El sueño. Fredy Amilcar Roncalla

 

 

El sueño

 

Fredy Amilcar Roncalla

 

Solía soñar el pueblo.

 

Mucho antes era llegar volando y ver todo verde. A veces unos cuantos edificios muy nuevos y también un chalet a todo dar en la estancia.

 

Ya casi nunca los túneles. O los cerros escarpados a los que uno subía con facilidad, pero tenía que bajar arañando el abismo para llegar a la superficie menos rápido que el agua de las cascadas. Había un camino que bajaba a la ciudad por filudas pendientes y daba a una barriada de casas incrustadas una entre otra donde alguna vez amé una muchacha, pero al regresar a buscarla nuca supe que línea de micro tomar para recoger los pasos del corazón.

 

Y cuando caminaba río arriba, manadas de toros enjalmados precedían intensas fiestas de waqrapukus, arpas, violines, y mantas coloridas, hasta que al llegar a la ciudad casi de noche la veía llena de edificios, hoteles de cinco estrellas, bares a todo dar, y calles en donde uno que tenia que buscar harto para encontrar una simple cantina de te piteado y guapas jovencitas que esperaban el momento preciso para irse mas allá de los cerros.

 

Es el efecto de la minería se decían los sueños el uno al otro. Y se iban intercalando con detalles que ya no recuerdo.

 

Pero con la certeza de cuando ya la cosa estaba entre la espada y la pared uno podía despertarse.

 

Varias veces derroté a los asaltantes de la esperanza con ese simple truco.

 

Pero hace poco los sueños retornaron a un galpón de la calle Comercio. Unos cuantos músicos seguían a los vecinos con una tonada tristísima. Salían a la calle y volteaban  la esquina con los trajes raídos, anticuados. Con la barba crecida y las polleras oscuras. Andaban sin decir nada, con la cabellera revuelta. Y tal vez nunca llegarían hasta la falda de cerro.

 

Los ojos del sueño no estaban en peligro, pero sintieron que la tristeza era insoportable, sin rumbo.

 

Era el momento de despertar.

 

Lo hice brevemente. Pero cuando vi los días quebrados de estos días quise retornar rápidamente. Ta vez ellos ya habían llegado hacia una colina donde se podía ver un poco de horizonte.

 

Pero fue imposible

 

Ya en ninguna parte existían los sueños.

 

 

 

Chaykonibaon gema: el pueblo de los espíritus perfumados. Inin Niwe & Chonon Bensho

Hawansuyo da la bienvenida a Inin Niwe (Pedro Favaron) a quien hemos conocido a Panshin, Inin y Bensho.jpgpartir de Juan Guilermo Sanchez. Inin Niwe  y Chon Bensho, su esposa, comparten  con nosotros  un canto poema en lengua Shipibo usado por el en una ceremonia de Ayawaska. Luego del original y su traduccion hay una nota explicativa  escrita por Pedro que esperamos que  el lector no deje de leer. Es la primera vez que Hawansuyo tiene el honor de publicar en una lengua amazonica.

 

Chaykonibaon gema: el pueblo de los espíritus perfumados

Por Inin Niwe & Chonon Bensho

Nokon bewa shamabi

Bewa shama kanoni

Rao bewa shamabi

Metsa bewa abano

Bewa bewa baikinra

Maya maya bainkin

Bewa kene abano

Metsa kene shamabi.

Ea riki Onanya

Jakon joni Onanya

Ray rocotoro shama

Nokon metsa mayti

Nokon mayti shamabi

Biri biri mabokin

Inka mayti shamabi

Metsa kene shamabi.

Nokon metsa tari

Metsa tari shamabi

Josho tari shamabi

Metsa kewe shamabi

Nokon pino tari keweya.

Ea kaya keyanon

Nay shama panishon

Rao nete kepenkin

Rao nete shamabi

Ani nete kepenkin

Metsa nete kepenkin

Jakon nete kepenkin

Inin nete kepenkin.

Inin gema kanoni

Chaykonibaon gema kaya

Metsa gema shamabi

Jaton metsa shobo

Raro inin numabo

Maya masha iti kaya.

Nato metsa netenko

Ea riki awinña

Soi noma metsashoko

Ja riki nete biriay

Nokon papashokobo

Raro bewa shamanshon.

Rao nete ibobo

Maya maya shamani

Nonra isinbo benshoay

Non metsa bewa kaya.

Ea riki Meraya

Moatian jonibo keska

Nato xawan benshoay

Nato numa benshoay

Nokon rao bewa shamashon

Nete bewa shamashon

Nete Ibo jakon joi

Nete Ibo rao joi.

***

Con la profundidad de mi canto

conectándome con la profundidad del canto

con la profundidad medicinal de mi canto

estoy haciendo un canto hermoso;

y me voy encaminando con mi canto

avanzando dando vueltas y vueltas

haciendo un canto con diseños

con hermosos y profundos diseños.

Yo soy médico tradicional

un hombre bueno y curandero

un rey sabio y médico visionario

y tengo una hermosa corona

una profunda corona

que vibra resplandeciente

emejante a la corona de los Inka

con un diseño hermoso y profundo.

Y tengo una cushma

una cushma hermosa

una cushma blanca y profunda

con bellos diseños bordados,

mi cushma bordada del colibrí.

Mi alma se eleva

y se suspende en el insondable cielo

abriendo el mundo medicinal

la profundidad del mundo medicinal,

abriendo el mundo ilimitado,

el mundo hermoso, inexpresable,

el mundo sin mal, el mundo bueno,

el mundo de la medicina perfumada.

