ARGUEDAS EN LA TEXTUALIDAD DE LA POESIA QUECHUA. Armando Arteaga

Va creciendo el caudal de estudios sobre la poesia y la poetica quechua.  Uno de los campos recientes en este universo son los estudios comparativos de la literatura quechua con otras poeticas,  no solo indigenas. En este interesante estudio de Armando Arteaga resalta, dentro de su resena de la vision de Jose Maria Arguedas, la vision comparativa del canto de la fiesta del agua de Puquio con la teoria de poesia imaginista de Ezra Pound.  Tambien se podria comparar la economia poetica de la lirica el huayno con los haykus. Con la reciente comparacion de Alison Krogel sobre el sueno en Hugo Carrillo, y Bachelard la poesia quechua va saliendo del  cajon de la “otra literatura” como lo habia entendido el maestro Edmundo Bendezu anteriormente. En ese  estudio tambien vale la pena  retomar el concepto del “entrismo” de la literatura  clasica espanola en los andes,  dado que  son sus residuos la materia de lo que se entinede por poesia tradicional, cuando en el fondo la relacion  de la poetica quechua  e indigena en general con las poeticas de vanguardia es mas fluida. Resalta tambien la mencion a Edmundo Bendezu,  cuyo trabajo  sobre la huella de la poesia quechua antigua deberia ser releido con atencion.  Entrada tomada de Terra Ignea.
ARGUEDAS EN LA TEXTUALIDAD DE LA POESIA QUECHUA*
Por Armando Arteaga
PONENCIA:
ARGUEDAS EN LA TEXTUALIDAD DE LA POESIA QUECHUA
PONENTE:
Armando Arteaga
RESUMEN:
José María Arguedas estudio la poesía quechua desde sus inicios hasta la modernidad.  Investigó, recopiló, y escribió para el fortalecimiento de la poesía quechua. Son muchos los “textos” donde Arguedas se ocupa  por mostrar la originalidad, la transculturalidad y la vigencia moderna de la poesía quechua, la culta y la popular.  El mismo abordó el proceso creativo como poeta en su libro “Katatay y otros poemas”.  Arguedas fue también un gran poeta.
José Maria Arguedas studied Quechua poetry from its beginnings to modern times. Researched, compiled, and wrote for the strengthening of Quechua poetry. There are many “texts” which Arguedas deals to show the originality and validity transculturality modern Quechua poetry, the learned and popular. Addressed the same creative process as a poet in his book “Katatay and Other Poems.” Arguedas was also a great poet
 
ARGUEDAS EN LA TEXTUALIDAD DE LA POESIA QUECHUA
Por Armando Arteaga
1
En el antiguo Perú existieron diversas literatura nativas, las culturas anteriores a la literatura incaica tuvieron distinguidas expresiones literarias que se han ido olvidando en la noche de la historia.  Estas expresiones literarias, más o menos diferenciadas existieron.  Se desprenden estas certezas de las manifestaciones descritas por los cronistas, y de las investigaciones lingüísticas y arqueológicas vigentes.
Existieron además grandes espacios culturales de oralidad,  aparte de la incaica.  Diversos fueron -a grandes rasgos y vestigios- los espacios culturales expresados en Chavín, Paracas, Vicús, Recuay, Mochica, Nazca, Pachacamac, Caxamarca, Tiawanaku, Puquina, y Wari, entre otras culturas y lenguas. Estas literaturas iníciales: autóctonas, vernáculas, de ciertas originalidades y de gran diversificación idiomática,  se han perdido.  Se fue perdiendo toda esta diversidad lingüística, desde la unificación incaica, cuando empezó a oficializarse el quechua.
La oralidad poética del “Periodo Clásico” de los incas asumió convivencia social de integración en algunos casos, aún friccionando en otros: con otras lenguas nativas en pugna por hegemonía cultural, con otros pueblos coexistentes que alternativamente desarrollaron también símiles creaciones literarias a los incas, tales como: Collas, Lupacas, Soras, Rucanas, Pocras, Wanucus, Wancas, Chimús, Chachapoyas, Cañaris, Yauyos, entre otros.  De estos pueblos quedan aún vestigios arqueológicos, lingüísticos y literarios.
