Estampas huancavelicanas, los zorros de Huarochirí . Pablo A. Landeo Muñoz

Como parte del homenaje al centenario del nacimiento de Sergio Quijada Jara, Pablo Landeo comparte con nosotros una  comparacion entre  las Estampas huancavelicanas y los Zorros de Huarochiri. Aqui mismo  Estampas huancavelicanas – Ritos y tradiciones de Huarochiri se puede leer el documento en formato word. Allinmi.

Estampas huancavelicanas, los zorros de Huarochirí

y la joven, enferma de amores[1]

 

Pablo A. Landeo Muñoz[2]

                                                                                                           Atuqpa Chupan

 

 

A Sergio Quijada Jara,

en el centenario de su nacimiento

(1914-2014)

El corpus de las antiguas literaturas amerindias registra un conjunto de textos paralelos o semejantes, de manera particular en temas de carácter mitológico, no obstante las diferencias entre espacios de enunciación, tiempos y personajes. Con esta hipótesis demostraré que el cuento “Jhella majjta / Hombre ocioso” (recopilado por Sergio Quijada Jara, en Estampas huancavelicanas),es una variante del relato “[la mujer que], a causa de un pene, casi se muere”, cuya transcripción anunciada en el “Capítulo 5”, de Ritos y Tradiciones de Huarochirí, se incumple.

Desde nuestras referencias históricas y su asociación con las migraciones forzadas postulo asimismo que los mitimaes, al ser trasladados a territorios nuevos –como el caso de los huarochiranos hacia Huancavelica–, asisten con un caudal de conocimientos propios de su espacio de origen (por ejemplo, algunos relatos de la tradición oral de Huarochirí), que al interrelacionarse con elementos culturales de otros espacios se transculturan originando las denominadas variantes.

Palabras clave: literaturas amerindias, textos paralelos, literaturas comparadas, mitimaes, variantes.

  1. DE SUR A NORTE, VICEVERSA. TRAVESÍA DE LAS PALABRAS

 

En la historia de los pueblos amerindios, la memoria colectiva es el repositorio último de las artes y tradiciones, de la asociación de estas con su entorno y las divinidades. No obstante, la sola memoria –responsable de preservar los conocimientos de un pueblo– resulta insuficiente; entonces, surge la angustia que genera toda pérdida inevitable. En estas circunstancias, la escritura –que va de la incredulidad a la magia– surge como un soporte capaz de preservar la memoria porque la letra atrapa a la palabra, la lleva al papel y la diviniza; es esta condición, la que permite a la escritura construir nuevos discursos o reconstruir aquello que escapa de la memoria para restituirlo a su espacio de procedencia como es el caso del relato “Jhella majjta”/ “hombre ocioso”/ que, en mi opinión, antes de perder su fuerza mítica y transculturarse en el relato recopilado por Quijada Jara[3], “migró” con los mitimaes de Huarochirí, hacia Huancavelica.

 

A continuación desarrollaré la hipótesis referida para el caso del relato antes citado y “[la joven que], a causa de un pene, casi muere (que en este artículo denomino “La joven, enferma de amores”); para el efecto, y a manera de ejemplo, sintetizo previamente el argumento de algunos relatos de la tradición oral andina, maya y azteca “que muestr[a]n configuraciones similares”[4] o “ciertos paralelos entre los grandes temas mitológicos”[5].

  1. 1. Cahuillaca e Ixquix, dos casos de “la doncella fecundada”[6]

 

Procedencia: Ritos y tradiciones de Huarochirí[7] y Popol Vhu[8]

 

Cahuillaca Ixquic
Cahuillaca, una huaca muy bella, es asediada por los varones. Ella rechaza toda petición amorosa, inclusive a la de Cuniraya.

Ante la negativa de la “huaca”, Cuniraya se transforma en ave, deposita su semen en una lúcuma y deja caer al regazo de Cahuillaca, en tanto hacía sus labores, al pie de un lúcumo. Al tragar la fruta, con extraño regocijo, ella queda encinta, aun siendo doncella, y alumbra un bebé.

Algunos años después, la diosa, realiza una convocatoria para identificar al padre del niño, descubre que este es Cuniraya, disfrazado en sus harapos. Avergonzada, huye con el niño hacia el mar, ingresa a él y se petrifica, frente al templo de Pachacamac. Cuniraya, que la persigue, jamás la alcanza (Taylor, 1987: 52-73).

 

Hun–Hunahpú y Vucub–Hunahpú, jugadores de pelota, viajan hacia Xibalbá y son derrotados por los señores de la ciudad subterránea.

Muertos los hermanos, cortan la cabeza de Hun–Hunahpú y la cuelgan entre las ramas del jícaro, un árbol hasta entonces infértil. Este se cubre de frutos prodigiosamente. Asombrados, los de Xibalbá, prohíben comer de los frutos.

