ARGUEDAS, IDENTIDAD Y NACION. Vicente Otta Rivera

 


                          ARGUEDAS, IDENTIDAD Y NACION. Vicente Otta Rivera

                                                                                

                                                         “Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que

                                                           orgullosamente, como un demonio feliz habla en  

                                                           cristiano y en indio, en español y en quechua”

                                                                                            J.M Arguedas

                      

EL HORIZONTE CREATIVO DE ARGUEDAS

 

Entre el año 1933 que publica su primer cuento, Warma Kuyay (Amor de niño) y 1969, en que escribe El zorro de arriba y el zorro de abajo, novela póstuma que publica la editorial Losada en 1971, Arguedas desarrolla 36 años de una actividad creativa múltiple. No solo literaria. Promotor y difusor cultural, articulista, estudios antropológicos, recopilador de canciones y cuentos; en fin, variado e intenso trajín estrechamente vinculado a la defensa y la promoción de los pueblos y culturas del ande. Esta rica y compleja actividad mantiene aun muchos temas por estudiar y valorar. El Arguedas literato terminó subsumiendo a los otros Arguedas.

Conspira contra la revaloración de su obra los prejuicios de los intelectuales y académicos peruanos y latinoamericanos, que formados en los parámetros del racionalismo euro céntrico, se resisten a ver una poética que rompió con los convencionalismos del academicismo occidental; que por imperio de su necesidad creativa instituyó una obra con epistemología autónoma recogiendo los saberes de racionalidades y cosmovisiones diferentes a lo reconocido oficialmente. La aceptación de la multiversidad y diferentes epistemologías, cada vez más amplios en el mundo intelectual actual, hace creciente la valoración y estudio de otros aspectos y temas de la creación arguediana.

 

Es un lugar común advertir que el itinerario creativo de Arguedas se asemeja a los círculos concéntricos que hace una piedra al sumergirse en un estanque de agua. De historias tejidas sobre la vida de pequeños pueblos y comunidades andinos (Warma Kuyay, Los escoleros) se va ampliando a historias y espacios mayores: provincial, regional y finalmente nacional y su imbricación con los fenómenos internacionales. Yawar fiesta, ambientada en Puquio, capital de la provincia de Lucanas, departamento de Ayacucho; Los ríos profundos en Abancay, capital de la actual región Apurìmac, y Todas las sangres en el ámbito de toda la región Apurimac y sus vínculos económicos, financieros y políticos con Lima y los intereses transnacionales, y finalmente El Zorro de arriba y el zorro de abajo, ambientado en Chimbote, ciudad-puerto costero, surgida vertiginosamente con una actividad económica estrechamente conectada al flujo económico-financiero mundial, como es la explotación de la harina de pescado.

 

Este proceso puede ser visto como un aprendizaje. De historias y escenarios reducidos y sencillos a escenarios amplios y complejos, que implican un mejor dominio de instrumentos, técnicas y métodos de trabajo. Mayor oficio literario, en suma.

 

Seguir esta ruta, no solo le permitió optimizar su desempeño como narrador, le llevó a un conocimiento rico y profundo del Perú. Ver y sentir todas sus sangres, climas, animales, vegetales, geografía. En fin, podríamos decir con justicia que nada del Perú le fue ajeno.

 

Podemos atribuirle el método de conocimiento que el consideraba como mas valioso y que está presente en la referencia, que hace del mismo en la siguiente cita: “¡…Es bien distinto a nosotros! Su inteligencia (se refiere a Alejandro Carpentier) penetra las cosas de afuera adentro, como un rayo; es un cerebro que recibe lúcido y regocijado, la materia de las cosas, y él las domina. Tú también Juan (Rulfo), pero tú de adentro, muy de adentro, desde el germen mismo; la inteligencia está; trabajó antes y después”. Primer diario, 11 de mayo, El zorro de arriba y zorro de abajo.

