Introduccion y primer capitulo de “Las primeras mitas de Apurimac al servicio de la las minas de Castrovirreyna”. Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

Nuestra solidaridad con los deudos de las victimas de la irracionalidad minera. Dada la grave situación en la provincia de Grau y en todo el departamento de Apurimac, donde el origen real de los conflictos radica en la arbitrariedad grotesca de considerar que las comunidades originaras son duenas de la superficie mas no del subsuelo  -cosa que se podría cambiar corrigiendo la constitución-  y reparando que la arbitrariedad legal viene desde los primeros momentos de la colonia, ahora convertida en la inclucion social de la muerte y la represión,  republicamos  la introducción y el primer capitulo de “Las primeras mitas de Apurimac al servicio de las minas de Castrovirreyna, de los profesores chalhuanquinos Ángel Maldonado Pimentel y Venancio Alcides Estacio Tamayo. Aqui se vera que la practica del poder de legislar  arbitraria y racistamente sobre la minería  y la tenencia de la tierra y los recusros naturales es de una larga data colonial. Este libro es el mejor trabajo de ethnohistoria publicado en las tres ultimas décadas, y qu e haya sido escrito fuera de la academia por intelectuales locales es mucho mejor. Gracias a la generosidad de los autores el libro se puede consultar en su totalidad.

Las primeras mitas de Apurimac al servicio de Las minas de Castrovirreyna


LAS PRIMERAS MITAS DE APURIMAC AL SERVICIO DE LAS MINAS DE CASTROVIRREYNA

INTRODUCCIÓN

El departamento de Apurímac, es uno de los pueblos con más rica historia en el Perú y por eso se torna necesario conocer su tradición desde la época pre-hispánica y la colonial, que dieron origen a la sincretización andino-occidental, forjando desde luego un proceso de unidad y de- sarrollo hasta nuestros días.

En base a esta premisa, formulamos la obra que lleva por título “LAS PRIMERAS MITAS DE APURÍMAC AL SERVICIO DE LAS MINAS DE CASTROVIRREYNA 1591-1599”.

El volumen que hoy presentamos a nuestros lectores, están divididos en tres partes. En su con- tenido recoge, la gran cantidad de manuscritos relacionados a la presencia forzada y compulsiva

de los nativos del departamento de Apurímac para la explotación de las minas de plata de Castro-

virreyna desde sus inicios hasta el año de 1600.
La primera parte, a manera de introducción, contiene tres capítulos que ayudan a comprender

el proceso de desarrollo del país en el tiempo señalado; ya que la invasión española de América y el Perú, significó el deseo de obtener metales preciosos, obviamente impulsados en gran medida

por la exploración y conquista. Asimismo en este acápite se puso en consideración las guerras ci- viles entre los coquistadores y las medidas para su pacificación. Luego, señalamos los argumen- tos que se hicieron deliberadamente para el exterminio de los nativos después del descubrimiento de América.

En el Perú, a inicios de la colonia hubo la necesidad del uso de las técnicas, instituciones y me- canismos andinos como: el cápac – ñan, los caminos y puentes, las mitas y la técnica de las gua- yras, que conjuncionados con la reorganización de poblaciones dispersas en reducciones y villas, se orientaron a la explotación de los ricos yacimientos mineros de Potosí y Porco que alcanzaron su mayor desarrollo a partir de la técnica del amalgama con el azogue de Huancavelica, al que se había sumado antes de finalizar el año 1600, el reciente descubrimiento de las minas de plata en Urcococha y Choclococha (Castrovirreyna).

Como es lógico pensar, luego del corto tiempo del desarrollo de la minería, se advierte el pau- latino descenso de la producción de la plata, con la rápida declinación de la población indígena,

más que nada condicionados por la aparición de las sequías, plagas, hambrunas y epidemias de corte europea que diezmaron a lo largo y ancho del virreinato. Esta disminución demográfica experimentada poco después de la implantación de las reducciones de Toledo; conllevó a una respuesta indígena con movimientos mesiánicos, milenaristas y nativistas de salvación nacional, como el “taqui onccoy” en 1565 y el “moro onccoy” que se dio en la provincia de Aymaraes en 1591. Estos movimientos de resistencia cultural andina al igual que otros, plantearon el rechazo de la religión cristiana por considerarlas la causante de sus desgracias, por haberlos apartado de sus dioses y guacas ancestrales; cuya contra ofensiva colonial desenvocó en la oprobiosa extirpa- ción de idolatrías llevadas a cabo por misioneros y curas doctrineros para doblegar la lucha de los nativos de este reyno. Esto motivó el reemplazo de las ordenanzas de Toledo por la Reforma Liberal de Felipe III.

En estas circunstancias, el Virrey don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, expidió

la Provisión de 1591 confiriendo poderes especiales al comisionado Francisco Gutiérrez Bonifaz,

para que en virtud de dicho mandato se saquen 500 indios de los antiguos ayllos Quechuas y Aymaras del Pachachaca, que corresponden a las actuales provincias de Aymaraes, Antabamba y parte de Abancay, a fin de que vayan a servir a las minas de plata de Urcococha y Choclococha. Para tal fin, el comisionado y juez, Francisco Gutiérrez Bonifaz había llegado primeramente al pueblo de Ccaraccara, actual centro poblado de Huancarpuquio, el día 2 de junio de 1591, desde donde avanzó y llegó al pueblo de Chalhuanca,el día 11 de junio para hacer las diligencias del caso, siendo cumplida dicha provisión en todas sus partes; concentrando cantidad de indios en la

localidad de Chalhuanca a partir del día 25 de Junio y el día 27 del mismo mes, dicho contingen- te de mitayos, partían de Sañayca con dirección a Castrovirreyna, al mando del capitán general

Pedro Vilcaroni, oriundo del repartimiento de Collana Aymara, quienes luego de un recorrido de

aproximadamente de 130 leguas, equivalente a 724.36 Kms., y después de casi 30 días de cami-

nata llegaron a las minas de Castrovirreyna.
La segunda parte de la obra está compuesta por la descripción de las mitas mineras del corre-

gimiento de la provincia de los Aymaraes que se dieron desde 1591 hasta 1599, es decir, los 25 turnos o mitas que laboraron en las minas de Urcococha y Choclococha de los cuales señalamos:

la 1a, 8a, 19a y la 20a mitas. En lo que respecta al año de 1599, se ha podido ubicar las tres mitas

que corresponden a todo el año, o sea la 23a, 24a y la 25a respectivamente.
En esta parte, se da a conocer la tabla de pagos de salarios en las minas de plata de Castro- virreyna, el pago de salarios a los mitayos, funcionarios y autoridades nativas, el cronograma de pagos, la fecha de pagos de los salarios y el cuartillo en las mitas. Asimismo, los cuadros de las mitas mineras de 1591-1599, clasificando a los nativos en A,B,C,D,E,F y G; que corresponden a los indios que sirvieron y fueron pagados, a los indios huidos sin servir, a los indios que no fue- ron entregados por los curacas, etc., es decir, en función de sus servicios en las diferentes mitas. Luego, se da a conocer las características de los 7 documentos donde aparecen nombres de los comisionados para pagar, la relación de los mineros de Castrovirreyna beneficiados con las mitas,

las conclusiones y la situación final del pago de salarios en las mitas.
En la tercera parte del libro, se presentan íntegramente los manuscritos de las mitas de 1591-

1599, que obran en los archivos de la Biblioteca Nacional, los cuales fueron transcritos paleográ- ficamente. Empieza con la provisión del virrey don García Hurtado de Mendoza, que viene a ser

la primera mita y está registrado con el código A-112, del año 1591; la octava mita de 1594, con

A-374; la 19va de 1597 con A-479 y la mita 20va de 1598 con A-232. En el año 1599, se tienen las mitas: 23va con A-219, la 24va con A-247 y la mita 25va con la A-242.

En lo que respecta a las características generales sobre su escritura de la Provisión y de los subsiguientes documentos, sus observaciones sobre el uso de las grafías, las contracciones, expre-

siones, el uso de los signos tipográficos, los topónimos y otros están desarrollados ampliamente

en el capítulo referente a la escritura de la Provisión.
En tal sentido, para la revisión y lectura de los manuscritos recopilados, solicitamos el trabajo

especializado de paleógrafos, para su correspondiente transcripción, particularmente por tratarse de nombres de personas, apellidos, lugares, firmas, abreviaturas, etc, escritos en idioma quechua

y castellano correspondiente al siglo XVI-XVII.
En el apéndice, se ha incluido en el No 01, el cuadro estadístico sobre los granos y salarios de

los nativos en las minas de Castrovirreyna 1591-1599 y en el No02 sobre el marquesado de Ca-

ñete, donde se encuentra ubicado como IV marqués de Cañete, el octavo virrey del Perú don García Hurtado de Mendoza.

No podemos terminar esta introducción sin expresar nuestro agradecimiento a todas las institu- ciones y personas que han colaborado en esta obra: En primer lugar, al personal de la Biblioteca Nacional del Perú. Luego, a los profesionales: Walter Huamaní Tito, de la Universidad Federico Villarreal y a Dionicio Pablo Ávila Chumpitaz, Licenciado en Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quienes tuvieron la amabilidad de leer y transcribir paleográficamente los manuscritos entre los años 2001 al 2004, trabajo que retomamos durante el presente año hasta culminarla.

La obra que presentamos nos complace en poner en manos del ávido lector, investigadores, profesionales, estudiosos y estudiantes, la misma que servirá como herramienta práctica para la

lectura o consulta, contribuyendo de esta manera a la reconstrucción de la historia regional y al fortalecimiento de la identidad de los apurimeños.

Lima, 2012

LOS AUTORES

PRIMERA PARTE

CAPITULO I

CONTEXTO INTERNACIONAL

En apenas tres décadas a comienzos del s. XVI, unos pocos miles de hombres al servicio de España descubrieron el hemisferio occidental y conquistaron gran parte de México, Centroamérica y Sudamé- rica, así como las islas del Caribe y también circunnavegaron el globo.

El deseo de obtener metales preciosos obviamente dio impulso en gran medida a la exploración y la conquista. La corona española necesitaba dinero para librar las guerras contra los franceses en Italia y los turcos otomanos en el mediterráneo. Los mismos conquistadores querían enriquecerse.

“Sólo vienen para obtener oro o riquezas de cualquier modo posibles”, escribió un historiador con- temporáneo citado por Lord Hugh Thomas. “Subordinaban el honor, la moralidad y la honestidad a este fin. . .”

Pero la gloria fue un motivo tan poderoso como el oro para que los hombres cruzaran mares tur- bulentos, marcharan por territorio inexplorado y lo reclamaran para un distante soberano. “Al oír la fórmula por primera vez, uno se ríe”, escribe Lord Thomas sobre los 190 españoles que, en 1513, “tomaron posesión” para su rey y reyna del Océano Pacífico y todas las tierras que lo rodeaban; la segunda vez uno se queda asombrado ante la audacia de Balboa y sus hombres. La inspiración para el atrevimiento provenía, en gran parte de los romances de caballería que dominan las listas de libros más vendidos en Europa a inicios del s. XIV. Nuestra época tan saturada por los medios apenas puede imaginar el efecto que estas novelas deben haber tenido en la “primera generación de hombres y mu- jeres capaces de leer libros como fuente de entendimiento”.

Los conquistadores narraron sus aventuras en los términos aprendidos en la páginas de un roman- ce llamado Amadís de Gaula., de un autor anónimo del S. XIV y sus imitadores, y les rindieron un home- naje perdurable en la geografía del nuevo mundo: California, Patagonia y el Amazonas recibieron sus nombres en honor a lugares o personajes de las novelas de esa época.

La mayoría de veces, por su puesto, los explotadores les dieron nombres con significado religioso: San Salvador, Trinidad, La Vera Cruz. A partir de Colón representaron sus obras como forma de labor misionera: ganar almas infieles para la iglesia. Pese a matar y esclavizar a los conquistados, muchos de estos hombres eran aparentemente sinceros al invocar una causa sagrada. Colón planeaba liberar a Jerusalén del control musulmán y pidió ser enterrado con un hábito de fraile franciscano. Magallanes hizo esfuerzos por convertir a los gobernantes de los pueblos que hallaba en su viaje histórico. La fe de los conquistadores de que tenían por delante una misión necesaria para imponer la fe verdadera fue confirmada por práctica de los aztecas del sacrificio humano. Los aztecas también jugaron un pa- pel en la conquista española: el emperador Moctezuma selló su suerte al recibir a Hernán Cortés, en 1519, a quien evidentemente había confundido con el dios Quetzalcóatl. Era natural, entonces, que los españoles vieran la conquista del ultramar como una cruzada, tras ocho siglos de lucha contra los “infieles” en casa.