Ixquic, hija de Cuchumaquic contraviene la prohibición y al intentar coger el fruto, cae sobre la palma de su mano derecha un “chisguete de saliva” de Hum–Hunahpú; ella queda fertilizada, no obstante su doncellez.

Descubierta la trasgresión, los de Xibalbá la condenan a muerte. La mujer huye en busca de la madre de los héroes y alumbra a Hunahpú e ixbalanqué, futuros vengadores de su padre (Recinos, 1987:58-62).

 

  1. 2. Desequilibrio cósmico y rebelión de los objetos[9]

 

Procedencia: Ritos y tradiciones de Huarochirí y Popol Vhu

Una historia sobre la muerte

del sol

Destrucción de los hombres

de palo

El relato refiere la inversión de funciones generado por la “muerte del sol” (eclipse solar).

Objetos domésticos y animales, usualmente al servicio de los hombres, atacan a sus dueños –luego de humanizarse– como una forma de sancionar los maltratos recibidos. (Taylor, 1987:80-83).

El relato se ubica en el contexto de la creación del hombre.

Objetos, utensilios y animales domésticos humanizados aprovechan el desequilibrio cósmico (oscuridad y lluvias torrenciales) para rebelarse y atacar a los hombres de madera, sus dueños y usuarios (Recinos, 1987:30-32).

  1. 3. Ñawpa pacha atuqkuna. Animales que se solidarizan con los débiles

 

Procedencia: Ritos y tradiciones de Huarochirí y Estampas huancavelicanas

El zorro de arriba y el zorro

de abajo

Codicia de hermanos
En Ritos y tradiciones… en el capítulo 5 (Aquí empieza [el relato d]el origen de Pariacaca), después de escuchar el diálogo entre el zorro de arriba y el zorro de abajo, Huatiacuri se empodera al conocer el motivo de los males que aquejan a Tamtañamca.

Al llegar a Anchicocha, además de curar al enfermo, Huatiacuri entronca su ayllu con el de su paciente al contraer nupcias con la hija menor de este último (Taylor, 1987: 84-120).

 

Refiere la historia de tres hermanos. Los mayores, con propósitos malévolos, aprovechan de su condición de adultos y obligan al menor a realizar tareas difíciles.

El desenlace es feliz porque gracias a la ayuda de un zorro, conocedor de los problemas, el menor resuelve con éxito las diversas tareas y termina casándose con la hija del Varayuq (Quijada Jara, 1944:165-166).

 

“Codicia de hermanos”, inserto en Estampas Huancavelicanas, es un caso notable donde la naturaleza, a través de su fauna, se muestra solidaria con el débil y humilde. No obstante las reelaboraciones sufridas este cuento nos remite, a través de un fragmento, a tiempos en los que los zorros, gracias a su sabiduría y poder, estaban en condiciones de conocer los acontecimientos del mundo de los humanos y, por ello, eran capaces de solidarizarse con los débiles.

  1. 4. Atuqwan coyotl, animales que administran justicia

 

Procedencia: tradición oral andina (Callejón de Huaylas), tradición oral azteca

La culebra y la zorra La culebra y el hombre
En el cuento “La culebra y la zorra” una culebra se hallaba atrapada por un grueso tronco de árbol. Un campesino que pasaba por allí la libera, a solicitud de la culebra. Como retribución, la culebra pretende comer al campesino. Al considerar injusta la decisión de la culebra, van en buscan dos jueces, a fin de conocer sus opiniones.

El primer juez, un perro flaco, opina que la decisión de la culebra es correcta. Ante la protesta del hombre, por demás justa, acuden a otro juez. Se hallan con una zorra, quien escucha con atención los argumentos del hombre. A fin de dar un fallo justo, la zorra solicita a los litigantes reconstruir el caso, desde un principio.

Atrapada la culebra, por el grueso tronco del árbol, como al principio, la zorra se dirige al campesino:

–Y si la tienes de nuevo allí presa, ¿en qué piensas? (Arturo Jiménez Borja, 1958:46-47).

El relato posee dos partes bien establecidos.

La primera, posee un argumento similar al relato anterior, con la diferencia de que son cuatro los jueces a quienes acuden el hombre y la culebra. El último juez, en vez del zorro, es el coyote.

En la segunda parte, el hombre quiere expresar su agradecimiento al coyote; por ello solicita que este lo acompañe a su casa para obsequiarle unos pollos. El coyote se niega. Ante la insistencia del hombre acepta el obsequio pero con la recomendación de que se lo lleve al bosque, al día siguiente.

Influenciado por los reproches de la esposa, el hombre cambia de parecer. Al día siguiente se dirige al bosque, llevando dentro de un saco unos perros muy feroces.

Al desatar el saco, los canes saltan para atacar al coyote. Malherido, este logra huir al bosque (Pablo González Casanova,1989:148:151).

