EL NACIONALISMO ES MÁS QUE UN SENTIMIENTO DE UNIDAD. Katherin Yurema Mamani Contreras

 

EL NACIONALISMO; ES MÁS QUE  UN SENTIMIENTO DE UNIDAD

(Ensayo)

 

E.A.P Ciencia Política y Gobernabilidad

                                                                                   (UNAMBA)

                                                                 Katherin Yurema Mamani Contreras

DEDICADO A: HOY ONCE DE AGOSTO, ME DOY EL ATREVIMIENTO PORQUE ANOCHE LEIA AL GRAN VALLEJO Y ME PERCATE  QUE DEDICABA; LOS DADOS ETERNOS   A SU EXCELENTISIMO MAESTRO MANUEL GONZALES PRADA; Y MAS NO PODIA SERLO; APROVECHANDO EL CONTEXTO; UN AÑO MAS DE VIDA DE LA MAGISTER HILDA HAYHUA;  QUIEN FORJO EN MI LOS PRIMEROS ENTUSIASMOS DE PLASMAR MIS IDEAS;  ESE INSTANTE FELIZ HOY SIGNIFICA TODO UN HECHO PALPABLE; Y MAS NO ME QUEDA; EN MUESTRA DE GRATITUD  QUE MIS IDEAS VAYAN DIRIGIDAS A ELLA. ¡RECUERDE! ESTA COSECHANDO; LO QUE SEMBRO.

Pienso;  en la palabra nacionalismo. Automáticamente dentro de mis mecanismos de interpretación;  me viene a la cabeza un país al que han lavado el cerebro para odiar a sus vecinos. Puede que nos imaginemos  a miles de personas sacrificándose por un dictador sediento de poder. El mismo Albert Einstein lo calificó de “enfermedad infantil” y  “sarampión de la humanidad”.

El nacionalismo es, más que nada, un sentimiento de unidad que convierte a grandes grupos en inmensas familias. En sí mismo, esto no dice nada sobre cómo debería tratar un país a los demás. En la vida cotidiana, solemos querer a nuestra familia y nos identificamos con ella, y no por eso pensamos que los vecinos supongan una amenaza. Lo mismo vale para el sentimiento nacionalista: no genera odio hacia los demás, sino preocupación por los propios compatriotas. Cuando los ciudadanos creen que todos se esfuerzan juntos, valoran el bienestar del prójimo como el suyo propio. En otras palabras: hace que la gente sea menos egoísta. Por supuesto, el altruismo nacionalista no es el altruismo universal que sueñan los filósofos. Puede que a los integrantes de una nación no les importe toda la gente del planeta, pero muestran esa generosidad selectiva preocupándose por sus conciudadanos. Y, cuando eso es compartido, da lugar a un país mejor que otro poblado por individuos puramente egoístas.

La confrontación entre la cultura de los conquistadores y la población indígena en 1532 en Perú, bajo el reinado de la corona española, dio como resultado el desarrollo paralelo de las dos culturas. El idioma inca y un cosmos análogo, fueron elementos importantes cuando los indígenas quechuas se definieron frente a los españoles, en ese país que obtuvo el nombre de Perú.

La estrategia de sobrevivencia de la cultura quechua frente a la dominación española implicó adaptación, resistencia, intercambio y con eso también el desarrollo cultural. En este proceso se incorporaron a la cultura quechua, diferentes elementos euro–españoles.

El desarrollo paralelo de la cultura y de la sociedad fue iniciado también por los mismos españoles. La administración española se ejerció desde la ciudad de Lima, ubicada cerca a la costa y no desde el Cuzco, al sur del Perú, que era en ese entonces la capital para los Incas. Los habitantes de procedencia española se vieron como miembros de la nación española, mientras que los de origen indígena los indios quechuas, es decir, los colonizados se vieron como pertenecientes a la nación indígena. Los miembros de esas “naciones separadas” tuvieron diferentes derechos y obligaciones jurídicas frente a la corona española.