Me conecto con el pueblo perfumado

con el alma del pueblo de los espíritus perfumados

con la profundidad de ese pueblo invisible

en el que tienen hermosas casas;

y las alegres y aromáticas mujeres

dan vueltas bailando y cantando el masha.

En ese mundo hermoso

tengo mi esposa

un ave muy hermosa

y todo en ese mundo resplandece,

y mis queridos abuelos

cantan con mucha alegría.

Los espíritus Dueños de la medicina

giran y giran desde lo más hondo

curando las enfermedades

con el alma de nuestros hermosos cantos.

Tengo el saber de los  Meraya

como los antiguos

y a este hombre estoy curando

y a esta mujer estoy curando

con la profundidad de mi canto medicinal

con la profundidad del mundo medicinal

con la buena palabra del Dueño de la existencia

con la palabra medicinal de Dios.

Inin Niwe (Pedro Favaron) es escritor y médico tradicional. Este texto es un extracto de un ininchonon 419.jpgcanto que ejecutó en una ceremonia de ayawaska. Lo ha transcrito en lengua shipiba y traducido al castellano (con ciertas libertades poéticas) en colaboración con su esposa, Chonon Bensho (Astrith Gonzales Agustín). Ambos son comuneros de la Comunidad Nativa de Santa Clara de Yarinacocha, de la nación indígena shipibo-konibo. Con este tipo de canto, el médico visionario (Onaya) puede abrir el mundo medicinal y vincularse con los espíritus Dueños de la medicina, los Chaykonibo, seres de gran conocimiento y buenos pensamientos, que brindan ayuda a los médicos que se inician siguiendo la senda legítima enseñado por los antiguos. Él médico que llega a visitar los territorios escondidos de los Chaykonibo, se emparenta con ellos y de ellos aprende su ciencia médica. Los cantos medicinales no se escriben, sino que surgen en el momento mismo de la ceremonia medicinal; los médicos visionarios, haciendo  un uso trascendente de sus facultades perceptivas, captan la fuerza medicinal y la expresan mediante sus cantos. La vibración del canto viene desde el mundo espiritual, alcanza la profundidad de los pacientes y los cura. Quien canta sabe que es un médico, que se ha iniciado de la manera correcta, siguiendo el ejemplo de los antiguos, y que tiene la potestad legítima para convocar a las plantas medicinales; pero la fuerza curativa no le pertenece, sino que proviene de los mundos espirituales. La medicina viene y va hacia Dios. El buen médico es solo un instrumento.

 

 

Los Chaykonibo:

dueños de la medicina visionaria

 

por Inin Niwe & Chonon Bensho

 

 

Los médicos visionarios del pueblo shipibo cuentan que, en los lugares impenetrables del bosque, alejados de los motores del progreso, viven los espíritus Chaykonibo. Ellos son los legítimos Dueños (ibo) del mundo medicinal (rao nete). No podemos verlos con los ojos de nuestro cuerpo, sino que debemos hacerlo con los ojos del espíritu, en sueños y visiones. Y no cualquiera puede hacerlo. Es necesario vivir de manera correcta, como enseñaban los antiguos. Quienes viven mal, teniendo relaciones sexuales con diferentes personas, hablando mal de los demás, pensando de manera egoísta, son percibidos por los Chaykonibo como personas desagradables e inmundas. Nunca los dejarían acercarse a su mundo, ni profanarlo con su perversión.

Los Chaykonibo no conocen el dinero, la maldad, los celos, ni las discusiones. El hombre y la mujer no pelean, ni los suegros discuten con los yernos, ni los padres con los hijos. Todos se tratan con respeto y calma. Siempre se acuerdan de visitar a sus parientes. Y son muy generosos. No saben guardar algo solo para ellos o acumular, sino que todo lo comparten, sabiendo que Dios (Nete Ibo) les dará su alimento. Viven entre sí de manera perfecta. Nuestros abuelos nos contaban que también los humanos vivíamos así antes, cuando el cielo estaba más cerca de la tierra y podíamos conversar con el sol y la luna, con las plantas y los espíritus. Pero perdimos esa condición por nuestra desobediencia y ahora andamos perdidos, sin rumbo, como quien camina por el bosque sin poder orientarse y no encuentra la trocha para regresar a casa.

Los Chaykonibo viven acoplados a la ley de la tierra y de sol, que es la ley luminosa de la palabra de Dios. Y Dios enseña lo mismo a los Chaykonibo que enseña a los cristianos: que hay que amarlo por sobre todas las cosas, y amar al prójimo como a uno mismo, sin odios ni deseos de venganza. La única diferencia es que los Chaykonibo, además de eso, son expertos conocedores de las plantas medicinales del bosque. Por eso nosotros no entendemos cuando los cristianos critican a las plantas y a nuestras costumbres medicinales. ¿Acaso no hay un solo Dios que ama a los hombres y mujeres de buena voluntad de todas las naciones? ¿Y no quiere Dios que usemos de las buenas plantas que Él nos dio para aliviar el sufrimiento humano? La fuerza de las plantas medicinales que nosotros utilizamos desde antiguos, ¿no viene del Espíritu?