“La culebra y la zorra”, procedente del Callejón de Huaylas, tal como lo conocemos surge como un texto inconcluso si se le compara con el cuento “La culebra y el hombre”, de procedencia azteca. Sin embargo, el primero gana por su brevedad; el segundo, por el dramatismo que se desarrolla en el desenlace.

La sustitución de la zorra por el coyote, en el relato azteca, se explica por ser este cánido una especie propia de los territorios del centro y norte de nuestra América; pero la justificación de mayor fuerza se sustenta en que el coyote y el zorro, son seres mitológicos. Recordemos a Cóyotl Indoal cuyos “atavíos y ornamentos con que componían a este dios en sus fiestas era un pellejo de cóyotl labrado” (Sahagún, 2001-II:756). También existió un “famosísimo poeta y rey de Tezcoco” nombrado Nezahualcoyotl.

En el PopolVhu, Hunahpú-Utiú, es el padre de la creación; además, Utiú (coyote) es uno de los animales que contribuye en la creación del hombre, al traer el maíz.

  1. 4. Serpientes en busca de leche materna

Procedencia: tradición oral andina (Cuzco, Huancavelica) y azteca

La serpiente en busca de leche La “serpiente de piedra”
Una mañana, escuché un alboroto de adultos a

dos casas de la mía. Después me enteré que una serpiente (culebra, en la versión del testimoniante) había ingresado a lactar del pecho de una mujer, mientras esta y su bebé dormían por la noche.

Al respecto, el aporte de Luis Millones, refuerza esta creencia:

Los pechos de madre, plenos de alimento para el niño, son también un peligro para ella. En Q’uspiñata (Paucartambo, Cuzco) se cree que atraerá a la mítica serpiente o amaru, que querrá mamar de ellos. Si el niño muere al nacer o poco después, él mismo convertido en amaru tratará de seguir lactando de su madre; si vive la criatura, serán otros amarus los que intentarán compartir su leche (Millones, 2010: 73).

Una mujer tuvo un niño. Era muy hermoso, pero se puso enfermo. Adelgazaba y lloraba. Los ancianos no sabían lo que tenía. Pidieron medicinas para curarle, pero no consiguieron que mejorase. Una noche decidieron quedarse a velar y guardar la casa. Mientras la mujer se acostaba en el interior con el niño, los hombres se quedaron fuera haciendo guardia para ver lo que pasaba, mientras el niño lloraba. Cuando el niño se puso a llorar, entraron en la casa y vieron lo que ocurría. Los hombres levantaron las sábanas, y se encontraron con que una “serpiente de piedra” mamaba del pecho de la madre. Tenía su guarida en la boca del niño. Mataron a la serpiente, comprobando que únicamente tenía leche en el vientre. El niño no pudo curarse: murió (Alcína Franch, 1989:143)
  1. 5. Las jóvenes, enfermas de amor

 

Procedencia: Estampas huancavelicanas, Historia general de las cosas de la Nueva España y Ritos y tradiciones de Huarochirí.

 

“Jhella majjta” / Hombre ocioso

(Estampas huancavelicanas)

De otro embuste que hizo aquel nigromántico llamado Titlacaoa (Historia general…)
El ocioso “tenía pereza hasta de comer”. Un día sus padres le increpan su indolencia. El ocioso, toma en serio los reproches, asciende hacia la cordillera y aparenta estar muerto a fin de que los cóndores lo devoren. Atraídos por la “presa” ellos se presentan pero, antes de iniciarse el festín, el jefe interroga a los demás sobre los problemas que aquejan a diversos pueblos de la zona. Entre otros, se anuncia la extraña enfermedad que sufre una muchacha, hija de un cacique. El cóndor jefe que era “un brujo”, revela el motivo de la enfermedad:     “ella está enferma de cariño, del afecto de un hombre”.

Cuando los cóndores se aprestaban a iniciar el festín, Jhella majjta se yergue y lanza alaridos. Los cóndores huyen. Tiempo después, el muchacho sana a la jovencita y contrae nupcias con ella (Quijada Jara: 1944:163-164).

Relata la transformación de este dios en un forastero llamado toueyo, indígena vendedor de ají, ubicado en las proximidades del palacio de Uémac, señor de los toltecas. Como el toueyo, y los de su pueblo, se cubrían la desnudez solo con taparrabos, la hija de Uémac vio los genitales del vendedor de ají, desde entonces ella deseó, hasta la enfermedad, el miembro viril del “indígena”. Conocedor de la causa de la enfermedad de su hija, Uémac ordena la búsqueda del toueyo. Luego de muchas indagaciones este es ubicado y llevado a palacio. Ante la insistencia del señor de los toltecas, el “nigromántico” se acuesta con la mucha. Sana de su enfermedad, ella contrae nupcias con el toueyo. (Sahagún, 2001:284-285).

