Conversación: Juan Guillermo Sánchez / Fredy Amilcar Roncalla

El pasado octubre Juan Guillermo Sánchez tuvo la amabilidad de invitarme a hablar sobre las poéticas indígenas y Hawansuyo en la Universidad de West Virginia, en Morgantown, accedí con gusto sin sospechar que  era mas bien una invitación al aprendizaje, porque  en los dos días que compartimos  con Juan Guillermo, aprendí mucho mas de lo que esperaba, gracias al espíritu generoso y la amplitud de visión  poética de Juan Guillermo,  cuya  travesía abarca  y dialoga con varias tradiciones poéticas  originarias y canónicas.  Fue entonces que propuse  seguir la conversación con una breve  entrevista a la cual  Juan Guillermo ha accedido  generosamente tal como lo hizo  compartiendo en Hawansuyo  su  Nativos migrantes: poesía en la encrucijada (tesis doctoral),  y antología Indigenous Message on Water / Mensaje Indígena de Agua.  Aquí la crónica de esta riquísima conversación de la cual es un honor ser parte y ojala pueda ser leída a cabalidad por nuestros amables llaqtamasis. Gracias wayki.

 

Conversación con Juan Guillermo Sánchez

Octubre 17 de 2015

 

1) FAR.

           

Acabamos de conocernos  hace  mas o menos una semana, pero siento que hemos venido conversando desde hace mucho. Si bien esta conversación no tendría eco en las aldeas letradas,  lo tiene en los cada vez mayores círculos de estudios y creación literaria indígena y originaria. Es mas, a partir tuyo es que me entero que hay un  cuerpo critico, creativo y de intercambio muy grande. Pensaba  estudiar tus textos antes de hacerte las preguntas. Y lo voy a hacer. Pero como la oralidad es la que prima en las poéticas originarias, quiero empezar desde lo que hemos conversado para luego ir adentrando.  Entonces, en los días que te he conocido, haz hecho referencia constante a los Tatas de varias tradiciones y pueblos amerindios: cuál es la importancia de sus palabras, cuál es tu relación con ellos, y cual es su relación con las poéticas  y lenguas indígenas?

 

JGS:

 

Querido Fredy, primero que todo gracias por proponer esta conversación. Como tú dices, hay muchas encrucijadas (no sólo académicas) en las que parece que ya nos hubiéramos encontrado. ¡Buena señal que este diálogo se esté dando!

 

Hace ya casi dos años, cuando estaba escribiendo la introducción de Nativos migrantes: poesía en la encrucijada (mi tesis doctoral, la que tú muy amablemente compartiste en Hawansuyo), me hice una pregunta semejante en busca de mi propio “lugar de enunciación”. Yo estaba siguiendo el ejemplo de Travelling Knowledges (2005) en donde la crítica canadiense Renate Eigenbrod no titubea al incluir anécdotas de su relación con diversos autores y comunidades first nations, así como interrogantes sobre su propia experiencia como lectora. De esta necesidad ética de saber desde dónde estamos hablando, escribí el capítulo dos (“Si miro a los cuatro rumbos”) de Nativos Migrantes. Entre la crónica, el ensayo literario, la poesía, el estudio filolológico, la reflexión filosófica, creo que es tiempo de explorar otros géneros y estilos que alcancen la complejidad de estas literaturas y prácticas. Recientemente, por ejemplo, publiqué el texto “Nunca vayas a creer que estás abarcando la totalidad: una entrevista a Daniel Caño” sobre Oración Salvaje (2011) del poeta q’anjob’al.

 

Lo que va quedando de estos ejercicios literarios (como Salvia, poesía de viajes publicado en el 2014) es que sin darme cuenta, sin buscarlo conscientemente, la literatura indígena me ha lanzado hacia el viaje (el que aun no termina, espacial, literario y espiritual), y éste ha terminado por reconfigurar mi propia identidad y mis propias búsquedas intelectuales, en una suerte de “conceptual detox”, como tú lo dices sabiamente… Así, el viaje ha significado encontrarme con mujeres y hombres, poetas, abuelos, abuelas, tatas de diversas culturas (Cofán, Kaqchikel, Cree, Anishinaabe, Havasupai, Mapuche), quienes han compartido su oralidad conmigo, enseñanzas que ellos mismos han recibido de otros y que cargan con responsabilidad. Son nombres precisos, subjetividades en lugares específicos con quienes mantengo una relación continua de amistad y aprendizaje que va más allá de “estudiar” un poema o una cultura. Yo simplemente estoy aprendiendo.