Granada, último bastión musulmana de Europa, se rindió ante los “reyes católicos”, Isabel y Fer- nando, en 1492, pocos meses antes que se firmaran su contrato con Colón. El celo y la energía de la reconquista épica de la península ibérica halló entonces una vía de escape en el nuevo mundo. El afán religioso también fue responsable de los extraordinarios esfuerzos de los reformistas en los primeros años del imperio colonial para conseguir que España estuviera a la altura de sus principios. Dos déca- das después del primer viaje de Colón, regresaron los misioneros a la Madre Patria con informes so- bre colonizadores explotadores y la disminución de la población india. Convencieron al Rey para que convocara a una conferencia especial de teólogos y representantes de la corte.

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

La Conferencia, concluyó en que los españoles deben respetar la libertad de los indios y salvaguar- dar su seguridad, marcó el apogeo del idealismo imperial de la nación. Varios proyectos cada vez más utópicos bajo la dirección del Clero, sobre todo del “Apóstol de las indias”, Fray Bartolomé de la Casas, se fueron a pique ante la hostilidad de los colonizadores y la resistencia de los indios cuya población siguió disminuyendo.

8

CAPITULO II

LA SITUACION MINERA DURANTE EL VIRREYNATO ANTES DE 1,600

I. LAS GUERRAS CIVILES, PACIFICACIÓN Y MEDIDAS

Después de la conquista del Perú, no fue tan fácil implantar el nuevo régimen colonial, porque se produjo una sucesión de guerras tanto de resistencia inca, como de los propios conquistadores; así como las epidemias de corte europea que diezmaron a lo largo y ancho del virreynato, conllevando a la disminución de la densidad demográfica. En estas condiciones se trazaron deliberadamente una línea de exterminio de la raza india con la explotación de las minas de oro y plata.

En este contexto, antes de que la mita en general quedara organizada formalmente bajo la admi- nistración española, se fueron dictando algunas disposiciones que trataron de encausar la prestación de servicios personales de los indios.

El gobernador don Francisco Pizarro, hizo el repartimiento de indios entre los conquistadores y al principio hubo excesos en su distribución, por no tenerse entera noticia y la relación de tierras en su calidad y cantidad; quedando muchos conquistadores sin su parte en los repartimientos con que sustentarse.

Para la implementación de esta nueva administración colonial, el 15 de junio de l540, desde Madrid, el Rey dio instrucciones al gobernador del Perú, licenciado Cristóbal Vaca de Castro, de lo que ha de hacer en el virreynato del Perú. Sin embargo, el Rey ya había sido informado en el sentido de que los españoles trataban mal a los naturales al tomarles por la fuerza y contra su voluntad su oro y tierras, mujeres e hijos, como en haberles muerto a algunos en tormentos y molestias para sacarles sus rique- zas.

La mala distribución de los repartimientos, el retiro de los indios de las minas y la supresión de los servicios personales de los naturales, emitidos por el Monarca español, produjo el descontento entre los españoles. El establecimiento de un conjunto de leyes, llamadas leyes nuevas en noviembre de 1542, establecía el virreynato del Perú y el Rey regulaba la designación de las encomiendas y que debían regresar a la corona una vez muerto el encomendero. Para llevar a cabo la aplicación de estas leyes, se nombró como primer virrey del Perú a Blasco Núñez de Vela, quien llegó a Lima el 15 de mayo de 1544. Las leyes nuevas y su aplicación por el virrey le granjeó enemigos especialmente entre los pi- zarristas, por lo que Gonzalo Pizarro y otros encomenderos organizaron en el Cusco un levantamiento contra dichas leyes y el virrey, por lo que la Audiencia de Lima, se vio obligado en destituir al virrey don Blasco Núñez de Vela, desterrándolo rumbo a España el 18 de setiembre de 1544. Los oidores, suspen- dieron la aplicación de las leyes nuevas, esperando así aplacar los ánimos de los encomenderos reuni- dos en torno a Gonzalo Pizarro, pero éste llegó a Lima en octubre y exigió a que le nombrase como gebernador y capitán general del Perú, mientras que el destituido virrey lograba desembarcar en Paita para organizar y recuperar su gobierno. Ambas tropas se enfrentaron en Añaquito el 18 de enero de 1546, resultando vencedor Gonzalo Pizarro.Poco después Pizarro, debeló el levantamiento de Diego Centeno en la batalla de Pocona en agosto de 1546, con lo que había quedado temporalmente pacifi- cado y en virtud de ello, don Gonzalo Pizarro envió funcionarios a la corona española para negociar la perpetuidad de la encomienda y la gobernación vitalicia de Gonzalo Pizarro.

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

Sin embargo, Carlos V eligió como Pacificador a don Pedro de la Gasca, con el cargo de presidente de la Audiencia de Lima. La Gasca, un hombre de letras, antiguo rector de la Universidad de Salamanca, miembro del Consejo de la Inquisición y un hábil negociador y militar, llegó a Panamá en noviembre de 1546, donde le esperaba el pizarrista don Pedro de Hinojosa, a quien le otorgó el perdón por los delitos cometidos, además de grandes encomiendas de indios para él y sus seguidores, ante lo cual Hinojosa se pasó al bando real de La Gasca. Muchos otros encomenderos se acogieron a los jugosos ofrecimientos del Pacificador, mientras que él mismo organizaba la formación de un ejército desde México, Panamá y Cartagena de Indias. La primera flota salió de Panamá en junio de 1547, al mando de Lorenzo de Aldana, llegando hasta el Puerto del Callao, lo que motivó a que Gonzalo Pizarro, aban- donase la ciudad de Lima con destino a Arequipa.En el trayecto se enteró a que nuevamente Diego Centeno se había levantado para tomar la ciudad del Cusco.Ambos ejércitos chocaron en la llanura de Huarina, el 20 de octubre de 1547, siendo derrotado por don Francisco de Carvajal, el “demonio de los andes”. Mientras tanto, don Pedro de la Gasca, salió de Panamá y desembarcó en el Puerto de Manta, ofreciendo perdón y encomiendas a todos los que se plegaran a su bando, incluyendo a Gonzalo Pi- zarro. A su bando se unieron combatientes de Chile, Guatemala y personajes como Pedro de Valdivia, Benito Suárez, de Carvajal y hasta Diego Centeno, comandado por el otrora pizarrista don Pedro de Hinojosa. La superioridad numérica, logística y moral del bando del Pacificador los llevó a una fácil victoria en Jaquijahuana el 9 de abril de 1548, donde el derramamiento de sangre fue mínimo gracias a que la mayoría de los pizarristas se pasaron al lado de La Gasca, contándose sólo 20 los muertos en la batalla.Gonzalo Pizarro fue apresado, enjuiciado y decapitado, mientras que don Francisco de Carbajal fue sentenciado a la horca y posterior descuartizamiento. Con lo cual se dio por finalizado el primer levantamiento de los encomenderos.

La victoria de Pedro de La Gasca sobre Gonzalo Pizarro no resolvió por completo la situación del virreinato. El ofrecimiento de encomiendas había superado largamente las posibilidades del Pacifica- dor de contentar a todos los que se habían pasado a su bando, por lo cual dividió las encomiendas existentes que no pasaban las 150 en unas 218, pero siendo más de mil los beneficiados, entregó una suma de oro a los restantes. El 24 de agosto de 1548 se realizó el reparto en Cusco, generando mucho descontento entre los presentes, evidenciando que la situación estaba muy lejos de pacificarse.Luego La Gasca, partió del Callao, el 27 de enero de 1550, mientras que la Audiencia de Lima se hacía cargo del gobierno del virreinato del Perú hasta la llegada del nuevo virrey.

Antonio de Mendoza, saliente virrey de México, llegó al Callao el 12 de setiembre de 1551, nombra- do como nuevo virrey del Perú. Su valiosa experiencia sólo duró 10 meses y la Audiencia se encargó de nuevo del gobierno del virreinato, pero para entonces dicha institución ya había intentado abolir el trabajo remunerado de los indígenas. Esta situación nuevamente les había enfurecido a los encomen- deros y se unieron con los combatientes de las guerras contra Gonzalo Pizarro que no recibieron la prometida encomienda, quienes se organizaron en torno a la figura de Francisco Hernández Girón des- de 1550. Este movimiento sería la rebelión más importante desde Gonzalo Pizarro y estuvo precedido por las rebeliones de Luis de Vargas en Lima, de Miranda, Barrio Nuevo y Melgarejo en el Cusco y de Sebastián de Castilla en el Río de la Plata. La guerra de Hernández Girón empezó en el Cusco el 12 de noviembre de l,553. Luego de su victoria en Villacuri (Lima), Hernández Girón “entró al pueblo de Chal- huanca y de allí bajó al pueblo de Chuquinga y comenzó a entablarse en una fortaleza de los indios anti- guos de auca runa que tenía una puerta principal y detrás su puerta falsa”(1).En esta fortaleza derrotó a Alonso de Alvarado el 21 de mayo de l554, lo cual la historia lo registra con el nombre de la batalla de Chuquinga, ubicado a pocos pasos de la actual ciudad de Chalhuanca, provincia de Aymaraes-Apu- rímac. Los combatientes derrotados en Chuquinga se acoplaron a las huestes de la Audiencia ahora reunida bajo el mando de Pablo Meneses, quienes se dirigieron a la sierra central y avanzaron hacia la región del Collao encontrándose con las tropas de los encomenderos en la fortaleza incaica de Pucará (Puno), donde Hernández Girón fue desbaratado por las fuerzas reales de la Audiencia el 8 de octubre de 1554 y finalmente apresado y decapitado en la plaza mayor de Lima el 7 de diciembre de l554.

(1).GUAMAN POMA DE AYALA, Felipe, “La nueva crónica y buen gobierno”, México, 1998, Tomo II, pág.398

10

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

Según los datos militares, se afirma que en dicha insurrección murieron cerca de 500 españoles y 2,000 indios y se gastó de la Hacienda Real un millón y medio de pesos de oro, fuera de otros tantos que dieron personas particulares. Este dato coincide plenamente con la cantidad señalada por el Licen- ciado Juan Fernández. Por su parte el cronista mayor de habla hispana, don Antonio de Herrera recoge el dato en que la Audiencia de Lima en 1554, suspendió la ejecución de las provisiones del servicio per- sonal de los indios por 2 años y medio. Se confirmó por tanto, el propósito de la corona de reformar las encomiendas suprimiendo el servicio personal de los indios como parte de las tasaciones. Sin embar- go, las guerras civiles representó para los indios otra fuente más de gravámenes y servicios.

Don Andrés Hurtado de Mendoza, recibió la designación virreinal el 10 de marzo de 1555. Antes de su partida escribió una carta al emperador, manifestándole tener noticia de que en el Perú habitaban entonces cerca de 8 mil españoles, de los cuales no más de 500 poseían repartimientos de indios, un millar tenía algún negocio u oficio conocido y el resto carecía de medios para subsistir: era necesario, pues descongestionar la tierra de tantos elementos ociosos, que habían llegado ahí con la vana ilusión de conquistar tesoros e indios.

Teodoro Hampe Matínez citando a Rubén Vargas Ugarte, dice: “Con insospechada estrictez, el marqués de Cañete dictó la orden de ajusticiar a los rebeldes que permanecían impunes luego de las sediciones pasadas y a los soldados que insistían en reclamar mercedes. Asímismo, mandó desterrar a varios vecinos prominentes de la capital que se dedicaban a esparcir maledicencias en torno a su de- mora en proveer las encomiendas vacantes, y también hizo confiscaciones de armas, con el propósito de evitar nuevos brotes levantiscos. Al cabo de menos de un año de gestión- informaba con orgullo al célebre y sanguinario Duque de Alba- había hecho degollar, ahorcar o desterrar a más de ochocientos sujetos, lo cual contribuía a “dasaguar” el país de elementos nocivos(Vargas Ugarte, 1971, II:65).

Y “con miras al objetivo de instaurar un estado pacífico, el virrey puso en práctica otras normas de importante repercusión. Creó la compañía de gentiles hombres lanzas, con 1,000 pesos anuales de renta para cada uno de sus 100 oficiales y la subalterna compañía de arcabuceros con 50 individuos do- tados de 500 pesos al año, que debían formar la guardia cortesana”(2). Para evitar un inútil aumento de la población blanca en este virreinato, se contemplaban varias de las recomendaciones que formu- lara La Gasca al final de su labor en América.Se encargó al virrey que nombrase corregidores para la administración de justicia en los términos pertenecientes a ciudades, se le ordenó instaurar alcaldes indígenas, con la facultad de resolver pleitos entre nativos y protegerlos de eventuales abusos; se le comisionó designar oidores que saliesen a visitar los pueblos de indios, vigilando la ordenada supre- sión del servicio personal; se le advirtió la conveniencia de hacer edificar caminos, puentes, obras pías, etc.

II. DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA Y EL EXTERMINIO DE LOS NATIVOS

Desde un inicio, el descubrimiento, conquista y colonización de América concitó un intenso debate especialmente durante todo el Siglo XVI y las primeras décadas del Siglo XVII. La polémica era en torno a los siguientes temas: sobre la nueva tierra, sobre los indígenas y los motivos que puedan justificar la conquista española.

