Prologo a Yuyaypa k’anchaynin / Fulgor de mis recuerdos de Gloria Caceres Vargas. Julio Noriega Bernuy

 

 

 

Felicitaciones panicha!

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El empeño con el que intelectuales emergentes de distintas épocas se dedicaron a producir textos insólitos posibilita hablar, hoy en día, de literatura quechua escrita. Una literatura que no es tan solo quechua, sino bilingüe en quechua y en español, puesto que es la obra precursora de quechuahablantes letrados en español, escrita mediante una adaptación arbitraria del alfabeto castellano al quechua y, además, leída con mayor comodidad en traducciones al español que en su versión original.

 

El bilingüismo como lengua literaria en el mundo andino implica la superación del viejo conflicto entre el quechua y el español. Frente a la postura tradicional que en el pasado exaltaba las bondades de una lengua en desmedro de la otra y que hacía prevalecer preferencias lingüísticas de quienes luchaban por transmitir sentimientos y pensamientos de naturaleza andina a lectores no andinos, los escritores que en la actualidad optan por el bilingüismo literario reconocen con orgullo que el patrimonio cultural de los Andes está anclado entre las dos lenguas. Al escribir en indio y en cristiano a la vez, tal y como se comunican amplios sectores de la población andina, ellos promueven una literatura que con justicia, pero sin necesariamente desplazar el español de la función que le corresponde, instala el quechua en la esfera de la comunicación pública, no doméstica, y se proclama como una institución nueva. Dicha institución, menos elitista y más democrática, deberá contar con un circuito propio de textos, editores, bibliotecas y lectores bilingües en plena formación.

 

La trayectoria personal, profesional y literaria de Gloria Cáceres Vargas responde al esfuerzo de fortalecer las bases de este bilingüismo quechua español en el Perú. Nacida en el pueblo de Colta, en el departamento de Ayacucho, vivió la adolescencia, juventud y madurez en Chosica, Lima, donde se educó en español y se familiarizó con inquietos movimientos literarios que, como Hora Zero y Kloaka, cuestionaban la realidad peruana de las últimas décadas del siglo pasado. Por otro lado, los años de infancia transcurridos en su tierra natal y los frecuentes viajes de regreso, con el fin de pasar la temporada de vacaciones escolares en su pueblo, lograron que el quechua le tocara en el alma y allí, en lo más íntimo de su ser, encendiera la hoguera milenaria de quebradas, ríos y montañas que nunca duermen.

 

Igual que otros escritores contemporáneos en quechua y en español, Gloria Cáceres Vargas se ha dedicado a la docencia. Enseñó cursos de quechua y de castellano tanto en el Perú como en Francia, colaboró en el Programa de Educación Intercultural y Bilingüe y, en el campo de la administración educativa, fue decana de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta). Las obras con las cuales se ha instalado en el mundo andino de las letras bilingües se nutren del caudal académico de esta experiencia profesional que, desde la publicación de su primer poemario hace apenas un lustro (Munakuwaptiykiga / Si tú me quisieras…, 2009), le permite expresarse con la naturalidad artística de un letrado en dos lenguas y versado en varios géneros: traducción, narración y poesía.

 

Como traductora, Gloria Cáceres Vargas suele traducir sus propios poemas quechuas al español; sin embargo, cuando se trata de aceptar un reto especial para el que pocos intelectuales están preparados, también lo hace del español al quechua con resultados excelentes. Su mayor acierto es haber seleccionado los cuentos “Yawar willay”, “Hijo solo” y “Warma kuyay” de José María Arguedas y haberles devuelto, por medio de la reciente edición bilingüe de Warma kuyay y otros relatos (2011), el complejo universo simbólico y la carga emotiva e íntima del quechua, lengua en la cual los habría vivido, experimentado e imaginado originalmente el mismo autor antes de haberlos escrito en español. Este mérito de su contribución es, ciertamente, comparable a la tarea de un restaurador de arte porque restituye, en el plano de la lectura e interpretación, la dimensión oral quechua de un texto escrito o, mejor dicho, el entorno en el que podía haberse producido el enunciado del relato, restitución que por supuesto debe realizarse como paso previo al acto de la traducción en sí. En otras palabras, la traductora recompone, siguiendo los cánones sociales del mundo andino, el ambiente de relaciones de producción del discurso que condiciona tanto la naturaleza de la interacción entre los protagonistas como la verosimilitud de la historia que se cuenta. Al comentar este modo particular de trabajo que introduce Gloria Cáceres Vargas, una especie de arqueología andina del relato en la traducción, Gonzalo Espino Relucé lo denomina, desde otra perspectiva, “pedagogía del relato” porque, según él, “invita a su lector(a) a viajar sobre otras textualidades”.[1] Con el éxito rotundo en la traducción de los tres relatos mencionados, Gloria Cáceres Vargas se consagra como traductora profesional y se coloca, además, entre los traductores especializados en las obras de Arguedas, cuya calidad de trabajo está respalda con la autoridad y la trayectoria que tienen Leo Casas y Alfredo Torero.