 

 

 

La joven enferma de amores (Ritos y tradiciones de Huarochirí)
En el “capítulo 5” de Ritos y tradiciones, ante la pregunta del zorro de arriba (sobre las novedades en las huillcas próximas al mar), el de abajo responde: “hukwarmim –chay hatun apu villcap churinmiullumanta ñaĉqa wañun / Hay una mujer –la hija de ese gran señor– que, a causa de un pene, casi se muere/”. La intervención del zorro de abajo sufre una súbita interrupción, debido a la voz del escriba, quien manifiesta: (“kaysiminkanan ancha achka chay warmi alliyasqankama; chaytaqa qipanpiraqmi qillqasun; kananri ñawpaqman kutisun / Este cuento, hasta el restablecimiento de la mujer, es muy largo. Lo transcribiremos después. Ahora vamos a volver al relato anterior)/” (Taylor, 1987:92-93).

Los textos “Jhella majjta/ Hombre ocioso” y “De otro embuste que hizo aquel nigromántico llamado Titlacaoa” poseen un tema en común y un número de motivos[10] semejantes (9 y 8 respectivamente), los que faltan en el relato “la mujer que, a causa de un pene, casi se muere” (Ritos y tradiciones). Lo anunciado, además de los motivos que estructuran cada relato y sus semejanzas, puede apreciarse en el siguiente cuadro:

Motivos que organizan el relato “las jóvenes enfermas de amor”
Jhella majjta / Hombre ocioso Otro embuste que hizo aquel nigromántico llamado Titlacaoa la mujer que, a causa de un pene, casi se muere
Jhella majjta, un hombre ocioso, abandona la casa paterna y decide perecer devorado por los cóndores. Titlacaoa, transformado en indígena toueyo, se ubica en un mercado, próximo al palacio de Uémac, y vende ajís.
Llega a la cordillera, se tiende simulando estar muerto, y espera ser devorado por los cóndores.
Escucha la conversación de los cóndores y se entera de diversos problemas y sus respectivas causas.
La hija de Uémac, pasea por el mercado, y observa los genitales del indígena, cuando este se hallaba de cuclillas.
Una niña, hija de un cacique, se encuentra “enferma de cariño, del afecto de un hombre”. La hija del señor de los toltecas, se encuentra “mala de amores” por desear “el miembro genital” del toueyo. Una mujer, hija de un “gran señor”, por “causa de un pene, casi se muere”.
Los del pueblo se hallan preocupados porque “la niñacha […] con nada sana”. Uémac, muy inquieto, se pregunta “¿Qué enfermedad es ésta que se le ha hinchado todo el cuerpo?”
El poseedor de la información acude donde el cacique. El toueyo es conducido a la casa de Uémac.
A fin de curarla, Jhella majjta permanece en la alcoba de la niña, durante dos meses. El toueyo, es obligado a curar a la enferma, duerme con ella.
Ella “sanó completamente” “la hija del señor de Uémac […] fue sana y buena” La mujer se restablece de su enfermedad.
“contrajeron matrimonio con gran pompa”. “el dicho toueyo fue yerno de del dicho señor de Uémac”.

En conclusión, los relatos “Jhella majjata” y “De otro embuste que hizo aquel nigromántico llamado Titlacaoa” (personificado por el toueyo, indígena vendedor de ají), son textos “paralelos” o complementarios entre sí porque ambos refieren la historia de una jovencita, víctima del loco amor (en términos del Arcipreste de Hita), aun considerando alguna diferencia en el número de motivos.

La complementariedad, confirma nuestra hipótesis inicial: el relato “Jhella majjta” recopilado por Sergio Quijada Jara, en Huancavelica, es de procedencia huarochirana. En caso de haberse cumplido la promesa del escriba la historia de la mujer que a “causa de un pene, casi se muere” tendría que haberla transcrito con la línea argumentativa de “Jhella majjta” (es decir, considerando, al menos, un número de motivos establecidos en el cuadro).

En el siguiente capítulo insistiré en la procedencia huarochirana de “Jhella majjta”.

  1. MITIMAES DE HUAROCHIRÍ EN HUANCAVELICA
  1. 1. Sergio Quijada Jara y la tradición oral huancavelicana.

 

Los relatos recopilados por Sergio Quijada Jara y publicados en Estampas Huancavelicanas (1944), parecen haber circulado por toda Huancavelica y mucho más allá[11]. Es de lamentar que nuestro folklorista haya omitido datos referidos a la identidad de los informantes, al lugar y fecha de las recolecciones. Considero, por otra parte, una omisión clamorosa no haber acompañado la versión castellana de los relatos con los originales en runasimi, como en el caso de Canciones del ganado y pastores (1957).

