Presentacion de la novela “¡Allin Kawsay! El retorno de los Qhapaq Inka” de Javier Lajo

Presentacion  de la novela “¡Allin Kawsay! El retorno de los Qhapaq Inka” de Javier Lajo.

En esta primera entrega de la saga ¡Allin Kawsay!, titulada El Retorno de Los Qhapaq-Inka, se narra la marcha del Shanti y sus discípulos: Arnawan y Saraku, para trasladar una antigua y sagrada reliquia Inka desde Tiwanaku hasta el Paititi, en la selva del Cusco. Es en éste “peregrinaje”, a través del gran camino de los Qhapaq o “El Camino de los Justos”, donde transcurrirán grandes aventuras, llenas de tradición, misterio, romance y peligro. Pero será también, aquel camino sagrado, un magistral laboratorio capaz de instruirles una insospechada sabiduría milenaria. Allí, el Shanti, un Pureq-Paqho (Sacerdote-caminante) transmitirá a sus pupilos el secreto del manejo y uso maestro del “vínculo” que la humanidad guardaba y mantenía con la Pachamama y cómo criaban el equilibrio Intin-Pacha-Runa, con el cual la sociedad Inka recreaba el “Allin Kawsay” que es la manera correcta y justa de “vivir y existir en plenitud” de la naturaleza, la sociedad, del hombre y la mujer.

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Sólo una pequeña élite, como la que integraba el Shanti –protagonista de la novela- y sus maestros y discípulos sabrían que éste episodio del choque de Caxamarka y sus entretelones, fue el desenlace de un episodio más de una larga y milenaria contienda psíquica y física de civilizaciones, que tampoco terminó allí, sino que continúa, con protagonistas que a veces emergen de la clandestinidad de un feroz sometimiento colonial, que ya va durando poco más de 500 años. Protagonistas como el mismo Shanti, un viejo y querido Paqho o curandero, habitante y líder de las comunidades de la Isla del Sol en el lago Titicaca, al cual le fue encomendada una noble misión y debido a la cual había padecido la persecución y la tortura en manos de la religión de los wiracochas cuyas motivaciones secretas en este relato y en otros próximos, poco a poco nos serán reveladas.

El Shanti, instruido en la escuela de los últimos Hamuyiris –Amautas o Maestros Qhapaq, que sobrevivieron a la persecución y masacre ejecutada por los hermanos Pizarro luego de la invasión europea al Tawantinsuyu– sabía, y así lo recuerda nuestro relato, que Atawallpa, el último Inka, no fue ejecutado en Cajamarca, sino que fue secuestrado y en total secreto llevado al Vaticano, a Roma, en donde sería interrogado por el mismo Papa Clemente VII, en razón que para la monarquía invasora y para el Vaticano, el Inkarey valía mil veces más vivo que muerto. Allí se da el último combate verbal entre los Papas (Pontífices de los descendientes de Noe) y los Inkas (Pontífices de los pueblos americanos que supervivieron al “Diluvio Universal” o “Unu Pachakuti” último), es decir, se da la última confrontación de estos viejos contendientes post-diluvianos o “cabezas” de dos “ordenes” diferentes que oponían al Dios cristiano contra (la I-dolatría de) “Intin” o “la globalidad centralizada pan-andina” del Dios “I” del pueblo Puquina, que fueron los alarifes y constructores de Tiwanaku y del Qhapaq Ñan. Es en este trance, en pleno Siglo XVI, donde el “Inkarey” Atawallpa lanza desde Europa su estrategia de resistencia a la invasión, el Taqui Onqoy y dirige sus últimas órdenes -–de disolver el poder de los Ayllus y Panakas en el “agua sucia” de la dominación colonial— dejando preparado el terreno para el retorno de los Qhapaq-Inka, los que con su sabiduría intentarán –en las sagas posteriores- recomponer el equilibrio del mundo; de ese equilibrio basado en el Munay Inka y su Watana o vínculo Intin-Pacha-Runa, a través de ese poderoso instrumento que es el Qhapaq Ñan o Camino de los Justos, un increíble alineamiento de Ushnus-Intiwatanas que motivados por el ritualismo de los pueblos andinos, “amarran” la incidencia de la energía solar para la re-producción del Allin Kawsay o el fenómeno de la “Vida en su esplendor” para todos los pueblos del mundo. Nuestro protagonista y curandero el Shanti, su hijo Arnawan y Saraku, solo son la punta de la madeja de esa continuidad, de la resistencia Inka, que nunca se quebró.

Lima, 16 de Julio del 2015 – Javier Lajo.

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