FIESTA TRANSNACIONAL 20 AÑOS DESPUES: Antropología visual y la migración. Manuel Martínez Cáceres

Manuel Martínez Cáceres,  doctor en Paleontologia y descendiente de los  grandes escritores Cesareo Chacho Martinez y Gloria Cáceres, comparte  con una bella y  fuida pluma, su apreciación sobre Fiesta Trasnacional 20 años después. gracias.

Comúnmente, se suele aceptar la idea que la humanidad puede ser separada en dos etapas bien definidas: una primera etapa736838_414641715280941_864979736_o “errante”, muchas veces vista por los especialistas como primitiva; y otra segunda etapa “sedentaria”, considerada moderna y desarrollada (otro ejemplo más de la dualidad antiguo-arcaico / reciente-progreso tan apreciada por nuestra sociedad). Sin embargo, y pese a que vivimos en la época más sedentaria de nuestra historia, el proceso de sedentarización no ha sido aún completado. A decir verdad, la migración es un fenómeno omnipresente en la historia de la humanidad y por lo tanto vigente de nuestros días: nuestra especie se originó en África hace 200 mil años y desde entonces no ha dejado de migrar. Las razones suelen ser muy diversas: sentimentales, económicas, sociopolíticas, o simplemente, por simple curiosidad (desde mi punto de vista, el verdadero motor del progreso y de la ciencia). La migración puede ser forzada o voluntaria, y muchas veces no es el miedo a comenzar TODO – en mayúsculas– de nuevo que nos impide dar el gran salto, sino más bien son razones exógenas que nos mantienen fijos, ‘sedentarios’. Y es que la migración, al igual que la conciencia y la empatía, son tal vez los mejores rasgos que nos permiten de definir al ser humano, en su continuo movimiento y en su voluntad de avanzar pese (o gracias) a todo lo que adviene. El gusto por lo desconocido y/o la promesa de otra vida en esos “pueblos lejanos”.

No pude dejar de pensar en todo esto mientras me deleitaba viendo por primera vez “Fiesta Transnacional: 20 años después”, documental realizado por Wilton Martínez y presentado recientemente en varios círculos culturales y académicos del país (por mi parte, yo lo vi en el Centro Cultural El Olivar, en San Isidro – Lima, el 12 de octubre 2015, y seguido por una discusión abierta, conducida por el director y dos comentaristas, el antropólogo Rodrigo Montoya y el director de teatro Carlos Tolentino). Cómo el título lo deja suponer, este documental debe ser considerado como la continuación de “Fiesta Transnacional”, otro documental producido también por Wilton Martínez y Paul Gelles, dirigido por Wilton Martínez en 1991 y que tiene como principales protagonistas a los miembros de la familia de Teodosio Quispe, natural de Cabanaconde (provincia de Caylloma, Arequipa) y residente en el estado de Maryland, en Estados Unidos. Luego de muchos años de un exilio voluntario, Teodosio Quispe y su esposa Julia deciden regresar a su tierra natal para ‘pasar el cargo’ (expresión andina sinónima de auspiciar) de una de las fiestas más importantes del lugar: la Fiesta de la Virgen del Carmen. Gracias a un material audiovisual invaluable y un enfoque científico inédito (la migración al extranjero de comunidades andinas en la actualidad), Martínez y Gelles mostraron en “Fiesta Transnacional” la gran capacidad de adaptación de la comunidad cabaneña: entrevistas con los primeros migrantes (tres mujeres llegadas a Maryland en los años 70) y ejemplos de una vida asociativa muy bien organizada y de familias mixtas integradas a la sociedad norteamericana fueron la base de un estudio etnográfico hasta entonces no documentado. El trabajo de Martínez fue saludado en ese entonces por la comunidad científica y es considerado por los especialistas como una fina investigación antropológica. Cabe resaltar que este estudio me era desconocido antes que viera “Fiesta Transnacional: 20 años después”, lo que no alteró para nada el grato momento durante la proyección del documental.

En este contexto se inscribe “Fiesta Transnacional: 20 años después”. Una vez más Martínez y Gelles acompañan la familia Quispe, en su residencia en Maryland. Teodosio y Julia Quispe han envejecido, sus hijos e hijas han crecido, los más jóvenes ya fundaron a su vez sus respectivas familias, y todos sin excepción se han instalado en Maryland y están integrados a la comunidad norteamericana. Nilo Abril, yerno de Teodosio Quispe, decide a su turno pasar el cargo de la Fiesta de la Virgen del Carmen, cómo lo hizo su suegro veinte años antes. La comunidad cabaneña en Maryland es ahora mucho más importante que en los años 90 (casi diez veces más grande, se la estima aproximadamente unas 2000 personas) pero su sistema de organización se ha revelado sorprendentemente eficaz y ha permitido al grupo una cohesión particular. Es casi imposible para alguien que ha experimentado de cerca o lejos la vida en los Andes de no comparar el sistema de los migrantes cabaneños a lo que se conoce en el paisaje andino como ayni. Actividades pro-fondos, campeonatos deportivos y fiestas comunales y patronales dan el tempo en la comunidad cabaneña norteamericana. En esta oportunidad, cerca de unas 300 personas, incluyendo los nietos de Teodosio nacidos en Estados Unidos, viajarán a Cabanaconde para la Fiesta de la Virgen del Carmen.

