El oscuro silencio del fin es el inicio de mi ser. A. Edbel Vilca Cabrera (Quski)

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El segundo de los relatos del joven Quski, que hace un viaje Arguediano a estudiar a Abancay y relata los hechos desde la mirada de un nino  y un danzak. Si bien el relato kaypi presentado se llama  “El oscuro silencio del fin es el inicio de mi ser”  -titulo poetico, por cierto- el archivo en que nos llega esta signado como “Cuento Jose Maria Arguedas version cinco”. El cambio entre los dos titulos indica una pension post arguediana. Pero mejor leer el relato.

El oscuro silencio del fin es el inicio de mi ser

Quski

Los primeros rayos del sol se evidenciaron suavemente a través de las   nubes rebelando la primitiva belleza de la mañana, y en mi ser inmediatamente surge la interrogante sobre el perpetuo fluir del universo y nuestra creación a partir del cosmos.

Veníamos caminando por el pequeño sendero, sin apuro alguno, papá me distraía relatándome  las adversidades de su vida. Y yo atento  como siempre escuchaba curiosamente.

Cuando el sendero que nos conducía se daba a torcer como una culebra caprichosa era señal de que estábamos casi llegando a nuestra chacra. Ahí estaba Julia, quien pastaba a sus ovejas. Me gustaba contemplarla y ser parte de su alegría, en el transcurrir de los días. Era feliz.

Mi agudo olfato, se inquietaba y mi mamá lanzaba gritos de aviso de comer, todo lo que la madre tierra paría era suculento para mí. El momento era frío y tenso, me parecía muy extraño, mis padres me dieron una noticia que para mí no era una noticia bienvenida, la próxima semana dejaría el pueblito de Ivín para vivir con el clima cálido de la ciudad de Abancay.

Disfrutar las últimas vivencias de mi tierra natal. Era mí consuelo.

! Llegó el día de partir…

Me despedí de los animales, de los vecinos y de los que más amaba: Mis padres. Llegue; y mire el carro que me llevaría a la ciudad de Abancay, subí y lloré en una esquina de este monstro gigante con ruedas; a medida que se alejaba el carro miraba a mis padres y a mis vecinos, recordando los buenos tiempos que pasé con ellos, quería abandonar el acuerdo entre mis padres y yo, pero el compromiso pesaba más que la sensación de renunciar.

El viaje pesado, fue vencido por la profundidad de mi sueño. Al llegar a Abancay me recogieron mis tíos y _! Oh!_ mi primo Adrián, me esperaba con una enorme sonrisa y un abrazo. Me acogieron en su casa y gustosamente, me dieron un cuarto en el cual dormiría y estudiaría, las lecciones de             la secundaria.

A la mañana siguiente, Adrián me enseñó las calles; eran grandes, chuecas y desordenadas, y claro que también el camino de casa para el colegio donde estudiaríamos juntos. Al atardecer alisté mis cosas con sumo cuidado y detalle tal como me lo preciso mí mamá, ser alumno de un colegio en esta ciudad extraña; es todo un reto para mí; pero a la vez peleaba con mis demonios.

Nos levantamos temprano, partimos mi primo y yo, al colegio. Íbamos a estudiar juntos, y por ello tenía un poco más de confianza, llegando a la escuela ya se sentía el tumulto de niños del cual Adrián me había hablado, sentimos algunos empujones.

Me sentí solo, me dio un ataque de turbación lo cual me hiso reaccionar y darme cuenta de lo diverso que era este extraño colegio, en este inhóspito lugar se encontraban todo tipo de niños, desde pequeños a grandes hasta blancos y negros. Adrián me jalo llevándome a nuestro pequeño salón en donde nos acogió nuestro profesor. Se sentó sobre su silla y habló con gran entusiasmo _ Habrá una gran actuación_ y nos dio la libertad de elegir la temática en base a nuestra cultura Apurimeña. Yo, tomé la decisión de participar, sería una oportunidad para mí y para tres de mis compañeros que se ofrecieron participar voluntariamente. El hombre que me motivó actuar era nuestro profesor de la asignatura de Formación ciudadana y cívica. Mi primer día de clases fue exitoso, hacia las cosas que me gustaban.

Fuimos a casa, mi entusiasmo era tan grande que ni el ruido de la chiririnka me desmotivó   menos me desconcentró y tuve una idea genial, gracias al haber recordado los relatos de mi padre: La danza de tijera. _! Sí ¡_ escenificaría en los actos del colegio. Las danzas de tijeras; solo lo practicaban los danzak que en mi pueblo eran reconocidos por los actos ceremoniales que rendían al wamanì.

Era el gran día. Fuimos al colegio, estaba muy entusiasmado, solo pensaba que iba ser una experiencia fenomenal y sobre todo, tenía el honor de

representar la grandiosa   cultura existente en Ivin. El tiempo pasó volando y anunciaba que ya venía mí turno, yo solo miraba las otras actuaciones; el director me llamó, lo cual me movió el escenario, de pronto sentí que el escenario era mío , el espíritu ganador recorrió todo mi cuerpo, empecé a danzar, sentía que mi cuerpo tenía otro espíritu y mi mayor inspiración surgió en mi mente, Julia; aquella flor que mantenía en mí la esencia viva de Ivin, a la vez mi mente se pobló de los recuerdos de mis padres; quienes   estaban lejos, pero cerca de mi corazón.

Era fenomenal el sentir de mis recuerdos; en un   sueño que parecía no tener fin. El público miraba entre atento e indiferente; observaba expresiones muy distintas unas de otras, pero yo era feliz, ese pequeño instante, mi corazón arrojaba carcajadas.

El último sonar de la tijera, cerró mi danza; los hombres de las expresiones distintas; juntaron; sus emociones y todos me aplaudían, me sonrojé un poco. Adrián me felicito y nos fuimos a casa.

Estaba   feliz y emocionado.

A la mañana siguiente fuimos al colegio Adrián y yo, y me dieron un estímulo económico por la actuación, mi entusiasmo brillaba así como la idea de pagar la mensualidad con el dinero que me dieron por la mejor actuación cultural.

Iba caminando hacia a la dirección del colegio, cuando mi compañero Sebastián me detuvo; él era grande y robusto, me hablo bien fuerte y claro; con una voz tosca _ Dame el dinero_, no le conteste; solo me atreví a mirarle con susto, al instante mí cuerpo rozó el piso.

En ese momento mi rebelión estalló como un ventarrón, y   le di un golpe en la cara, en ese instante de mi vida experimenté el verdadero sabor del miedo, Sebastián retrocedió, quise defenderme pero con toda su furia me empujo otra vez, hasta el piso tembló, el viento rozo mi cara, y con una mirada débil mis ojos se cerraron y me absorbió el oscuro silencio de fin.

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