LA SENDA DEL MANZANAR Y LAS REVELACIONES POÉTICAS. Pepe Diez

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LA SENDA DEL MANZANAR Y LAS REVELACIONES POÉTICAS.

POR: PEPE DIEZ

16.11.2014

UN LIBRO. Una revelación determinante en su acontecer literario nos deja la obra Las Armas Molidas, del poeta Juan Ramírez Ruiz.

Es un homenaje que también tiene sus revelaciones, sobre todo, con los poetas y amigos que compartieron junto a él los difíciles momentos de creación cultural, muy cercano a su pensamiento.

Inquietudes universales saltan de ese libro majestuoso y paradigmático, como salido de los escondites del alma, en esa alma joven y vehemente de ese entonces, que hurgó los territorios capitalinos para fundamentar la inquietud creadora de su voz poética, con original proporción y particularidad de su trabajo literario.

Como poetas que reinician la aventura provinciana frente a los macizos del parnaso metropolitano, había que encontrar y elaborar formas y lenguajes nuevos, que la de nuestros predecesores, que engullían el fosilizado entorno de su escritura oficial y el rígido arcaísmo.

LA GENERACIÓN DEL SETENTA se lanza a corregir los espacios históricos de la literatura peruana con la gran aventura de los sueños. A los hechizos de la musa representada en arquitectura y belleza de la palabra, escrito y textualidad.

Dispuestos a romper el molde era el camino y todos pensamos que se ha logrado.

Ese legado que nos ha dejado Ramírez es la prueba transformada en libro, en apreciaciones, en estudio. Analizada en todas sus formas, ya sea objetiva o subjetiva, profunda o superficial, denodada o dubitativa. El ha abierto el camino de toda esa contracorriente cultural, nos ha diseñado nuevos y propicios caminos con la escritura y con la responsabilidad.

Por esa senda divinizada ahora nos conduce.

Revelaciones en la Senda del Manzanar es también el libro y el fruto a este encuentro, en homenaje y memoria a Juan Ramírez. Se debe especialmente a la labor y persistencia de los indagadores de su obra; entre ellos destaca: Fredy Roncalla, Alberto Colán, JC. Lázaro, Armando Arteaga, Tulio Mora, López Maguiña, Róger Santiváñez, Nívardo Córdova, Sánchez Hernani y todos los que ahí participaron con sus nombres propios.

SALIMOS DE UN LUGAR COMÚN, EL TERRUÑO.

Áspero y cariñoso como son casi todas las provincias peruanas, ahí fue nuestra formación y el encanto de las letras y las artes.

Desde el ’66 ya había una cierta irrupción literaria y el primer concurso al Poeta Joven Lambayecano.

Aparecieron grupos de poetas como ALBA, El RIO, ADEL, etc. dando consistencia a las actividades culturales de ese entonces.

Por esta razón creo acercarme al alma de mi paisano, el alma errante de los provincianos susceptibles a los cambios y transformaciones, a la intrepidez y a la solidaridad, al sacrificio y a las vacilaciones, que es parte de nuestra humanidad y nuestra creencia.

Dicho de otra forma …ha crecido mucha palabra desde afuera, en medio de un mar que abraza a la tierra para desde adentro.

La poesía es un misterio irrecuperable, por más definiciones que se le pueda dar.

Es un Sol que brilla en los remotos espacios colindantes para poder iluminar a todos con la misma intensidad.

Y estas frases y oraciones gramaticales con la que nos expresamos, es la ropa y el equipaje que articulan nuestras obras, nuestras ideas y pensamientos. Nuestro estilo y nuestro lenguaje.

Los versos de Juan se abalanzan causando agitaciones y diluvios mentales, supongo, a los lectores.

¡Los vehículos llenos de oscuridad arañan las pistas

se detienen – arrojan muchachas de terror – y parten!

En los años del sentimentalismo marxista haciendo afrenta al terror de las consignas militares, desataron por casi todo el Perú la más infame violencia política-ideológica.

Éstos pretendían la desaparición de la raza original; sobre ellos, los constructores de nuestra cultura y civilización.

Midiendo los valores con abnegada voluntad, con sacrificio, Juan se embarca hacia la búsqueda y ubicación histórica y cronológica del hombre andino, del hombre amazónico y del hombre costeño, abrumado y castigado por el mestizaje de los visigodos criollos, herederos de la muerte que expectorara la inquisición del siglo XX.

Agua que estoy bebiendo…déjenme seguir

Si no recuerdo cada una de las guerras

es porque son innumerables…

Cuánta desesperación y a la vez cuánta ternura se agolparon en el espíritu creativo de Las Armas Molidas.

¡Fragmento de mañana

que hace tiempo no apareces

qué haces otra vez

en la mano derecha de este aislado Moyoruna!…

Indiscutiblemente en la poesía de nuestro Puriq, caminante o andariego Naylamp, se saborea con toda intensidad los estados emocionales y las hiper-vivencias que habitaron su frágil corazón de trovador y vanguardista lírico.

Sin marcar distancias con nadie, sin cizañas de ninguna índole frente a un poeta con respecto a la creación, el esfuerzo que lo inmoló o sentenció a una vida aparte, trunca, a nuestro Juan Ramírez, fue la falta de comprensión de solidaridad de respeto y cariño para su persona y sus obras.

Desde este escenario, esta segunda patria que me dio la oportunidad de seguir adelante.

Solo, habitado por los fantasmas de la ciudad moderna, del que soy partícipe indirecto, de lo poco y predilecto que tengo en este lugar que vivo, es sin dudas, el libro de Juan, el que abrirá las puertas de un nuevo tiempo, las fronteras que habían cerrado el lenguaje a nuestra cultura, a su idoma ancestral.

Esa es la esperanza que nos deja LAS ARMAS MOLIDAS.

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