En este debate participaron las mejores inteligencias españolas de la época: teólogos, juristas y políticos. Nada similar se pudo encontrar en otro lugar, porque los españoles encontraron organismos políticos desarrollados y organizados en estados como los Aztecas e Incas. Pero, este descubrimiento no solo significó el cambio radical en la forma de organización de los pueblos conquistados, sinó que también supuso el quiebre conceptual en el seno de la sociedad conquistadora, que pareció inflamar las innumerables fantasías; como la existencia de: las Amazonas, gigantes, pigmeos, cíclopes y cino- céfalos que fueron solo algunas de las representaciones que atestiguaban la monstruosidad de los habitantes de América.

(2). HAMPE MARTÍNEZ, Teodoro, “La caída del imperio inca y el surgimiento de la colonia”, Editorial Milla Batres S.A. 2005, Tomo I., Pág 60, publicado por “La República”

11

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

1.Discusión sobre la naturaleza humana de los indios del nuevo mundo

Se inicia este punto con la siguiente interrogante – ¿Por qué unos humanos tendrían que dudar sobre la humanidad de otros humanos?-

Para dar respuesta sobre el particular, se dirá que tiene su punto de partida en la vigencia de aquella imaginación europea que no coincide con la observación real y concreta del hombre americano. Pero a pesar de haber sido constatados como humanos fueron considerados como si fueran seres inferiores debido a su desarrollo cultural.

Primeramente, la imagen salvaje de los indígenas americanos fueron escritos por Cristóbal Colón, por ejemplo, cuando señalaba la ausencia del vestido de los nativos, que fue uno de los claros indicios de “incivilidad”indígena, en la medida en que “ellos andan desnudos como sus madres los parió”(3), pero también reconocía que los indígenas eran “tan temerosos, que a una persona de los nuestros huyen cientos de ellos”(4).

El pensamiento humanista moderno de Pedro Mártir de Anglería, había recuperado muchos de los esteorotipos colombinos a fin de demostrar que las poblaciones americanas pertenecían a una edad dorada, desprovista de maldad, crueldad y codicia. Estos pobladores “son más felices, porque viven desnudos, sin pesas, sin medidas y sobre todo, sin el mortífero dinero en una verdadera edad de oro, sin jueces calumniosos y sin libros”(5). Fray Bartolomé de las Casas compartió con este orbe ideológico y contrapuso la inocencia, la bondad y la generosidad indígenas al recelo, la crueldad y la avaricia desplegada por los europeos durante la conquista y “parecía como que Adán no había en ellos pecado”. Incluso, Las Casas, incorporando algunas formulaciones realizadas por Colón, planteó la hipotética identificación de algunas regiones americanas con el mismo jardín del Edén. En tal sentido, el hombre tiene implícita en su naturaleza un conjunto de atributos esenciales: la racionalidad, la li- bertad, la sociabilidad: “Todo hombre- dice de Las Casas- tanto infiel, como fiel, es un animal racional y social y, por consiguiente, la sociedad o el vivir en sociedad es para todos ellos natural”.

Finalmente, todos los hombres tienen entendimiento y voluntad, todos tienen los mismos cinco sentidos y todos son capaces de desear el bien y aborrecer el mal. Fray Bartolomé de Las Casas, tomó una rotunda postura humanista al declarar que “los indios, como consta su comportamiento a quienes han tratado largamente con ellos, son hombres, personas, y no bestias o infrahombres, como algunos han pensado y dicho”(6). De esta manera, su concepción a cerca del hombre se centra en la idea de la unidad específica del género humano. Pués, todo hombre por el hecho de serlo, es digno de ser respetado y subtancialmente idéntico a todos los demás seres humanos.

2. Justificación de la guerra de exterminio contra los indios y su explotación

Sin embargo, el mismo Colón fue quien inauguró una especie de un nuevo mito, a partir del cual los indígenas dejaron de ser generosos, crédulos y cobardes para convertirse en ladrones, embusteros y crueles.

Fray Bartolomé de Las Casas, fue un domínico sevillano que llegó a América en 1502, siendo testigo de primera mano sobre su colonización. Vivió en América 50 años, siendo nombrado como apóstol y protector de los indios y más tarde como Obispo de Chiapas en México. Viajó por el Atlántico 10 veces recorriendo más que Marco Polo, una distancia de 15,451 leguas por las costas de: La Española (Haití y República Dominicana), Cuba, Santo Domingo, Nicaragua, Guatemala, Honduras, Venezuela, Panamá, Costa Rica y Cartagena de Indias; en cada una de ellas constató y escribió las atrosidades de la conquis- ta. El hecho que desencadenaría su dedicación vital a la defensa de los indígenas fue la matanza de los indios de Canonao (La Española) y la tortura del cacique Hatuey entre 1515-1517, cuando llevaba a cabo

(3).COLÓN, Cristobal, “Diarios de Colón”, Fundación José Antonio de Castro, 2006, pág 397.
(4).TODOROV, La consquista de América…, pág. 48.
(5).CRO, Stelio, “El buen salvaje de la edad moderna: Hackluyt, Montaigne y Pedro Mártir”, en Actas del X Congre- so de la Asociación Internacional de hispanistas, 1992, pág. 400.
(6).PÉREZ FERNÁNDEZ, Isacio, “Fray Bartolomé de Las Casas”, Edit, OPE, Caleruela, 1984, pág. 82.

12

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

su primer intento de defensa en la corte peninsular. Desde esa fecha su actividad incansable fue espe- cialmente en los temas: De la denuncia contra las encomiendas, la ilicitud de la conquista americana, la necesidad de una evangelización pacífica y la obligación de restituir la propiedad de los indios. Final- mente, había logrado influir en Carlos V, para la promulgación de las “nuevas leyes” o Leyes Nuevas de Indias de 1542, donde se moderaba la vigencia de las encomiendas y se evitaban el uso del término “conquista” y mandaban la penetración pacífica en los territorios, al cual Sepúlveda, se opuso.

Sin embargo, los planteamientos jurídico-teológicos y étnicos, sobre los nativos de América en- contró, sin duda en Juan Ginés de Sepúlveda como uno de los destacados tratadistas, que sustentó su obra a partir de las crónicas de Fernández de Oviedo. Sepúlveda, era un humanista de sólida formación aristotélica, seguidor del frayle franciscano Duns Escoto, quien criticó duramente a Santo Tomás de Aquino y en la discusión medieval sobre los universales era partidario de los nominales.

Ginés de Sepúlveda, cronista español, capellán y confesor personal de Carlos V, estaba respaldado en los planteamientos de Juan Mayor, profesor de la Universidad de París. Este escocés apelando a Ptolomeo y al filósofo Duns Escoto había sostenido que al otro lado del Ecuador vivían pueblos sal- vajes y que sobre este planteamiento de la existencia de “salvajes” Sepúlveda, se había constituido como el gran defensor y teórico de la conquista. Su tesis estaba a favor del uso de la fuerza y las armas para dominar a los indios; los cuales fueron expuestos en su libro escrito en latín en 1547, titulado “De- mócrates alter”.De justis belli causis apud indios (traducido al español como tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios); y se basaba en 4 argumentos:

a. Los indios son esclavos por naturaleza. Decía Sepúlveda y defendía el derecho del dominio de los españoles, sobre los indios, que implicaba la servidumbre o esclavitud natural de los indígenas, ya que por naturaleza eran seres inferiores carentes de juicio e incapaces de gobernarse a sí mismos. Por lo que les conviene por su propio bien someterse a los españoles, quienes deben cumplir su labor de tutela.

Al respecto, la conquista de América que se había llevado a cabo con toda la superioridad tec- nológica de los europeos de aquel entonces, había provocado toda una verdadera masacre de los indígenas, fue ante todo, una tremenda carnicería. “Los conquistadores españoles, por su escaso número, no podían imponer su dominio sino aterrorizando a la población indígena, en la cual pro- dujeron una impresión supersticiosa las armas y los caballos de los invasores, mirados como seres sobrenaturales”(7). I, para desvaratar el desorden y actitudes negativas de la conquista, Fray Barto- lomé de Las Casas, salió en defensa y sostuvo que la guerra por la que los indios han sido reducidos a esclavitud es injusta. Al ser la libertad un derecho natural es imposible perderlo. Los indios no pueden renunciar a la libertad. Ni puede haber razón alguna para someterles a la esclavitud. La esclavitud no es algo “natural” sino convencional, artificial, introducida por los avatares históricos. Por ello la libertad es el estado normal del hombre y si alguien es esclavo habrá que probar que lo es. “Si no se prueba lo contrario, hay que suponer que todo hombre es libre”(8). Pero, los planteamientos de Fray Bartolomé de las Casas, no se quedó allí, demostró que los nativos del nuevo mundo, eran iguales en sus faculta- des mentales, racionales y su libertad como los hombres de cualquier parte del mundo y en todos los tiempos, “los indígenas-sostenía- tenían uso de razón, tanto como los antiguos griegos y romanos, y que como criaturas racionales eran seres humanos. Como tales, los indígenas estaban cobijados por el derecho natural y eran titulares de los derechos a la libertad y a nombrar sus autoridades”. De esta manera, les abrió una nueva vida más allá de la esclavitud.

b. Los indios son idólatras y bárbaros. Según Sepúlveda los indios por su condición natural, son bár- baros. Pero, Bartolomé de las Casas, rebatió dando a entender por “bárbaros”, en sentido amplio, a aquellos que son “crueles, inhumanos”, pero si nos fijamos en esta acepción sería más fácil aplicársela a los españoles que a los indios a causa de sus atrocidades de la conquista.

(7). MARIATEGUI, José Carlos, “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana“Lima, Perú,1994, pág.44 (8). LAS CASAS,Bartolomé, “De regia potestate”, Volúmen 12, pág 37.

13

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

Sepúlveda, en su argumentación insistirá en que muchos indios son idólatras, caníbales, que se ha- cen la guerra para conseguir prisioneros que satisfagan su hambre de carne humana. Sin embargo, en su réplica Las Casas, argumenta, que: “No es competencia de la iglesia el suprimir por la fuerza el culto de sus ídolos, porque los indios no son súbditos suyos”(9). “Por tanto, la iglesia no puede en absoluto castigar a los infieles por pecados contra la ley natural ni por otros”(10).

c. Es menester liberar a los inocentes que hacen morir ofreciéndolos como sacrificio a sus dioses.

Efectivamente según Las Casas el culto idolátrico es abominable, pero los indios americanos sacri- ficaban víctimas humanas a divinidades que creían verdaderas. Y como los indios americanos eran paganos respecto al cristianismo, había que tratarles como infieles y no como herejes.

d. Según Sepúlveda, la previa sumisión de los indios facilita la predicación de los misioneros. Las Casas, sostiene que la extensión de la fe debe llevarse a cabo, mediante la persuasión y no por la violencia. Donde, “la criatura racional debe ser llevada a la fe y a la religión cristiana dulcemente, con blandura y suavidad, de manera que…con disposición natural, oiga, acepte, crea y reciba lo relativo a la fe”(11). Por ello, nadie puede creer -dice Las Casas-, sino queriendo. Por eso, sería sacrílego y es- túpido hacer la guerra contra los infieles para que escuchen el evangelio, cuando de ello surgiría odio de religión.

En aquella famosa Junta de Valladolid, de 1550 que se produjo el célebre debate. El principal asunto de la discusión no era sobre la esclavitud como tal, sino sobre si los indios americanos eran esclavos “por naturaleza”. Esta polémica era entre el Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés Sepúlveda y era solo el punto culminante de un debate que se vivía en la sociedad española con mucha intensidad durante décadas precedentes. La discusión, había quedado inconclusa y por ello se volvió a convocar el año siguiente. En la disputa no hubo resolución final. Los 2 exponentes se consideraron vencedores. La primera representada por de Las Casas, donde sus “afirmaciones convierten en un defensor no sólo de los derechos de los indios, sino de los derechos humanos sin más”(12) y la segunda por Ginés de Sepúlveda.

En este contexto, siguiendo a Sepúlveda que justificaba el exterminio y la guerra de la conquista no faltaron otros planteamientos como del funcionario novohispano Alonso de Zuazo, quién identificó la “tría peccatela”, para referirse a la asociación entre la sodomía, antropofagia y la idolatria, que incluía un conjunto de pecados de carne donde están comprendidos: las orgías, el incesto, la poligamia, los sacrificios humanos y las borracheras; concordantes plenamente con el enfoque del cronista oficial de Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, quien en forma clara y categórica los identifica como hechos contra natura construyendo un relato fuertemente ideologizado y etnicista. De tal suerte el sevillano Franciscio López de Gomara, en base a los planteamientos de Fernández de Oviedo y Hernán Cortés justificó el sometimiento religioso de los indígenas de América; porque: “no conocen al verdadero Dios y Señor, están en grandísimos pecados de idolatría, sacrificios de hombres vivos, comida de carne humana, habla con el diablo, sodomía, muchedumbre de mujeres y otros así”(13).