 

Este profundo conocimiento de nuestro país, al producirse en una persona dotada de excepcional sensibilidad y curiosidad gnoseológica, permitió una aproximación de mucha cercanía y enfoque múltiple, y lo que es más importante, vivo y dinámico. De ahí que Arguedas se convirtiese en una especie de cordón umbilical entre las sociedades andinas y criollas, y entre la sociedad humana y la naturaleza. Logró mantener, “a pesar” de su aprendizaje de las técnicas occidentales,                  ( “Aprendo ya la lengua de Castilla, entiendo la rueda y la máquina, poema-canción a T. Amaru) el substrato andino logrado en su primera infancia amamantada por el ocllo indígena, de los que bebió su ternura y sus conocimientos. Su visión y sentimiento cósmico de la vida se mantuvieron incólumes.

 

EL PULSO VITAL DE LA MODERNIZACION

 

No son pocos los que han querido fijar a Arguedas como indigenista. Sin duda el más ilustre y laureado escritor que ha pretendido endosar esta definición al escritor andahuaylino ha sido Mario Vargas Llosa, quien para dar visos de rigor a este despropósito escribió un libro de ensayo bastante extenso, La utopía arcaica, en el año 1996.

 

De acuerdo a lo mencionado anteriormente, el itinerario de la creación arguediana, que transcurre del interior del país a la capital, del mundo rural- indígena al mundo urbano-criollo, marca el flujo de una dinámica que implica tránsito y tensión entre la tradición y la modernidad. Esta tensión atravesada por las contradicciones entre los cambios y permanencias en lo económico, social y sobre todo cultural, es lo que caracteriza toda la obra que sustenta el horizonte creativo de Arguedas.

 

Arguedas no solo era consciente del proceso modernizador en curso, sino que seguía su evolución de manera atenta. Sus trabajos sobre el mestizaje (fenómeno que caracteriza como hecho cultural, esencialmente), sobre las comunidades en el valle del Mantaro (donde observa las transformaciones que producía la penetración de las relaciones mercantiles), y de modo especial los cambios en las letras, melodías e instrumentos en la música indígena y el huayno en particular, no son otra cosa que un minucioso seguimiento de las transformaciones que el mercado y las relaciones salariales venían produciendo en el conjunto de la sociedad peruana. Registraba la forma peculiar con que se abría paso el proceso de modernización del país.

 

Lo que estaba en discusión para Arguedas, era la aculturación que este proceso podría implicar, hecho al que se oponía decidida y abiertamente. Toda su vida y su obra estuvieron al servicio de la construcción de una patria de todas las patrias (todas las sangres, le llamó él), en que convivieran y se integraran los mundos indígena y occidental, con lo mejor que cada uno podía y tenía que aportar. Desde su punto de vista, la modernización no tenía que significar la renuncia del mundo indígena al valioso patrimonio cultural y social que había acumulado en milenos de existencia.

 

“El otro principio fue el de considerar al Perú como una fuente infinita para la creación… En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta que tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros”, Palabras de Arguedas en el acto de entrega del premio “Inca Gracilazo de la Vega”, (el actual boom gastronómico, el auge de la cumbia andina, entre otros fenómenos culturales, son expresiones directas de esta afirmación). Este era el tema que preocupaba al creador de Todas las sangres. Solamente los euro centristas consumados (extranjeros en su propio país los denominaba el novelista), podían asumir que la modernización significaba, simple y llanamente, la asunción de las técnicas, epistemología, artes y valores de occidente, asumiendo que los saberes y creaciones de los pueblos indígenas tenían que ser desechados, en tanto eran cosas anacrónicas, inútiles y de mal gusto.

 

PREFIGURANDO EL NUEVO PERU

 

La migración interna es el fenómeno social trascendental del siglo XX peruano, la fuerza que determina los rasgos sustantivos de la modernización del Perú actual. A despecho de las arbitrarias afirmaciones de Vargas Llosa y los acólitos que le quedan, Arguedas percibió el sentido y las implicancias de la migración andina y las nuevas formas urbanas que ésta inducía (formación de las barriadas). En un artículo publicado el año 1961, dice: “…En la peor barriada de Lima hay algo que no existe en la mayor parte de los pueblos y aldeas desde los cuales ha emigrado a Lima especialmente el campesino andino: la posibilidad de la emergencia, del ascenso, de la promoción. La organización que se mantiene congelada en las provincias andinas, no solo han sumido en una miseria espantosa al campesino…”

 

“Para el indio, el llaccta runa, y aun para el mestizo pobre, el porvenir está cerrado en esos pueblos con una cortina de acero e infierno. Esa imposibilidad de ascenso compromete aun a las clases mas altas que el mestizo pobre”. El Perú y las barriadas, artículo publicado en el diario expreso, Lima 24 de octubre de 1961. La interpretación de las causas y motivaciones de la migración están completamente clarificados.