En 1820 los peruanos lograron su independencia del poder colonial de España. En la formación de los nuevos estados nacionales se integraron, teóricamente hablando, las anteriores “naciones separadas” compuesta por indígenas y españoles. En la práctica, sin embargo, este no fue un proceso de integración nacional tan grande y en cambio se creó una nación dividida por sus nuevos orígenes de población. Una población compuesta por indígenas, mestizos, descendientes de los esclavos africanos y la población blanca de España.

En aquel tiempo existió un gran potencial nacionalista por parte de los indígenas quechuas. Ellos consideraban entre otras cosas, que cumplían con su participación como ciudadanos, tanto frente al Estado peruano como a nivel local, ante la sociedad indígena. A esto los indígenas quechuas lo llamaron ser un buen republicano y este pudo haber sido uno de los encadenamientos comunes de la identidad, que se exigió para incorporar a los indígenas quechuas en la comprensión recíproca del marco político nacional. El siglo XIX en cambio, una época en donde la población indígena andina del Perú, fue cada vez más y más excluida de la esfera nacional y del desarrollo socio–económico. El significado de los indios quechuas como una fuerza de trabajo mal remunerada aún existe, pero el significado de ellos como “contribuyentes” disminuyó en la sociedad peruana durante la última mitad del siglo pasado.

Durante el siglo XIX los mestizos pasaron a los indígenas en la escala social.

Los indígenas nunca se integraron en un sentido común de pertenencia con los mestizos peruanos. Los poseedores del poder local dueños de propiedades, negociantes locales fueron intermediarios despóticos en el sistema de control del poder central, frente a los indígenas andinos. En el Perú nunca se creó algún mecanismo de control funcional, que se ejerciera desde una estrategia de integración de la población indígena a la sociedad nacional.

El régimen del General Velasco intentó, entre los años 1968 y 1975, modernizar el Perú a través de una estrategia donde se nacionalizaron los bancos y la industria pesada. Al mismo tiempo quiso invertir en el extranjero para construir industria de exportación. En el plano regional, se expropiaron los bienes raíces, que entre otras cosas se transformaron en cooperativas bajo la dirección estatal. Las condiciones del trabajo dentro de la cooperativa se ejercieron desde la perspectiva de los indígenas quechuas, es decir, una forma colectiva del trabajo común.

La estrategia de Velasco era frenar los mojones casi feudales del campo, para después modernizar el país con una política nacional independiente. El proyecto nunca se llevó a cabo completamente y el régimen tampoco tuvo suerte para integrar a toda la sociedad y grupos indígenas del Perú, en la política de desarrollo de “entendimiento nacional”.

La industrialización y sobre todo la urbanización se han intensificado en Lima y la región de la costa. Por el contrario en la región alta, donde tienen los indígenas sus asentamientos, prevalece una relación basada en el estancamiento económico. La inmigración hacia Lima, en el tiempo moderno, ha abarcado a los indígenas de los Andes.

En cuanto a la inmigración hacia la barriada puede funcionar como un proceso de liberación o emancipación de la mujer quechua de los Andes. Ella va a tener contacto con mujeres que no responde a la forma de subordinación femenina que domina en los Andes. El aporte económico de ellas, a través de su salario, es por lo menos igual de importante que el del hombre. Esta es sin embargo, una emancipación que en la esfera femenina a menudo se encuentra limitada, ya que el salario depende de típicas actividades femeninas; -ayuda en el lavado de ropas y oficio doméstico en los hogares.

Montoya utiliza la metáfora del espejo para aclarar, desde el punto de vista de los indígenas, lo que sucede cuando ellos asumen las normas de valor del modelo nacional. El proceso de “reflejarse a sí mismo” implica que el indígena quechua prueba imaginariamente su rol en la sociedad nacional, para ver como encajaría o se sentiría en dicha sociedad, es decir, si se adapta o no al modelo nacional. Siempre y cuando el modelo del rol se adecue al modelo social, obtiene cada individuo de manera particular su “documento de identificación”, una clase de legitimidad interior y exterior para participar en la vida nacional de la sociedad establecida. Un indígena quechua necesita transformarse para adecuarse a la sociedad del mundo blanco y entonces puede llevar una máscara, hacer teatro o negar el modelo de la sociedad, para acentuar otra identidad. Una de las entrevistas de Montoya muestra también, como se aprende a ser indígena quechua: una mujer indígena que ha negado su origen quechua empieza cada vez más a ser consciente de esa parte de su identidad. Ella reaprende la cultura andina y empieza a marcar su identidad indígena. Para mí, esto muestra también la posibilidad de armonizar la pertenencia a dos culturas.

