Inkario / Sylvia Falcon

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INKARIO

Se cree que referirse a Chachapoyas, Páucar del Sara Sara o Caballococha, es hablar de lugares lejanos y exóticos. El tripartito concepto de patria: costa, sierra y selva, parece agudizar las distancias y distinciones entre los pueblos en lugar de   contribuir a la idea de nación como unidad orgánica. Desde la perspectiva urbana actual, las alturas de Yauyos o Huaytará son remotas, y la concepción del mundo  que tienen los Qeros, los Tallanes o los Yanesha, son únicamente funcionales para sus propias comunidades.

Se cree también que la diversidad cultural es una peculiaridad contemporánea a la cual recién estamos despertando, sin embargo, esta es una premisa tan antigua como las civilizaciones que a lo largo de la historia se desarrollaron en nuestro territorio.

Los 5 mil años de antigüedad de Caral significan también el más grande legado del arte musical peruano. Además de otros instrumentos, el hallazgo de flautas de hueso de pelícano, cuyos pares sugiere su ejecución combinada, revela la importancia y sofisticación de la música en los ritos, ceremonias y en  las diversas actividades sociales. El grado de conocimiento que alcanzaron en mil años de desarrollo, articulando el intercambio y el manejo territorial, se proyectó influyentemente en el futuro como se puede ver en las culturas  que le sucedieron inclusive hasta el Imperio Inca, el cual durante su apogeo, administró cerca de 6 millones de habitantes gracias a eficientes sistemas de comunicación y la configuración de una vastísima red de caminos, el impresionante Qhapaq Ñam o “gran vía”. A partir de aquel profundo conocimiento de su geografía, consolidaron una estrategia de expansión que asimilaba las particularidades y tecnologías alcanzadas por las sociedades a ser integradas.

El Tawantinsuyu representó ese todo orgánico, la síntesis de varios miles de años de desarrollo y evolución integral del conocimiento a través del respeto y la contemplación de la naturaleza, convirtiéndose en grandes lectores de su entorno y logrando un óptimo aprovechamiento sostenible de la biodiversidad.

Inkario, desde mi interpretación personal, es el concepto del Tawantinsuyu hecho música y que el lirismo andino de mediados del siglo XX ayudó a plasmar con gran estética, pues por la fuerza de esa herencia se crearon melodías fantásticas  que renovaron la sensibilidad de una época y que actualmente responden a la diversa e intensa actividad musical del Perú.

Hurgar con devoción en el pasado siempre será la primera puerta trapezoidal que debemos cruzar para continuar el andar hacia un futuro auténtico… pensaba en ello mientras estudiaba estas bellas canciones.

Sylvia Falcón

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