La literatura quechua empieza en el siglo XII D.C..   Por exacta coincidencia histórica dura casi 900 años, empieza desde cuando Manko Kkapak (amauta y harawiku) funda el Tawantinsuyo.  Y,  en este siglo también,  empiezan los primeros cantares de gesta españoles.  Este periodo clásico empieza desde 1200 D.C. a 1532 D.C.: desde los inicios de la fundación del Tawantinsuyo hasta la captura del Inca Atahualpa.  La oralidad poética  la realizaban los sacerdotes, los amautas, los kipukamayos y los harawikus.  Aparte de la oralidad poética, existieron otros géneros literarios: la oralidad narrativa y la oralidad dramatúrgica.
La poesía de este instante del “Periodo Inicial Clásico Inka” era espontánea y original, sin influencia española, expresada en la tradición oral, relacionada con el canto, la música y la danza de los pueblos.  Era una poesía épica y mítica, de celebración de las hazañas sociales: su tema era la guerra, y  la agricultura.  Se expresó  también una poesía colectivista de cantos: a festividades especiales a la tierra, la lluvia, y las montañas.  Y, una poesía subjetiva y personal,  de carácter lirica y amorosa.
La prosa era de gran contenido fantástico y de mucha imaginación literaria en donde se desarrolló el mito, la leyenda y los cuentos.  Hubo también aquí una prosa moralizante y de carácter didáctico: frases, refranes, y apologías. La prosa fue realizada y usada con fines pedagógicos.
La dramaturgia desarrolló sus propios temas, eran cantos propios representados en la “aránwa” o espacio dedicado para la representación teatral, con textos de dramas dedicados a la vida normal y la las hazañas cívicas de los incas.  La muerte también fue un tema abordado, se entendía de manera ritual el manejo de las relaciones con los difuntos.
2
La obra literaria de José María Arguedas ocupa casi todos los géneros literarios de cierto prestigio y actualidad, creo que excluyendo solo la dramaturgia.  Aunque, es cierto, junto a sus “Cantos y Narraciones Quechuas” (1962), con el Patronato del Libro  Peruano, donde se publicó Ollantay (en versión de César Miro y Sebastián Salazar Bondy), a sugerencia de Arguedas, participó tangencialmente en esta tarea de adopción del guión teatral teniendo como punto de partida el “texto” de las traducciones de Gabino Pacheco Zegarra y José Sebastián Barranca.
Este drama teatral es el pórtico (o el puente)  por donde suelen empezar los manuales de enseñanza de nuestra literatura peruana que se estudia desde el colegio, ignorando “la otra literatura peruana” como ha llamado Edmundo Bendezú, a la literatura escrita en quechua, suponiéndola algunos con cierta “malevolencia”  de una existencia marginal.
Arguedas rompió esa supuesta “marginalidad” atribuida por los historiadores y críticos oficiosos de una castellanidad absoluta de nuestra textualidad literaria  reconocida como única, negando e ignorando la textualidad literaria en quechua,  cuya fuerza reside en su oralidad.
Pocos son los textos que han estudiado el proceso de la poesía quechua.  Arguedas tiene un escrito “Sobre la poesía quechua”,  en sus “Cantos y Narraciones quechuas (Desde la época incaica hasta nuestros días” (1962): Selección, traducción y notas de José María Arguedas.  Este “texto”: “Sobre la poesía quechua”,  a manera de prólogo,  describe el primer impacto del encuentro de dos lenguas  en el proceso de la colonización española impuesta a los pueblos que conformaban el Tawantinsuyo (donde la variedad lingüística era múltiple y diversa, donde predominó el quechua y el aimara).
Así como el primer libro que se imprimió en el Perú fue un catecismo en quechua, la primera expresión literaria realizada por los misioneros para la conversión de indios al catolicismo, fue la creación de “himnos” en quechua. Arguedas notifica entonces el sincretismo entre el mundo antiguo andino y la visión occidental de los misioneros españoles, en esta aproximación “Sobre la poesía quechua”.