La 1ra. edición de Estampas huancavelicanas (Lima, 1944) nos descubre que las recopilaciones proceden del norte y oeste de Huancavelica (la misma provincia de Huancavelica y Tayacaja, próximas al río Mantaro y Castrovirreyna, respectivamente). Las provincias de Acobamba, Angaraes y Churcampa (zonas este y sureste) así como Huaytará (al sur del departamento) se hallan sin representación. Es la 2da. edición (Lima, 1985) “corregida y aumentada”[12] la que incorpora diversos relatos procedentes de las provincias antes sin representaciones.

En nuestro caso, algunas creencias y relatos que circulaban en los anexos de Cconocc y Allpas, en el distrito de Acobamba, nos resultan familiares si se cotejan con las existentes en Estampas Huancavelicanas y Ritos y tradiciones de Huarochirí (por ejemplo, las supersticiones relativas al sapo como elemento adverso que el layqa introduce en la casa de algún poblador a solicitud de un adversario). En el imaginario de las comunidades citadas el sapo ‘wasiyuqpa yawarnintas suqun, chay wasiyuq chakichkaspalla wañunankama / se alimenta, dicen, de la sangre del dueño de casa, hasta que este muere enflaqueciéndose/; o el caso de las almas que regresan a sus casas, transformadas en moscas (chiririnka)[13], especialmente para “todos los santos”. En el mismo contexto, creemos asimismo que el pichqaynin (ceremonia de lavado y limpieza de las ropas y otras pertenencias de una persona, al quinto día de la muerte) posee alguna relación con el capítulo citado en Ritos y tradiciones.

Por otra parte, recuerdo una conversación entre una tía mía (anciana ella) y una de sus hijas (ya casada), cuando se hallaban una tarde, frente al fogón, tostando maíz. Al ver a la hija batallar con los granos de maíz que reventaban en el tiesto, la anciana interrumpió la conversación que sostenían para lanzar una advertencia semejante a esta:

–Aruschaykimantaq camcha pawarqunman chay kwintupihina –advertencia a la que la hija, respondió:

–Pimantaqsi mikuchillayman?–. La madre, sonriente, acotó:

–Maskakullayá.

–No vaya ser que los granos de maíz salten, como en ese cuento, a tu “arrocito[14]”.

Ella respondió:

–¿A quién le daría de comer? –La madre, respondió–:

–Búscate, pues, [algún amante a quien puedas darle].

Yo, que para entonces tenía unos diez años, me hallaba junto a ellas, desgranando maíz. Impresionadas por la prisa con que los granos de maíz reventaban, olvidaron de mi presencia. Después de un momento, ambas reaccionaron mirándome al mismo tiempo y levemente azoradas cambiaron de tema. De la conversación se concluye que, el relato de la mujer adúltera (una recreación del caso de Tamtañamca) era conocido por ellas.

  1. 2. Los mitmaqkuna de Huarochirí en Huancavelica

Cuando rememoro los relatos referidos, estamos en la periferia del espacio al que deseo llegar: Uray Acobamba (Acobamba de Abajo, Pueblo Viejo o Qullu[15]), al sur de la posterior Hanay Acobamba (Acobamba de Arriba o Santos). El distrito de Acobamba, en la actualidad, es capital de la provincia del mismo nombre. Veamos su relación con los mitimaes procedentes de Huarochirí.

La primera noticia sobre la presencia de los huarochiranos en Acobamba nos la brinda Relaciones Geográficas de Indias (1881, tomo I), en su sección “Relación de la ciudad de Guamanga y sus términos.–año de 1586”. Al describir, por entonces, a la provincia de Angaraes manifiesta que esta tiene a Acobamba por capital de provincia y, entre otros datos de importancia, añade:

Sus habitantes [se refiere a los de la provincia de Angaraes, en general], en lo antiguo, fueron de los más valerosos y esforzados del reino, y así trujeron siempre á sus ingas embarazados en continuas guerras, los cuales cuando los allanaron del todo, para mejor asegurarse dellos, dejaron en sus pueblos algunos indios de los que trujeron para su conquista de otras provincias, y poblaron con ellos otros de nuevo, que hoy se conservan en sus repartimientos con gobernadores y caciques distintos de los que tienen los originarios Angaraes; y hoy todos se ocupan por la mayor parte sólo en sembrar sus chácaras de maíz y trigo y cría de ganados (:141).

Luego de proporcionar información sobre la belicosidad de los anqaras y las estrategias, que los incas utilizaron para conquistarlos y pacificarlos, Relaciones Geográficas manifiesta que Angaraes “[p]or lo que toca al gobierno eclesiástico y espiritual desta provincia, pertenece al obispado y diócesis de Guamanga, con cuya ciudad casi confina, y está dividida en cinco doctrinas, que son: las de Lircay, Julcamarca, Acobamba, Conaica y Acoria” (:142). A continuación noticia los diversos pueblos que lo constituyen y la procedencia de los mitimaes que fueron instalados en dichos pueblos. Para el caso de Acobamba, manifiesta:

La doctrina de Acobamba se compone de cuatro pueblos de indios, que son Espíritu Santo Caja, poblado por mitad de Angaraes y Quiguares del Cuzco; Acobamba, poblado enteramente de indios Guaros de la provincia de Guarochiri; Todos Santos de Angaraes y Andabamba [Antapanpa], poblado así mismo enteramente de los propios Guaros; y tiene seiscientos y nueve pesos de sínodo (:143, las cursivas en negrilla, son mías).