La modernización y la urbanización de las grandes ciudades del Perú pueden verse como una forma de la estrategia nacional de integración. Para los indígenas quechuas, se trata de la posibilidad de obtener una identidad nacional y con eso, determinar su posición dentro de la nación peruana; no como indígena, sino como trabajador del campo o campesino en el nivel más bajo de la escala social, según el llamado modelo nacional. Esta estrategia se nota claramente en la reforma agraria de Velasco en el año de 1969, cuyo decreto suprimió el término indio en toda documentación pública reemplazándolo con la palabra campesino. Una razón, fue el deseo del gobierno de que los indígenas pertenecieran a una clase social como campesinos. Sin embargo, el término campesino se transformó para los indígenas, entre otros, como sinónimo de indio. A los campesinos no andinos se les llamó consecuentemente, agricultores. Esto quiere decir, que la división se conservó firme con nuevas etiquetas; campesinos y agricultores.

La educación dirigida nacionalmente puede ser étnicamente destructiva: las escuelas estatales de enseñanza básica del Perú, tienen uniforme obligatorio. A los niños se les corta el pelo muy corto y partes de la educación son casi iguales a la de los militares. Esto quiere decir, que se forma amando al “país natal” de una forma muy autoritaria. El día escolar empieza con el himno nacional peruano y continúa con fuertes rasgos de disciplina y ejercicios militares.

La enseñanza escolar puede también incluir una estrategia étnica del grupo para intentar aumentar la influencia de la sociedad nacional. En el caso de los indígenas quechuas, se trata de que asuman la competencia que da el programa nacional de enseñanza, para después revertirlo a su propósito particular. Sin embargo, este propósito no está siempre de acuerdo con el punto de vista de las intenciones políticas del Perú desde la perspectiva nacional.

La población andina, con su hambre de conocimiento, busca una herramienta en la lucha democrática frente a los mestizos y a los que tienen el poder local. Se trata de buscar la verdad, y desde el punto de vista de los indígenas quechuas, liberarse de la mentira y la falsedad que viene desde la estructura nacional. Entre los indígenas quechuas existe el mito, de que la educación es un camino para la salvación. Esto crea una idea mesiánica donde educación es igual que profesión. Tener una profesión es estar protegido contra la pobreza económica y por lo tanto, tener un futuro asegurado. El mito trata también de obtener la entrada al mundo y a las posibilidades de los hispano–hablantes blancos. El mito de la educación se proyecta nacionalmente por el mundo de los blancos en el Perú.

Cuando los indios quechuas recepcionan, es decir reciben la proyección de la formación como salvación, llegan ellos a menudo solamente a la periferia del mundo y de las posibilidades de los hispanos hablantes blancos.

Para el indígena quechua la educación también puede ser la forma de alcanzar una alta posición en la sociedad peruana, como mestizo. La esperanza del quechua sobre una mejor vida, como mestizo, funciona como una clase de repuesto en una maquinaria. La primera barrera que debe pasar, es aprender a hablar español. La siguiente barrera que debe superar es encontrar una profesión practicable en el plano nacional. Finalmente, se exige que luche en la sociedad para apropiarse de características interiores y exteriores que se necesitan, para poder ser e identificarse como mestizo peruano.

Lo paradójico en este “mecanismo de frustración”, es que en este recorrido el indígena quechua puede perder el origen de su identidad como indígena, y la meta -como mestizo- no siempre llena, o corresponde a sus esperanzas. Esto quiere decir por ejemplo, educarse como profesor, para después descubrir que no puede alimentarse con esta profesión, ya que la sociedad peruana no puede asumir por mucho tiempo, a todos los profesionales. En otras palabras, la frustración del indígena quechua puede ser grande, independiente de si logra o no alcanzar la pertenencia a la sociedad como mestizo.