 

Osadía la de querer abarcar tantos saberes (“la totalidad”, como dice Caño), a riesgo incluso de caer en la ilusión de “una abusiva familiaridad”, pero debido a que estos viajes y encuentros dejaron de ser académicos hace años, y en cambio son parte fundamental de mi día a día (estoy hablando de mis creencias, mis sueños, esta conversación), puedo decir que mi acercamiento a ciertas prácticas medicinales y mi participación en espacios ceremoniales, me han llevado a leer de otra forma esta poesía que yo llamo (por ahora…) “nativo migrante” (un concepto más…), y a redimensionar otras formas de creación (cantos, tejidos, danzas, “teatro ritual”) que no están en los libros que llamamos literatura. En realidad, paralelo a la producción literaria y académica, otros creadores al interior mismo de los pueblos, los resguardos, las reservas, y en la frontera entre la ciudad y el territorio ancestral, también han continuado enriqueciendo, salvaguardando y reinterpretando cantos, juegos de palabras, adivinanzas, lenguajes ceremoniales, discursos y leyes de origen, todas palabras/imágenes con un alto grado de sofisticación semántica, así como de estructuras rítmicas y rituales específicas, las cuales nos invitan a otros modos de conocer.

 

No es mi intención generalizar (aunque los sustantivos no hagan zancadilla…) o sugerir que todos los autores indígenas que nombro en mis ensayos o en mi poesía están dialogando (o les interesa dialogar) explícitamente con cierta oralidad o espiritualidad, y esa es la razón por la cual mi trabajo oscila entre “la memoria y la invención” (como se titula uno de mis trabajos sobre la obra de Ak’abal), o entre la migración y la raíz. Las negociaciones identitarias, las múltiples filiaciones, los territorios en expansión, los árboles caminantes, el chaski mismo, son todas imágenes que nos ayudan a entender la fuerza y actualidad de estas poéticas-puentes. Si bien hay muchos escritores y escritoras que hoy continúan hablando (desde la práctica y desde la literatura, o desde alguna de las dos) con tatas, taitas, caciques, faithkeepers, mujeres medicina de su familia y territorio; también hay quienes desbordan estas expectativas. Por momentos, Puerto Trakl (2005) y Fanon City Meu (2014) de Jaime Luis Huenún quiebran las categorías de “grupo” (huilliche, mapuche) y se erigen más allá de los referentes culturales y étnicos (champurria, ül, kantvm), creando pluriversos poéticos en donde confluyen el ocaso de Occidente, las luchas de clase (Sendero Luminoso, el Che…), las historias locales coloniales (de Haití a Osorno, pasando por el Valle Sagrado), todo esto bebiendo sorbos de tequila “Centurión”.

 

Lo que en la primera década del siglo XXI se llamó “el despertar de la nueva palabra” (León-Portilla, Montemayor, Hernández, Cuevas) principalmente en México, y que creció paralelo a la Oralitura (Chihuailaf, Chikangana, Cocom, Jamioy) que llegaba desde el Sur, hoy en día sobrepasa cualquier intento de definir un movimiento o fenómeno. La diversidad de estilos, los múltiples intereses (a veces contradictorios) de los autores y autoras (hoy en día de varias generaciones), ha enriquecido esta producción que, en mi opinión, es la vanguardia contemporánea (¿Qué tal la obra de Wingston Gonzales?). Como afirmas tú mismo en Hawansuyo Ukun Words: ¡Don Felipe Guaman Poma de Ayala acaso sea el padre de la vanguardia global! La experimentación lingüística de estas literaturas, el esfuerzo por explorar otras ontologías desde la intermitencia de códigos, y el saber holístico que trenza ciencia, arte y espiritualidad (aquí va la voz de los mayores), son rasgos que están removiendo hoy las literaturas canónicas en inglés y en español (por no hablar del portugués y del francés).

 