La cita confirma la presencia de mitimaes procedentes de Huarochirí en Acobamba, estrategias de repoblación que incluye el “viaje” de todas las manifestaciones culturales propias de la comunidad migrante.

José de la Riva Agüero, conocedor de las informaciones proporcionadas por Relaciones Geográficas de Indias, destaca algunas características de Acobamba:

El nombre de Acobamba [Aqupanpa] proviene de dos palabras quechuas, que quieren decir llanura de arena. Efectivamente está construida en una corta meseta arenisca y arcillosa, que se eleva al norte de la campiña y en la que desembocan huaycos secos de color rojizo y ocre. Se halla a 3540 metros de altura (Melitón Carbajal). La fundó el Inca Pachacútec, hacia la mitad del siglo XIV, con indios mitimaes de Huarochirí, como colonia militar para que consolidara la sumisión de los chancas y huancas[16]. Fue cabeza de toda la región, antes de la prosperidad de Huancavelica a mediados del siglo XVI; corregimiento español importante; y capital de la provincia de Angaraes, hasta los últimos tiempos (cursivas mías)[17].

Además de esta información, leemos:

Aunque decaída y postergada ahora, por la competencia de su moderna rival Lircay y la pérdida de su tradicional industria alfarera, tiene Acobamba cerca de tres mil vecinos, incluyendo a los de la contigua villa de Anta, que pegada a ella viene a constituir un arrabal suyo.

Cada una de las dos poblaciones reunidas conserva su iglesia parroquial[18]. La de Anta[19], que es el barrio bajo y ocupa el pie de la ladera, me pareció la mejor. Es grande, churrigueresca y con muchos dorados (cursivas mías)[20].

 

No obstante el marasmo económico y cultural por el que atraviesa “el barrio bajo”, sostengo que, este es el ayllu primigenio de los ñawpa aqupanpa[21], repoblada posteriormente por Pachacutec. El barrio de arriba, por su prosapia hispana, demuestra todavía cierto desdén a los sobrevivientes de la antigua Uray Aqupanpa.

Pedro Roel Mendizábal y Marleni Martínez Vivanco en Los chopcca de Huancavelica, libro de reciente publicación, confirman lo antes dicho:

Alrededor del año 1460, tras casi veinte años de luchas y establecimiento de una nueva administración sobre una población especialmente rebelde, los cusqueños optaron por alterar drásticamente el panorama étnico de esta región, como era su política en las regiones donde encontraban resistencia, mediante el desplazamiento parcial de grupos originarios de otras regiones de su administración y la llegada en su lugar de numerosos mitmakuna, como los kiswar (quichuara) del cusco, chankas de Andahuaylas, y de sitios mucho más lejanos, como los yauyos de Huarochirí (Lima), huamalíes de Huánuco, kallaumara de Cajamarca, chachas de Amazonas y cayampes de la actual república del Ecuador (Roel [y] Martínez. 2013:103, subrayado mío).

Relaciones Geográficas precisa que “Acobamba [fue], poblado enteramente[22] de indios Guaros de la provincia de Guarochiri” (:143); es decir, por un ayllu numéricamente considerable. Este detalle, además de las óptimas relaciones entre incas y huarochiranos –según refiere Ritos y tradiciones–, nos permite deducir que los mitimaes huarochiranos no experimentaron la angustia de los mitimaes forzados; que sus relaciones con sus dioses tutelares y su ayllu se mantuvieron, no obstante la distancia, y con ellos los demás aspectos culturales de su pueblo de procedencia.

Al finalizar nuestras indagaciones sobre “ciertos paralelos entre los grandes temas mitológicos” particularmente para Ritos y Tradiciones de Huarochirí (el caso de “La joven, enferma de amores”) concluimos:

1) Las semejanzas o “paralelos” entre temas y cierto número de motivos que estructuran un relato, posibilitan la reconstrucción de textos como en el caso del cuento “[la mujer que], a causa de un pene, casi se muere”, anunciado por el escriba en Ritos y tradiciones de Huarochirí. Para el efecto, los relatos “Jella majjta”, recopilado por Sergio Quijada Jara, en Huancavelica, y “de otro embuste que hizo aquel nigromántico llamado Titlacaoa”, de Sahagún, son de valor particular; pues podríamos considerarlos variantes próximas al cuento que pudo haber sido registrado por el escriba en Ritos y tradiciones de Huarochirí.

