ESTRUCTURAlISMO: NOSTALGIA Y ADIOS. Enrique Verástegui

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El poeta Enrique Verastegui me acaba de dar una leccion. Le pedi una  articulo sobre el estructuralismo y la poesia peruana de los setenta esperando un paper academico, una ponencia, pero ha respondido con un testimonio personal y poetico mas profundo -como debe ser- que el conocimiento analitico. Ademas, nos da pautas para entender la relacion del estructuralismo con el misticismo,  la resonacia del retorno de Francia de Enrique Ballon en la poesia  joven de entonces, y un rapido semblante del injustamente olvidado acomayino Alfonso La Torre, ALAT.  Nos da tambien una vision muy personal de la entrada de Juan Ramirez Ruiz al tema. Claro que el dualismo y atipanakuy entre Enrique Verastegui y Juan Ramirez Ruiz  ha sido el mas brillante  y productivo  de la poesia  peruana en los  ultimos tiempos, cosa que en narrativa se veria solo  entre Huambar y Los rios profundos, o Waman Poma y Garcilaso. Pero esta veta comparativa aswan yachaqkuna istudianan kachkan. Haciendo la acotacion que en el Peru no existe el folklore, acompanamos el brillante ensayo de Enrique dedicandole una entrega de Tula Cajigas para que vulva a saborear el mate de yerba luisa que se tomo despues de mandar el ensayo

ESTRUCTURAlISMO: NOSTALGIA Y ADIOS.

Enrique Verástegui

 

Se me invita escribir sobe estructuralismo, aunque yo no sea la persona adecuada, y al hacerlo tal vez deba escribir en tercera persona, como son escritos mis libros, aunque ahora , al llegar a la madurez de mi vida, tienda por desechar el concepto ensayo –el gran aporte de Montaigne al Renaciomiento- por el de meditación, más cerca a lo sagrado hindú que a cualquier tipo de ateísmo. Si se habla de amor es porque Dios está presente en cualesquieia que las actividades que se realice. Asi lo mucho de lo que ha sido escrito con amor en la sociedad estructuralista no ha sido la presencia de Dios en nuestra conciencia. Visto así, el estructuralismo –que se fundamentó en los años cincuenta del siglo pasado, y a través de ese bellísimo EL GRADO CERO DE LA ESCRITURA de Roland Barethes- no se niega a pensar la metafísica, la cual es también el mundo abstracto en que se configuran mis libros escritos en prosa teorica. Aunque he leído miles de libros estructuralistas –cosa que se realiza como conocimiento general- no me puedo considerar estructuralista, dado que no he escrito sino a partir de una máquina prodigiosa: la del lenguaje que aparece en todos mis libros. Sin embargo, de un dia para otro, y sin saberse cómo, el estructuralismo desapareció de nuestras vidas. Precisamente hace algunos años, durante un conversatorio sobre Martin Adan, ese poeta del hielo, el crítico francés André Coyné me dijo que se apenaba de que yo tuviera una palabra de amor por el estructuralismo y los estructuralistas: el futuro no iba a tener piedad conmigo: André Coyné viene de tener la experiencia de su amistad con el poeta surrealista César Moro, a quienes cito porque tenían la conciencia de llamarse surrealistas y depotricavan, en mi cara, contra el estrucualismo. En la juventud uno siempre anda con el puño en alto y –como las chicas liberadas- con ganas de vivir su época.