Frente a estos planteamientos, los cronistas peruanos de los períodos toledano y post-toledanos, no se quedaron al margen de esta caracterización; siguieron la corriente de Sepúlveda, entre ellos por ejemplo el padre José Acosta en 1570, señalaba a un grupo muy pequeño de las sociedades de la costa como “salvajes semejantes a fieras que apenas tienen sentimiento humano”, “se diferenciaban poco de los animales: andan también desnudos, son tímidos y están entregados a los más vergonzo- sos delitos de lujuria y sodomía”. Aunque, Pedro Cieza de León, ya había advertido que: “antiguamen-

(9).LAS CASAS, Apología, capítulo VII, pág 5
(10).LAS CASAS, Bartolomé de las, “Apología”, edición dirigida por V. Abril, capítulo XXIII, Pág. 158
(11).LAS CASAS, Bartolomé de, “Obras completas de Bartolomé de las Casas”, edición de Paulino Castañeda Delgado y Antonio García del Moral, Madrid, Alianza, 1990, Volumen 2, pág 29
(12).ZAVALA, Silvio, “La defensa de los derechos del hombre en América Latina, siglos XVI-XVIII”, México, UNAM, 1982)
(13).LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco, “Historia general de las Indias”, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pág 7.

14

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

te, antes que los incas reinasen, en muchas provincias andaban los hombres como salvajes, y que los unos salían a dar guerra a otros y se comían como ahora hacen de la provincia de Arma y otros de sus comarcas”(14). Pero, no solo allí ocurría sino también con los indios de los llanos, o yungas así como en los chonos de la región de Guayaquil y los chiriguanos de la región boliviana.

Tanto fue la ofensiva de Toledo, quien siguiendo fielmente las prohibiciones de Felipe II del año de 1577, también terminó con la prohibición de investigar acerca de la historia y las costumbres de los naturales, en un intento de perpetuar una versión del pasado andino políticamente convenientes a los intereses de la corona. Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales, reivindica la actitud de los in- cas, porque en la expansión territorial supuso la expansión de su rectitud moral, sexual y cultural, a tal punto que según Vásques de Espinosa, lucharon contra el pecado de sodomía; por ejemplo: Inca Roca en la costa sur a los que cometían “el pecado de nefando los hizo quemar vivos y sembrar sus casas de sal para que solo quede memoria del castigo”. Igual hicieron Túpac Inca Yupanqui y Pachacútec. Este último en su conquista a las provincias de Huamalíes, Pincos, Huari, Piscobamba, Cajatambo y Huaylas “quemó algunos sodómicos, que había para que con el castigo se enmendasen y hubiese escarmiento”(15).

Después de la conquista, a medida que pasaba el tiempo, los españoles a pesar de la declaratoria de guerra de exterminio a los nativos, tenían la necesidad de la prestación de servicios personales de los indios en los nuevos repartimientos, las haciendas, los ingenios y centros mineros del virreynato, solo pudo haberse solucionado reeditando la mano de obra de los yanaconas en base a las mitas in- cásicas, que impuso el Virrey Francisco de Toledo; en base al enfoque del pasado incayco en las obras de Polo de Ondegardo y Juan de Matienzo destacados letrados, y sobre todo conocedores de los andes. En este aspecto, Toledo siguió los planteamientos del licenciado Juan Matienzo, Oidor de la Audiencia del río de la Plata, autor de Informes y proyectos y también de un tratado general sobre el gobierno del Perú en 1567. Matienzo, planteó que los indios eran “pusilamines y tímidos”, “desde niños que comienzan a andar se les enseñan a cargarse y trae cada uno su quipi”, dando a entender que naturalmente fueron nacidos y criados para servir. Decía que los indios son más recios de cuerpo que los españoles y sufren más que ellos. “Cuánto más fuerza tienen en el cuerpo tanto menos tienen de entendimiento”, por lo que “son enemigos del trabajo, amigos de la ociosidad…de emborrachar- se e idolatrar”. Es decir, si Falcón se acerca a Bartolomé de las Casas, Matienzo prolonga la línea del pensamiento de Sepúlveda.

De esta manera “El régimen colonial desorganizó y aniquiló la economía agraria incaica, sin re- emplazarla por una economía de mayores rendimientos”. El trabajo de las minas y las ciudades, debía hacer de él un esclavo. “Los españoles establecieron con el sistema de las “mitas”, el trabajo forzado, arrancando al indio de su suelo y de sus costumbres” (16).

III. LA NECESIDAD DEL USO DEL CAPAQ ÑAN, LOS CAMINOS Y PUENTES

Otro aspecto importante y de mayor preocupación durante las primeras décadas de la colonia, fueron los caminos, con que se unían los pueblos; siendo los mismos que se utilizaron en el Tawantin- suyo. El estado Inca había construido una red vial para un ágil tránsito del hombre a pie, movilizando prestamente al invencible ejército imperial, las llamas de carga, los colonos mitimaes y las andas de la nobleza, pues era una admirable y eficiente ruta peatonal, con un sistema de caminos, tambos, depó- sitos y puentes. El camino troncal, llamado Cápac Ñan, era “la vía principal” que recorría longitudinal- mente la cordillera andina, desde el norte de Argentina hasta el sur de Colombia, con una dimensión aproximada de 4000 Km entre Quito y La Paz, medido paso a paso, que en muchos de los tramos aún

(14).CIEZA DE LEÓN, Pedro, “Segunda parte de la Crónica del Perú”, Madrid, Tipografía de Manuel G. Hernández, 1880, Capítulo CXII
(15).VÁSQUES DE ESPINOSA, Antonio, “Compendio y Descripción de las Indias occidentales”, Primera parte, Capí- tulo XCVI, Madrid, 1992, pág. 767-768.

(16).MARIATEGUI, José Carlos, “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana“Lima, Perú,1994, pág. 57.

15

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

se encuentran empedrados y con varios metros de ancho y paralelamente a esta vía existió otra ruta no empedrada, que corría por la costa uniendo los pueblos yungas. El Cápac Ñan (17) y el camino cos- teño estuvieron unidos de trecho en trecho, por numerosos caminos transversales que se dirigían de la costa a la sierra. Durante los primeros años de la invasión española, muchos cronistas lamentaron la falta de cuidado. Los caminos “…se están deteriorando más y más… debido a nuestra negligencia y descuido”, observó Bernabé Cobo. Además, el tráfico pedestre y de llamas en tiempo de los incas no infligía el daño que sí produjeron los españoles con la introducción del caballo, las caravanas de mulas y las carretas que transitaban por los caminos como si fueran carreteras trasladando metales preciosos, el azogue y mercaderías hacia los centros de acopio.

(17). El Qhapap Ñan o camino de los Qhapap. “K’apah” o “KKHÁPAKK”, en el diccionario quechua-castellano del pa- dre Jorge Lira A., tiene por significado de: cabal, exacto, justo. Qhapaq Ñan significaría Ruta o camino de los justos, de los cabales, o nobles y Santos, puesto que en idioma puquina (ancestro del Quechua y Aymara), “Khapaj” significa santo, noble.

La red de caminos incas fue uno de los retos de ingeniería mayores jamás emprendidos en el nuevo mundo riva- lizando al sistema de caminos romanos del viejo mundo. El camino inca, tanto en el concepto como la obra, que tan bien ilustra Ricardo Espinoza Reyes en su libro- “La gran ruta Inca, el CAPAQ ÑAN”-, publicado el 2002, nos hace ver la puesta en valor para que pueda ser declarada por la UNESCO, como patrimonio cultural de la humanidad, para revalorar el trazado del camino estatal inca .

Pedro Cieza de León, un joven soldado español que viajó por el camino principal de la sierra en la década de 1540, decía: “Dudo que haya registro de otro camino comparable a este atravesando profundos valles y elevándose sobre altísimas montañas, a través de montones de nieve, pantanos, roca viva y ríos turbulentos”.

El Cápac Ñan, impresionó mucho a los primeros viajeros españoles. Presentaba tramos “bien construidos, embe- llecidos con empedrados, puentes de columnatas de piedra, canaletas y terraplenes que elevaban el camino sobre terrenos pantanosos. Canteras locales o salientes rocosas cerca al camino servían como fuente de piedras para su construcción. Las secciones del camino con gran pendiente eran resueltas con escaleras, hechas de piedra natural o labrada; debido a que no se conocía la rueda, las escaleras eran una buena solución para las pendientes muy pro- nunciadas”

El Inca, acompañado de su corte, ejércitos encargados de aplastar alguna de las frecuentes rebeliones o en guerras de conquista; grandes caravanas de llamas transportando productos y bienes para ser almacenados en los depósitos esparcidos por todo el territorio; burócratas en misiones administrativas; mitimaes siendo llevados a algún lugar como colonos; o chasquis, los ágiles corredores que llevaban mensajes de un extremo a otro del imperio. Los cronistas escribieron que los chasquis, utilizando este sistema de postas, cubrían 250 Km por día, entregando mensajes entre Quito y Cusco en una semana, menos de lo que toma a una carta hoy en día, viajar entre una ciudad a otra. Podían incluso llevar pescado fresco del mar a la mesa del Inca en el Cusco, en menos de 2 días. Como anotó Cieza, “…ni los caballos ni las mulas podían viajar más rápido”.

En este sistema complejo de los caminos, estaban construidos los tambos de mediano o escaso tamaño hasta cen- tros administrativos como Huánuco Pampa: Complejos habitacionales con callancas para hospedar a los viajeros, así como cocinas comunales, corrales para las llamas y depósitos para las provisiones del tambo. El experto en Incas, John Hyslop, consideraba que existían más de 1000 tambos a lo largo de la red de caminos. Generalmente, los viajeros encontraban un tambo cada 3 ó 5 leguas, es decir 15 ó 25 Km, lo que equivale más o menos a una jornada de viaje. Esparcidos por los caminos habían también postas para los chasquis, puestos de control en los cruces de los puentes y en lugares estratégicos, apachetas y adoratorios.

Los puentes que se encontraban a lo largo de los caminos formaban parte integral del sistema. Los Incas no co- nocían el arco, en vez de eso construyeron puentes suspendidos para superar las grandes quebradas o cañones. El puente colgante más famoso de todos, que inspiró a novelistas, viajeros y exploradores por igual, cruzaba el cañón del Apurímac, al oeste del Cusco. El viajero norteamericano E. George Squier lo vio en la década de 1860, poco antes de que colapsara. El describe cómo “/colgaba/ muy en alto en una curva delicada… y hacía maravillosamente frágil y fantasmal”. La gente, remarcaba el viajero, lo cruzaba en las mañanas, “antes de que empezara a soplar el potente viento por el cañon del Apurímac con gran fuerza, haciendo al puente mecerse como una hamaca gigante”.Según Squier, registraba 45 m de largo y unos 35 m sobre las aguas. Este puente sobre el río Apurimac, era el más grande, largo y alto que se conocía entre todos los puentes colgantes del mundo Inca, fue atravesado por los estudiosos Markham, Wiener y Squier.

En la orilla del Apurímac también había un templo o adoratorio muy mentado, en un lugar llamado Huarina o Huaynarima”, según el cronista Bernabé Cobo.

16

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

En la colonia, sin este servicio de caminos no se podía transitar y como quiera que había mucha de- mora en el recorrido de los comarcanos, entonces surge la necesidad de hacer puentes especialmente desde la ciudad de Trujillo hasta la ciudad de Lima y de allí hasta el Cusco; pero el más prioritario fue sobre el río Apurímac a 20 leguas del Cusco en camino hacia Lima, tal como informaba el gobernador licenciado Lope García de Castro en 1566. En su carta relativa al gobierno temporal de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, en noviembre de 1593 daba cuenta a su Majestad sobre la construcción de puentes de piedra sobre el río Chancay y en el gran río Apurímac, haciendo entrever que se pagaría a los indios que han de trabajar la obra.

IV. LAS REDUCCIONES, LAS MITAS Y LA APARICIÓN DE CIUDADES MINERAS

El Virrey Francisco de Toledo, fue quien durante su gobierno, resolvió 3 problemas:

1. La mano de obra.- Resolvió con el empleo del antiguo sistema de la mita del incario. Durante la colonia la mita era el trabajo obligatorio y por turnos que los indígenas debían realizar en la agricultura, las minas y obrajes. Toledo, puso al servicio de España un viejo mecanismo andino, instituyendo la mita minera en Potosí, donde una séptima parte de los tributarios estaban ubicados en un radio de 200 leguas de Potosí, entre el Cusco y el Lago Titicaca.

En 1571, la carta de Toledo desde la ciudad del Cusco, nos parece ilustrativa en la historia de la mita minera, donde el virrey vuelve a reiterar sobre la conveniencia de hacer trabajar a los indios en las mi- nas, con el fin de que los naturales de esta tierra paguen sus tributos y dejen de ser ociosos.

Como se sabe, desde los inicios de la colonia, luego, de la distribución de los indios, se reclamó y aplicó una excesiva jornada laboral disponiendo los turnos para los trabajos en las minas; siendo de 9 meses de abril a diciembre, seguido de una especie de descanso que duraba del 15 de diciembre al 15 de abril, donde los indios y caciques estaban en sus pueblos; porque era el tiempo de lluvias, y hay mucha agua y van crecidos los ríos y no se puede coger oro y además -se decía- que en enero y febrero los indios cavan y barbechan las tierras para sembrar.