2) Que los antiguos amerindios, como demuestran las semejanzas de sus relatos, estuvieron mucho más unidos que nosotros, los hispanoamericanos; es decir, que las prácticas interculturales, supuestamente modernas, fueron estrategias antiguas que contribuyeron a la unidad, al diálogo económico y cultural entre amerindios.

3) Por otra parte, las breves muestras de literatura oral amerindia comentadas revelan, en el caso de los huancavelicanos, que una parte de nuestra ascendencia cósmica es también huarochirana; que muchas de nuestras conductas culturales, sin saberlo nosotros, están todavía signadas por la presencia del apu Pariaqaqa.

4) Sergio Quijada Jara, nos legó trabajos de extraordinario valor. Por consiguiente, la celebración del Centenario de su Nacimiento, que se festeja este año, debe comprometernos a leer, estudiar y difundir su obra.

Cono Sur de Lima, 13 agosto 2014.

Bibliografía

 

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RIVA AGÜERO, José de la. “Paisajes Peruanos”. En: Obras Completas de José de la Riva Agüero, IX. (Estudio preliminar de Raúl Porras Barrenechea). Lima, Pontifica Universidad Católica del Perú, 1969.

 

SAHAGÚN, Bernardino de. Historia General de las Cosas de la Nueva España I. Edición de Juan Carlos Temprano Madrid: DASTIN, 2001.

TAYLOR, Gerald. Ritos y Tradiciones de Huarochirí, Manuscrito quechua de comienzos del   Siglo   XVII. (Versión paleográfica, interpretación fonológica y traducción al castellano de G. Taylor y estudio biográfico sobre Francisco de Ávila por Antonio Acosta). Lima: Instituto de Estudios Peruanos, Instituto Francés de Estudios Andinos, 1987.

VALLE ARAUJO, John Harvey. El wakcha en el relato andino de tradición oral (ganador del Copé de oro, de la III bienal de ensayo “Premio Copé 2012). Lima, Ediciones Copé, Petróleos del Perú, 2013.

ANEXO:

El presente anexo, guía con algunos cabos sueltos (sobre la producción literaria de Sergio Quijada Jara y la bibliografía crítica sobre ella), va dirigida a quienes pretendan conocer la tradición y cultura andinas en sus diversas manifestaciones, desde la escritura de Serio Quijada Jara. No obstante la carencia de datos referidos básicamente a pies de imprenta, esperamos que cumpla el objetivo principal: incentivar a nuevos lectores una aproximación feliz a nuestras literaturas andinas.

Bibliografía del autor: narrativa y poesía

quijada jara, Sergio. Suspiros del Silencio. 1939.

–––––––– Deshojando la Rosa. 1941.

–––––––– Reliquias de Madre. 1941.

–––––––– Lenguaje del Trago. 1965.

–––––––– Trilogía de adolescente (Reedición de Suspiros del silencio, Reliquias de madre y Deshojando la Rosa; con prólogo de Manuel J. Baquerizo). Huancayo, 1989.

Bibliografía del autor: folklore

–––––––– Estampas Huancavelicanas (Temas Folklóricos). Lima, empresa Tipográfica Salas é Hijos, 1944.

–––––––– Importancia y técnica del folklore y la contribución indígena. 1946

–––––––– La tradicional Fiesta de la Virgen de Cocharcas. 1947.

–––––––– La Coca en las Costumbres indígenas. 1950 (51?).

–––––––– El Chihuaco en el Folklore. 1954.

–––––––– Canciones del ganado y pastores (edición bilingüe; con prólogo de Paul Rivet). Gráfica P. L. Villanueva, Lima, 1957.

–––––––– Cantuta, Flor Nacional del Perú. 1960.

–––––––– Las aves en la Tradición Popular. 1970.

–––––––– Taita Shanti. Huancayo, Editorial Sebastián Lorente, 1974.

–––––––– Estampas Huancavelicanas (Temas Folklóricos). 2da. Edición corregida y aumentada. Lima, Edición Dugrafis, 1985.

Bibliografía sobre el autor

 

BAQUERIZO, Manuel. “Sergio Quijada Jara y la cultura popular andina”. En Kachkaniraqmmi II Época. Abril – 1991, No 5, pp.61- 67.

ESPINO, Gonzalo.  “Así no es el indígena, así no somos nosotros”. En Kachkaniraqmmi II Época. Abril – 1991, No 5, pp.68–70.

[1]Una síntesis del presente artículo fue leído en el III Encuentro Intercultural de Literaturas Amerindias, realizado entre los días 20-24 de junio del 2014. Iquitos (Perú).