Los Chayconibo viven con simpleza y de nada carecen. Son expertos en todas las cosas de la selva, cazando, pescando y cosechando. Ellos crían algunas aves de monte, como la garza, de la misma manera que los humanos criamos a las gallinas y patos. Y también hay quienes dicen que los jaguares y pumas son sus mascotas, y defienden su mundo para que no entre ningún intruso. Estos espíritus buenos viven en sitios alejados cerca a quebradas o lagunas de agua cristalina. Tienen abundante sachapapa y dale-daleY no les faltan los pescados finos, como el paiche y la doncella. Nunca los vemos comiendo esos pescaditos que ahora nosotros tenemos que comer, porque cada vez hay menos peces en los lagos y los ríos de nuestra selva.

Cuando una persona se inicia en la medicina visionaria de la manera legítima, siguiendo los pasos dejados por los antepasados, soñará con los Chaykonibo. El alma del visionario puede desplazarse hasta sus casas, o ellos pueden venir a visitarlo. Sorprende mucho el verlos remando en sus canoas: lo hacen con tanta técnica y agilidad, que avanzan más rápido que un deslizador con motor fuera de borda. Es así como viajan en pocos minutos grandes distancias. ¿Qué es el tiempo y el espacio para los espíritus? No se sabe si los Chaykonibo mueren o son inmortales, pero nunca se les ve enfermos o velando a uno de ellos. Ellos no tienen arrugas en la piel; aunque a algunos los vemos como ancianos y a otros como jóvenes, en cierto sentido no parecen sentir el paso del tiempo. Son atemporales.

Los Chaykonibo son shipibos, pero no sabemos hace cuánto que no cambian su modo de vida. Hablan en shipibo, pero de una manera un poco distinta. Y no lo mezclan con palabras castellanas. Tampoco comen sentados en mesas, sino que lo hacen en el suelo. Todas sus ollas, platos y vasijas son de barro. No utilizan cubiertos. No conocen lo que es el tenedor, sino que con sus mismas manos comen. Tampoco usan zapatos, sino que andan descalzos, ni tienen ropa interior. Los hombres se visten con sus cushmas (tari) y todas las mujeres se visten con falda (chitonti) y blusa (coton) tradicionales, incluso las más pequeñas; no son como las muchachas jóvenes de las comunidades, que dicen que la blusa tradicional les da mucho calor y no se acostumbran, y les encanta vestirse como mestizas y usar maquillaje.

Las comunidades shipibas sufren la presión del mundo moderno y el crecimiento de la sociedad mestiza. Siguen siendo indígenas, hablando su lengua y decorando sus telas con los diseños kene, pero su modo de pensar y de vivir ha cambiado, y nunca volverá a ser como los de antes. Cuando los Chaykonibo viajan a visitar las comunidades actuales, se sorprenden de estos cambios de vida. Para los humanos es muy importante vincularse con ellos: cuando los médicos tradicionales los encuentran en sueños y visiones, ellos brindan buenos consejos para vivir con rectitud y enseñan su medicina. Gracias a los Chaykonibo nuestros abuelos eran personas de mucha sabiduría (ani shinanya) y pensamientos poderosos (koshi shina).

No todos los que se dicen médicos o maestros (onaya) pueden llegar a trabajar con los Chaykonibo y aprender con ellos. Para hacerlo, primero, hay que iniciarse en la medicina de la manera antigua, dietando como hacían nuestros ancestros: sin sal, sin azúcar, sin aceite, sin jabón, sin sexo. No se trata de dietar unos cuántos meses, porque la medicina se demora en abrirse; hay que dietar años, soportando los sufrimientos, con paciencia, hasta que llegamos a verlos y aprender con ellos. Entonces, cuando la persona ya va avanzando en su aprendizaje y tiene un alto grado de iniciación, empieza a ver a los Chaykonibo en sueños y en visiones.

Hay que pasar muchas dificultades y pruebas para aprender. No todos pueden superarlas. Ya cuando una persona avanza un poco más en la dieta y los Chaykonibo comprueban que es buena gente, con pensamientos rectos, y que quiere aprender por las buenas razones, entonces un Chaykoni le entrega a su hija por esposa. Entonces, ese Chaykoni se convierte en su suegro y maestro, le trasmite su fuerza y su conocimiento; la esposa Chayconi asiste al médico humano en sus sesiones, para poder curar a los pacientes. Entonces, así como el médico es parte de una comunidad humana, también es parte de la comunidad de los Chaykonibo. El médico vive entre ambos mundos, y en los dos tiene responsabilidades. Pero también de ambos mundos lo apoyan quienes lo quieren.

Los médicos que han dietado de manera estricta y con las plantas correctas, pueden llegar incluso a tener varias esposas Chaykonibo. Ellas desconocen los celos y en ninguna manera rivalizarán con la mujer humana del médico; al contrario, la apoyarán y cuidarán amorosamente, como si fuese su hermana (Lo que parece un poco más peligroso, es cuando una muchacha soltera entra en amores con un varón Chaykoni; en tales casos, el Chaykoni sí puede mostrarse un tanto celoso, no queriendo que la joven tenga un marido humano). Las mujeres espirituales de un médico lo atenderán con esmero. Las mujeres y hombres Chaykonibo son de gran belleza. Sus rasgos son finos y no tienen manchas o cicatrices en sus cuerpos. Esta belleza y perfección es reflejo de su pureza interior. Su piel es muy blanca, casi luminosa, pues viven al amparo del bosque y los rayos del sol nunca los quema.