Entre lo uno y lo diverso (como decía Claudio Guillén), y a raíz de festivales internacionales de escritores, de antologías trans-indígenas como Sing de Allison Hedge-Coke (2011), y de comunidades virtuales transnacionales como Hawansuyo, actualmente existe una conciencia de luchas políticas e intereses estéticos compartidos entre escritores y movimientos sociales provenientes de diversas naciones, lo cual ha facilitado redes de apoyo, y proyectos culturales y espirituales colectivos (desde el capítulo de las naciones originarias del Festival de Poesía de Medellín hasta la página web de Idle No More). En esta apertura de diálogo ético y estético global, los pilares que sostienen el territorio de las cosmovisiones locales se han fortalecido en tanto han encontrado eco en ontologías hermanas, desde la declaración Mama Quta Titikaka en el 2009 (de la que tú hablas también en Hawansuyo), hasta redes globales contemporáneas como el Indigenous Environmental Network (IEN). Ante la urgencia del cambio climático y las luchas sociales compartidas, algunas subjetividades indígenas han sumado su arte y su literatura al mensaje certero de los abuelos y abuelas: la naturaleza, o sea la vida, no es un “recurso natural”; es, por el contrario, madre y padre de la existencia, relative, fuente del conocimiento, medicina, con quien tenemos responsabilidades cotidianas y rituales. En este punto, llegamos a Indigenous Message on Water / Mensaje Indígena de Agua (¡que también tuviste la amabilidad de compartir en Hawansuyo!), antología que nace de un esfuerzo colectivo con el Foro Indígena Mundial Sobre el Agua y la Paz, proyecto trans-indígena entre escritores y mayores (tatas y nanas) de diversas naciones indígenas, puerta multilingüe.

 

Octubre 28

 

2) FAR

Ayer noche, octubre  27, te dije que me  había demorado un par de días en hacerte la repregunta el lunes. Contestaste que no había afán. Y que había luna llena. Lo primero que  me vino en mente es que a nosotros en Kearny se nos ha pasado la luna llena, pero a ti no. Y que el lugar en que estás te ayuda en la convivencia cósmica, caso  donde sueles ir al bosque y observar una laguna, desde donde escribiste un breve Haikou, seguro con la misma capacidad de  condensación que muestras en Salvia. Gran economía del lenguaje.

 

Pero lo que coligo de tu respuesta es que  las poesías o poéticas indígenas, van mas allá de las palabras, o del texto escrito. Entonces, ante su reciente, creciente, cautivadora y descomputante emergencia en los últimos tiempos, aun se le llama “otra” poesía- cuando en verdad que viene del centro, del ukun, mientras las poéticas oficiales lo que hacen es viajar a Ithaca,   y  alimentarse en las pakarinas de occidente (mitología greco latina y judeo cristiana)- cual sería la relación, o tensión entre poéticas  oficiales y   poéticas indígenas.  Se trata de alteridades absolutas, o caminos que a veces se cruzan?

 

 

 

NOVIEMBRE 1

 

JGS

Primero me gustaría compartirte esa especie de haikú que escribí junto al riachuelo Cobun justo el día en que nos encontramos en Morgantown (WV). Ahora entiendo que hace parte de esta conversación:

 

cielo en el agua

espuma las nubes

¡ha tapado el sol una tortuga!

 

No es casual que esta pregunta sobre las poéticas oficiales y las poéticas indígenas comience por aquí. Suponiendo que este fuera un haikú, ¿por qué lo llamamos “poesía”? ¿Por qué no mantener el nombre específico de la tradición que yo quisiera “apropiarme” con la libertad que concede la creación? En las clasificaciones es donde está la zancadilla. El haikú es una forma específica de la tradición japonesa en el que la brevedad, los ritmos tonales, la sugerencia a las estaciones con las palabras kigo, llega a su climax en la revelación de las expresiones kiregi. José Juan Tablada prestó esta forma y escribió “haikús tropicales” en La Esperanza (Colombia) pensando en las vanguardias francesas. Octavio Paz dice en El arco y la lira que el haikú es poesía, pero también los cuicatl de Nezahualcoyotl y las paradojas taoístas de Chuang-tsé. Si vamos al ukun, entonces, parece que no importa la procedencia (la filiación étnica), pues llegamos a la fuerza del ritmo y a la gravedad de la revelación, común a todos los tiempos y culturas. Claro, es probable que mucha de la “literatura oficial”, canónica, que ha buscado a ciegas Ithaca, nunca haya alcanzado el abismo de ukun. Pero cómo saber, cada lector camina con sus propias expectativas a cuestas. Así lo explica Humberto Ak’abal, quien acompaña siempre con sus versos mi propio itinerario:

 

La poesía es fuego,

quema dentro de uno

y dentro del otro.

Sino, será cualquier cosa,

no poesía (Ak’abal, Tejedor de palabras, 133)

 

Hace poco, en un artículo de Yasnaya Aguilar para Letras Libres, “¿Literatura? ¿Indígena?” (en línea), la lingüista Mixe cuestiona el término “literaturas indígenas”, pues según su opinión los escritores que escriben en lenguas indígenas se han apropiado de una tradición específica de géneros, y modos de entender al “autor”, la producción, la distribución y la difusión en objetos llamados “libros”, y a través de festivales, presentaciones y premios, siguiendo los modos de la literatura en español, la “literatura a secas” sin adjetivos de grupo. La observación de Aguilar sintetiza muy bien la tensión entre “poéticas oficiales e indígenas”: “No encuentro aun un rasgo en común que justifique que la literatura que se escribe en lenguas tan distintas y que pertenencen a once familias lingüísticas con rasgos gramáticales tan disímiles compartan mecanismos poéticos que, en conjunto, se opongan al español” (Web).