En la universidad el estudiante andino -en nuestro caso el indígena quechua- comparte las ideas que tratan sobre los cambios de la sociedad, pero esas ideas no reflejan la realidad socio–económica de la sociedad peruana. La guerrilla Sendero Luminoso, inspirada en el maoísmo, puede ejercer una alternativa, “una tabla de salvación”, para los jóvenes desarraigados que buscan un nuevo contexto social para participar. Sendero puede ayudarles a ver “la verdad”, pero solamente para aquellos que pueden ver la verdad de una forma bastante análoga. Con otras palabras, el individuo en particular trata de incorporarse a Sendero Luminoso como organización o en su anterior fase como movimiento social.

Yo; opino que el desarrollo de Sendero ha ido, desde movimiento social hasta antimovimiento y, desde guerrilleros luchadores por la libertad hasta una organización que usa terror en la sociedad peruana.

El “proyecto” Sendero Luminoso empezó con un grupo que se salió del partido comunista Bandera Roja para empezar su propio proyecto revolucionario. A principios de la década del 70 se estableció Sendero como un movimiento social, en la provincia de Ayacucho, en las montañas del Perú. El centro del movimiento estuvo en la Universidad de San Cristóbal de Huamanga, en la ciudad de Ayacucho, donde su dirigente Abimael Guzmán trabajaba como profesor. Su base ideológica se ejerció por la síntesis del marxismo, teorías del leninismo y el maoísmo. Sendero, como movimiento social se expandió regionalmente a través de los estudiantes universitarios, y estos a su vez, difundieron el mensaje ideológico más allá, tanto en las universidades como en sus hogares, en la sociedad local y hacia las aldeas de los indígenas quechuas, entre otros.

A mediados de la década del 70 fue Sendero Luminoso un claro antimovimiento. El “recipiente ideológico” se llenó y se integró, cada vez más y más, de pensamientos y estrategias sobre la actividad de la lucha armada contra la sociedad peruana predominante. La estrategia militar aplicada por Mao Tse–tung durante la revolución China, fue un punto de partida importante y al igual que para Mao, los campesinos se constituyeron en la base revolucionaria.  En la década de los 80, Sendero Luminoso realizó acciones armadas contra los dueños de las haciendas y el sistema de opresión e injusticia que ellos representaban para los campesinos andinos. Sendero pudo verse en este caso, desde la perspectiva de los quechuas, como una guerrilla luchadora por la libertad. Al final, a través de prohibir el comercio de la agricultura dentro de la llamada zona liberada, fue Sendero mismo, más opresor. Con esto se excluyeron los campesinos muchos de los cuales eran indígenas quechuas del mercado local, que era muy importante para ellos porque tenían la posibilidad de vender y sobrevivir económicamente. De esta forma, Sendero perdió una gran cantidad del apoyo voluntario de los campesinos. Así mismo, vino la violencia y el terror dirigido contra los campesinos para obtener su apoyo a través del miedo.

La pertenencia étnica de los indígenas quechuas es utilizada con propósitos propagandísticos por Sendero Luminoso y por el ejército. La estrategia de Sendero es usar una terminología compuesta por conceptos de clase. En el nivel más alto se encuentran los blancos hispanos hablantes, la clase alta, a la que se le equipara a la herencia colonial y al viejo orden. Sendero Luminoso utiliza la larga opresión y la discriminación étnica sufrida por los indígenas andinos, como un arma contra las  clases dominante, y predica la sociedad sin clases, donde todos serán iguales. Ser blanco es ser de la clase dominante y los blancos son enemigos. La clase social y la étnica son la estrategia de Sendero; primero está la clase y después lo étnico; esto aclara de cierta manera la brutalidad de ellos. Se ejecuta al indígena que es traidor de clase. Al indígena quechua que tiene contacto con el blanco se le puede ejecutar. Las personas que se encuentra en el “viejo camino” deben desaparecer. Sendero es el guía y el nuevo camino, “el Sendero Luminoso” que en su posición ideal revolucionaria construye la revolución de las masas.