El médico legítimo debe comportarse como lo hacen los Chaykonibo, viviendo con pensamientos alegres, sencillos y serenos. Un médico así podrá abrir el mundo bueno (jakon nete) y grandioso (ani nete) de la medicina y trabajar con los Chaykonibo. Este mundo medicinal se abre con los cantos de curación (rao bewa), llamados ikaros por los curanderos mestizos. Los Chaykonibo, como ya he dicho, no gustan de las personas egoístas, ni soberbias. Ellos ven a las personas por dentro y no pueden ser engañados. Por eso, muchas veces los propios malos pensamientos de los pacientes cierran la acción medicinal del ikaro, y llega un momento en que si sus resistencias a la medicina no ceden, no se puede hacer nada por ellos. Y ahí es mejor decirle, “sabes que amigo, amiga, no podemos ayudarte, mejor búscate a otra persona”.

Nosotros podemos querer ayudar a un paciente, pero hay personas que no nos permite hacerlo. Si los Chaykonibo no quieren ayudar a una persona, ellos nos dicen en nuestra visión: “esta persona es mala, es mezquinosa, es racista, no la vamos a ayudar”. Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros? El médico no puede hacer nada por su propia voluntad o fuerza, sino que trabajamos en conjunto con los espíritus Dueños de la medicina. Para curar a una persona y usar la fuerza de las plantas, hay que pedirles permiso. Nosotros solo somos instrumentos de la medicina; no podemos caer en la ilusión de pensar que el poder nos pertenece.

Pero cuando un paciente es humilde, tiene buenos pensamientos y en verdad quiere sanarse, entonces los Chaykonibo abren su mundo medicinal. Y ahí, en nuestras visiones, los espíritus medicinales aparecen alegres, en sus casas, con sus chacras ordenadas, y vestidos bien arreglados, como de fiesta, recibiendo con generosidad a los pacientes, atendiéndolos, curándolos. Es muy hermoso de ver, y nuestro corazón se emociona con tanta belleza. Muchas veces vemos que los pacientes son pintados con diseños kene. Y ahí podemos estar seguros de que tenemos la capacidad de ayudar a esa persona y que la curación tendrá éxito.

El mundo de los Chaykonibo es tan hermoso (metsa nete) que hay veces que no nos provoca volver a nuestro mundo de conflicto, en el que nunca faltan los problemas y las envidias, las discusiones y la violencias. Si nos hemos comportado de forma legítima, como verdaderos humanos (joni kon), tal vez al morir iremos a vivir con ellos, sin sufrimiento, con alegría. Y desde ahí podremos guiar a nuestros descendientes para que este conocimiento, herencia de nuestros antiguos, nunca se pierda. Y gracias a nuestros consejos, nuestros nietos sabrán vivir con dignidad y sabiendo agradar a nuestro padre Dios (Papa Ibo).

 

 

Inin Niwe (Pedro Favaron) y Chonon Bensho (Astrith Gonzales) son esposos y comuneros empadronados de la Comunidad Nativa de Santa Clara de Yarinacocha, de la nación shipiba. En dicha comunidad han fundado la clínica de medicina tradicional Nishi Nete y un jardín etnobotánico.

 

“HACIA LOS CAMINOS DE LAS AGUAS”: DE UCHUMÜIN A WÜINPUMÜIN. Juan Guillermo Sanchez

“HACIA LOS CAMINOS DE LAS AGUAS”: DE UCHUMÜIN A WÜINPUMÜIN

Kamaash

Kamaach (El Pilón de Azúcar). Foto: Juan Guillermo Sánchez M.

(READ THE ENGLISH VERSION BELOW)

Nuestra invitada hoy es Woumain, la Guajira Wayuu entre Colombia y Venezuela, y su lucha por el Agua y el territorio contra la empresa transnacional de carbón El Cerrejón. Para ello, queremos recomendarles el documental Mushaisha, una pesadilla wayuu de Carlos Mario Piedrahita y Juan Sebastián Grisales (Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2014), así como varios textos de escritores wayuu.

Actualmente, los canales de televisión en Colombia, así como las redes sociales en el mundo, pasan documentales sobre la hambruna, la sequía en Woumain, y la muerte de niños Wayuu por inanición. Por primera vez, tal vez en siglos, las personas de las grandes ciudades se están preguntando qué es la Guajira Wayuu. Sin embargo, debido a la delicada situación política y social, los medios de comunicación han fijado una imagen de sufrimiento que olvida la riqueza humana de la nación indígena más numerosa de Colombia. Si bien es cierto que el cambio climático no está permitendo que Jepirachi (los vientos del nordeste) traigan a su tío Juya (la lluvia) para que fecunde a Maa (la tierra), también es cierto que la codicia y la fractura socio-cultural es hoy el resultado de décadas de extractivismo y desplazamientos, en donde no solo El Cerrejón es responsable sino el estado colombiano.

La semana pasada, el poeta y lingüista Wayuu Rafael Mercado Epieyu fue entrevistado en el programa radial de la Universidad Nacional de Colombia “Desde la botica”. Allí, a las preguntas ¿Qué es la Guajira para su comunidad? ¿Qué está pasando en la Guajira? Rafa, gran amigo y colaborador del Mensaje Indígena de Agua, respondió con el siguiente relato:

Nuestro territorio, desde nuestra visión wayuu fundamentada en los relatos ancestrales que se encuentran en la memoria de nuestros abuelos, de nuestras abuelas.