Pero, en tiempo del Virrey Toledo cambió bastante; pués, la jornada diaria se incrementó más, fue de sol a sol; porque se instaló 2 turnos durante las 24 horas: Uno del día y otro en la noche. El trabajo nocturno abarcaba del anochecer al amanecer, con 2 horas de descanso entre una y otra jornada du- rante todo el año; haciendo exclusivo el trabajo de los indios, porque ellos entendían las labores y eran los jornaleros del reyno; “no hay españoles para ese menester, ni suficientes negros, ni mulatos”. Lo único que hizo Toledo fue el de elevar el salario de los indios. Este período de apogeo de la minería en el Perú, fue gracias a la mano de obra abundante en este reyno.

2. La reducción de los indios y la movilización de la mita hacia las ciudades mineras.- Toledo no solo efectuó la reducción de los naturales en pueblos o villas, lo cual poco o nada se había hecho antes de él; sino que movilizó organizadamente a los nativos para dar respuesta a los nuevos requerimientos de la actividad minera que empezaba a consolidarse. Pero, al mismo tiempo de la movilización de los pueblos originarios se forja el nacimiento de ciudades mineras más importantes en la segunda mitad del siglo XVI. Las nuevas urbes coloniales surgían inmediatamente después del descubrimiento de una mina considerable. Estas ciudades obtuvieron status en una suerte de “meritocracia” basada en la riqueza de sus respectivas minas, por lo que los monarcas españoles prodigaban calificativos hono- ríficos a los pueblos donde se ‘quintaba’ buenas sumas para la corona; entre aquellas ciudades fueron Potosí, Huancavelica y Castrovirreyna.

Potosí, inmediatamente después de su descubrimiento del Cerro Rico, se le otorgó con el título de ‘Villa Imperial’, que para el censo de 1572 tenía una población de 120,000 habitantes, es decir 6 veces más que Lima y por encima de Sevilla, la ciudad más poblada de España y que solamente Venecia en el mundo podía rivalizar en número de habitantes.

Huancavelica, nace como “Villa Rica de Oropeza” en la llanura de Seccha, fundada con el nombre de Oropesa en memoria al esclarecido linaje del Virrey Francisco de Toledo. A fines del Siglo XVI, Huan- cavelica albergaba cerca de 5,000 personas, cifra que incluye a 3,000 indios mitayos.

17

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

Castrovirreyna, en 1594, Felipe II, confirió el título de ciudad a esta pequeña población de mineros, que al comienzo tenía 2,000 trabajadores mitayos. Castrovirreyna, lleva en homenaje al apellido de doña Teresa Castro, de su rango como esposa del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete.

3. La organización de la minería.-Cuando había una sensación de agotamiento de los minerales su- perficiales y la fiebre tan desordenada y la profundización de los socavones de manera desatinada, el Virrey Toledo decide ver con sus propios ojos y realiza varias visitas a las regiones mineras. Pués, los elementos recogidos en estos viajes pasan a ser tratados en las célebres “ordenanzas” que el virrey promulgara en 1574 y “rigieron con muy pocas variantes durante todo el régimen colonial”. Las orde- nanzas fueron inicialmente 90, organizados en 10 títulos y son: “1).De los descubrimientos, registros y estacas; 2).De las demasías; 3).De las medidas y amojonamientos; 4).De las Cuadras; 5).De las labores y reparos; 6).De las entradas de unas minas en otras; 7).De los despoblados; 8).De los socavones; 9).Del alcalde mayor de las minas y orden que ha de guardar en la determinación de pleitos; 10).De los des- montes, trabajo y paga a los indios”(18)

Comentando algunos aspectos esenciales de estas normas se tienen lo siguiente:
* “..Ellas consagran en primer término el derecho originario del Rey sobre el suelo y el subsuelo. Sin autorización de las autoridades de la corona, ningún particular podía apropiarse de una mina

o extraer minerales de ella”

  • *  Quien encontrara una mina debía registrarla a su nombre y pagar a la corona un 20 % sobre laproducción bruta, impuesto conocido como el “quinto” real.
  • *  El descubridor podrá ‘estacar’ una mina de 80 varas de largo por 40 de ancho y además otra de60 por 30, pero dejando entre ellas un espacio de 60 varas que pertenecen al rey. De manera que la propiedad minera estaba por lo común dividida en 3 cuerpos: una mina ‘descubridora’, otra ‘salteada’ y una tercera real o fiscal conocida como ‘estaca del Rey’. Esta última se vendía en subasta pública y era adquirida generalmente por los propietarios colindantes
  • *  Se reconocía el derecho de partir y dividir las minas por herencia o compra.
  • *  Que las minas podían estar pobladas, esto es ‘trabajadas’ por lo menos por 8 indios ó 4 negros;etc.; etc.
    De esta manera, las medidas de Toledo contribuyeron a la implantación definitiva del sistema eco-nómico mercantilista del Perú y el monopolio comercial con España en base al surgimiento de la gran minería, cuyo florecimiento fue a partir de 1580 a 1650; estimándoles todo un caudal de esta tierra y de donde salieron los quintos para la Real Hacienda, gracias a la explotación de los ricos depósitos de plata de Potosí, Porco, Castrovirreyna, etc. , mediante la amalgamación con el azogue de Huancave- lica.Pero, el monopolio comercial, se había establecido desde los primeros momentos de la colonia, por el cual sólo España podía comerciar en forma cerrada y exclusiva con sus colonias. Para lo cual, en 1561 Felipe II, precisó que los únicos puertos de entrada y salida en la metrópoli eran Cádiz y Sevilla y en América: Veracruz, Callao, Cartagena y Portobelo. Este dispositivo duró hasta 1778, año en que el Rey Carlos II, al ver crítica la economía española decretó el comercio libre.

    V. DESCUBRIMIENTO DE LAS MINAS DE AZOGUE Y LA PROPIEDAD DE LA CORONA
    1. Antecedentes
    A inicios de la colonia, internacionalmente, el azogue se transportaba desde España a la América

    hispana.Pero este aporte empezó a escasear en México a raíz del incendio sufrido por las minas espa- ñolas de Almadén en 1550, como se explicará más adelante.

    (18). Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, “Minería Colonial del siglo XVI”- 2da parte, Fascículo IV, pág. 12.

18

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

Este trascendental procedimiento de amalgama en frío, fue gracias al sevillano Bartolomé de Me- dina. “Como consecuencia del descubrimiento de Medina y para liberar el costo que suponía las re- mesas desde España, se ordenó la búsqueda de minas de azogue en las propias indias españolas. En México se hallaron yacimientos de valor, pero en el Perú, el descubrimiento de la mina de Huancaveli- ca (1564) proporcionaría dicho elemento no solo a la minería peruana, puesto que incluso, en ocasio- nes, se llegó a exportar azogue al propio México. El proceso de amalgama se usó en el Perú a partir de 1572”(19). Para este procedimiento, se usaba y llevaba el azogue a Potosí y a las minas de Porco.

2. Descubrimiento y su explotación en el Perú

Después del descubrimiento de Medina, “todavía transcurrieron tres años hasta que Garcés llevara al Perú el nuevo método”. De esta manera, en 1559, el portugués “Enrique Garcés fue el descubridor del mercurio en el Perú…”(20) .

En el Perú se introdujo por orden del Virrey Francisco de Toledo en 1572. Al comienzo ocasionó la oposición de los mineros, pero a medida que descubrieron su significación económica y notaron un mayor rendimiento en la producción de la plata lo aceptaron. La plata se la separaba de la amalgama por destilación del mercurio.

– Es necesario saber – ¿Qué significaba el término azogue? -El azogue, es un vocablo que le fue dado en la lengua árabe, en la que su significado era “correr”. Este producto, fue utilizado como insumo en el proceso que permitía obtener mayores cantidades de plata pura cuando el mineral no era de muy alta ley. Pero, se advierte que a este vocablo no se le dió su traducción al quechua.

Sin embargo, antes de la llegada de los hispanos, el uso del azogue en Huancavelica, fue conocido desde tiempos inmemoriales. “Los indios excavaron las minas de cinabrio sin pretender otra cosa que el bermellón, que apreciaban tanto como los romanos, y que empleaban con análogos fines que és- tos. Los usaban mucho, especialmente cuando iban a la guerra, embijándose los rostros porque les parecía que así infundían terror entre sus rivales, al adoptar colores sangrientos”(21)

– ¿Qué es el bermellón? – Es la tierra roja. De esta suerte, cotejando las definiciones de los más ver- sados de la época se tiene lo siguiente: Para Santo Tomás, autor del Lexicón o Vocabulario, bermellón es “puca allpa”, para el autor anónimo de 1586 del mentado “Arte y Vocabulario de la lengua general del Perú”es “ychma” y para González Holguín en su Vocabulario de la lengua general (Lima 1608) “ychma”es “color de fruto de árbol que nace en capullo”o el “color colorado, fruto de un árbol”. Por otro lado, en el idioma de la nobleza inca, el polvillo se denominaba “ychma”, el pueblo lo llamaba “llimpi”(22) Según Garcilaso, el bermellón sólo era usado por las mujeres de sangre real, y de éstas, ex- clusivamente por las mozas en días de fiesta, trazándose rayas del ancho de una paja de trigo, según queda dicho, desde las comisuras de los ojos hasta los sienes (23) Hay un testimonio de que también se utilizaba disuelto en un ungüento con el cual se embalsamaban los cadáveres de los Ingas”(24)

– ¿Cómo se obtenía el bermellón? – Se machacaban el mineral valiéndose de unos rudimentarios conachos, llamados por los españoles “maraes”, y por los indígenas “maran” o “maray”(25) Hablando sobre los batanes donde se molía el mineral; reciben indistintamente en los tres diccionarios utilizados

(19). RIALP, Ediciones S.A., “Historia general de España y América”, Madrid, España, 1982, Volumen 10, Número

No 1, pág. 700
(20). LOHMANN VILLENA, Guilermo, “Las minas de Huancavelica en los siglos XVI y XVII”, Fondo Editorial 1999, Pontificia Universidad Católica del Perú, Pág. 14.
(21) LOHMANN VILLENA, Guilermo, “Las minas de Huancavelica en los siglos XVI y XVII”, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, Fondo Editorial 1999, Pág. 12
(22). SANTO TOMÁS, Domingo, “Grammática o Arte de la lengua general de los indios”, Valladolid, 1560, pág 144. (23). GARCILASO DE LA VEGA, Inca, “Comentarios Reales”, Libro Octavo, Capítulo XXV, pág. 137 (24).BORRAGAN, Alonso, ”Crónica de la Conquista del Perú “, Sevilla , 1948, pág 79
(25).SANTO TOMÁS, Domingo, “Gramática o Arte de la Lengua General de los indios” ,Valladolid, 1560, pág. 127.

19

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

la traducción de “maran”, “maray” o “urcón”. Sobre la moledora, Santo Tomás no define, en cambio Gonzáles Holguín define como el “urcón”, “tunay” o “cutana”.

El descubrimiento del azogue por los españoles en nuestro país es una leyenda, que se inicia en 1563, cuando el español Amador de Cabrera, encomendero de Angaraes, conoció a Gonzalo Ñahuin- copa, cacique del pueblo de Chacas, al cual hoy llamamos Acoria. En junio de ese mismo año en la Procesión de Corpus Christi, en Huamanga, don Amador encomendero español a la sazón Gobernador de Huamanga, llevaba en una mano el guión Parroquial y en la otra, su hermoso y refinado sombrero, cuyo cintillo de oro esmaltado de brillantes, valía 6 mil ducados. Cansado por la multitud, decidió en- tregarle el sombrero al hijo de Ñahuincopa, un niño de 10 años de nombre Filipillo, quien era su paje de don Amador.

En medio de tanta gente, las danzas y otras actividades, Filipillo lo perdió el sombrero y en su in- certidumbre huyó del lugar pensando que sería severamente castigado por su amo, se fue donde su padre a ocultarse y contándole lo sucedido. Al día siguiente padre e hijo se hicieron presentes en la casa de don Amador, pidiendo perdón para su hijo, por la pérdida del sombrero y lo perdonó y dijo que vuelva a la casa, porque “yo y mi esposa Inés lo queremos como a hijo” y en agradecimiento se acercó a su amo y besó la mano de don Amador: “Tu generosidad y nobleza me obligan a revelarte un secreto que te hará hombre más rico del Perú”

En la mañana siguiente cogieron acémilas, caballos y llamas y 3 acompañantes con los cuales se en- rrumbaron al cerro de Huancavelica, primero llegaron a Chacas, un hermoso lugar en el que atravesa- ba un río cristalino y frío, lugar donde vivía Ñahuincopa, quien explicó a don Amador de Cabrera, que dentro de este territorio se hallaba el cerro Wanca Wilca, que quiere decir “piedra sagrada”, o “ídolo de piedra” y éste tenía varios socavones que contenían sustancias que buscaban los mineros Garcés y Contreras , ahí hay bastante “llimpi”. Don Amador, no perdiendo tiempo, cogió la tierra roja en una bolsa y el líquido plomizo, espeso y escurridizo en una calabaza y volvió a Huamanga.