Así, distinto es decir “literatura escrita en quechua”, “literatura indígena” o simplemente “literatura”. Como Aguilar, hoy hay poetas y críticos de “esas otras” literaturas que no ven esta poesía como “otra”, sino como la única, literatura desde el ukun. Estoy pensando en la entrevista que hace Sebastián López a David Aniñir en donde este último dice: “Mi poesía habla por sí sola y es poesía porque tiene una carga estética en sí. Claramente, mi condición es mapuche y hablo cosas que tienen que ver con lo mapuche, pero no quiero que mi poética sea clasificada sólo como mapuche. Yo creo que la poesía en general es poesía porque sí” (Web).

También pienso en Ch’utibix (2014) de Humberto Ak’abal, un libro de traducciones del francés (Des Quatre Saisons de Roger Munier) al español y al k’iche’ por el propio poeta momosteco en un “ejercicio de ocio” sobre los Alpes Suizos. Traducciones de traducciones que se vuelven re-creaciones y que espantan las clasificaciones… ¿Qué hacer con un libro como este? Disfrutarlos no más:

 

Larga jornada                                     Yu q’ij re chak

mis ojos se han desgastado                ri nuboq’och eq’elobinaq

de contemplar el mar.                        che urilik ri palo.

 

Cuando me hiciste esta pregunta me fui inmediatamente a leer The Oxford Book of Latin American Poetry (2009) que editaron Cecilia Vicuña y Ernesto Livon-Grosman, y que tú me recomendaste. ¡Y allí me quedé! Por eso me he gastado tanto tiempo en responder. Lo que está en juego en la tensión “poéticas oficiales/indígenas” es la definición misma de “poesía” y “literatura”. En la conclusión de Memoria e Invención en la poesía de Humberto Ak’abal (2012), recuerdo que esta fue una de mis preocupaciones: ¿por qué no existen antologías de literatura “a secas”, que incluyan las voces, lenguas y creaciones indígenas junto a la de los autores no indígenas? ¿O por qué siempre las referencias a las creaciones indígenas son al tiempo colonial y no al presente en diccionarios, enciclopedias y antologías sobre Latinoamérica? Cuando me hice esa pregunta no conocía la antología de Vicuña y Libon, quienes si bien incluyen textos canónicos de la colonia como Guamán Poma, el Inca Garcilaso y el Chilam Balam, también presentan fotografías de quipus junto a la poesía visual de Eielson, Raúl Zurita, Edgardo Vigo, Haroldo de Campos, todo esto junto a los cantos de María Sabina, el “spoken word” de poetas tzotzil y Myá, los versos de Gamaliel Churata, Chihuailaf, Ak’abal, Regino, y claro…, los que siempre aparecen en este tipo de antologías (Sor Juana, Darío, Vallejo, Girondo, Borges, Neruda, etc.).

Lo interesante es que Vicuña y Libon quieren ampliar el término, pero al mismo tiempo engloban en el concepto “poesía” géneros específicos como los cantos medicina mazatecos de María Sabina, la chjinie, la curandera. ¿Son los cantos de María Sabina “poesía”? ¿Cuáles son los parámetros para responder esta pregunta? Es el mismo interrogante que me hacía con el haikú. Afortunadamente los poetas indígenas contemporáneos se han hecho estas preguntas mucho antes que los críticos: David Aniñir, por ejemplo, dice que él escribe “mapuchemas”; y Vito Apüshana dice que él sólo contrabandea sueños con arijunas (extranjeros) cercanos, pero que en la ranchería están los jayechimajachi cantando fuerte sus imágenes e historias en wayuunaiki. El poema de Apüshana se llama “Culturas”:

 

Tarash, el jayechimajachi de Wanulumana, ha

llegado

para cantar a los que lo conocen…

su lengua nos festeja nuestra propia historia,

su lengua sostiene nuestra manera de ser la vida.

