¡Yaw, Perumanta runakuna, siminchiskunata rimananchis! Paolo Sosa Villagarcia

Jorge Vargas Prado, joven poeta, ensayista y promotor de la lengua quechua nos concedió una entrevista a propósito de las declaraciones del ex gerente de Cultura de la Municipalidad del Cusco

El último domingo, el escritor Luis Nieto Degregori hacia públicas las declaraciones del, ahora, ex gerente de Turismo, Cultura, Educación y Medio Ambiente de la Municipalidad del Cusco, Martin Romero Pacheco, en la última jornada del Encuentro Nacional de Cultura. El funcionario había señalado su disconformidad contra la interculturalidad y señaló que el idioma quechua era un cáncer, un obstáculo para que los niños desarrollen el pensamiento abstracto. La noticia fue rebotada por diversos medios y forzó al funcionario a renunciar a su cargo.

Por ello nos comunicamos con Jorge Vargas Prado, joven cusqueño que ha dedicado su trabajo a la promoción de la interculturalidad y la revaloración de las lenguas indígenas en el Perú. Junto a Nieto Degregori y un equipo de profesionales, ha trabajado en el proyecto Perusuyu, una plataforma que mediante campañas, eventos públicos y publicaciones ha buscado generar espacios de discusión sobre y en las lenguas indígenas de la región cusqueña.

Anteriormente nos comunicamos con Vargas Prado con motivo de la publicación de Noqanchis la primera revista bilingüe en dos lenguas indígenas: Ashaninka y Quechua. Pero su trabajo personal, como literato, también es un magisterio de la revaloración del quechua como cultura y lengua viva. Recientemente ha publicado el poemario bilingüe “T’ikray” -presentado en la FIL- y su banda “Chintatá” fue protagonista de un corto de César Venero que fue transmitido por televisión nacional.

perusuyu


No te voy a preguntar directamente qué opinas de las declaraciones de el exgerente municipal, pero ¿Qué tan “anecdótico” o “aislado” es este tipo de comentario en el Cusco?
Creo que las expresiones y sentimientos del ex gerente de cultura de la Municipalidad del Cusco son compartidas por un gran número de personas en mi propia ciudad y no sólo por los castellano hablantes, sino también por muchos quechua hablantes. Sin embargo, este caso no es sólo devastadoramente racista, si no también devastadoramente torpe.

Sabiendo que ese discurso colonial es ahora considerado muy negativo en nuestra sociedad y especialmente entre las personas que se dedican a hacer gestión cultural, Martín Hernando Romero Pacheco lo defendió a pierna suelta en una reunión tan importante como el Encuentro Nacional de Cultura. Una cosa es que el imaginario de la mayoría de nosotros, los peruanos y peruanas, esté todavía colonizado y otra cosa es querer vivir en una burbuja gamonal.

El exgerente señalaba que el quechua imposibilita el pensamiento abstracto. Y en tu trabajo como promotor, con Noqanchis, y como literato con tu último libro “T’ikray” contradices esta afirmación. ¿Es difícil trabajar con el quechua como editor de una revista o como escritor?
En general, es difícil editar en cualquier lengua si quieres hacer un trabajo limpio y serio. Estos últimos años la edición en lenguas originarias ha avanzado, pero aún faltan especialistas. Poco a poco, mientras más se publica o mientras más se difunde el uso escrito de nuestras lenguas –por ejemplo, en el Facebook–, se lee más y más se discute sobre el estilo.

Con respecto al pensamiento abstracto, un sinnúmero de especialistas ya desmintieron las afirmaciones del señor Romero Pacheco. Sin embargo, creo que falta una política de “modernización” de las lenguas. Generalmente se utiliza el español para nombrar conceptos “modernos”, como pasa con el japonés que usa términos en inglés o con el español que usa términos griegos o latinos; sin embargo, y sin ánimos puristas, creo que deberíamos crear nuevos términos por un asunto de lealtad lingüística.

Este es un proceso largo porque no contamos con instituciones con el status suficiente para normar los nuevos términos y expandir su uso. Estos intentos por modernizar las lenguas son muy aislados y lo que ocasionan es que, al final, la gente no entienda los nuevos términos en sus propias lenguas. Como en el Perú nada podemos esperar del Estado, nos va a tocar hacerlo por Facebook o algo así.

En el último número de Noqanchis recuerdo mucho el texto de Joel Jahuanchi que es wachipaeri y que, para lástima del señor Romero Pacheco, era abstractísimo, sin embargo, fue traducido al asháninka y al quechua. T’ikray, mi libro bilingüe, fue mayoritariamente traducido al quechua por Hayson Challco Cotohuanca. Junto a él tuvimos la ardua tarea, por no tener ningún otro referente, de traducir poesía ultramoderna y experimental, pero andina al fin y al cabo. T’ikray, también en ese sentido, es un experimento.