El ejército peruano también utiliza la etnicidad de los indígenas quechuas a través de construir un prototipo del enemigo. A los indígenas quechuas andinos se les concatena con Sendero. Los indígenas quechuas son igual que terror, peligro y se les describe como una posible amenaza y asesinos en potencia. El ejército realiza una propaganda que incluye un llamamiento a los mestizos de la sociedad peruana para que apoye al ejército frente a los quechuas. Los indígenas quechuas peruanos son sinónimo de Sendero Luminoso.

Las acciones armadas de las partes, que a menudo perjudican a la población civil, incluye una muestra compleja de la racionalidad de acción y de construcción futura. Esto quiere decir, la racionalidad y el mito se apoyan mutuamente en las construcciones nuevas narraciones que posibilitan y dan coartada para la acción terrorista.

La nueva narración obtiene un plano central en el desarrollo del proceso que se puede denominar como el trasfondo de la racionalidad hacia el terror, es decir, lo que concreta y claramente se quiere alcanzar con ayuda del terror. De esto obtenemos un proceso bastante complejo, que está compuesto de conceptos claves como la racionalidad del terror y mitología, la realidad del terror en su misma acción y la nueva realidad oral o escrita. Esos conceptos claves no se irán a ver como unidades cronológicamente fijas, sino que las unidades irán más bien una dentro de otra. Las distinciones desaparecen y quedan solamente las imágenes de “otro que amenaza” esto quiere decir, la proyección de la imagen del enemigo y el terror, como una clase de fuerza que camina por sí misma en la sociedad. Su medio o instrumento de empuje se ejerce en la paranoia, una imagen amenazante de la paranoia, una paranoia de miedo. Esto crea procesos de construcción y reconstrucción mitológicas.

Actualmente, el conflicto del Perú puede verse como la consecuencia más externa del encuentro cultural entre indígenas y españoles en el año de 1532. A partir de este encuentro, se desarrollaron nacionalmente mundos paralelos compuestos por los indígenas andinos y por la población blanca de habla hispana, que hoy constituye uno de los pilares del conflicto armado.

Existe un nacionalismo institucional en Perú construido en la continuidad colonial que incluye al conquistador Pizarro como un magnífico símbolo. Ahí también está incluido el día de la liberación en el año de 1821, el final de la guerra con Chile a finales del siglo XIX y hasta el reino Inca se incluye en el nacionalismo peruano, como una floreciente y desarrollada cultura del pasado. Por el contrario, el nacionalismo institucional no incluye a los pobladores nativos quechuas, Aymaras o los pueblos indígenas de la selva, como indígenas. Ante todo, ellos como campesinos o como fuerza de trabajo manual obtienen dentro de la escala de la sociedad el más bajo escalón social. En la sociedad peruana hay también alternativas para las formas institucionales de nacionalismo. Este se construye, entre otros, por el proceso histórico de resistencia anticolonial indígena y el nacionalismo alternativo se vuelca contra la discriminación étnica. Los movimientos son conducidos por estudiantes e intelectuales, pero también por grupos indígenas miembros de los indígenas quechuas  constituyen el nacionalismo alternativo. Se trata del derecho a conservar su pertenencia étnica y sin embargo se les considera como ciudadanos de igual linaje en la sociedad nacional. Se han hecho estudios que quieren mostrar soluciones alternativas dentro de la sociedad peruana. También Sendero Luminoso, y muchos otros grupos guerrilleros del Perú, apoyan por directrices de desarrollo alternativo dentro de la nación peruana.

Yo; pienso que ni el ejército peruano, ni Sendero Luminoso, tienen como intención última, anteponer la variedad cultural. Las dos partes priorizan una solución homogénea de la situación, partiendo de sus diferencias ideológicas. En el caso del ejército, la forma de nacionalismo del hombre blanco, y en el caso de Sendero la sociedad comunista sin clases con igualdad de valores.