 

Como narradora bilingüe, Gloria Cáceres Vargas explora una perspectiva inédita al rescatar la voz, la visión y la historia de la iniciación de una niña que se transforma en joven y, luego, en una mujer andina moderna a través de los viajes. Una lectura rápida de Wiñay suyasqayki huk willaykunapas / Te esperaré siempre y otros relatos (2010) advierte la presencia de un leitmotiv en torno a los viajes.[2] Desde el principio, se aprecia que cada uno de los tres relatos del libro se desarrolla partiendo de un tipo de viaje específico: el retorno a casa por vacaciones escolares, el paseo campestre en familia por un par de semanas y la estancia fuera de casa por temporadas largas debido a asuntos de trabajo. Por tanto, los viajes son reguladores de interacción social, ya que a la vez pueden unir y separar al hombre de sus propios semejantes y también de su entorno natural. La costa y la sierra, un pueblo con otro, la vida y el destino de los protagonistas dependen, pues, en última instancia, de la dinámica que promueven lugareños y foráneos y, sobre todo, de los cambios que provocan los viajeros en los lugares por los cuales transitan.

 

Ser viajero en el mundo andino estaba reservado sólo para los hombres, quienes, además de ser valientes, fuertes y hábiles, tenían que poseer sus propios medios de transporte, una recua de mulas igual que Túpac Amaru II o, por lo menos, burros y caballos como los arrieros y los terratenientes de antaño; a no ser que ellos mismos se condenasen a vivir la vida errante e itinerante de vagabundos y forasteros que deambulaban por las ciudades de entonces. Ahora, en cambio, con la construcción de carreteras y la creciente ola de emigrantes hacia las grandes metrópolis, la mujer también cumple el papel de viajera, sujeto y agente de cambios, y cuyo liderazgo ha transformado la imagen estereotipada de las “limacas”, empleadas domésticas que, imitando a sus patronas limeñas hasta en el modo cursi de hablar, andar y vestir, se negaban a seguir cultivando sus tradiciones y a hablar el quechua. La Lulacha, una de las protagonistas destacadas de los cuentos de Gloria Cáceres Vargas, es representativa de esta generación de mujeres viajeras. Aquella niña que, como tantas otras, había salido de su pueblo, Colta, para irse a vivir en Lima, empieza a conocer todo el Perú y a crecer en los viajes. Transita de la niñez a la adolescencia y luego se hace mujer, bailando en fiestas patronales, aprendiendo la tradición de los nuevos lugares que visita y, por supuesto, recorriendo desiertos de la costa y escarpadas montañas de la sierra. Sus aventuras infantiles de viajera son un ritual de iniciación que, en versión femenina, se asemeja al que en sus tiempos le abrió paso a la juventud al niño Ernesto de Los ríos profundos. Ya en la madurez, Lulacha renuncia al matrimonio porque, a pesar del gran amor que siente por su pareja, no le compensa la posibilidad de dedicarse a la labor de madre y ama de casa en Lampa, según el rol de la mujer en los pueblos andinos tradicionales. Decide, por el contario, trabajar en lo suyo y seguir viajando sola durante el resto de su vida.

 

Sin embargo, el pedestal que en los cuentos de Gloria Cáceres Vargas ocupa Colta, la aldea andina donde nació la escritora, adquiere un carácter emblemático. Mientras a numerosos lugares de importancia apenas se les nombra y en las ciudades de Lima y Arequipa no ocurre nada memorable, Colta se convierte en el axis mundi de los acontecimientos. Aparece descrita de manera minuciosa con familias, casas, calles, caminos, sembríos, andenes, cruces, colinas… y con el nevado del Sara Sara que desde lejos la vigila. Está, pues, en el centro mismo del mapa narrativo en el cual se registra el itinerario y el desplazamiento de la mayoría de los personajes, por lo que puede concluirse que todos los caminos conducen a Colta. Nadie deja de visitarla. Inclusive en el caso de que ni el punto de partida ni el de llegada se localice en Colta, los viajeros terminan viéndola aunque sea de paso. Los colteños de nacimiento vuelven allí de cualquier sitio, si no es para casarse, celebrar carnavales y otras fiestas, pueden hacerlo simplemente por el hecho de retornar a su tierra natal antes de morirse. Colta es, entonces, la aldea global de estos días; pero, al mismo tiempo, es otra Jerusalén, Santiago o La Meca para todo emigrante andino que ha sacralizado su pueblo de nacimiento y lo lleva en el corazón, como un santuario con el que, a su vez, consigue transformar sus viajes en una peregrinación continua hasta llegar, algún día, a su propia tierra, a Colta para salvarse al fin: “Coltaman chayaspaqa qispirisunmi / nos habremos salvado si llegamos a Colta”.