[2]Pablo A. Landeo Muñoz (Huancavelica, Ciudad próxima al cielo) es docente de Lengua Literatura. Magister en Literatura Peruana y Latinoamericana por la UNMSM. En el 2011 publicó su primer libro de poemas Los hijos de babel; en el 2013, su libro de relatos Wankawillka; en el presente año, la Asamblea Nacional de Rectores publicó su libro Categorías Andinas para una aproximación al willakuy (Tesis ganadora del IV Concurso Nacional de Tesis de Posgrado de Maestría y Doctorado; ANR, 2010). Dirige la revista Atuqpa Chupan y propugna la escritura del runasimi sin traducción al español. A la fecha tiene una serie de artículos publicados, en revistas y blogs, en su lengua materna y en castellano.

[3]Sergio Quijada Jara. Estampas Huancavelicanas. 1944.

[4]Enrique Ballón.“Identidad y alteridad en un motivo etnoliterario amerindio e indoeuropeo: La doncella fecundada”, 1995:45.

[5]Comentarios de Lévi-Strauss a una publicación de Alfred Métraux sobre tradiciones orales toba y pilagá (Lévi-Strauss, 1970:243).

[6]El tema que estudiamos no es privativo de las literaturas amerindias como lo demuestra Ballón en su artículo citado (op.cit.: 43-81).

[7]Gerald Taylor. Ritos y Tradiciones de Huarochirí. 1987.

[8]Adrián Recinos. PopolVhu. 1987.

[9]Sobre la rebelión de los objetos y otros “paralelos” en las tradiciones orales amerindias consúltese el capítulo XIV (La serpiente con el cuerpo lleno de peces) en Antropología estructural. Lévi–Strauss (1970:243–246). Véase tambiénel artículo “Imágenes Mochicas y Jíbaras” (Jaime Regan, 2003. En Gonzalo Espino, compilador. 2003:177–189).

[10]El Diccionario de Términos Literarios (Estébanez, 2001), señala que: Motivo. Es la unidad mínima en que pueden descomponerse los elementos constituyentes de la fábula o el tema de una obra narrativa o dramática. Para B. Tomachevski, “los motivos, combinados entre sí, forman la estructura temática de la obra; desde este punto de vista, la fábula la constituye el conjunto de motivos y de sus relaciones lógicas casuales –temporales, mientras la intriga es el conjunto de motivos mismos, en esa sucesión y en esas relaciones en que se dan la obra” (:701).

[11]Confróntese Karu ñankunapi… / En los caminos lejanos… (Itier, 2004), los relatos “Huk warmiq uywasqan sunsumanta / El sonso criado por una señora” (:46-63) y “Papel apaq runamanta / El portador de papeles” (170-173), abordan los temas de la doncella fecundada y la sabiduría de los animales que nos aproximan al diálogo de los zorros en Ritos y tradiciones

[12] Sergio Quijada Jara. Estampas huancavelicanas, 1985, con prólogo a la 2da. Edición.

[13]Al respecto véase el cap. 27 de Ritos y tradiciones (Taylor, 1987:410- 416). También, José Carlos Vilcapoma (2010:193-208).

[14] “arruschayki” “tu arrocito”: metáfora, en diminutivo, que alude al órgano sexual femenino.

[15]Qullu, epíteto, en este caso indica ayllu en extinción. Qulluq runa, persona infértil. Pueblo con población en decrecimiento.

[16]Pie de página del autor (76. Relación Geográfica de Indias, tomo 1, págs. 140 y ss.).

[17]José de la Riva Agüero, Paisaje Peruanos. En Obras Completas. IX (1969: 172).

[18]La iglesia de Uray Acobamba, de particular exquisitez, es indicador de épocas de prosperidad y bonanza de las que gozaron los españoles como consecuencia de la explotación de las minas de Huancavelica y de la fertilidad de las tierras despojadas a los aborígenes. Acobamba de Arriba surgiría como resultado del crecimiento de la población y la escasez de espacios apropiados para vivienda.

[19]En la cita final extraída de Paisaje Peruanos, Riva Agüero comete, a mi entender, una imprecisión al designara Uray Acobamba (Qullu) como la “villa de Anta” (distrito al poniente de Acobamba, a no menos de tres horas de esta última, recorriendo el camino a pie).

[20]Ibídem.

[21] Es de lamentar que los estudios antropológicos y arqueológicos en la zona sean limitados. Por otra parte, Acobamba de Arriba urbanísticamente difiere de la de Abajo, pues aquella se encuentra sobre una llanura y posee todas las características de la urbanística colonial mientras que esta se alza sobre una llanura estrecha, bordeada de pendientes, aunque su plaza es cuadrangular. Esta característica demuestra la preferencia de los antiguos por dedicar a la agricultura las mejores tierras.

[22]“[P]oblado enteramente de indios Guaros”. El caso de pueblos como Espíritu Santo Caja, también de la Doctrina de Acobamba, se registra la presencia de mitimaes procedentes de hasta dos lugares distintos como son Angaraes (de la propia Huancavelica) y Quiguares del Cuzco.

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