Al volver a su casa contó a su esposa Inés, quien mandó encerrar en una carceleta al cacique Ñahuincopa junto a sus 3 acompañantes y fue a visitar a su amigo el minero Garcés, quien no estaba muy seguro que era azogue , así se fueron a otro especialista en minería don Pedro de Contreras, habiendo certificado que era el verdadero mercurio.

De inmediato el encomendero Amador de Cabrera, lo registró en la ciudad de Huamanga ante Lope de Barrientos, alcalde ordinario de dicha ciudad el 1° de enero de 1564, quien escribió: “Está en el cerro Huancavelica situado en unas punas áridas, despobladas y frías, a veinte leguas de Huamanga , tiene más de una legua de subida , y su base dos leguas de rodeo, hay muchas quebradas, y algunos descansos a manera de llano, y antiguos socavones grandísimos que taladran sus laderas, obra de los incas. Puede andarse la mayor parte a caballo, y en la corona y remate de él, hace una mesa, en don- de don Amador de Cabrera halló su mina Descubridora, con mucha peñolería, levantada encima de la tierra”(26). Años más tarde, en otro Cerro denominado Chacllatakana, un nativo llamado Fernando Huamán descubrió otra veta de azogue, la cual para el asombro de los españoles estaba ingeniosa- mente construida por estacas y astas de venado.

Es sabido que Amador de Cabrera, a la mina de mercurio lo puso el nombre “La Descubridora o de todos los Santos”, después llamada como la “Mina Santa Bárbara” que en la cumbre del cerro, fue allí donde los españoles iniciaron sus trabajos.

Luego, 7 años después del descubrimiento de las minas de mercurio, la ciudad de Huancavelica fue fundada por el alcalde Mayor de Minas don Francisco de Angulo el 4 de agosto de 1571, con el nombre de “Pueblo Rico de Oropesa”, por la real orden del Virrey Toledo, Conde de Oropesa; a media legua del cerro por donde suben y bajan los indios y a una legua de un áspero camino por donde van los ca-

(26).YAURICASA VERÁSTEGUI, Alder W., “Descubrimiento de la mina de azogue” Web: http://www.Huancavelicaperu.com.

20

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

ballos. Diez años más tarde, por gestión del minero don Juan de Sotomayor, obtuvo el título de villa. La villa rica de Oropesa, posteriormente fue reconocido como “Huancavelica”

La importancia mayor que tuvo el azogue, fue cuando el producto exportable de la mina de Huan- cavelica, el “azogue en caldo”, fue transportado en ingentes cantidades y durante muchos años hacia los yacimientos de plata del altiplano. Según Mariano Baptista Gumucio, el largo viaje del azogue hasta Potosí comprendía los tramos por tierra, Huancavelica-Chincha, a lomo de mula y de llama; tra- mo marítimo Chincha-San Jerónimo-Arica; y a partir de allí, nuevo recorrido terrestre. “…Desde la orilla del mar las recuas se dirigían a los valles de Azapa y Lluta para enfrentarse después al desierto, bordeando los volcanes Payachatas, luego la zona de Chonquelimpe, al norte del Lago Poopó, Cha- llapata, Conquechaca y al Cabo, Potosí, era de 70 pesos corrientes, mientras a la corona le costaba en Huancavelica 40 pesos…”(27).

3. Dificultades en la explotación del Azogue.

“El Gobernador García de Castro hizo incoar pleito sobre la mina al mismo magistrado sobre quien pesaban las acusaciones de cohecho. El 8 de noviembre de 1565, el Fiscal Monzón interpuso la instan- cia, reclamando todas las minas de Huancavelica para la corona y acusando a sus tenedores entre ellos al propio Cabrera, de usurpadores, por haber explotado yacimientos sin licencia competente. Subsi- diariamente, pidió restitución de más de cien mil pesos que afirmaba haberse obtenido ilícitamente en mineral. Los oidores mandaron librar carta de emplazamiento en forma contra Cabrera y demás encausados, para que comparecieran en este juicio contencioso”(28) . Fue propósito de Toledo ins- peccionar personalmente las minas de Huancavelica, pero la aspereza del camino y la destemplanza de su clima, le obligaron a desistir de su primitiva decisión. Desde el asiento de Angoyacu, cerca de Huamanga el 27 de noviembre de 1570 confirió comisión al Doctor Gabriel de Loarte, alcalde de Corte de la Audiencia de Lima y al Secretario Alvaro Ruiz de Navamuel, para que en representación suya re- corriesen las minas, apreciasen las vetas y su posible potencia, cantidad de mineral que sería factible extraer anualmente…”(29)

El 1o de setiembre de 1572, Toledo libró un auto, en el que conminaba al dueño de la “Descubrido- ra”, para que en plazo de 10 días compareciera en el Cusco. Acudió el emplazado.

El virrey le dijo que iba a proceder a incautar sus propiedades. “Compulso y atemorizado, se avino a celebrar un nuevo concierto con el Gobierno. Suscribiéndose el documento en deleitosa (Andahua- ylillas), el 14 de octubre siguiente”(30) “Toledo, lleno de ambición al saber que en Huancavelica exis- tían minerales de azogue, compró a don Amador de Cabrera en 250 mil ducados la mina de Santa Bárbara, vinculándolo en la corona real la propiedad de esta mina y el expendio del azogue. Cabrera arrepentido se fue a Madrid donde inició pleito, pidiendo primero el doble de lo recibido y después, un millón, sin haber podido coseguir ninguna de sus peticiones”(31).

Profundamente insatisfecho contra este desahucio. Posteriormente, cabrera formuló en renunciar definitivamente de sus propiedades a favor de la corona, a trueque de una gracia equivalente, siendo el mismo magistrado Loarte que 2 años antes había hecho investigaciones en Huancavelica. Gabriel Loarte haría inscribir en una nómina todos los establecimientos industriales, cabañas, herramientas y demás accesorios levantando inventario. Y, propuso como solución 3 medidas: a). administración a cargo del estado, b). Cesión en arrendamiento por un canon fijo, como Almadén, y c). Celebrar un convenio de locación con los industriales radicados en el lugar.

(27).Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, “Minería Colonial del siglo XVI”- 2da parte, Fascículo IV, pág. 9. (28).LOHMANN VILLENA, Guilermo, “Las minas de Huancavelica en los siglos XVI y XVII”, Fondo Editorial 1999, Pontificia Universidad Católica del Perú, pág. 34.
(29). LOHMANN VILLENA, Guilermo,ob, cit., pág. 46.

(30) Archivo histórico del Ministerio de Hacienda del Perú. Sección Colonial. Legajo 257.
(31).LOHMANN VILLENA, Guillermo, “Las minas de Huancavelica en los siglos XVI, XVII y XVIII”, Sevilla, España, 1949, pág 21-22

21

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

4. Alquiler del azogue a los mineros de Huancavelica

Posteriormente, al tomar posesión de la mina de azogue, comenzó los trabajos por cuenta de la corona en setiembre de 1570, bajo la conducción de Francisco de Toledo, cuya administración se localizó en 67 gobernadores y super-intendentes de Huancavelica que se sucedieron hasta el año de 1782. En este trabajo no se practicó por administración real, más bien fue por el gremio de mineros con quien el Virrey a nombre del Monarca, celebraban un contrato que era de arrendamiento de largo plazo con particulares y mineros de la zona. Dicho contrato se llamaba asiento. El primer asiento fue hecho por el Virrey Toledo en 1577. El último asiento fue por otra Provisión del Virrey don Francisco de Borja por 4 años que terminaron en 1782, siendo Saravia el último arrendatario.

Cuando contaba ya con 43 minas, socavones y lavaderos del cinabrio, se produjo la venta de la mina de azogue y la toma de posesión por el Dr. Gabriel de Loarte, prácticamente era una expropiación, que fue hecha por el Virrey don Francisco de Toledo en 1573, permaneciendo en manos del estado, de modo que a los particulares únicamente se les entregaba la concesión para su explotación, pero la producción pertenecía al estado, por lo que los mineros particulares estaban así, obligados a vender al estado su producción. Como señalaba Lohmann Villena funcionó como un “estanco”, el llamado es- tanco del azogue. De esta manera el azogue constituyó como propiedad de la corona española. Luego, durante el mandato del virrey don Fernando Torres y Portugal, Conde de Villar, en la villa de Oropesa, el 6 de enero de 1586, el corregidor don Rodrigo de los Cantos de Andrada , con ayuda de sus asesores redacta una relación de la Villarrica de Oropesa y de las minas de Huancavelica, en la que explica que el cerro de Huancavelica está en la tierra de los indios Angaraes, de la encomienda de Amador de Ca- brera, término y jurisdicción que era de la ciudad de San Juan de Huamanga.

En la administración del marqués de Cañete se arrendó por 8 años, recaudando como utilidad para la corona de 27 mil quintales de azogue. Por su parte el virrey Luis de Velasco, informaba a su Majes- tad, que el arrendamiento de las minas de Huancavelica se volvió a hacer con 13 mineros, por 4 años a partir de 1599, los cuales han de dar utilidades para el Rey por 4 mil quintales de azogue a 34 pesos ensayados, los que fueron 6 pesos menos por quinta a diferencia del arrendamiento anterior. Quedan- do claro con ello, que las minas del azogue eran del monarca español en posesión y propiedad, aunque al inicio los mineros creían que eran suyas como las minas de plata.

VI. CASTROVIRREYNA: DESCUBRIMIENTO DE LAS MINAS DE PLATA EN URCOCOCHA Y CHOCLOCO- CHA

Otro acontecimiento importante que se produjo en el Perú antes de 1600, fue el descubrimiento de las minas de plata de Urcococha y Choclococha, a 14 leguas de Huancavelica.

Este descubrimiento se debe a una tradición. Todo empezó, cuando una mañana en el palacio virreynal, doña Teresa de Castro, esposa del Virrey don García Hurtado de Mendoza, recibió en Lima la visita inesperada de un indio en el patio del palacio, seguido de varias llamas cargadas de barras de plata solicitándole ser madrina de uno de sus hijos, a cuya solicitud aceptó. Doña Teresa, por honrar más al compadre prometió que antes de 15 días se pondría en camino para la sierra. Cinco o seis sema- nas después doña Teresa de Castro, con varias señoras de Lima, un respetable Oidor de la Audiencia, 3 capellanes, gran séquito de hidalgos y 50 soldados de a caballo hicieron su entrada en el miserable pueblecito del indio. Éste había tapizado con barras de plata el espacio que mediaba entre el sitio don- de se apeó la virreyna y la puerta de su choza.

En 1590, Antonio Péres Griego descubrió las minas de oro y plata de Orcococha. Gracias a este descubrimiento el 27 de mayo de 1591, el Virrey García Hurtado de Mendoza, dictó una Provisión para fundar una nueva población con el nombre de Castrovirreyna. El Virrey, dio a conocer a su Magestad en octubre de 1591, adjuntando documentos y recaudos que ilustraban dicho suceso, entre los que se encontraban: El título o instrucción impartidas a don Pedro de Córdova Messía, la relación de los indios que repartió, la provisión del virrey y el testimonio de la fundación de Castrovirreyna; además, el informe de los sitios, lagunas y cerros de las minas de Urcococha.

22

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

1. Fundación de Castrovirreyna y el gobierno de la ciudad

Mapa de la mina de Castrovirreyna en el Siglo XVI (32)

Don Pedro de Córdova Messía, caballero de la orden de Santiago, fue comisionado para que funda- se una villa y la pusiese el nombre de Castrovirreyna, en homenaje a la mujer del virrey marqués de Ca- ñete, doña Teresa de Castro, por quien le dieron este nombre; y repartió 2 mil 100 indios para la labor de las minas de las provincias más cercanas. El comisionado, habiendo buscado el sitio más apropiado, la hizo en una llanada llamada Coycapalca o “Coycapallcca”, que en lengua de los nativos significa “la junta de 2 ríos”, y habiendo hecho las ceremonias necesarias para la fundación repartió los solares, nombró regidores, tomando posesión de ella en nombre de Su Magestad el día 22 de julio de 1591 y desde entonces fue villa hasta el 8 de agosto de 1594, fecha en que el Rey Felipe II le otorgó a Castrovi- rreyna el título de ciudad, de conformidad a una cédula, hecha en el Pardo el 8 de noviembre de 1593, y así se llamó la ciudad de Castrovirreyna , la cual fue fundada en la provincia de Chocorvos del distrito de la Audiencia de Lima; teniendo por escudo unas lagunas, que son las que cercan los cerros, donde están las minas de plata. Estaba exento del pago del derecho de alcabala por 6 años; tenía 100 casas, una calle principal y otras calles colaterales; una plaza y en ella la iglesia y casas reales, aunque todos los edificios eran de adobes, bajos y cubiertos de paja.