 

vargas prado presentó su libro en la fil

En T’ikray tienes un manifiesto, un manifiesto por el quechua y la cultura andina. Resaltas la contradicción de una ciudad donde, según una encuesta, el 45% de cusqueños habla este idioma. Esto se ha explicado constantemente por el desprecio de la población al idioma y la cultura andina por lo que significa en términos de discriminación, pero, en tu experiencia como promotor, ¿crees que es el único factor que explica que esta cifra no sea mayor?
Al ser un tema tan delicado las cifras varían muchísimo. Yo tengo entendido que el 65% de las personas que viven en la ciudad del Cusco habla en quechua. Sin embargo, tenemos que entender que todavía hay un importante porcentaje que prefiere negar sus lenguas. Se dice que en el Perú son 8 millones y medio de personas que hablan una lengua originaria distinta al castellano. Sin embargo, yo creo que son más, muchos más.

Como se explícita en los poemas visuales de T’ikray (que en principio fueron intervenciones urbanas que realicé, a veces solo y a veces con grandes amigos, desde el 2006) el Cusco es una ciudad de contradicciones. Por un lado, adoramos al Inka en el Inti Raymi y por otro lado, no dejamos entrar a las personas que tienen un rostro parecido al Inka del Inti Raymi a las discotecas del centro histórico. Por un lado, nos rasgamos las vestiduras por las declaraciones de aquel señor sobre el quechua y por otro lado todo (y no exagero) en el centro histórico todo está en inglés.

Es obvio que si nacemos en una ciudad con esas contradicciones, nuestro corazón se va a confundir. Y, obviamente, pese a que el alcalde Luis Flórez hable en quechua a veces y pese a que el presidente regional grabe spots diciendo “Haylli, Qusqu” el 24 de junio, no existe una propuesta seria o un plan articulado de fortalecimiento y desarrollo de nuestras lenguas desde ningún nivel del Estado, otra gran contradicción.

Pese a todo, no dejo de encontrarme con muchachos y muchachas de mi generación que hablan sin ninguna vergüenza quechua o asháninka o aymará o wachipaeri o yine y hasta de manera política para decir: “aquí estamos, no tenemos miedo y nuestro corazón es alegre”

¿Qué opinas tú de esta llamada visión “arqueológica” del quechua? Es decir como algo inerte, tradicional y milenario que no debe juntarse con las expresiones modernas.
Para mí es lo más peligroso que pueda existir. La cultura es algo vivo. Si detenemos la cultura, la matamos. Si seguimos pensando que nuestras culturas deben ser puras, las estamos condenando a una muerte dolorosa y horrible.

Nada es puro. Nada. Ni en el ande, ni en escandinavia. Por supuesto que ciertas regiones del mundo no han tenido el trauma horrible de la colonia y también, por supuesto, en estas épocas globalizadas donde sólo una cultura quiere comerse a todas las otras, hay que estar muy atentos a no sucumbir ante una sola manera de ver el mundo, ante un sólo estilo, ante un sólo idioma.

¿Qué pasa si soy quechua y me gusta la música islandesa?, ¿es un pecado hacer post rock en quechua? Creo que mientras la producción artística salga del corazón de las personas y no sólo siguiendo lógicas de mercado, todas las lenguas pueden ser usadas en cualquier contexto y bajo cualquier lógica.

Ahora, con estas declaraciones ha habido una respuesta ciudadana importante, organizada desde Cusco y que llegó a convertirse en tema de atención más allá de la región. ¿Cuál es el papel de los ciudadanos en la defensa de este legado?
Nuestro papel, ante la indiferencia casi total del estado, es el más importante. Como siempre se ha dicho, tenemos que hablar el quechua (o la lengua que hablamos) en todos los lugares posibles, con todas las personas posibles. Pedirles a nuestros padres o abuelos que nos enseñen y si no quieren enseñarnos, estudiar. Sino sabemos la lengua podemos aprender frases como: “Allillanchu, waqiy” (hola, hermano) o “anchata munakuyki” (te quiero mucho) y utilizarlas. Tenemos que escribir, como podamos, sin miedo a equivocarnos por internet, mandarnos correos electrónicos en quechua en el trabajo, escuchar música en nuestros idiomas. Podemos llamar a nuestros medios de comunicación y hablar en nuestras lenguas. Ojalá que este desafortunado incidente nos sirva para seguir luchando, para seguir celebrando nuestras diferencias.
MUlamanta qorqosqa

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