Si bien el documental de 1991 se centra más en el proceso de migración y la “aclimatación” de los cabañenos en Estados Unidos, el segundo documental está más centrado en las diferencias y similitudes entre el Cabanaconde (y los cabaneños) de hoy y aquel de inicios de los años 90. Con una inteligencia sutil, las imágenes se sobreponen de manera que el espectador pueda entender o al menos testificar los principales cambios. Ya no estamos en una época peligrosa de conflicto social armado sino en pleno boom económico, y las divisas extranjeras han transformado las fachadas y las viviendas de Cabanaconde. De la misma manera, la forma de pensar de muchos migrantes ha cambiado y poseen ahora un discurso algo diferente del que tenían en los años 90. Es así que durante 90 minutos, seguiremos los preparativos, las celebraciones y los sentimientos encontrados que dejará la fiesta de la Virgen del Carmen en los cabaneños – que sean residentes de Cabanaconde o de Maryland. La familia Quispe afirmará en un momento del documental haber gastado más de 140 mil dólares en una semana llena de lujosos atuendos ceremoniales, ostentosas corridas de toros, conciertos, bailes, fuegos artificiales y celebraciones de una familia cabaneña exitosa, de la cual sólo una persona vive aún en Cabanaconde.

Uno de los aspectos sumamente apreciables en la obra de Martínez es la búsqueda por escenificar lo menos posible. Su antropología visual nos presenta los hechos, sin comentarios ni explicaciones adicionales a aquellas dadas por los protagonistas del documental. La utopía de la objetividad no podría estar más cerca, y es éste uno de los retos más difíciles que un científico puede encontrar en su trabajo. De manera personal, prefiero el uso de material visual a una descripción escrita o un soporte audio en cualquier tipo de investigación, puesto que en nuestra condición de mamíferos primates la visión constituye el sentido más eficaz en cuanto a percepción y asimilación de conceptos. Por supuesto, nuestro oído, paladar, olfato y tacto son muy importantes, pero nuestro cerebro está mucho más capacitado para obtener información de estímulos visuales. Una imagen puede ser mucho más comunicativa que una descripción escrita, por más exhaustiva que sea, y Martínez se sirve de este hecho para aumentar una base biológica a su apuesta por una objetividad creciente. Así, son nuestras experiencias (grabadas en forma de conexiones neuronales) que se encargarán de transcribir las imágenes del documental y de convertirlas en conceptos e ideas. Son nuestros conocimientos y prejuicios existentes que formarán nuestra propia opinión del documental. De esta forma, muchos de nuestros estereotipos sobre las fiestas patronales andinas serán refutados o confirmados, y la manera de cómo reaccionaremos a este material audiovisual puede a su vez convertirse en nuevo material de estudio para el antropólogo.

Martínez muestra también el cambio en el tiempo del folclor cabaneño, donde el sincretismo de la religión católica y andina subsiste con atuendos barrocos demasiados cargados de color -a mí parecer-, rituales interminables llenos de símbolos y misticismo, danzas, orquestas y otras expresiones folclóricas. “Fiesta transnacional: 20 años después” nos recuerda que por más que una expresión folclórica pueda estar codificada y ritualizada, ésta también está sometida al paso de los años y a su inexorable evolución. Los comentaristas mencionaron durante la discusión que siguió la proyección que algunos ritos paganos son considerados anecdóticos a los ojos de la familia Quispe, practicantes de un catolicismo norteamericano donde el concepto de apu ya perdió importancia. Así mismo, mientras que en 1991 los diálogos en quechua están presentes desde el inicio, éstos son casi inexistentes en el 2011, donde los más jóvenes miembros de la familia Quispe prefieren expresarse en inglés y hasta que una de las personas nacidas en Cabanaconde no puede evitar decir “I’m home” en medio de un discurso en español.

Pero señalemos que por más completo que sea, el documental expone tan sólo uno de los numerosos ejemplos de migración. La migración de la familia Quispe fue movida principalmente por motivos económicos. Los Quispe, al igual que muchas otras familias migrantes, llegaron a los Estados Unidos en búsqueda del codiciado american dream, y con trabajo, voluntad y esfuerzo llegaron a construir junto con sus paisanos llaqtamasikuna un ayllu que mantiene las bases del buen vivir de la comunidad andina, su cabanacondean dream. No olvidemos que muchas otras personas que salieron del país en búsqueda de un futuro mejor debieron contentarse de una situación irregular y precaria o de un regreso infructuoso luego de una experiencia ingrata lejos de los suyos, vencidos por esa máquina que llamamos sociedad.

Finalmente, la migración no es un fenómeno puntual. El migrante no deja fácilmente su chaqueta de migrante por más que pasen los años sino que se apropia de esta nueva etiqueta que lo acompañará en adelante y que participará en la formación de su identidad. No existe un “manual del buen migrante” que pueda enseñarnos a afrontar las diferentes situaciones, las calificaciones de exitosa o desastrosa son más subjetivas de lo que parecen. Cómo hijo de migrantes y en mi calidad de migrante, “Fiesta transnacional: 20 años después” despierta en mí algunas preguntas transgeneracionales legítimas, a saber, cómo las generaciones futuras reaccionarán en algunos años cuando deban decidir si regresarán o no a las tierras de sus ancestros, ellos que habrán nacido en Maryland y conocerán los Andes tal vez sólo por los relatos de sus padres y abuelos. Ellos que probablemente celebren una Fiesta de la Virgen de Carmen muy diferente a aquella que se celebrará en Cabanaconde. Al final de la proyección del documental, Wilton Martínez nos comentó que pese al deseo de ser enterrados en Cabanaconde, Teodosio y Julia Quispe, fallecidos después de la realización del documental, fueron enterrados en Maryland, donde reposan cerca al resto de su familia. Sólo nos quedan las ganas irreprensibles de viajar en el tiempo lo más rápido posible para poder ver la tercera parte de esta asombrosa historia.

Manuel Martínez Cáceres

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