La parte que en castellano se conoce como Alta Guajira, donde se encuentra la Serranía La Macuira, nosotros la denominamos Wüinpumüin, que traduce “Hacia los caminos de las Aguas”. Es ahí, en ese esenario geográfico, donde se encuentra el principio, el origen de la vida para nosotros los Wayuu, a partir del camino de las aguas: Wüinpumüin. Y en ese escenario existen unas deidades que guardan esos lugares sagrados, donde por primera vez brotó la vida, desde el mundo de las Aguas, desde el mundo de Juya, nuestro abuelo. Juya es lluvia, Juya es hombre en Wayuu, y por lo tanto es nuestro abuelo, es El lluvia que conoce el secreto de la vida, en sus principios. En esos lugares sagrados, ahí se encuentran nuestros abuelos, como los animales, el lugar de ojos de agua en esta serranía que se llama Macuira. Entonces la Serranía para nosotros es la serranía madre que cuenta el origen de nuestra cultura.

Y más acá, bajando, donde se encuentra ese paisaje hermoso, donde en todas las tardes y en las mañanas, y en los mediodías de todos los días, es donde se levantan los granos de arena a danzar con el viento que viene del mar, que viene de Palaa, Palaa nuestra abuela, la madre de los vientos. Es ahí, ese escenario, la parte desértica que muestran en los canales, la parte que no hay nada según la televisión colombiana. Para nosotros, ese escenario de danza de vientos con las arenas de la tierra, de nuestra madre tierra, tiene mucho significado, expresa pensamientos primigenios. En las horas de la tarde podemos presenciar y sentir la llegada del viento Rülechi, que viene todas las tardes a caminar del Sur y encontrarse en el cerro que hoy en día se conoce como El Pilón de Azúcar. Este cerro en wayuunaiki se llama Kamaach, el cerro antiguo, el cerro ancestral. Es un escenario en donde se encuentra Rülechi, el viento del Sur, con el viento del Norte, Jepirachi, estos hijos de nuestra abuela Mar, Palaa, se encuentran y dialogan.

Y con estos conceptos que solamente se encuentran en las voces de nuestro abuelos. Pero hoy en día esas voces han sido ignoradas, apagadas, y por eso es que se vende esa imagen de la Guajira desde la visión del blanco. Desde la visión del alijuna [no Wayuu], como no ve cosas que no tiene en su mundo, entonces lo ha denominado como un territorio vacío, sin ningún significado, sino más bien le da ese significado de miseria, de pobreza, pero para nosotros los Wayuu, tiene una riqueza de conocimientos.

Y antes de llegar a la Sierra Nevada [de Santa Marta] está el Río Ranchería. Ahí habitaba la deidad de la fertilidad, nuestra abuela, Perakanawa, pero hoy en día, con los tropiezos y el salvajismo del capitalismo, ha sido destruido su habitat, y nuestra abuela, la deidad de la fertilidad, se ha ido y ha abandonado su lugar. Por eso es que han escuchado seguramente ustedes manifestaciones con el desvío del Río Ranchería [propuesta de El Cerrejón]. Ese Río Rancería era el nido, era habitat de Perakanawa, la deidad, la culebra, la gran abuela, que llegaba y fertilizaba y llenaba de vida a todo ser viviente, desde la hormiga, el árbol más pequeño, el más grande, ahí vivía. Pero ahora con todo el salvajismo del capitalismo ha espantado esa deidad.

Entonces ahí, todo este escenario del departamento [de la Guajira], seguramente si preguntáramos a un hermano Kogui, a un hermano Wiwa, a un hermano Arhuaco, también nos contaría algo parecido….

Escuchar aquí la entrevista completa a Rafael Mercado Epieyu => http://unradio.unal.edu.co/nc/detalle/cat/desde-la-botica.html

En los últimos cuarenta años, El Cerrejón se ha referido a la Guajira como una “tierra subutilazada”, “vacante”, “baldía”, pasando por encima de 3000 años de historias y saberes que los Wayuu han adquirido en Woumain. En Bajo el manto del carbón, Chomsky, Leech y Striffler (2007) han explicado que el proyecto multinacional de extracción del carbón El Cerrejón comenzó en 1975 y, actualmente, tiene un contrato con el gobierno colombiano hasta 2034. Desde el inicio, las comunidades Wayuu de Chancleta, Patilla, Roche, Los Remedios y Tamaquito, así como la comunidad afrodescendiente de Tabaco, fueron desplazadas.

Notiwayuu - train

Foto: Notiwayu / las2orillas => http://www.las2orillas.co/el-cerrejon-el-drama-en-la-guajira/

Remedios Fajardo – reconocida líder Wayuu – ha explicado que los Wayuu no solo han sido desplazados de los lugares de extracción en la Media Guajira como Caracolí y Espinal (Municipio de Barrancas donde viván 350 wayuu) a causa de las acumulaciones de basuras y desperdicios tóxicos; sino también de Puerto Bolívar (a donde llega el tren y de donde es exportado el carbón), conocido por los wayuu como la Media Luna (en donde habitaban 750 wayuu para 1980); y más recientemente del parque eólico Jepirachi (controlado por las Empresas Públicas de Medellín), cuya producción energética solo beneficia al puerto mismo de El Cerrejón. Para Fajardo, además de hurgar las entrañas de los cerros, montañas, bahías y cementerios sagrados, lo más grave es que este proyecto desconoce la concepción wayuu del territorio:

Si ellos salen de sus tierras, el resto de vecinos no les permitirá asentarse en sus territorios, les preguntarán: ¿Por qué entregaron las tierras que juya (la lluvia) les dio? ¿Qué vienen a buscar ahora en nuestras tierras? Según la tradición del pueblo wayuu quien cede sus tierras para quedarse sin ellas, pierde status ante la comunidad, y pierde credibilidad para asumir responsabilidades comunitarias. (Bajo el manto del carbón 22)

Esta situación, desde luego, divide a la comunidad, y termina siendo una ventaja para los objetivos de la multinacional. Mientras tanto, con la propaganda virtual de una supuesta “responsabilidad social”, avances en “energías limpias” (como celebra la página de las EPM) y “programas culturales”, El Cerrejón desvía la atención de las problemáticas locales y la violación a los derechos indígenas.

