Conociendo mis orígenes. A. Edbel Vilca Cabrera (Quski)

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Por intermedio de Katherin Yurema Mamani Contreras accedemos nuevamente a  dos relatos del joven de doce años A. Edbel Vilca Cabera que se perfila con un cronista cotidiano  similar a Julio Chalco, con  la misma direccion hacia el origen que Alejandro Medina Bustinza (Apurunku). Casi como si los talleres de afinzamiento de la identidad de Chirapaq se hayan trasmitido de Ayacucho a Abancay.  Tanto Katherin como A. Ebdel son la mas nueva generacion de escritores del ande. Hablan en primera persona, sin huellas de traduccion cultural y alteridad absoluta,  y tienen una proyeccion que dara muchos frutos.  Este relato es el primero de una serie de dos.

Conociendo mis orígenes.

Quski

Hoy declaro que conocer mis orígenes; es conocerme a mí mismo, ello fortalece mi identidad en consecuencia mi autoestima.

A. Edbel Vilca Cabrera.

Frente al universo soy pequeño. La inquietud, a raíz de final de la clase del año escolar, desesperaba en mi mente, las interrogantes de ¿quién soy yo? Y ¿de dónde vengo? el ambiente de las vacaciones animó a mi mamá y ella a mí   para llevar  adelante un viaje a su tierra natal; un pueblito ubicado en Cusco _ ¡Genial! _ Mis orígenes también están en la tierra natal de mi mamá.

Me encontraba en una caja, donde sólo se veía una luz pequeña y muy fina que resplandecía por encima del objeto cuadrado, miré alrededor y vi también a otras personas que dormían, a medida que seguía observando parecía que la caja se agrandaba asombrosamente, de pronto sentí un movimiento ligero a mi costado, me fijé y era mi mamá, miré al otro costado y estaba mamá Julia, parecían dormir muy bien tapadas con una pequeña manta que sentía su llamado; yo también quería dormir.

Primero llegamos a la ciudad del Cusco y luego teníamos que partir a Ivin en un camión, estaban ahí vendedores de linternas, pilas, galletas y otras cosas más; Subimos al camión, nos sentamos en la esquina, nos acurrucamos, nos tapamos con la manta y nos dormimos. Al instante mamá Julia me dio chuño con queso, eso alivió por un momento el gran hambre que tenía muy dentro de mí, empezamos a caminar, todo era bonito: Los árboles, los riachuelos, el río y sobre todo; el gran relieve que existía era muy singular dentro del mundo, luego; caminamos dos horas hasta llegar a Ivin. Mamá; ya cuando estábamos en Ivin, me preparó una sopa, que le llaman Sara Lagua (crema de maíz) estaba muy rica. Al instante mamá Julia puso una tabla muy grande que brillaba con los rayos del sol y era la primera vez que veía un panel solar. Al anochecer mamá Julia saco la tabla, después la conectó a una corriente que enfocaba un foco y nos iluminaba, aún así la noche se sentía fría y oscura.

Al amanecer del día siguiente, ¡mi mamá no estaba! Solo mamá Julia y yo nos quedábamos, le pregunté y me dijo- Se ha ido a la ciudad del Cusco_ Sentí nostalgia; pero lo supere. Nos fuimos mamá Julia y yo a Watara, un pueblito más arriba de Ivin, donde vivía mi tío Ignacio y mi tía Eugenia; me dijeron que me iban a enseñar las labores de un campesino, me emocione; porque era nuevo para mí y más aún vivir las vivencias de mi tío. Me sorprendí al ver que la casa estaba separada, la cocina estaba lejos de los dormitorios y los techos eran de calamina.

Me llamó la atención, la casita del criadero, del chancho, cuando vi al animal muy gordo, salió de mi un gran susto; al poco rato tras mío un grupo de niños, que tenían la misma edad que yo, corrían en manos con paquetitos de galletas, las que yo me las compró en Abancay, me puse a pensar y me dije a mi mismo_ Los niños de Ivin, tienen alcance a las galletas ¡claro que no está mal! Pero ellos podrían satisfacer su apetito, con una canchita de haba o maíz; que es más saludable y nutritivo_ ¿Qué estaba pasando ahí? Acaso los niños, no están valorando, lo que es suyo y de ser así, cuando conoceremos el misterio de dónde venimos; estos actos no contribuyen a fortalecer nuestra identidad por ende nuestra autoestima. Ese mismo, instante recordé lo que mama Julia me contó una noche atrás, para distraerme del frío. Dice que la luna estaba triste y ya no iluminaba como antes, entonces los hombres, que amanecen bajo el recinto del molle, para guiar su camino, utilizan la linterna, con ella las pilas, muy pocos de ellos se dieron cuenta, que cuan contaminantes es una pila, y muchos otros siguen utilizando; nos falta reflexionar al respecto. Ya en la mañana vi a tía Eugenia quemando plásticos; pienso que esa acción, es copia de las ciudades para deshacernos fácilmente de la basura.

Estaba con una tristeza profunda; por las cosas que había observado y por la ausencia de mí mamá. Al instante vino Milagros; quien es mi prima, ella me enseñó sus chacras y los animales que criaba y me comunicaron que mi primo Adrián también iba a llegar, me alegré e hice mis deberes, como cortar la alfalfa y alimentar a los cuyes para después jugar. Cuando Adrián llegó me sentí feliz de tener alguien que me ayudara a cortar la alfalfa; al atardecer tío Ignacio nos llamó para arrear las vacas que estaban en la punta del cerro, sin pensarlo dos veces obedecimos y acompañamos a tío Ignacio en una gran aventura.

Por cada paso que dábamos nos sentíamos más fríos, mire a lo bajo y vi a Watara; habíamos caminado buen tiempo, cuando alcanzamos a las vacas me alivié, porque ya no caminaríamos más las arreamos y llegamos a casa donde nos esperaba un mate bien caliente y una sopa rica. A la mañana siguiente tío Ignacio, nos dio una nueva tarea, teníamos que sembrar las semillas de zapallo y acelga para que broten para el día de cumpleaños de Milagros. Al terminar los trabajos sacamos nuestras canicas y empezamos a jugar al costado del estanque de los patos, y a sacar tuna de las pampas donde se pasteaban las vacas.

Adrián, Milagros y yo acordamos en construir un espantapájaros para asustar a los pájaros que quisieran comer los cultivos, ya que mañana era el cumpleaños del tío Ignacio y además teníamos las herramientas adecuadas. No pudimos terminar la sorpresa de tío Ignacio, pero si le abrazamos y festejamos su cumpleaños con una sopa de codorniz y un segundo de chancho, los dos estaban muy ricos, en la noche comimos un chiri uchu.

Al día siguiente mi mamá vino, nos despedimos y partimos rumbo a la ciudad del Cusco para después ir a Abancay, tuve la oportunidad de observar acciones que no nos permiten a valorar nuestros orígenes y por ende fortalecerlas. Aprendí a valorar las actividades del campo, a degustar platos de mama Julia y tía Eugenia a sembrar y arrear vacas, correr al ras del viento con mis primos. Fue una experiencia singular.

2 Comentarios

  1. Es una linda forma de reflexionar acerca de la vida en el campo, Quski nos relata experiencias donde manifiesta alegría, regocijo, amor y preocupación por esos lugares hermosos de las entrañas de nuestro Cusco querido, cuidemos el medio ambiente por ende cuidemos a nuestra gente!…gracias

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