Así, conversando en torno a una copa de pisco souer, y rememorando las décadas vividas –desde todas las perspectivas- el magnánimo narrador Maynord Freyre me dijo que “en Perú en los años 70 sólo existían tres personas que escribían en difícil”. Uno de esos era el enormísimo escritor Julio Ortega, quien ha logrado hacerse un mundo en EstaDos Unidos –desde su reconocimiento y frucion en la lectura de Lezama Lima- y el otro, tan analítico en sus escritos y el fervor creat8ivo de su teatro, era el cusqueño Alfonso La Torre, quien usualmente firmaba sus trabajos periodísticos con el seudónimo de ALAT, tan respetadísimo en vida y tan querido en la memoria. El otro que escribía en difícil era yo, niño de 19 años, a quien la lectura de sus contemporáneos habían saludado enormemente, y quien, a través de sus escritos, puso al pueblo peruano en el cénit de sus conocimientos. Visto a lo lejos esos tres mosqueros de la literatura peruana –ALAT, Julio Ortega, y Enrique Verástegui- habían puesto al Perú en el siglo XXI. Si Coyné hablaba de que sólo los surrealistas pasaban a la historia, yo, al menos, sin buscar la fama, también me siento satisfecho de los millares de libros estructuralistas que leí en esos años de intensa lucha por el bienestar de los pueblos. Sin embargo, un marxismo analfabeto, y llegado desde el Cono Sur, no ha hecho otra cosa que atacar al estructuralismo bajo la acusación de tecnócratas. Y en esa acusacion, el interes por la revolucion fue el resultado inverso. Tanto ha sido el ataque que el interés por el estructuralismo decayó ostensiblemente y lo que era una librería al paso se coinvirtió, de pronto, en un punto ciego: interes para nadie. Que dan acúsmatas –nombre con el que se clasificaba a los pitagóricos- pero el archipielago es vibrante;: desde Julia Kristeva, Phillippe Sollers, Todorov, Barthes, Baudrillard, Foucoult, Deleuze, Guattari,   y todos, la literatura no puede haber alcanzado un mejor resplandor. El estructuralismo tenía un punto de nacimiento que era el lugr donde todos confluían: el punto cero de la lingüística. En 1975, la genial y bella psiconalista francesa Julia Kristeva anunció al mundo que se había creado el Semanálisis: entraba en acción el maridaje de lingüística, semiótica, y marxismo, y aunque todo el asunto de la revolución lingüística se referia a un público hecho de todas las profesiones, quienes en ningún momento se interesaban por la poesía, yo me atrevia a pensar que ese infinito conocimiento se podía traducir en un infinito libro de poesía, sin que ello pudiera comprometerme con nadie. Así resulta que yo me veo envuelto en el lio estructuralista, pero mis resultados son satisfactorios –lo dicen todos.

En el amanecer de los inolvidables, productivos, radicales, y románticos años 70 los poetas de Hora Zero fuimos invitados a una conferencia que dictó a su llegada a Perú, en el auditorio de la Universidad Católica, en la plaza Francia, centro de Lima, el linguista Enrique Ballon, acabado de graduarse en Paris, bajo el magisterio de Roland Barthes, dijo que el Movimiento Hora Zero era equivalente al “grado cero de la escritura”. Por ese entonces había llegado a Lima José Cerna, un joven nacido en la selva me parece, aunque no se discute que llegó por primera vez a Lima, experiencia que encontró su punto de existir en la lectura de Rimbaud, ya                  que Cerna dominaba a la perfeccion el idioma francés. Ese dominio le sirvió para traducirnos ensayos de Jacobson, por ejemplo, que encontrabamos en la revista TEL QUEL de Paris. De ese modo estábamos al dia con lo que ocurria en el mundo, que, como se comprenderá, y era época hippie, llegaba por millares hacia la plaza San Martin de Lima. Eramos escritores y queríamos vivir la vida de un escritor paseándose por Paris. Esta nostalgia francesa nos agarró a todos, y es cierto que –en los bellísimo años 70- todos los de la generación del 70 juramos llegar a Paris para sencillamente celebrar la vida majestuosa de un intelectual que embellece al mundo. Y jurado estaba, y templario fuimos. Intelectual refinado fue el trágico Althusser, quien aportó un concepto decisivo para los cambios de la sociedad del bienestar: la práctica teórica. Sin embargo, años antes, en esos mismos años setenta, en nuestra casa hippie y comunal de jiron Huancavelica, realizamos el Primer Congreso de Hora Zero, para evaluar el camino a seguir, luego del éxito de nuestros libros, en el cual se enfrentaron dos caminos para analizar la poesía peruana. Cerna y yo planteamos la posición de que había que producir un arte a la altura del mundo tecnológico actual, mientras que Ramirez Ruiz quería otra cosa. Allí quedó escindido Hora Zero, pero, hombre sagaz, algún tiempo después, Juan Ramirez Ruiz se puso a la altura de su época. Los de Hora Zero no búscabamos el folckor ni el tremedismo de la nadaistas colombianos, por ejemplo, ni las payasadas del surrealismo francés: búscabamos fundar el pensamiento peruano. A los años ese pensamiento peruano está recontrafundado, y lo hice yo en todos mi libros. Ahora ando vestido de hippie y con la chalina de alguien considerado un romántico anarquista, la bella mirada, y la flor de mi prosa teórica. Asi si el estructuralismo vuelve será bien recibido, si no vuelve caminamos desde/hacia la luz del futuro., tal como lo reconoce lo mejor de lasescritoras francesas actuales: Camille Aubaude, discipula predilecta de Julia Kristeva, y Guilles Deleuze, a quien le invito un trago de pisco souer.

 

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