Ver aquí el documental Mushaisha, una pesadilla wayuu de Carlos Mario Piedrahita y Juan Sebastián Grisales. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2014 =>https://www.youtube.com/watch?v=_xz01i3ZRRY&list=PL__TzU4_15OF9Nck8UrVhLyZYw711cbJo&index=33

Como respuesta soberana, la producción literaria de Woumain es pionera en la historia de la literatura indígena de Abya-Yala. En marzo de 2011, la escritora wayuu Estercilia Simanca Pushaina publicó en su blog “Daño emergente, lucro cesante”, un relato breve sobre una mujer Wayuu “que manifiesta no saber firmar” y que todos los lunes atraviesa con su burro Mushaisa la carrilera del tren de El Cerrejón. Dice la narradora:

Él y yo nunca nos acostumbramos al tren y creo que la gente del otro lado, en el pueblo, tampoco. Ni los chivos, ni los niños ni nadie en este lugar. Desde que tengo memoria él ya estaba aquí, atravesando la Península desde Uchumüin –Sur- hasta Wüinpumüin –Norte-. Dicen que llega hasta el mar y que viene un barco grande y se lleva el carbón que el tren traía, y luego el tren se devuelve a buscar más carbón arañando las entrañas de Mma –la tierra-, la que guarda la sangre de nuestros partos y el ombligo de los recién nacidos. Mi tata dice que por donde pasa el tren, estaban los cementerios de muchas familias, pero al tren no le importó, porque él tenía que pasar por ahí, porque los huesos simplemente se podían llevar de un lugar a otro y hacer un cementerio nuevo, más bonito y más blanco que el de antes, pero el tren no podía hacer otro camino, ¡NO!, él tenía que pasar por ahí, y así se hizo, aja… y así se hizo, el tren sigue pasando todos los días y los lunes por las mañanitas. (Relato completo =>http://manifiestanosaberfirmar.blogspot.com/2011/03/dano-emergente-lucro-cesante.html)

Como en cada uno de los posts de las últimas semanas aquí en nuestro blog, Simanca sintetiza una antigua lucha en Woumain, una confrontación entre dos mentalidades, dos “modos de entender” la naturaleza y la cultura: por un lado, la locomotora del “progreso” y los paradigmas de la extracción minera y, por el otro, la lucha de las comunidades nativas por defender los territorios ancestrales, sus cementerios, lugares sagrados, animales y plantas, en últimas, su soberanía.

Un año después de “Daño emergente, lucro cesante”, el 7 de marzo de 2012, el poeta Wayuu Miguel Ángel López-Hernández, mejor conocido como Vito Apüshana, publicó en el periódico El Tiempo (Colombia), una carta titulada “Señores Multinacionales”, en la que se refiere nuevamente a esta pugna entre la locomotora y el saber ancestral:

Sabemos que la espiritualidad, que ustedes llaman romanticismo, es el peor enemigo de los negocios; por ello no esperamos que ustedes nos den la razón, sólo queremos evidenciar la proporción entre su sed de ganancias y el tamaño de sus desastres… y la desproporción final de sus responsabilidades.

Igualamos el peso de sus nombres lustrosos con los efectos de los predios que desolarán: “Greystar Gold = polvo de piedra de Santurbán; Cerrejón = vapor del río Ranchería; MPX (Brasil) = socavón del verde Perijá (La Guajira); Anglo Gold Ashanti = laderas estériles de La Colosa (Tolima); Muriel Mining Corporation = aguas envenenadas del Cerro Cara Perro o Ellausakirandarra (Chocó); Grupo Brisa = herida del cerro de Julkuwa de Dibulla; Endesa (Emgesa) = hambre del río Magdalena en El Quimbo (Huila)”… entre otras más.

La Gran Minería, es la criatura que ustedes han creado para sostener el movimiento del mundo que, debido a su crecimiento sin fin, terminará por devorarse a sí misma y, con ello, generar el colapso del planeta; terrible criatura que enfrentamos y enfrentaremos con las rogativas de la pertenencia y los cantos de la permanencia colectiva de los habitantes rurales… cantos entrelazados desde el hielo de los Inuits del Canadá hasta los glaciales de Perito Moreno en la Tierra del Fuego… a ella le diremos No, le diremos ¡ya basta!… y nuestra sangre derramada, tal vez, sea la última frontera. (Lea la carta/poema aquí =>http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11300185)

Apüshana va más allá de la Guajira y lanza su voz contra “la criatura” de la minería en otras latitudes del gran árbol del Abya-Yala. Su argumento funde la preocupación local con una necesidad global (¿post-racial?) por la “supervivencia” de la especie. Un mes después de esta carta, Vicenta Siosi Pino, cuentista wayuu del clan Apshana, publicó en el diario El Espectador “Carta de una wayuu al presidente de Colombia”, texto que le dio vuelta al mundo en defensa del Río Ranchería, el único río que atraviesa a Woumain, y quepublicamos en el Mensaje Indígena de Agua. En esta lucha por hacer respetar al río, y a través de la palabra y las redes sociales, la voz de Siosi generó una reflexión nacional e internacional sobre la desproporción de la propuesta de El Cerrejón.