(32). STERN, Steve, J.“Los pueblos indígenas del Perú y el desafío de la coquista española”, editorial Alianza, Madrid, 1982, pág 35

23

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

Bella Durmiente en la ciudad de Castrovirreyna

En la ciudad de Castrovirreyna(33) había 2 tribunales, el del gobernador y de los oficiales reales. Es- tos tribunales eran servidos por un alguacil mayor y otros menores y el escribano de Cabildo, que era público; el gobernador se ocupaba del gobierno de la ciudad y de la labor de las minas, además del cuidado de los indios que vengan de las diferentes provincias, para que sean bien tratados y pagados. Los oficios de los ministros no tenían salario, eran vendibles y renunciables, los cuales se instituyeron cuando se fundó la ciudad; el de alguacil mayor se vendió en 16,000 pesos de a 8 reales, el del escriba- no en 3,000 pesos; en año nuevo se elegían al alférez real, 4 regidores, un alcalde de la hermandad y un procurador de la ciudad, los cuales eran aprobados por el gobernador. Además, la ciudad tenía por propios la Correduría y mojonería.Por otro lado, la iglesia parroquial de esta ciudad era de la ad- vocación de Nuestra Señora de las Nieves y en los cerros habían 2 advocaciones de San Agustín y San Juan. En 1610 habían 4 cofradías: Del Santísimo Sacramento, de Nuestra Señora, de la Vera Cruz y de las Ánimas. Los lunes, jueves, viernes y sábado de todas las semanas se celebraba una misa cantada por los cofrades. Luego, de contarles “a los indios todos los días que sirven. Los domingos por la ma- ñana, en la pampa se les decía la Doctrina”. Sin embargo, se les señalaba, que: “Ellos son miserables, flojos, no les importa el dinero y se huyen y esconden. El informante manda a sus provincias a todos los indios, menos a los muertos”(34). También habían 3 hospitales, uno en la ciudad, instituida por el marqués de Cañete con el nombre de hospitales reales, donde se curaban a los indios enfermos que venían a trabajar a las minas.

(33).Castrovirreyna.- Ubicada en la bajada del abra Chonta, rumbo a Pisco. Allí se inicia la meseta de Catrovi- rreyna, singular porque en ella se encuentra localizadas no solo los más importantes centros mineros (Caudalosa Grande, San Genaro, Astohuaraca, Palomo), sino además porque hay el sistema de lagunas más grandes y bellas como: Choclococha, Pultocc, Orcococha, San Francisco, Pacococha; en cuyas islas, islotes y playas se desarrolla una rica y variada fauna y flora altoandina. Uno de los paisajes huancavelicanos más conocidos por su belleza, es la laguna de Choclococha, la cual se ubica entre los distritos de Santa Ana y Pilpichaca, en el camino de Huancavelica a Castrovirreyna. Está sobre los 4,200 msnm y tiene una superficie de 15 Kms y una profundidad de 14 metros. Su importancia como fuente de agua va para 3 grandes ríos de la zona. Choclococha constituye también un impor- tante símbolo en la historia y cultura huancavelicana. Sin duda, el lago más importante en toda la región de los andes del sur es Titicaca. Sin embargo, Choclococha tuvo gran importancia como lugar de origen de sus ancestros. Al respecto la historiadora María Rostworowski, indica que las lagunas de Choclococha y Urcococha son descritos como pacarinas de los Chancas por diversos cronistas como Cieza de León, Guamán Poma de Ayala y Vásquez de Espinoza. Esto quiere decir que eran considerados como los lugares de origen de los primeros padres del pueblo Chanca; pero no solo de la pacarina de los Chancas, sino también de los Pocras de Ayacucho y los Wankawillkas de Huancavelica y está muy cerca al actual pueblo de Castrovirreyna. En esta ciudad, se encuentra prácticamente las faldas de la magestuosa y eterna bella durmiente.

(34).ZAVALA, Silvio, “El servicio personal de los indios en el Perú(extractos del siglo XVI)”, Tomo I, Colegio de Méxi- co, 1978, pág 182

24

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

“Había en esta ciudad el año de 1610, ochenta y seis hombres, sin los que entran y salen, los 26 eran casados y entre ellos había tres portugueses, 20 extranjeros, los 11 genoveses, siete corsos, un sabo- yano, otro levantisco y de ellos los seis compuestos por permisión del Virrey”. “Las principales ha- ciendas de esta ciudad son minas e ingenios… ”, Además “hay ocho mercaderes con mercaderías de España y de la tierra que viven allí por la plaza, sin otros que a menudo acuden a la contratación”(35). Fuera de estos pobladores de la plaza, en la misma fecha, habían más de 400 mineros dueños de las minas, 2,000 mitayos o peones, destinados a la explotación de las minas de plata de buena o igual calidad de Potosí y Porco, que le dio fama y prosperidad durante casi 2 siglos.

2.Descripción de las minas de plata

La descripción de esta tierra hecha por aquellos años nos decían que: Al norte de la ciudad de Cas- trovirreyna se ubicaban las minas de plata, la cual tenía en contorno 20 leguas de jurisdicción. “Toda la tierra es doblada y fría” solo crece en ella el icho. El temple de la ciudad a causa de ser tierra alta y de los vientos es muy frío, siendo más intensos entre los meses de junio a septiembre. Se localiza a 4,200 msnm y a 105 Kms de la ciudad de Huancavelica. Pasan junto a la ciudad 2 ríos, que nacen a 2 leguas que proceden de las nieves y lagunas. Estos ríos sirven a los ingenios para moler los metales y lavarlos. Luego, desembocan en el mar por el puerto de Pisco. Hay 6 lagunas en esta comarca. La una en lo más alto del cerro de la Trinidad, a 3 leguas de la ciudad; estos ríos bañan los ingenios de plata que son los de Ayala y de Francisco Conterino.

“En los cerros de San Juan del Griego y de la Trinidad hay registradas más de 50 vetas principales, y en ellas más de 400 minas de a 60 varas de largo y 30 de ancho cada una. Las de San Agustín y Santa Lucía son muy ricas y buenas, y sin éstas hay otras muchas en otros cerros, todas de plata”. En este distrito no hay salinas, ni salitrales, ocúpanse en las minas 20 mayordomos españoles y 1,500 indios.

La plata se beneficia por azogue del siguiente modo: hay 13 ingenios de agua y ninguno a caballo; trajínanse los metales desde las minas a los ingenios en llamas.

VII. INGENIERÍA Y TECNICAS MINERAS DE MEDIO SIGLO

Entre los años de 1550 y 1600 se dieron significativas transformaciones tecnológicas. Se incorpora- ron nuevos conocimientos para mejorar los procesos de tratamiento de los minerales y para facilitar las labores minero-metalúrgicas.

1. Sobre la extracción.- Requería de trabajo libre o forzado (mita minera), además se debía gastar en madera, herramientas, iluminación (velas de sebo), recipientes para el acarreo, obras de desagüe y otros. En esta fase se nota la división y diferenciación del trabajo, porque los barreteros eran traba- jadores con cierto grado de especialización y su salario era mayor; sin embargo, los cargadores fueron mitayos, es decir la mano de obra.

2. La molienda del mineral y su preparación final.- En términos de esfuerzo físico requería menos trabajo, pero era mayor la inversión en represas, ingenios de molienda, caso de beneficio, compra de mercurio, hierro, sal, cobre, plomo, combustible y fuerza motriz animal.

Para esta operación al principio se mantuvo el uso de los ya conocidos ‘marayes’ o quimbaletes, luego se emplearon los trapiches o unidades menores que fueron de 2 clases: de rastra y de codo, ambos movidos por la fuerza de agua o por mulos.

Posteriormente, se emplearon los ingenios de agua, o los ingenios hidráulicos, cuyas partes cons- titutivas de su estructura eran: a). una bóveda construida de cal y piedra, b). Dos columnas de cal y piedra llamadas ‘castillos’ c). Una viga transversal sobre estas columnas denominada ‘madre’; d). Ver- tical a ésta, otra viga llamada ‘peón’; e). En uno de sus extremos se sujetaba la ‘alaymosca’, enorme piedra circular con un radio de 14 pulgadas, que por su dureza era la mas adecuada para el molido del metal.

(35).VÁSQUEZ DE ESPINOSA, Antonio, “Compendio y Descripción de las Indias Occidentales”, Madrid, 1969, pág. 354.

25

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

Estos ingenios, funcionaban en sitios provistos de agua, a donde llegaban recuas de centenares de llamas cargando los trozos extraidos del cerro, lo cual significaba una operación morosa y cara. Sin embargo, la molienda del mineral se podía hacer todo el año y cada uno de ellos en un año lo hacían 25,000 quintales de metal.

En esta última fase de obtención de la plata, una vez molida los metales en los ingenios se ciernían por un cedazo de alambre espeso, que sale la harina como de trigo; éste se quema en hornos para consumir la maleza que tienen los metales de azufre, alcojol, antimonio y otras; con que quedan dis- puestos para que el azogue abrace la plata, que la experiencia ha mostrado que esto es a diferencia de los metales de Potosí. Luego del horno se lleva a los cajones y allí se echa un poco de agua y sal molida y cernida con azogue, luego se le va echando agua poco a poco para hacerlo barro, lo cual se va repasando como masa con los pies dentro del mismo cajón y cada 3 días se hace lo mismo y se le añade sal y azogue hasta que esté en su punto para poderlo lavar, luego se echa en una tina y se lava con un molinillo que lo mueve un ingenio de agua que se llama lavadero; y después de lavado queda la plata mezclada con el azogue; échase en un lienzo crudo y se esprime fuertemente para que salga el azogue, de suerte que queda la plata hecha una masa; hácese bollos y de ellos uno como pan de azúcar. Luego, introducidas en ollas de barro, se le da fuego con la que se desazoga la plata, saliendo el azogue por los agujeros, cayendo a otra olla que está con un poco de agua, con este procedimiento la plata queda limpia del azogue y más blanca que la nieve. Luego, se la lleva a fundir donde se hacen las barras y el ensayador le da la ley y llevándose a quintar a la caja Real. De estas minas, cada año se sacan de 36 a 40 mil marcos de plata; cada marco son 8 onzas.

3. En la fundición del metal
a.-Ciclo de las Guairas.- En nuestro país hasta el Siglo XVI, la obtención de la plata, se hizo desde

un principio oxidando el mineral, es decir quemándolo. Para ello, el mineral que se extrajo, se refinó usando hornos indígenas llamados guairas que eran de barro o piedra, construidos en la cima de una montaña, provisto de agujeros, por donde penetra el viento y atiza el fuego.De acuerdo a la tecno- logía andina, en la puna desprovista de vegetación, se utilizó el estiércol de la llama y luego el ichu del pajonal; debido, a que este sistema de oxidación exigía combustible abundante, que no siempre existía.

b.-Uso de hornos con fuelles.- Posteriormente, en las minas de Porco, se introdujeron los hornos castellanos soplados con fuelles. El trabajo lo efectuaban yanaconas e indios ladinos.

c.-El uso del azogue y el ciclo de la amalgama.- En 1556, en el centro minero de Pacucha(México) se aplicó la refinación de la plata amalgamándolo con mercurio o azogue, con lo que se pudo ahorrar tiempo y dinero. Dentro de esta explotación de la plata el procedimiento de amalgamación revolu- cionó con el uso del azogue, siendo el ingrediente más importante, considerado como el nervio de la plata y la grosedad de la tierra, así como la sal que servía para que el azogue abrazara bien los metales y que no pudo faltar en toda la riqueza del reino.

VIII. DESCENSO EN LA PRODUCCIÓN DE LA PLATA

Si bien es cierto, que el historiador norteamericano Eral Hamilton citado por Manuel Burga, anota que el período comprendido entre 1503 y 1550 correspondió al ciclo del oro: a la época del botín, a la búsqueda de “el dorado” americano. Pero, también es cierto que el período de 1550 a 1650 correspon- dió al ciclo de la plata. Al descubrimiento de las minas de Zacatecas en México y Potosí en el alto Perú, que constituyeron 2 principales filones de América. Ambos incluso, lograron desplazar a importantes centros mineros de Alemania.

El apogeo de la minería peruana se debió a la abundancia de metales y a la disponibilidad de las mitas; pero a partir de 1650, no todo era bonanza y prosperidad, por cuanto de que vino un declive en la explotación minera en todo el virreynato. Se nota un resentimiento en el volumen de la producción que durará casi un siglo, del cual quizo reflotar, pero no fue al igual que el período de auge de la producción de la plata.