A partir solamente del pensamiento teórico, la solución tanto del conflicto armado como del conflicto estructural de la sociedad del Perú, es bastante sencilla. Se encuentra en línea, con las hermosas formulaciones de la constitución peruana respecto a la etnicidad y a la igualdad de valores. Sin embargo, la realidad política y social del Perú deja ver que esa constitución es solamente una esperanza visionaria. Las soluciones teóricas en el problema social altamente palpable, son fácilmente visionarias. Montoya predica sin embargo, una posible solución al conflicto en el Perú que trata del derecho a poder ser diferente, que la sociedad respete aquello que hace a las personas ser diferentes. Finalmente, esta solución armoniza con mi forma de ver la variedad cultural y la integración. La solución sin embargo no es sencilla, ella está construida en la comunicación social pacífica y permanente.

Es importante subrayar también, que la cultura quechua no es homogénea desde una perspectiva nacional sino que está orientada regionalmente, pero con posibilidades comunes de identificación étnica. En pocas palabras, se vive con tradiciones y denominadores culturales comunes.

La palabra indio en la sociedad peruana es asociada a menudo con un estigma negativo. Esto hace que el indígena quechua prefiera enfatizar su identidad en otro registro social; por ejemplo como campesino  extracción campesina o como indígena  población originaria y con eso abandona la marca indígena. En mi opinión, no se es justo con los indígenas quechuas, mientras se haga cada vez más estrecha la definición de indio, o dándole solamente un sentido limitado de pertenencia a una clase económica, como por ejemplo campesinos andinos.

Las fronteras entre los indígenas quechuas y los mestizos se han visto teóricamente abiertas. Un indígena tiene la posibilidad de quitarse el emblema externo, aprender español y desde ahí poco a poco ascender a la población mestiza. Esto quiere decir, que ser indígena o mestizo en el Perú, tiene mucho que ver con la participación en un estilo de vida tanto occidental como indígena. La forma moderna de antagonismo entre indígenas y mestizos construyó una integración social que ejerce una jerarquía del modelo de clase, donde el indígena está subordinado al mestizo, esto quiere decir, que el indígena quechua tiene menores posibilidades de ascenso como indígena, en el la jerarquía de la sociedad. Cholo, es un concepto que solamente se usa para los indígenas que en cierta manera se han transformado o han pertenecido al mundo mestizo. Cholo es también una posición social donde el anterior indígena quechua marca una distancia con su antigua identidad indígena. El cholo está en camino hacia una nueva existencia donde lo más importante es el elemento social de occidente. En el análisis de Quijano, el cholo es un síntoma del conflicto entre el mundo o forma de vida entre los españoles blancos y los indígenas. La sociedad peruana se ha formado en un sistema donde los portadores de la cultura de blancos hispanohablantes tienen una posición ventajosa comparada con la de los indígenas entre otros, los indígenas quechuas-. El grupo dominante de la sociedad escribe siempre su propia historia y nunca cuentan la de otros sino la de él mismo en sectores donde pueda ejercer su dominación. A los ojos de Quijano, son los indígenas una víctima del desarrollo del capitalismo occidental. Yo; opino por el contrario, que es importante resaltar que tanto los indígenas quechuas como los cholos, en el tiempo moderno, son participantes activos en el proceso del capitalismo.

Pero dejemos la filosofía occidental, y tratemos de centrarnos las nociones de nación y nacionalismo.  Lo que es evidente hasta para un escolar primarioso es que nación y nacionalismo están unidos y se retroalimentan. Más allá de la etimología, la nación está unida a la noción de nacimiento, en este caso, al nacimiento de los pueblos, y el nacionalismo en el Perú, está referida al nacimiento de los pueblos en el Perú.

La noción de Perú, está referida al Tawantinsuyu. Para ser precisos Montesinos el cronista, señala que el Tawantinsuyu, era conocido de antiguo como el Perú. La nación, está referida a cuatro ejes, así como el nacionalismo, a saber: La cultura, la geografía, la historia y la etnia. El nacionalismo en el Perú tiene cualidades diferentes al nacionalismo occidental, lo más cercano a nosotros, en tanto nacionalismo no occidental es el nacionalismo hindú, liderado por el maestro Ghandy, que se asentó en su cultura, la cultura védica, en su espiritualidad. Nuestro nacionalismo, el nacionalismo peruano y el nacionalismo andino, está basado en nuestra cultura andina, indígena, tawantinsuyana

Volvamos a los ejes del nacionalismo en el Perú: Cultura, geografía, historia y etnia. Lo central en nuestra cultura andina, base del nacionalismo peruano, es nuestra espiritualidad, la columna vertebral de nuestra cultura es la espiritualidad.