El mismo año que Vicenta Siosi publica su carta, el poeta wayuu Rafael Mercado Epieyú dedica una serie de poemas (aun inéditos) a la “criatura” de El Cerrejón, dentro de los cuales se lee “El tren no sabe detenerse”. En el poema de Mercado, Woumain se ha deformado definitivamente, y por eso gime y sus hijos tosen, mientras el tren testarudo, “la locomotora del progreso”, sigue ensimismado su ruido y su carrera:

¡shalerein! ¡shalerein! ¡shalerein!

Así se escucha el ruido de los pies del tren

¡tününüin! ¡tününüin! ¡tününüin!

Así hace el gemido de la tierra bajo su peso

¡ojo´o! ¡ojo´o! ¡ojo´o!

Así se escucha la tos de los wayuu

Por ese polvillo negro que emite

Lo respiran, lo beben y la piel de los niños se derrite.

-por aquí no deben pasar chivos,

el tren no sabe detenerse-

Así dicen palabras escritas en sus avisos.

¡ja ja ja!

Si los ancianos wayuu no saben hacer hablar esas palabras escritas

Mucho menos los chivos.

La tierra de los wayuu se ha deformado

Ahora son indignos en ella.

Ellos están bien por la riqueza de su tierra guajira

Así les dicen.

¡Mentira, todos lo saben!

Finalmente, hace tan solo unos días, ante el afán por explotar un mineral que tiene sus días contados en la macro-economía de la producción de energía mundial, El Cerrejón propuso desviar el Arroyo Bruno, afluente del Río Ranchería, pero la respuesta de la comunidad fue inmediata (ver aquí el manifiesto del Primero de Mayo, 2016, en Riohacha =>http://notiwayuu.blogspot.com.co/2016/05/defender-el-arroyo-bruno-ha-sido-la.html?m=1).

Señores Multinacionales, la nación Wayuu no está sola, la Guajira no está baldía, y el Mensaje Indígena de Agua se solidariza con los líderes, escritores, activistas y con las comunidades que están defendiendo en primera línea a Woumain! Es tiempo de dejar tranquilo el carbón en las entrañas de Mma.

Hasta la próxima semana.

***

“Toward the Paths of the Waters”: From Uchumüin To Wüinpumüin

Jepira

Jepira (Cabo de la Vela, Guajira, Colombia). Picture: Juan Guillermo Sánchez M.

Our guest today is Woumain, the Wayuu Guajira between Colombia and Venezuela, and its fight in defending the Ranchería River and the Bruno Creek from the transnational coal mine El Cerrejón. In order to contextualize this long struggle, we would like to share some literary texts by contemporary Wayuu writers.

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Railroad from El Cerrejón Mine to Puerto Bolivar (Bolivar Port). Map: http://www.aljazeera.com/indepth/features/2016/02/life-latin-america-largest-open-pit-coal-160201114829811.html

Currently, Colombian mass media and virtual social networks are reproducing news and documentaries on Woumain’s hunger, drought, and the deaths among Wayuu children because of dehydration and starvation. For the first time in centuries, the people in larger cities of South America, or where the South American diaspora is, are interested in the Wayuu Guajira. However, because of the complex social and political situation of the region, the mass media has portrayed a broken image, which sometimes forgets the human richness of the biggest indigenous nation in Colombia. While it is true that global warming has prevented Jepirachi (the winds from the northeast) from bringing their uncle Juya (the rain) to fecundate Mma (the earth), it is also true that today’s greed and social imbalance are the consequences of decades of mining and displacement, for which not just El Cerrejón is responsible but also the Colombian government.

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El Cerrejón, the largest open-pit coal mine in the world, owned by BHP Billiton, Anglo American and Xstrata/Glencore.Picture: lachachara.org 

On May 5th, the Wayuu poet and linguist Rafael Mercado Epieyu was interviewed in the National University’s radio program “Desde la botica”. To answer the questions “What does the Guajira mean to your community?” and “What is happening in Guajira?”, Rafael, a great friend and contributor of the Indigenous Message on Water, shared the following story:

Our territory, from the Wayuu vision, is founded in the ancestral stories, which are placed in the memory of our grandfathers and grandmothers. The place which is known in Spanish as Alta [Upper] Guajira, where the Macuira Mountain range is, we call it Wüinpumüin, which translates as “Toward the Paths of the Waters”. It’s there, in that geographical scenario where the beginning is, the origin of life, the Paths of the Waters: Wüinpumüin. So, in that scenario there are some deities who keep those sacred places, where, for the first time, life bloomed—from the Waters’ world, from the Juya’s world, our grandfather. Juya is rain, Juya is man in our language, therefore He is our grandfather, He is who knows the secret of life, in its principles. It is in those sacred places that our grandparents can be found, like the animals, the eyes of water in that mountain range which we call Macuira. So, for us, this mountain range is our Mother who tells the story of our culture.