El sincretismo cultural y religioso empezó a funcionar desde la llegada de los españoles de manera rigurosa, lo mismo que la extirpación de idolatrías ante la resistencia cultural de algunos pueblos andinos:
“Es notable la semejanza de imágenes y aun de conceptos que pueden encontrarse entre el primer himno religioso incaico, trascrito por Santa Cruz Pachacuti, y el primero de los himnos católicos que figuran en esta selección.  Parece evidente que los misioneros, con sabiduría metodológica y artística, aprovecharon los elementos de la poesía y la música incaica en la composición de los cánticos que hicieron entonar a los indios para cimentar en ellos las nuevas creencias.  Las composiciones más antiguas de este genero conservan un carácter ciertamente erudito que va diluyéndose, hasta que los himnos católicos más recientes son de naturaleza muy indígena, escritos en un quechua popular, de tal manera que tienen el estilo de los cantos folklóricos”.
Los cronistas, dice Arguedas, no le prestaron mucha atención a la poesía profana incaica. Según el criterio cronológico, la poesía más antigua en quechua es  religiosa.  Un español, Cristóbal de Molina, y un indio, Santa Cruz Pachacuti, recopilaron textos completos de poesía religiosa.  Más tarde cuando el quechua había incorporado ya términos en castellano, es Guaman Poma,  quien recopila algunos textos de poesía profana sobreviviente de la época incaica.
Para Arguedas bastan  las muestras poéticas trascritas por los “Himnos de Santa Cruz Pachacuti”  (del “texto” original tomado de “Antigüedades deste Reyno del Perú), son suficientes,  para revelar el carácter de la poesía incaica. Arguedas encuentra que es más tarde en estos populares “Himnos de los Aukis de Puquio” donde se conserva todavía el estilo de la poesía incaica recogida ha tiempo por Santa Cruz Pachacuti:
“No hay recreación lingüística en ella; las palabras expresan, rigurosamente, pensamientos o imágenes esencialmente necesarias para interpretar concepciones poéticas que sirven de medios, de instrumentos estrictos, para la expresión de las ideas o de los estados de ánimo.  Es interesantísimo comprobar cómo sobrevive ese carácter de la poesía incaica en los himnos religiosos actuales no católicos, por lo menos hasta donde tenemos elementos para juzgar este capítulo de nuestra poesía tradicional”
No así en esta elegía a Atahualpa: “Apu Inka Atawallpaman”  (anónima copiada por J.M.B. Farfán del cantoral recopilado por Cosme Ticona, en Pisac y Calca, Cuzco), considerada que pertenece al Siglo XVI.  En cambio: a Arguedas le  plantea la duda de que ese poema sea incaico. Más bien lo encuentra escrito con conocimiento histórico de los sucesos del ajusticiamiento del Inca, del reparto del rescate, y del infortunio en el que cayó el pueblo quechua después de la consumación y consolidación de la conquista. Lo que lo hace suponer algo fallido, falto de crédito.  Desluce el poema como una aproximación en lo formal y en lo conceptual en la propia concepción de la composición poética, a una manera recurrente a las normas de la poesía occidental. Resalta su escritura en estrofas de pie quebrado, el uso de versos cortos como en las Coplas de Jorge Manrique.
Arguedas intuye que estos versos no pueden haber sido escritos sino después del cruel dominio español impuesto. Se da otra visión del mundo en estos himnos católicos que no era la visión particular panteísta y ecológica, digamos que la poesía incaica era involucrada de cierto paganismo, menos calificada para el gusto en monserga con lo foráneo. Es así de zangamanga esta poesía del “Periodo Colonial”,  que va de 1532 a 1780, desde la caída del Tawantinsuyo hasta la liberadora revolución de Túpac Amaru, y son tres siglos de duración.
El quechua o “runa simi” nunca se dejó de hablar en la mayoría de las poblaciones autóctonas y por los mestizos durante la Conquista y la Colonia.  La poesía quechua se manifestó durante la colonia en textos de fusión de elementos cristianos con asuntos andinos nativos. Se entregó en escritura española algunas veces, y en otras, en quechua. Algunas fueron creación de escritores cultos, blancos o mestizos (poesía quechua culta y escrita), y en otras, fue creación heroica del pueblo quechua sin escritura (literatura quechua popular oral). Poesía elaborada más desde la problemática cristiano-indigena que del tema indígena puro.  Tomada del estilo del Siglo de Oro español, moralizante y de dominación política.
