Itinerario por Tiaparo No 3. Alejandro Medina Bustinza

Itinerario por Tiaparo No 3

 

Habíamos arribado al pueblo; en la entrada yo empezaba a distinguir las primeras casas con sus tejados rojizos, otras pocas con calaminas. La apariencia de sus construcciones nuevas me hacía deliberar los cambios que se habrían suscitado. Ya no eran de aquellos tiempos. Otras casas en cambio, aparecían con sus techos abatidos; las ventanas caídas, sus paredes semi destruidas y abandonadas, como si en sus interiores sólo subsistían las sombras de sus silenciosos habitantes que un día se alejaron para siempre. O simplemente las memorias de sus dueños retirados, quienes renunciaron a no volver de las ciudades grandes y se olvidaron de ellas. Presentí, que desde entonces aquellas viviendas, solitarias y abandonadas, envejecieron. Sólo les quedarían perdurables soledades en sus sombrías habitaciones; el llanto quemando sus dulces recuerdos de un tiempo que albergó amorosamente a sus ocupantes, ahora ausentes y lejanos. Yo sentí espinazos en mi pecho.

Se estacionó el coche en la puerta de una vivienda, aquellas sombras abandonadas ya casi encenizadas de las casitas desatendidas, salían de sus ocultos para vernos si acaso algún familiar de ellas, se acordaron por fin en volver a Tiaparo, siquiera por un momento. No importaría aunque fuese sólo por un día, unas horas, un segundo. Sería suficiente para regresarlos a la vida. Pero luego sus esperanzas se desvanecieron, al notar que no éramos sus parentelas. Apesadumbradas, envueltas en sus enormes tristezas, nuevamente retornaron a sus silenciosas y viejas paredes de casas olvidadas. Otras moradas ya no estaban en sus lugares; vencidas por el tiempo y abandono, se habían hecho pampa. Seguro, empolvados de sus tantos sufrimientos habrían decidido volver a la tierra; ya ni siquiera sus paredes aparecían. Sobre ellas, únicamente algunas hierbas comunes chaschaqueban sus ramillas verdes blanquecinas: la muña muña, allku quikska y el pasto seco; sólo ellos estaban encargados como sus guardianes permanentes. ¡Cómo me penaba el corazón…!

Bajé del vehículo, puse mis manos sobre la tierra, lo recogí y me abracé fuertemente de ella diciéndole aquí estoy, sí, yo soy el colibrí del manantial que se dispuso a retornar después de tantas décadas. Le decía también, que yo jamás me he dejado seccionar mi cordón umbilical de sus elevados peñascos. Estoy aquí, completo y siempre ligado a los espirales elementales del murmullo de las aguas claras que bajan desde Tirani Kocha y Gentil Machay. Tampoco había permitido a las rapacerías, desgarrarme con sus  toxinas prejuiciosas (sólo porque tenía el color de mi piel diferente). Sí, le dije que nunca he dejado de llevar este matiz de mi epidermis, iguales a las de estas alturas colmadas de espejos piedras fulgurantes; sílabas indescriptibles impregnadas en los núcleos de los bosques y pájaros trinadores de la tierra nuestra. ¡Mi espíritu no estaba insalubre ni pintado mis cabellos de colores ajenos…! La tierra estaba sumamente alborozada, tan iguales que yo y los habitantes de allá arriba, de Apu Sondoro, cuando me brindaron la bienvenida unas horas antes.

En la puerta de la casa nueva donde se estacionó el coche, decía mi hermano que ahí vivía la hija de un familiar, justo al ingreso al pueblo. Yo esperaba ansioso en encontrarme con mama Mercedes Huillca, su esposo machula don Donato Machacca, sus hijos; mama Sabina Torres de Huillca, etc. Al oír decir que allí vivía un familiar, me consideré aliviado, por lo visto ya tendríamos algún pariente a quien sabríamos acercarnos. Pero no había nadie en aquella vivienda, tal parece este día que llegamos todos los habitantes de la comunidad se hallaban ausentes de sus residencias; porque inmediato, a lo lejos oímos a los musiqueros de la banda de guerra coreando las tonadas inconfundibles de waka pukllay…¡Sati…sati..sati sati….!

Efectivamente, era la música toril del toro pukllay que estaba realizándose en el pueblo. Con mayor claridad escuchamos las ovaciones que venían desde la Plaza de armas de Tiaparo. Deducimos que las autoridades del pueblo, por ser el 28 de julio, hayan podido organizar el toro pukllay,  para el regocijo de la población y el homenaje característico a la historia, por ser un día especial de las fiestas patrias. Aquel acontecimiento era la razón del porqué la ausencia de las personas en sus casas. Gran parte de sus habitantes estaban viendo lidiar a los toros en la Plaza de armas.

Cuánto hubiese querido ir al rodeo inmediatamente, para ver a los toritos bravos y ariscos de estas tierras pajonales, traídos desde las alturas de Apu Sondoro, Wipani, Uyuni, Waranqa, (felizmente aquí, no se permitía el salvajismo ni se maltrataban a los toritos) para ser capeados con sus llikllas y ponchos por valientes maqtazos de la comunidad. Pero ya era tarde; yo tenía grandes ganas de llegar primero, a Huillcas Pata, y para eso tendría que dirigirme, en seguida, hacia Uman calle.

Mis ansias disponibles de profundos ríos hervían desde mis interiores unitarios, deseando en llegar rápido al barrio de Human Calle, allí donde amasé mis reguladores juegos de amancaes y geranios; a puro warakazos y tinyas, al son de las finísimas resonancias del chirisuya de taytalla Quintín Machacca,  junto al clarín armonioso de Machu Estaban Tapia, quienes atizaron en mí, cúmulos de componentes sunchos y acelgas, y se encargaron en afinar los azules cardinales de mis vientos interiores, (de una parte de mi infancia) cuando viví por aquí junto a mamay Anqui. Quería saber cómo estaban los rayanes; los chiwakos y cheqollos saltarines y bulliciosos. Las piedras grandes en Huillcas Pata; los huertos de ajenjos y coles de taita Timoteo Huamaní y mamalla Ramosa. Sin perder más tiempo me dirigí hacia ellos; cogí mi mochila donde traía unos libros para leer y subí por unos caminitos angostos hacia arriba, en búsqueda de mis huellas dejadas y esperando hallar alguna parentela para abrazarlos arduamente… CONTINUARÁ

                                                                                                                   Callao 3 de septiembre del 2014

 

 

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