26

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

1. Causas de la baja producción de plata

Tuvieron que ver con el agotamiento de las minas, la falta de capitales y mano de obra. Este último, que es lo más importante, se refiere al descenso de la población indígena, los cuales, a su vez fueron condicionados por muchos factores, veamos algunos de ellos:

a. La baja de la producción agrícola.- Luego de los años de la conquista, cuando los indios entraron en conflicto con los invasores y la guerra civil entre los conquistadores, el hambre arremetió todos los confines del reyno, donde las actividades agrícolas de subsistencia y las irrigaciones que habían a lo largo y ancho del Tawantinsuyo, sufrieron una considerable destrucción y desuso a falta de su mante- nimiento y conservación.

b. La baja de la población por la presencia de enfermedades.-Después de las guerras, la curva de la población siguió bajando. Quizás la política toledana de las reducciones hiciera más grave y crítica la situación de los pueblos con la presencia de epidemias de la viruela, sarampión, tifus e influenza, que repercutieron en elevar la tasa de mortalidad de niños y adultos, surgiendo como respuesta mo- vimientos nativistas y mesiánicos de salvación nacional, tales como: el “Taqui Ongoy” con el caudillo Chocñe en Ayacucho el año de 1565, el “moro Onccoy” en 1591 y finalmente del líder Yanahuara en 1596. Estos 2 últimos se dieron en el departamento de Apurímac. El “moro onccoy” enfermedad de los colores, por el manchado característico que se producía sobre la piel de los contagiados, se dio en el repartimiento de Collana Aymara comprensión del corregimiento de la provincia de Aymaraes. En esa oportunidad se levantó un indio ladino en el pueblo de Huaquirca, induciendo a la población a abandonar los rituales y ceremonias católicas, siendo debelados cuando los sacerdotes reunen a los indios en la plaza, el día de Corpus Cristi el 23 de junio de 1591 para subir al cerro Pisti donde destru- yen una huaca nativa. Este fenómeno es estudiado ampliamente por Juan Ossio, Waldemar Espinoza Soriano, el etnólogo americanista Marco Curatola. Según estos estudiosos, estos movimientos de re- sistencia cultural plantearon la vuelta a sus antiguos dioses y huacas de la religión del mundo andino pre-hispánico y luchan contra la religión cristiana traida por los españoles, en la creencia que eran los causantes de estos males por haberles apartado de sus dioses ancestrales. Finalmente la resistencia indígena generó movimientos de contra-ofensiva llevados a cabo por curas y doctrineros para la extirpación de idolatrías.

De estos indicadores, se deducen, que casi todos los habitantes, especialmente la población eco- nómicamente activa de 18 a 50 años se debilitó bastante, porque se infectaron, muriendo muchos no solo en sus tierras de origen, sino también en los mismos socavones de la mina y en la fundición de metales. Estas cifras, indican que en la región entre la ciudad del Cusco y las minas de Huancavelica la población declinó rápidamente después de la visita de Toledo, probablemente con el mismo grado de celeridad. Después de las epidemias de l589-1591, como anota el estudioso Magnus Morner, el auge de la mortandad en el antiguo régimen colonial, se dieron en todo el Obispado del Cusco el año de 1693, anota que se produjo “notable esterilidad de la tierra y escasez de frutos”, por lo cual los pobres tenían que comer “toda clase de yerbas”. Luego corría por toda la sierra una epidemia de sarampión, “con general infección y gran mortandad”. En 1701, hubo otra epidemia, menos mortífera, de disente- ría. En 1720, una epidemia cuya naturaleza no se conoce con certeza, desolaría toda la región andina. Se dice que esta “peste grande” fue seguida “no por esterilidad de las tierras, ni falta de lluvia, sino por la de los indios”.Luego vino, las epidemias de 1726, 1730.

c. Los movimientos telúricos, las inundaciones, sequías y plagas.- Un terremoto “arruinó y de- soló al pueblo de Toro” en Chumbivilcas. “Sólo escapó el cura y un indio”. En 1790 saltan a los ojos las muchas casas arruinadas de un pueblo de Abancay. En los intervalos de las epidemias sobrevienen asi- mismo, anota el analista, temblores y desmoronamientos de tierras, períodos prolongados de sequías o lluvias e invasiones de langostas y plagas para animales y plantas.

d. El azogamiento de los nativos en las minas.-Fuera de este panorama desolador de las epide- mias que azotaban a los pueblos, se daban otras enfermedades dentro de las minas, generados por:

27

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

la altitud, el frío, la mala alimentación, ventilación inadecuada y derrumbes en las minas; así como por el uso del azogue, no pudiendo evitarse, porque al cavar esos metales sueltan un polvillo que causan daño a los indios y que cuando respiran produce tos seca, calentura lenta y la muerte donde los médi- cos daban por incurable y como remedio se propuso dar una solución, no con medidas de salubridad; sino con el uso de la tecnología del momento, abriendo en las minas un socavón que dejase entrar luz y aire; la solución era lenta pero el daño estaba presente. Se había hablado también de volar la mina, pero no había persona que entendiese, por lo que el virrey Velasco pedía a su majestad, que mande uno o dos ingenieros para que lo hagan sin riezgo. De esta forma los indios trabajarían con seguridad.

IX. REEMPLAZO A LAS ORDENANZAS DE TOLEDO POR LA REFORMA LIBERAL DE FELIPE III

Cuando el virrey don Luis de Velasco, enviaba informes desde el Perú a España enfocando sobre este cuadro de las epidemias y los malos tratos que sufrían los indios, que generaban la creciente disminución de la población nativa, desenvocaron en un intento de hacer una importante reforma legislativa del servicio personal en las postrimerías del año de 1601. El carácter del monarca Felipe III, era sensible a los escrúpulos de conciencia, por lo que, en Valladolid, el 24 de noviembre de 1601, dio una cédula Real sobre el servicio personal y el repartimiento de indios que contiene 25 capítulos. Esta cédula con respecto a los indios, representaba un esfuerzo semejante al que intentaron las nuevas leyes de l542-43 en cuanto a las encomiendas. Es decir, que la ley de 1601 trataba de sustituir las for- mas de repartimiento forzoso existentes por otra más liberal y rompía con la tradición de servirse de los yanaconas en las condiciones autorizadas por el virrey Toledo por otra de conciertos voluntarios de trabajo y mandaba que en adelante, se lleven los indios a las plazas públicas y allí se acuerden con quién y por qué tiempo quisieren trabajar. Además disponía que los mineros compren esclavos, para reemplazar a los indios. Por lo visto la cédula Real, era otra forma de dependencia que implementaba la legislación de Felipe III.

Pero, tanto en España, como en el virreynato del Perú, era previsible, que su aplicación no sería fácil, por lo que el rey, en la misma fecha de 24 de noviembre de 1601, despacha otra cédula al virrey don Luis de Velasco, sobre cómo se tendría que solucionar en caso de que los mineros en un año no se proveyeran de esclavos para el trabajo en las minas.

Los primeros efectos de la cédula Real de Felipe III, fue cuando el virrey hizo imprimir en la ciudad de Lima , en 1603 y lo distribuyó en Cusco, Charcas, Huamanga, etc., ordenando se guarden las orde- nanzas del virrey Toledo y se acojan a las nuevas leyes, disponiendo a que trabajen los mestizos, espa- ñoles vagabundos, mulatos, negros y zambaigos libres, en el mejor de los casos los mineros compren negros para el beneficio de dichas minas y si faltasen la mano de obra se lleven indios concertados voluntariamente, donde sean bien pagados y con el fin de evitar a que los indios se ausenten o se amotinen.

1. Reestructuración de las minas y mitas

Al tiempo en que se aplicaba las medidas del rey Felipe III, se examinaba el caso de las siguientes minas; por ejemplo:

a. Minas de escaso rendimiento
1. A Castrovirreyna fueron 1,500 indios de las provincias de: Aymaraes, Jauja, Chocorvos, Cotas,

Lucanas, Llamara, Chinchaycocha, etc. de 100 leguas los más distantes.
2. A Salinas, 60 indios de los corregimientos de Chuquiavo, Pacajes, Achacache, Sicasica, Chayanta,

Paria y la provincia de los Lipis, a 85 leguas de los mas lejos.
3. A Vilcabamba, 480 indios de las provincias de Andahuaylas, Chumbivilcas y el corregimiento de

Abancay. En total son 2,665 indios para los asientos.
Por lo que don Alonso de Messía en su memorial para el Virrey Luis de Velasco, sobre la Cédula

Real considerada inútiles estas minas por el poco rendimiento y opinó que no se deberían dar indios y hace mucho daño en conservarlas dentro del reyno. Bastaría lo que da a Potosí para ayudar a la corona

28

Angel Maldonado Pimentel / Venancio Alcides Estacio Tamayo

española y no hubo que esperarse a que se fundara el asiento minero de Urcococha. Además a dife- rencia de Potosí, en Castrovirreyna se les pagaba una vez acabada la mita, cada 4 meses. Por otro lado se argumentaba en el sentido de que los 16 mil indios tributarios que habían en las minas de Potosí, en tiempo del Virrey Toledo, iban disminuyendo. En estas condiciones para seguir conservando las mitas de Potosí, no deberían enviarse a las minas de Huancavelica, ni mucho menos a las nuevas minas; por- que los indios se van acabando aprisa debido a los trabajos insoportables de las minas.

Pero, a pesar de estas opiniones bastante respetables, a lo largo del período de auge de la produc- ción de la plata continuaron la injusta distribución de los nativos; tal es asi que, para 1610 van a las mi- nas de Castrovirreyna la mayor cantidad de indios correspondientes al corregimiento de la provincia de Aymaraes; mientras que de otros corregimientos aledaños a la mina, e inclusive entre los pueblos del actual departamento de Apurímac, poco o nada de su demografía fueron tocados; veamos lo que nos muestra el siguiente cuadro:

CUADRO No 01
2. Selección de reducciones más pobladas para Huancavelica y Castrovirreyna

De la provincia de los Aymaraes cuatrocientos y cincuenta y seis indios De la provincia de los Andamarcas, ciento y cuarenta y siete.
De la provincia de los Soras catorce indios.
De la provincia de Parina Cocha doscientos y cincuenta y cuatro.

De la provincia de los Pomatambos ciento y ochenta y cinco.
De la provincia de Condesuyo del Cuzco, ciento y cuatro.
De la provincia de los Condesuyos de Arequipa trescientos y ochenta. De la provincia de los Chocoruos veinte.
TOTAL

456 147 14 254 185 104 380 20

1.560 (36)

Posteriormente, en los “Trabajos de agravios e injusticias que padecen los indios del Perú en lo temporal y espiritual” publicadas en 1657 por Juan de Padilla, señalaba que: “La mina de Azogue de Guancavelica tiene asoladas nueve provincias de las más opulentas y pobladas de este reyno sin otras dos que se han agregado después, son: las de Lucanas, Chumbivilcas, Hatun Guaylas, Vilcashuamán, Cotabambas, Huanta, Angaraes, Tarma y Jauja y las añadidas de Aymaraes y de Parinacochas. Consi- dera riesgoso este trabajo para la salud de los indios…”(37). Con lo que se demuestra que los nativos del departamento de Apurímac, y con singular importancia los pobladores del corregimiento de Ay- maraes, no solo fueron mitayos de las minas de plata de Castrovirreyna, sino que también sirvieron en los trabajos del azogue de Huancavelica; lo cual se evidencia mucho más cuando el virrey marqués de Montesclaros al explicar los trabajos para los mineros, precisa que hay 9 asientos de minas :Potosí, Porco, Oruro , Vilcabamba, Castrovirreyna y Nuevo Potosí que son de Plata .Carabaya y Coruma, de oro y Huancavelica de Azogue. Todos estos asientos tienen para su labor indios de mita, excepto Oruro.

X. EN CONCLUSIÓN

Como se sabe, el Perú que conquistaron los europeos tenía una población relativamente abun- dante. Las cifras más confiables hablan de entre 6 y 9 millones de habitantes. La colonia significó una debacle demográfica entre la población indígena debido a la conquista y las guerras civiles, la explota- ción despiadada de las encomiendas, los socavones de las minas y las enfermedades epidémicas que trajeron los europeos.

(36). ZAVALA, Silvio, “El servicio personal de los indios en el Perú(extractos del siglo XVII)”, Tomo II, Colegio de México, 1979, pág. 89
(37).ZAVALA, Silvio, “El servicio personal de los indios en el Perú(extractos del siglo XVII)”, Tomo II, Colegio de México, 1979, pág. 242

29

Las primeras mitas de Apurímac al servicio de las minas de Castrovirreyna 1,591 – 1,599

En 1570 se contaron 1’300,000 y en 1630 tan solo 600,000. El punto más bajo se sitúa luego de la epi- demia de 1718-1720. Hacia 1750 la población indígena había recuperado los niveles de 1630, alcanzando a 610,000 habitantes. A partir de ahí la población creció, salvo la baja temporal con la rebelión de 1780. El censo de 1792 arrojó 1’076,122 habitantes. Para 1812 había alrededor de 1’500,000. Llegando de esta forma a instaurarse un total exterminio de la inmensa masa de campesinos. A este trance, al finalizar el virreynato, la organización colonial fallaba por su propia base económica, debido a que faltaba el cimiento demográfico; porque no era una colonia de trabajo y poblamiento, sinó de explotación y exterminio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s