3
En cambio, Arguedas encuentra que en los “Himnos de los Aukis de Puquio”  se conserva el estilo de la poesía incaica los “Himnos de  Santa Cruz Pachacuti”.  Aunque no,  con la misma intensidad de su  originalidad,  pero sí,   con un lenguaje unánime.  Arguedas nos recuerda que: los “Himnos de los Aukis de Puquio”  están dirigidos a dioses menores y locales que han empequeñecido ante la lucha desencadenada contra ellos por el catolicismo.
Se crearon nuevos “textos” desde la visión popular que ha enriquecido el corpus de la poesía en quechua. En esta nueva poesía popular ya empieza a deslumbrarse el devenir propio de un mensaje directo, sin ambages, ni medias tintas.
Poesía de fondo y forma quechua: algunas desarrolladas con sustento de los mitos cosmogónicos andinos con sentido social, otras: enorme poesía lirica, composiciones propiamente quechuas: tákis, haráwis, wayños, kacharparis, entre otras. La canción indígena ha conservado el “Tiksi muyu” (la redondez del mundo): su belleza.  La poesía oral quechua, desde tiempos antiquísimos tenía una visión del mundo muy particular, eran palabras sagradas que los aukis de Puquio usaban en su “himnos”  al agua y  a los Wamanis (espíritu de las montañas). Veamos, en primer lugar,  estos “Himnos de los Aukis (1) de Puquio al Agua y a la Tierra” donde se exalta ya una nueva funcionalidad del lenguaje poético, con una destreza increíble:
   Aylillay aylullay
uh wayli
aylillay aylillay
uh wayli
   Señor Cabildo
uh wayli
señores comunes
hermosa palabra
hermosa atención
perdonadme
hacedme entender
hablad padre mío
rechazad la pereza
rechazad la rabia
uh wayli.
   No sé de qué
uh wayli
no sé por qué
podéis tener pereza
podéis tener rabia.
No padre mío
rechazad la pereza
rechazad la rabia
uh wayli.
   Diciendo qué
uh  wayli
diciendo qué
nuestros alimentos
los estaremos segando
los estaremos matando.
No padre mío
no tengáis  pereza
no tengáis rabia
uh wayli.
   Señor Don Pedro (2)
uh wayli
Señora Madre Yaka (3)
recién recién
estoy apareciendo
estoy apurándome;
es imposible, pues
tu hija (tu pobre hija)
de corazón escaso
tu hijo (tu pobre hijo)
uh wayli.
   Diciendo qué
uh wayli
diciendo qué
te comí
te serví
con mi tierra roja
con mi mesa de cristal
con mi plata y oro
con mi anís selecto
uh wayli
   Señor Cabildo
uh wayli
señores comunes
aquí está, señor mío,
lo que me mandaste
lo que me ordenaste
tú, pues, padre mío,
tienes pereza,
estás  mintiendo
no, padre mío,
rechazad la pereza
rechazad la rabia
uh wayli.
   Señor Alcalde del pueblo
uh wayli
señor Regidor del pueblo
aquí está padre mío
cuando me ordenaste
cuando me mandaste
quizás señor
estás con enojo.
No, pues, señor mío,
no os enojéis
uh wayli.
   Diciendo qué
uh wayli
diciendo qué
estaremos arribando
estaremos cargando
a nuestro costado
a nuestro lomo
uh wayli.
   Don Pedro nuestro
uh wayli
madre nuestra, Yaka,
recién recién
estamos subiendo
estamos jalándote
apaciblemente
tu siervo
tu pobre.
No, padre mío,
no has de enojarte
no has de rabiar
uh wayli.
   Diciendo qué
uh wayli
diciendo cuánto
estaremos arribando
estaremos subiendo
con mi rojo almidón
con mi mesa de cristal
con mi oro y plata
con mis hojas de anís
uh wayli.
   Qué podríamos decir
uh wayli
cúanto podrías decir señores comunes
podrías estar enojándote.
