Comunidades campesinas y nativas: cambios y desafíos. Ramón Pajuelo

Cuando en los predios del pensamiento akatanqa/yanacocha cualquier  economista, escritor de renombre, o elegido a la presidencia tras la  degradacion colectiva del electorado, se alucina  linguista, historiador y teorico social,  no olvidar que desde  esta orilla, kay chinpapuni,  hay precisiones valiosas como las de Ramon Pajuelo repecto a las  comunidades campesinas y nativas kunan puchawpi, con enfasis en su conteporaneidad y dinamismo frente a los desafios de las grades empresas y grupos de poder. En este contexto seria bueno saber,  por ejemplo,  la dinamica y el efecto social  de  cooperativas de ahorro comunal  como las de Cotarusi. Articulo  tomado de  Servindi, via el siempre util e informativo Seminario de Linguistica  Amazonica del FB

Comunidades campesinas y nativas: cambios y desafíos

Ramón Pajuelo

Hasta hace poco se pensaba que las comunidades campesinas y nativas se encontraban en retirada. Luego de décadas de euforia indigenista, desde mediados del siglo XX las comunidades ocuparon un lugar central en  las ciencias sociales, especialmente en la Antropología. Esta disciplina  se abocó al estudio del  pasado y presente de las llamadas comunidades indígenas, las cuales con la reforma agraria pasaron a ser denominadas como comunidades campesinas y nativas. Posteriormente, la agenda de las ciencias sociales se diversificó enormemente, en tanto que las  comunidades parecían perder presencia en el país. Fenómenos tales como la urbanización, la expansión mercantil, el afianzamiento institucional del Estado, entre otros, parecían  debilitar a las comunidades en los ámbitos rurales donde anteriormente eran protagónicas.

Sin embargo, desde la década pasada apreciamos que las comunidades parecen estar de vuelta en el escenario social y político. De hecho, los resultados del último Cenagro muestran que todos estos años  no dejaron de multiplicarse. Actualmente existen más de 7,500 comunidades: 6,277  campesinas y 1,322  nativas, en las cuales no solamente reside una población importante, sino que albergan una cantidad significativa de productores, además de seguir controlando buena parte de la superficie agropecuaria del país.

Un conjunto de estudios recientes sobre las comunidades vuelve a colocarlas en la agenda de discusión pública sobre la realidad  del país y sus perspectivas de desarrollo.  De modo que algunas retóricas anti-comunales recientes -tales como el discurso del “Perro del hortelano” de Alan García, las declaraciones de Roque Benavides y el propio presidente Humala, así como las campañas de El Comercio sobre la inexistencia de comunidades indígenas- evidencian sobre todo el interés de frenar la aplicación de la Ley de Consulta Previa, o bien la simple ambición de ofrecer al capital privado las tierras y recursos comunales. Pero se trata de discursos que evidencian  una lamentable falta de información sobre las comunidades y sus cambios.

Cabe recalcar que las comunidades  no constituyen rezagos del pasado, condenados a desaparecer ante el arrollador avance del progreso, el mercado y la modernidad. Solamente en las cabezas de algunos de sus críticos,  aparecen como un arcaísmo envuelto en una situación de pre-modernidad socio-cultural y económica. En realidad, éstas se han venido adecuando, de forma sumamente dinámica, al nuevo contexto de desarrollo impuesto con las reformas neoliberales desde la década de 1990.

Uno de los cambios que refleja la intensidad de la adecuación de las comunidades a las condiciones cambiantes del desarrollo y el mercado, así como a las nuevas reglas de juego de la normatividad legal, es la fuerte diferenciación existente entre las mismas. Actualmente se puede apreciar una gama de situaciones, relacionadas a diversos grados de vinculación con el mercado. Ya no es posible hablar de un solo tipo de comunidad campesina o nativa, pues entre ellas existe una fuerte diferenciación que se expresa también en diferentes condiciones de vida y progreso.

Al mismo tiempo, la institucionalidad comunal se ha venido transformando y readecuando, en una situación en la cual no solo debe responder a mayores presiones externas, sino también a nuevas prácticas y comportamientos de su propia población. . En muchos casos se evidencia un fortalecimiento de las instancias comunales, pero en otros se aprecia la perdida de ascendencia de las comunidades sobre el ámbito familiar, individual y privado. La tensión entre el ideal de regulación comunal de las tierras, frente a la libre disposición familiar o personal de las mismas, se ha acentuado fuertemente en un contexto de mayor presión sobre recursos comunales.

Este fenómeno requiere ser visto con mayor profundidad, pero parece estar en la base de nuevos procesos de institucionalización comunal e identificación colectiva. El incremento del asedio sobre recursos comunales, tales como agua, tierra, bosques o bienes del subsuelo, ha dado pie a un redescubrimiento de la dimensión colectiva. Ocurre que los recursos colectivos son la fuente básica de reproducción de las familias comuneras, por lo cual al verse amenazadas, dan pie a la reapropiación de lo colectivo y lo comunitario. De allí que en muchos lugares se aprecia el fortalecimiento del fuero de la institucionalidad comunal, junto a nuevos discursos de identificación colectiva e identidad social.

Este fenómeno se encuentra vinculado a nuevas formas de movilización social de las comunidades, muchas veces en defensa de recursos colectivos amenazados por empresas privadas (mineras, petroleras, madereras) o debido a la realización de obras públicas que ponen en riesgo tierras, aguas u otros recursos. De allí el protagonismo de las comunidades  en los llamados “conflictos sociales” o “socio-ambientales”. Y que junto a nuevas formas de movilización, estrenen discursos de identificación novedosos, que incluyen la reivindicación explícita de su condición originaria o indígena.

Las protestas y movimientos sociales comunales, también son expresión de nuevas formas de participación política. En un escenario de cambios acelerados de los poderes locales, así como de expansión de la participación política, las comunidades han pasado a vincularse activamente a procesos tales como la municipalización, descentralización, formación de centros poblados menores, etc. Y han pasado ser actores fundamentales de la denominada “nueva ruralidad”, así como de procesos inéditos de desarrollo, ciudadanía y democratización desde abajo. Se trata de un escenario en el cual emergen nuevas formas (comunales) de acción colectiva y demandas de pertenencia e igualdad. Ante ello, el Estado y otros actores lamentablemente siguen distantes, o persisten en el triste discurso que sigue viendo a las comunidades como un ‘cuco’ del pasado.

NOTA:

1. Véanse entre otros: “Comunidades campesinas: nuevos contextos, nuevos desafíos”, Anthropologica, Año XXXI, N° 31, Lima: PUCP, 2013; A. Diez (ed.), Tensiones y transformaciones en comunidades campesinas. Lima: PUCP, 2012; A. Laos (ed.), Para que nadie se quede atrás. Propuestas para el desarrollo integral de las comunidades campesinas desde las regiones. Lima: Grupo Allpa y SER, 2011; Grupo Allpa, ¿Qué sabemos de las comunidades campesinas? Lima: Grupo Allpa, 2007.

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