 

Finalmente, como poeta bilingüe, Gloria Cáceres Vargas pertenece a la corriente ayacuchana por el dialecto quechua en el que escribe y por la temática que desarrolla en su poesía.[3] En este sentido, también Yuyaypa k’anchaqnin / Fulgor de mis recuerdos (2014), el segundo y el más reciente poemario en su haber literario, se inclina a seguir la misma línea poética que el primero, Munakuwaptiykiqa / Si tú me quisieras, cuya tendencia intimista es cantarle, con una ternura entrañable, a los sentimientos en todas las facetas de la existencia humana.

 

No obstante, Yuyaypa k’anchaqnin / Fulgor de mis recuerdos introduce el contrapunto de voces como una innovación de gran originalidad en la poesía bilingüe en quechua y en español. A diferencia de la presencia de una voz colectiva que en coro hacía hablar o cantar a todo un pueblo, de manera especial en los haylli-taki triunfales del tayta José María Arguedas, Gloria Cáceres Vargas utiliza este recurso para crear varios interlocutores y hacerlos dialogar, inaugurando con eficacia una poética al alimón, un mano a mano o un adivina adivinador al estilo de los watuchis quechuas. Por eso, desde el primer verso hasta el último, el lector, mediante el acto de la lectura, asiste a un encuentro poético entre dos seres que, después de esperarse y buscarse tanto, se entregan al amor en cuerpo y alma; y que, sin embargo, no logran verse porque ambos están dentro de un ambiente oscuro, similar al de las adivinanzas y los cuentos orales, donde todo el universo se transforma en ecos que trascienden cualquier límite de tiempo y espacio. Dentro de este contexto casi mágico, es posible que un lector andino bilingüe olvide, en algún momento, estar leyendo el poemario e imagine, más bien, oír la voz de los amantes, la de los dioses y otros seres a quienes se les convoca y, por último, la de él mismo, al repetir las respuestas de los acertijos poéticos y pensar en la que propondría como la suya, en virtud de la invitación que se le hace: “Tiqsimuyu patanpi/ llumpaq unanchayninta suyani// ¡Kusikuylla!… (Al pie del mundo/ espero su divina sentencia// ¡Júbilo!…)”. Como se puede observar, la cita, que proviene del poema watuchi “Kaypiraqmi kachkani/ Aún estoy aquí”, lleva las huellas de César Vallejo en español y las de José María Arguedas en quechua, para después presentarse como un juego entre la voz poética y la del lector, donde claramente se distinguen las dos partes de las que se componen los watuchis.[4] La primera, cuyo inicio se encuentra fuera de la cita recogida y culmina su función explicativa con el verso “espero su divina sentencia”; y la segunda, independiente y sin identificación del emisor, que abre con “¡Júbilo!…” la lista de posibles respuestas pero que no la cierra, dejando el texto abierto al final, mediante los puntos suspensivos que motivan la participación del lector en responder o interpretar, a su modo, lo planteado en la primera parte.

 

Lo expuesto resume el trabajo que realiza Gloria Cáceres Vargas en calidad de escritora bilingüe y plantea que los tres géneros que cultiva —traducción, narrativa y poesía— son adaptables a la necesidad de asegurar la institucionalización de una literatura bilingüe y que se presentan de manera más interdependiente de lo que, en principio, podría parecer. La publicación de Yuyaypa k’anchaqnin / Fulgor de mis recuerdos es, pues, resultado de esta plasticidad creativa que, sin embargo, no ha sacrificado su esencia de poesía pura, diáfana y dulce, cuya expresión genuina, llena de recuerdos y esperanzas, fluye en dos lenguas como un río tranquilo que en dos ramales corre hacia la eternidad.

 

Julio E. Noriega Bernuy

Knox College, USA.

[1] Para una mejor aproximación sobre el tema, ver el trabajo de Gonzalo Espino (“Literatura peruana y las traducciones al quechua de Gloria Cáceres Vargas”. En Warma kuyay y otros relatos de José María Arguedas.

Lima: Editorial San Marcos, 2011. Traducción y selección de Gloria Cáceres Vargas).

[2] Fredy Roncalla, en su libro que acaba de publicarse, le dedica un estudio al tema de los viajes en la narrativa de Gloria Cáceres Vargas (Hawansuyo ukun words. Lima: Grupo Pakarina, 2014. pp. 100-104).

[3] César Itier es el primero en clasificarla dentro de esta corriente literaria (ver el “Prólogo” a Munakuwaptiykiqa / Si tú me quisieras de Gloria Cáceres Vargas. Lima: Punto y Grafía, 2009, pp. 5-9).

[4] Los watuchis están presentes en distintos trabajos de Gloria Cáceres Vargas. Antes de oficiar de escritora bilingüe, dio a conocer su estudio “Los watuchis, adivinanzas quechuas: una interpretación aproximativa de su naturaleza lingüística-literaria” (2007) y en sus cuentos también aparecen pasajes que recogen el juego de los watuchis (Wiñay suyasqayki huk willakuynapas / Te esperaré siempre y otros relatos. Lima: Universidad Alas Peruanas, 2010, pp. 94-97).

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