Aquí está, señor,
lo que me ordenaste
lo que me mandaste.
No pués, señor,
no os enojéis
entre comuneros, iguales,
hermosa atención,
no apenados
apurémonos
estaremos saludando
uh wayli.
   Aylillay aylillay
uh wayli
Aylillay aylillay
uh wayli.
***
(1)          Sacerdote de la comunidad
(2)          Una montaña
(3)          Una laguna
4
El “entrismo” literario español en el mundo cultural andino ha tenido sus bemoles. La adopción de instrumentos musicales europeos como el arpa, el violín, la flauta, la guitarra, y la mandolina, introducidos por los misioneros para fines religiosos enriqueció las diversas maneras de la música andina.  El arpa y el violín tienen una enorme significación en la consolidación de una manera popular ya de poetizar las nuevas canciones y la  realidad vivida por la cultura nativa.  La música, la danza y poesía oral,  van a darle una nueva interioridad al mensaje poético de la poesía popular en quechua, en la canción o en el poema, expresa Arguedas:
“No hay en ellas, como en la poesía Inka, recreación lingüística.  Palabra y concepto, o pasión, se corresponden exactamente.  Aun en el caso de las canciones de la trilla de Angasmayo, admirablemente traducidos por Lourdes Valladares, la repetición aparentemente formal, es necesario para marcar el ritmo de la danza.  En la poesía oral como en la alta poesía erudita, no se encuentra lo superfluo”.
El canto es casi una catarsis en el hombre andino, en las letras de las canciones expresa su poesía.  La poesía es siempre canto: haráwi. La prosa en cambio expresa ironía,  es moralizante y didáctica.  Arguedas ha llamado a estas creaciones  populares “Poesía Folklórica Actual”.  Son veinte canciones recogidas en Ayacucho, Cuzco y Apurímac, seleccionadas por Arguedas, y tres de la trilla de Angasmayo (Jauja), recogidas y traducidas por Lourdes Valladares.
En realidad, son huaynos, muchas de estas canciones las he escuchado cantar a Leo Casas, recuerdo algunas: “El fuego que he prendido”, “Yo crío una mosca”, “Un picaflor errante”, “Cristalino río”, “Tormenta de nieve”, “Celso Medina”, “Carnaval de Tambobamba”, entre otras. La van desarrollando por oralidad: los comuneros,  y hay quienes ahora la escriben.  Tal es el caso de este poema, que empata con la estética del “imaginismo”:
SHUCULHAY (LAGARTIJA)
Piedra, piedra es tu casa,
lagartija, lagartija,
espina, espina es tu casa,
lagartija, lagartija.
      Pinta labores
      en libro de plata
      lagartija, lagartija;
      pinta la ese (S)
      en el libro de oro,
      lagartija, lagartija.
Máscara de coles,
bastón de cebolla,
culantro tu cabecera,
perejil tu pateadera,
corta tu rabo,
mira, ciudate,
lagartija, lagartija.
El “imaginismo” es una escuela de la poesía norteamericana impulsado por T. E. Hulme y  Ezra Pound, termino usado por primera vez en 1912.  El poeta imaginista teme las abstracciones, los adornos, lo sentimental o amanerado. Cree en el ritmo absoluto. Cree que el único símbolo perfecto es el objeto natural. Cree en la técnica como prueba de la sinceridad del  hombre.  Pound en el “manifiesto imaginista” va más lejos, exige:
-El tratamiento directo del objeto, sea subjetivo u objetico
-No usar una sola palabra que no contribuya a la presentación.
-En cuanto al ritmo: componer en frase musical.