Yo, en cambio, escribo nuestras voces

para aquellos que no nos conocen,

para visitantes que buscan nuestro respeto…

Contrabandeo sueños con aríjunas cercanos. (Woumain 48)

 

En este sentido, por un lado la crítica, la historiografía literaria y el mercadeo editorial tienen responsabilidad en esta división entre “literatura a secas” y “literatura indígena”, pero también la forma como los propios escritores y escritoras identifican y ubican su propia obra. Otro tanto suman las expectativas de los lectores, y los estereotipos con los que caminan. En el horizonte de la recepción (atiborrado de conexiones), me gusta la palabra “itinerario” para pensar las decisiones que debe tomar el lector ante estas literaturas; el “itinerario étnico” es uno entre muchos y, por lo general, devela los presupuestos sobre la identidad del lector mismo. Así, Mapurbe de David Aniñir puede leerse en clave punk; y los haikús de Ak’abal, en clave Sendas de Oku de Matsuo Basho…

 

Noviembre 13 2 pm

 

3) FAR

 

Hola Juan, gracias por poner el itinerario como modelo de exploración de lo que estamos hablando. Creo que siempre es bueno recordar que las categorías analíticas y las taxonomías son sólo instrumentos, y no esencias. El esencialismo en los discursos de identidad es sabido que es pernicioso, pero se pasa por alto que es peor el esencialismo analítico.

 

Lo primero que pensé  al ver tu respuesta, es que en efecto suelo ir a Ithaca NY desde hace tiempo. Una o dos veces al año  a encontrarme con mis paisanos ayacuchanos, con Edgar y Margarita Zárate y antes con el galáctico Lino Pareja, a tocar wayno por largas horas. Y  en el viaje exterior  por Upstate viajar interiormente por los andes, para saber que en fondo es igualmente bella la Ithaca de Kadafis y los poetas de la ciudad letrada.

 

Respecto a lo planteado por Yasana Aguilar estoy de acuerdo. Eso ha pasado también en la poesía quechua, que mucho ha sido pensada en español y solo recientemente, caso Odi Gonzales y las experimentaciones reclamadas por Antonio Sulca Effio, va explorando otros  horizontes.

 

El caso  es que  al reorganizar las categorías de Hawansuyo tuve la duda de si debería incluir  los poemas en lenguas originarias (y las poéticas)  dentro del rubro “poesía” , o debería hablar específicamente de “poesía quechua”.  Entonces, dado que  se trata de viajes y travesías, por un lado; y que   lo marcado es jerarquía y  visibilización por el otro, decidí incluir las dos taxonomías. Sabiendo en el fondo que  todo es arraigado y efímero a la vez, sobre todo en la red. Por otro lado, pienso en poetas andinos como Omar Aramayo  y muchos  otros que tienen intimo conocimiento  del mundo mágico, del paisaje, el ritual y la poesía de los andes, pero se mueven  en varios universos poéticos sin pensar en términos de jerarquía.

 

Lo que me sigue intrigando desde el tiempo de Yamaguchi, Juan Ramírez Ruiz, y recientemente de Cecilia, son esa poéticas no escritas de las cuales el rito, el mito y los  tatas son parte esencial.

 

Sin dejar de preguntarme que pasa cuando desde la ciudad letrada se nos signa con el letrero herramienta de “poesía étnica”. 

 

Abrazo

 

Diciembre 5, 2:33 PM

JGS

Querido Fredy, finalmente me siento a responderte con calma. No es casual que justo hoy encuentre este momento, pues esta mañana, como el día que nos encontramos en el Hotel Morgan, fui al riachuelo Cobun a esperar el amanecer. Ese día era mi nawal. Hoy también. Había cuarenta, cincuenta patos reunidos sobre el agua. La niebla caminaba hacia el sur. En el silencio de los maples y los robles y las hayas sin hojas, volví a ese pensamiento que me ha estado dando vueltas desde hace años y que, ahora que leo tu correo de nuevo, vuelve a aparecer: lo Uno, igual en la intimidad de los versos de Kavafis que en la contemplación del riachuelo Cobun o de los bosques de upstate NY. Con palabras o sin ellas, en ese “presente profundo” del que tú hablas en Hawansuyo, pienso en lo Uno como ese ¡asomarse al abismo! Yo caigo todo el tiempo en la deformación analítica, y me olvido de ese “presente profundo” inicial en el que la literatura me lanzó al misterio, pero gracias a conversaciones como estas y a caminatas como la de esta mañana, tarde o temprano encuentro el sendero de vuelta a lo Uno.

¡Gracias, Fredy, por esta charla! Y gracias por la riqueza de tu prosa que, sin ningún desparpajo, va de lo Uno a lo diverso.

Finalmente, quisiera proponerte un giro en nuestra charla. Me encantaría hacerte unas preguntas sobre tu sitio Hawansuyo. ¿Te animas?

Un abrazo fuerte, hermano.

 

 

Diciembre 5

 

FAR

Gracias Juan, con gusto respondo sobre hawansuyo

 

 

 

 

 

 

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