La geografía en la que se desarrolla el nacionalismo en el Perú, es el territorio del Tawantinsuyu. La historia de nuestra cultura está referida a los últimos 10000 años y no a los últimos 500 años, como base del nacionalismo en el Perú. Lo étnico, está referido a las mil tribus o etnias que se desarrollaron en el Tawantinsuyu.

La ciencia política actual sostiene, en general, que el nacionalismo predispone a los integrantes de una nación a considerar a la gente de fuera como potencialmente inferior y malvada. Se supone que esta percepción hace que tengan más tendencia, por ejemplo, a restringir el comercio exterior o incluso a hacer la guerra, pero esta lógica tiene un fallo.

Cuando los ciudadanos son nacionalistas, cualquiera que se plantee timar se enfrenta a una situación desagradable: enriquecerse a costa de sus “hermanos”Evidentemente, el apego a la patria nunca erradicará por completo el fraude, pero en países con un sentido maduro de la unión nacional, esta percepción desincentiva de forma significativa el timo y fomenta el crecimiento económico. Sin él, los ciudadanos no dudan en aprovecharse unos de otros, y el riesgo de ser engañado destruye la confianza necesaria para lograr el desarrollo económico. No hay más que recordar la caída de la Unión Soviética y cómo la crisis de identidad que sufrió fue el presagio de la corrupción endémica y el subdesarrollo en los estados resultantes de su desintegración.

Sus virtudes van más allá de la cuenta bancaria de los ciudadanos. Si fomenta el altruismo, entonces sus efectos deberían ser visibles también sobre la vida política y social. Veamos la corrupción. Aún hay pocos estudios en este campo, pero a grandes rasgos existe una relación entre el nacionalismo y la capacidad para controlarla. Cotejando las estimaciones del Banco Mundial sobre este asunto y los mismos datos de encuestas sobre nacionalismo, aparece otro efecto positivo: la corrupción es sistemáticamente más baja en los países más nacionalistas.

 

¿Por qué el nacionalismo provoca este efecto? Por muchas de las mismas razones;  es menos probable que una población nacionalista tolere un gobierno corrupto y mire hacia otro lado. En cambio, sin unión nacional, puede que al ciudadano egoísta le dé totalmente igual. Para esta persona, el costo diluido de la corrupción sobre su vida diaria es insignificante en comparación con el esfuerzo que supone luchar contra ella. Pero una ciudadanía nacionalista evalúa los efectos de la corrupción sobre el conjunto del país, y su mayor preocupación por los posibles abusos desata la respuesta colectiva que la mantiene bajo control.

 

Su presencia también se nota en el ámbito social. Los ciudadanos nacionalistas se preocupan más unos de otros, por lo que son menos propensos a transgredir la ley e infringir los derechos de los demás. Si se analizan los datos del Banco Mundial sobre cumplimiento de la legislación, surge con claridad otra curiosa relación: en los países más nacionalistas, la ley tiende a imperar con más fuerza. Así que, a pesar de todos los defectos que se achacan al nacionalismo, éste está increíble e invariablemente asociado con cosas que apreciamos en la economía, la política y la sociedad.

 

Entonces, ¿qué pasa con los casos en los que el nacionalismo se ha torcido? ¿Pueden enseñar algo útil? Sí y no. Desde la Francia napoleónica sedienta de poder hasta la Serbia de los noventa, estos casos muestran que las aberraciones nacionalistas sólo son posibles cuando entran en juego otras fuerzas. Uno de tales factores es el poderío militar. Cuando los avances tecnológicos y las tácticas militares ofrecen la posibilidad de conquistar con facilidad otros países, el nacionalismo puede sentir la tentación de expandirse. En el siglo XIX, las numerosas innovaciones del gran Ejército de Napoleón como formaciones militares rápidas y flexibles con artillería integrada convencieron a Francia de que ampliar sus fronteras era una propuesta viable. Del mismo modo, Adolf Hitler explotó el nacionalismo alemán. Este sentimiento también puede ser peligroso cuando varias naciones se disputan un único territorio, especialmente si hay antecedentes violentos entre ellas. Cuando se dan estas condiciones, como en la antigua Yugoslavia o en Ruanda, la guerra civil es una posibilidad real.

