Sigo siendo, trailer oficial. Comentario de Santiago López Maguiña

Con un saludo a esta pelicula que ha despertado los mas calurosos comentarios. Con un voto para que el cielo siga siendo via acustica y no viento de guerra.

Mana  pay kikin yachachkaptin hemos puesto tambien un breve comentario de Santiago López Maguiña.  Esperando que ello no moleste  a quien acaba de escribir un notable estudio sobre los Gallinazos sin plumas que se puede encontar en su pagina FB

Hay varios hilos conductores en Sigo siendo, la película de Javier Corcuera que acaba de estrenarse: uno es el agua como fuente de vida y cuya desaparición es un peligro patente. Con esa línea figurativa y temática se inicia y termina la película. Hasta la mitad ese es el eje. Los ríos, las cochas, las acequias, las caídas de agua son corrientes por donde se conduce el relato y en las que se engancha la música y sus letras. Otro hilo conductor es el regreso al terruño, al lugar originario. En esa línea narrativa y discursiva se destacan las historias de dos violinistas: Máximo Damián y otro más joven, cuyo nombre no he retenido. Ambas cuentan del retorno a la casa familiar, de donde han salido para buscarse una aparente mejor vida en la capital. Se muestra en la película el regreso a pueblos derruidos y abandonados, a casas semi ruinosas. A campiñas sedientas y polvorientas. El tema de la emigración y del destierro forzoso y doloroso se levanta. Pero también, a pesar de todo, el de la supervivencia y el de la celebración, que es euforia por conservar la vida y por renovarla, lo que se expresa en escenas de intensa carga emotiva, encarnadas en la anciana que entona festivas y picaras canciones durante la ritual fiesta del limpia acequia en la comunidad de donde procede el maestro Máximo Damián y en las pandillas que bailan y cantan en las calles y plazas del pequeño poblado. La zona donde se retorna, Puquio y alrededores, está cargada con la presencia simbólica de José María Arguedas, nuestro escritor migrante más representativo. La corriente musical que acompaña el viaje de retorno, antes de llegar a Puquio pasa por Chincha y El Carmen, donde se rinde homenaje al patriarca de los Valleumbrosio. Casi al comenzar la película se desarrolla una de las escenas más impresionantes: la comparsa de bailarines afro peruanos, que zapatean las tonadas andinas de Máximo Damián, en el desierto, al atardecer en dirección al cementerio que se yergue al final del camino. Es la corriente acuosa y acústica, nómade y sincrética, que al final de la película va terminar en los callejones y huariques limeños donde aún se revive la música criolla que resiste languidecer.

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