Ollanta Humala, gracias al voto de un amplio sector de la ciudadanía que reclamaba un cambio radical del modelo de desarrollo y otro que reclamaba la democratización del poder (los primeros le dieron el pase a la primera vuelta, los segundos junto a los primeros le dieron el triunfo). Pero como Humala no gobierna para satisfacer a sus electores, no podemos hablar seriamente de un gobierno de izquierda. En la medida en que luego de la experiencia ya extinta de la IU no ha surgido otro proyecto político similar de envergadura, tampoco podemos hablar seriamente de oposición de izquierda. Y finalmente, en la medida en que la oposición social (porque en el Perú, la oposición ya no ocurre en la sociedad política sino en el plano de las organizaciones sociales) no necesariamente plantea una agenda de izquierda, tampoco podemos hablar de una oposición social de izquierda. En cuanto a la oposición social, me parece que podemos identificar diversos vectores ideológicos desde los que se confronta a la República Empresarial. La oposición es constante y extendida pero no logra ser fuerte (es decir, orientar en una misma dirección y estratégicamente sus acciones) porque ningún grupo y ningún discurso opositor ha logrado carácter hegemónico, es decir, articulador. En términos de Laclau y Mouffe, en el marco de la pluralidad discursiva que es la oposición social en el Perú, no vemos aun que se logre establecer una cadena de significaciones que permitan la articulación de un discurso universal capaz de contraponerse contra-hegemónicamente al poder establecido.

De lo que sí podemos y debemos hablar es de la ideología de quienes gobiernan. Y en la República Empresarial hay que hablar entonces de la ideología de los empresarios neoliberales, de los funcionarios públicos que aseguran la continuidad del modelo, y de sus defensores para preguntarnos por la forma en que conciben y quieren modelar el mundo, por los medios por los cuales tratan de hacerlo, y por la forma en la que apelan e interpelan a otros para lograrlo.

No tengo para nada el asunto resuelto sino algunas intuiciones que quiero compartir aquí.

Todo el tiempo tenemos ejemplos del despliegue ideológico del neoliberalismo en diarios como Peru21 o El Comercio. Pongo como ejemplo a Alfredo Bullard, a quien he comentado alguna vez en un post, quien recurrentemente se esfuerza por convencernos de que, por ejemplo, la pobreza es natural y asunto solamente de individuos que para dejar de ser pobres deben dejar de ser flojos ignorantes. En esa visión, no existen problemas sociales ni injusticias asentadas en estructuras económicas y sociales de larga data histórica, solo existen explicaciones a nivel de trayectoria individual que reclaman acciones puramente individuales. En ese escenario, la acción del Estado se plantea como la de garante y guachimán del juego económico y se afirma que la economía es la esfera en la que se resuelven las necesidades, demandas y expectativas de las personas, con lo cual se cancela el espacio de la política (entendida como espacio de deliberación para la acción concertada sobre asuntos de interés público) y se cancela también toda posibilidad de que el Estado pueda intervenir de alguna forma para generar condiciones de equidad que permitan combatir la persistente injusticia social con la que convivimos. La reacción exaltada de empresarios e ideólogos del neoliberalismo a propósito de la propuesta de que el Estado peruano compre la refinería La Pampilla a la empresa Repsol nos ha permitido escuchar nuevamente varios de estos argumentos que conviene estudiar y analizar en profundidad. La Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) es otro espacio importante para analizar el discurso neoliberal.

Me parece que mucho de ese razonamiento nos remite a un imaginario político bien demarcado en los EEUU, el libertarianismo, una rama del pensamiento liberal que cuestiona el liberalismo clásico encarnado por John Rawls afirmándose en la defensa del individualismo radical, el Estado mínimo y la economía del laissez-faire. Desde esta visión se cuestiona frontalmente la legitimidad de conceptos como el de bien común, derechos sociales y económicos, redistribución desde el Estado, justicia social y hasta la propia existencia de la sociedad. Robert Nozick, el libertario político más importante del S. XX, es clave para entender esta forma de pensar que tan claramente simbolizara Margaret Thatcher, quien incluso llegó a decir “la sociedad no existe. Solo existen hombres y mujeres individuales”.

Al constatar las notables similitudes en los ejemplos que he dado aquí no quiero plantear que los ideólogos de la República Empresarial adhieren sin más al libertarianismo, sino iniciar una reflexión sobre el carácter y los postulados centrales de esta ideología invisibilizada y naturalizada a tal punto que ni siquiera tiene nombre propio. Surgen entonces más preguntas. ¿Quiénes son los ideólogos de la República Empresarial?  Creo que habría que empezar con Hernando de Soto, Mario Vargas Llosa y la creación del Movimiento Libertad y seguir el desarrollo de estas ideas y su transformación en prácticas políticas, sociales, y culturales promovidas desde el Estado. Luego tenemos material en el discurso de empresarios, políticos, funcionarios públicos y líderes de opinión a lo largo de veinte años.

También habría que preguntarse en qué medida se ha socializado esta ideología durante los veinte años que lleva ya el régimen de la República Empresarial y si ha logrado asentarse en el sentido común social. En otras palabras, y apoyándome en el excelente trabajo de Charles Taylor sobre los imaginarios sociales modernos, cabe preguntarse si el proyecto ideológico se va instituyendo como un nuevo imaginario social que organiza tanto instituciones como prácticas sociales, económicas y políticas. Y claro, también hay que identificar y sopesar las resistencias y formas antagónicas de pensar con las que se topa esta ideología que, a pesar de hegemonizar el espacio político y la esfera pública mediática, no logra extenderse de la misma forma fuera de Lima, y quizás ni siquiera alcanza la fuerza que algunos le atribuyen en Lima.

En resumen, hay mucho campo para trabajar aquí y toca a académicos e intelectuales dar cuenta críticamente de las distintas formas en que se va desarrollando el ejercicio del poder en el Perú del S. XXI. En esta amplia agenda de investigación es fundamental recuperar el análisis de las ideologías para establecer con mayor claridad los significados y orientaciones del proyecto político de quienes gobiernan.

* Articul tomado de Por las ramas

2 Comentarios

  1. Apuntes sobre el sustrato ideológico de la República Empresarial*. Carmen Ilizarbe | HAWANSUYO , es adictivo, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y abrazo,GRACIAS POR VUESTRO TRABAJO, nos alegrais la vida.

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