 

También las democracias jóvenes corren más riesgo de sufrir un nacionalismo virulento, pues son susceptibles de que algún líder ambicioso utilice estrategias arriesgadas como invadir a algún vecino– para avivar el sentimiento nacionalista de su pueblo en su propio beneficio. Y puede ponerse feo si se mezcla con la idea de que la propia nación está por encima de cualquier principio moral. Posiblemente, ése fue el caso de la Alemania nazi, ya que la adhesión del pueblo alemán a su patria no contaba con el contrapeso de una doctrina moral que valorase el autocontrol y la compasión. En cualquier caso, lo importante sobre estas desagradables formas de nacionalismo reside en lo esporádicas que son. Citar unos pocos casos como prueba de que siempre es dañino o brutal, es confundir la excepción con la regla. La mayoría de los casos no promueven el expansionismo agresivo ni los abusos contra las minorías dentro de su territorio. Ello se debe a que en las naciones de hoy generalmente no se dan esos otros peligrosos condicionantes. Hoy la guerra es cara, la mayoría de las fronteras están establecidas y el comportamiento de los estados suele ceñirse a ciertas normas morales. El resultado es que los nacionalismos suelen impulsar a sus ciudadanos a mirar hacia dentro y concentrar sus energías en mejorar su nación.

 

Si queremos que las ciencias sociales adquieran relevanciadebemos  ayudar a crear políticas que saquen el máximo partido de un país. Desde luego, con el nacionalismo no están haciéndolo. Lo que es peor, en vez de ver su potencial para el progreso, la mayor parte de los expertos lo desprecian como si fuese un mal. Evidentemente, las relaciones generales que se han expuesto aquí requieren un análisis más profundo. Quizá el nacionalismo no tiene gran influencia cuando se tiene en cuenta otra larga serie de variables, como el nivel educativo o los recursos naturales. Podría debatirse si es positivo o simplemente inofensivo. Pero, como mínimo, debe dejarse atrás la noción simplista de que es siempre peligroso. Incomprendido, eso es lo que es. En un plano fáctico sospecho firmemente que la construcción de una nación peruana se ha realizado. Incluso en los poblados más alejados, los individuos se consideran peruanos y le reservan a este país el monopolio de su lealtad. Sin embargo, mientras la discriminación persista dicha construcción será precaria.

 

Porque no basta que todos nos consideremos peruanos si, al mismo tiempo, la nación no nos considera a todos compatriotas con iguales derechos. Aunque los individuos se consideren peruanos, muchos de ellos constatan que persiste la discriminación. Y también el racismo esa enfermedad del alma, canta Rubén Blades, al que deberíamos combatir con la severidad más implacable. Aunque el racismo sigue ahí, éste se hace cada vez más ofensivo, vergonzoso y repudiado.

 

Si Tocqueville tenía razón, las discriminaciones devienen más odiosas cuando las circunstancias son más igualitarias. Así, tal vez esta construcción nacional que constato sea una de las razones por las cuales el racismo y la discriminación generan hoy mucho mayor rechazo que hace algunas décadas.

 

Concluyo; no afirmando como siempre suelo hacerlo sino más bien, idóneamente alcanzando sugerencias; pero antes reflexionar de que los gobiernos siguen  sin ser capaces de aplicar políticas que aprovechen su potencial del nacionalismo. Pero esta opción conlleva importantes costos. Permite que líderes oportunistas y demagogos controlen el futuro del nacionalismo. Si los gobernantes responsables tienen en sus manos una herramienta probada para estimular el aumento de la riqueza, el descenso de la corrupción y la extensión del respeto de las leyes, sería inteligente que la utilizaran.

 

 

 

 

 

 

 

 

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