 

En el haylli taki (himno canción) a Tupac Amaru, excepcional documento literario, sociológico y político, escrito originalmente en quechua, Arguedas expresa de modo resumido su visión y aspiración frente a la migración y sus potencialidades.

 

 

 

 

 

“¡SOMOS AÚN, VIVIMOS! (KACHKANIRAQMI)

“Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi sangre, cantando, edifiqué una casa. El río de mi pueblo, su sombra, su gran cruz de madera, las yerbas y arbustos que florecen, rodeándolo, están, están palpitando dentro de esa casa; un picaflor dorado juega en el aire, sobre el techo…

Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo…”, Haylli-taki. A nuestro padre creador Túpac Amaru. Himno-canción. (Poesía, Ediciones Salqantay), Lima, 1962.

 

No se ha cumplido acaso gran parte de estos sueños predictivos?. Comas, los conos y toda la ciudad de Lima, se han convertido en un espacio tomado y reconquistado por los migrantes de los cuatro suyos.

 

Dificultades de espacio nos obligan a citar de modo breve la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo. Como es conocido, esta obra se inspira en hechos y personajes escenificados en Chimbote. Ciudad bizarra, excepcional por su nacimiento y desarrollo. La palabra híbrido lo inventaron los griegos pensando en esta inmensa ciudad-barriada, que pasó de 10 mil habitantes a mediados del cincuenta, a 100 mil a mediados del sesenta. Con una migración aluvional de gentes de todas partes del país, con presencia mayoritaria de los andinos.

 

Esta mescolanza magmática y caótica, fue el laboratorio en que se prefiguró el nuevo Perú. Arguedas que empezó realizando un estudio antropológico por encargo del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Agraria, se percató del excepcional material que presentaba la eclosión social y cultural de la ciudad-barriada y decidió escribir una novela. Inicialmente la iba llamar “Harina mundo”, pero finalmente optó por El zorro de arriba …, precisamente por las implicancias de mestizaje y abigarradas tensiones culturales, que dado su carácter caótico y compulsivo él lo denominó “mamarracho”.

 

Es a partir de esta extraordinaria experiencia que Arguedas precisa su percepción sobre el futuro de las migraciones, el mestizaje y el rostro que asumirá el Perú nuevo que se abrirá con el ciclo de la “calandria de fuego…”, que presume no alcanzará a ver.

 

Cuarenta años después de creada esta novela y de su desaparición física, el Perú se ha convertido en un gigantesco Chimbote, se ha andinizado (cholificado en la expresión acuñada por Quijano) y el predominio del mestizaje cultural es evidente.

Las tendencias y signos que había expresado en su haylli taki a Tupac Amaru, van a verse realizados en sus aspectos sustanciales.

 

La evolución y los cambios de la música indígena-campesina, la histórica presencia de Flor Pucarina y El Jilguero del huascaràn, pasando por Chacalón y la nueva crema, los Shapis, de Chapulín el dulce, el tekno-huayno de Sonia Morales y Dina Paucar, la poderosa resonancia de la cumbia andina de los hermanos Yaipén y del Grupo 5; la avasalladora impronta de los olores y sabores de la gastronomía provinciana y andina, jalonan el recorrido y los frutos de la migración, de la fusión de pueblos y costumbres, en resumen del proceso de la modernización en curso.

 

Esta modernización se encuentra en pleno proceso de cristalización en una identidad nacional en que lo provinciano y andino han impuesto un sello indeleble e inconfundible sobre el conjunto de la sociedad peruana, de la nueva nación peruana que se gesta en los últimos 50 años. Arguedas entrevió y acompañó este devenir como pocos. Por eso no es arbitrario considerar a Arguedas el cantor de la gesta nacional, de la modernidad peruana.

 

Vicente Otta R.

 

Noviembre de 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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