Los imaginistas pusieron todo su esfuerzo en la forma,  y el simbolismo les proporcionó un nuevo medio, el verso libre.  La poesía popular quechua  busca siempre ser más intensa, es concreta, y es directa.  La poesía popular quechua como la “imaginista” aspira a un lenguaje simple en contraposición a los rebuscados vocablos con los que los poetas decadentes adornan la poesía.  Los poetas populares quechuas como los imaginistas son sensibles a la sonoridad de las palabras, al ritmo y a la musicalidad del verso. Saben usar el misterio. El poeta imaginista como el poeta popular quechua se burla del uso vetado de determinados temas poéticos.   Poco importa, pensaba T.E. Hulme,  tratar del zapato de mujer o de un cielo estrellado.  No existe nada antipoético, ni siquiera el fregadero de la cocina.  La imagen era el centro de la poesía imaginista. La poesía ha empleado la imagen desde siempre  y la poesía moderna la ha utilizado con profusión.  Una imagen, anunciaba Pound, es la representación compleja y emocional de la realidad de un instante.  El poeta popular quechua, ha usado siempre este método imaginista para realizar su poesía.  Además su fuente de inspiración ha sido siempre la naturaleza y la naturaleza de las cosas. La presentación de la brusca realidad,  libera la energía poética, este fundamento revela también la famosa “disociación de la sensibilidad” usada por los imaginistas, y también usada por el poeta Arguedas, pues, muy aparte nos ha dejado también su libro “Katatay y otros poemas”, que es la expresión más acertada de poesía moderna en quechua.  En las iluminadoras imágenes concretas difundidas en poemas como “Jetman, Haylli” (“Oda al Jet”) y en  “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman”  / Haylli-Taki (“A Nuestro Padre Creador Túpac Amaru/ Himno-Canción), que son ejemplos de creaciones modernas y  “textos” poéticos  de vanguardia en la poesía peruana, se da un gran nivel poético.  Se revela y rebela: un gran poeta.
Arguedas tenía bien claro el aporte del hombre andino a través de la poesía quechua, la superioridad intelectual de tener una conciencia ecológica, y la defensa de la naturaleza, en contra de la codicia devoradora del hombre occidental con su apego religioso al capitalismo: todo se vende y todo se compra. El poeta popular quechua y andino a través de su palabra,  y a través de una filosofía de su  ternura y comprensión de la naturaleza: ha sabido dejarnos un mensaje de solidaridad humana a pesar de los enormes sufrimientos y sacrificios a las que ha sido destinado a través de la historia de la humanidad. En sus propias palabras,  resume ese destino,  para explicar el proceso creativo y la escritura de su poema en  “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman”:
“Debo advertir que el haylli-taki que me atrevo a publicar, fue escrito originalmente en el quechua que domino, que es mi idioma materno; el chanka, y que después lo traduje al castellano.  Un impulso ineludible me obligó a escribirlo.  A medida que iba desarrollando el tema, mi convicción de que el quechua es un idioma más poderoso que el castellano para la expresión de muchos trances del espíritu y, sobre todo, del ánimo, se fue acrecentando, inspirándome y enardeciéndome.  Palabras del quechua contienen con una densidad y vida incomparables la materia  del hombre y de la naturaleza y el vinculo intenso que por fortuna aun existe entre lo uno y lo otro.  El indígena peruano está abrigado, consolado, iluminado, bendecido por la naturaleza: su odio y su amo, cuando son desencadenados, se precipitan, por eso, con toda esa materia, también su lenguaje.
Sin embargo, aunque quisiera pedir perdón por haberme atrevido a escribir en quechua, no sólo no me arrepiento de ello, sino que ruego a quienes tienen un dominio mayor que el mío sobre este idioma, escriban.  Debemos acrecentar nuestra literatura quechua, especialmente en el lenguaje que habla el pueblo; aunque en el otro, el señorial y erudito, debiera ser cultivado con la misma dedicación.  ¡Demostremos que el quechua actual es un idioma en el que se puede escribir tan bella y conmovedoramente cono en cualquiera de las otras lenguas perfeccionadas por siglos de la tradición literaria! El quechua es también un idioma milenario.”
Recordemos, la vida es un incesante rehacer –ha escrito Mariano Picón-Salas-.  Tuvimos libros escritos como el “Popol Vuh” o el libro de “Chilam Balam”, o testimonios escritos y dibujados como la “Nueva Crónica” de Guaman Poma. Tuvimos escritura en los murales  y las cerámicas mochicas, contamos en los quipus, desarrollamos puntos, rombos, barras numéricas,  que evidentemente remplazaron la mera pictografía,  para trastocarse en un lenguaje ideográfico.  Mucha de la teogonía inka vive aún en la poesía popular quechua.

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