And you go down where that beautiful landscape is, where every afternoon and every morning, and every noon of everyday, the grains of sand dance with the wind, which comes from the sea, from Palaa, our grandmother, the mother of the winds. It’s there, in that scenario, the desertic part that the TV channels show, where there is nothing, according to Colombian television. For us, that place of dancing, between the earth’s sands and the winds, has a lot of meaning; it expresses original thoughts. In the hours before sunset we can witness and feel the arrival of Rülechi, who comes every afternoon, walking from the South to hit the hill, which is known today as El Pilón de Azúcar. This hill, in wayuunaiki, is called Kamaach, the old hill, the ancestral hill. That’s the scenario where Rülechi, the wind from the South, meets with the wind from the North, Jepirachi, both children of our grandma Sea, Palaa. They both meet with each other and dialogue.

And these concepts are only found in our grandparents’ voices. But, nowadays, those voices have been ignored, muted, and that’s why that image of the broken Guajira has been sold by the white men. Because if he does not see the things that he has in his world, the alijuna [non Wayuu] has named Guajira as an empty land, without meaning, giving it a connotation of misery and poverty. But, for us, the Wayuu, the same land is rich in knowledge.

And before one hits the Sierra Nevada [de Santa Marta], there is the Ranchería River. The fertility deity used to inhabit there, our grandmother, Perakanawa, but nowadays, with capitalistic savagery and setbacks, its habitat has been destroyed, and our grandmother, the fertility deity, has gone and abandoned her place. That’s why you have probably heard protests against El Cerrejón’s proposal to change the course of the Ranchería River. The Ranchería River was the nest, the Perakanawa habitat, the deity, the snake, the great grandma, who used to come to fertilize and fill every single being with life from the ant to the biggest tree. She used to live there. But now, all the capitalistic savagery has frightened that deity.

So this is the scenario of the Guajira province. Probably, if we talk to a Kogui brother, a Wiwa brother, or an Arhuaco brother, they would say something similar…

Listen here the complete interview to Rafael Mercado Epieyu (in Spanish)=> http://unradio.unal.edu.co/nc/detalle/cat/desde-la-botica.html

In the last forty years, El Cerrejón has called the Wayuu Guajira an “under-used land”, “vacant”, “empty”, stepping on 3000 years of history and knowledge which the Wayuu nation has built on Woumain. In Bajo el manto del carbón (The People Behind Colombian Coal), Chomsky, Leech and Striffler (2007) have explained that the multinational project of coal extraction El Cerrejón, started in 1975, has a contract with the Colombian government until 2034. From the beginning, the Wayuu communities of Chancleta, Patilla, Roche, Los Remedios, and Tamaquito, as well the Afro-Colombian community of Tabaco, were displaced.

Remedios Fajardo, renowned Wayuu leader, has also explained that the repercussions of El Cerrejón’s projects extend beyond the extraction points of the middle Guajira, such as Caracoli and Espinal, where 350 Wayuu were displaced due to piles of garbage and toxic waste. Puerto Bolivar, furthermore, the train arrives and the coal is exported to Europe and the US, has seen the displacement of 750 Wayuu people. More recently, Wayuu people have been displaced fromthe Jepirachi Wind Turbine Project, controlled by the Medellin Public Enterprises (EPM), whose energy only benefits El Cerrejón´s port. According to Fajardo, in addition to digging the hills’, mountains’, bays’ and cemeteries’ guts, it’s clear that those projects don’t understand the Wayuu territory:

If the displaced Wayuu leave their lands, the rest of the community won’t permit them to settle in their lands. They will ask them: Why did you give away the lands that Juya, the rain, gave you? What are you looking for in our land? According to Wayuu nation’s tradition, those who give up the land stay landless, lose status among the community, and lose the trust in assuming community responsibilities. (Bajo el manto del carbón 22)

This situation, of course, divides the community, and it ends up being an advantage for the purposes of the multinationals. Meanwhile, with the virtual advertisement of “social responsibility”, “green energies” and cultural programs, as the EPM celebrates in its website, El Cerrejón distracts the attention from the local issues and violates indigenous rights.

Watch here “The Survival of the Wayuu People” by PBI Colombia (2012) => https://www.youtube.com/watch?v=rs6cGKx6Kdo

As a sovereign response, the Woumain’s literary production is pioneering in the history of indigenous literatures from the Abya-Yala. In March, 2011, the Wayuu writer Estercilia Simanca Pushaina published in her blog “Daño emergente, lucro cesante” (“Emerging Damages, Lost Profits”), a short-story about a Wayuu woman who every Monday crosses El Cerrejón’s railroad with her donkey Mushaisa. The narrator says:

…He [the donkey] and I never got accustomed to the train, and I believe that the people on the other side, in the village, never did either—neither the goats nor the children, nobody in this place. Since I have memory, he [the train] was here, crossing the Peninsula from Uchumüin –South- to Wüinpumüin –North-. People say that he arrives to the sea, and that a big ship comes and takes the coal that the train brought, and then the train returns to look for more coal, digging the guts of Mma, the earth, She who keeps the blood of our birth, and the navels of the newborns. My tata says that the cemeteries of a lot of families are where the train passes, but the train didn’t care because he had to pass that way. The bones could simply be carried from one place to other, and a new cemetery could be built, more beautiful and whiter than the other. But, the train couldn’t make another path, NO! He had to pass that way, and that’s it, you know…, that’s it, the train is still passing everyday and Mondays, in the morning… (read the complete story in Spanish here)

As in all of the posts of the last few weeks, Simanca summarizes an old tension in Woumain, a confrontation between two mindsets, two ways of understanding nature and culture: on one side, the “progress locomotive” and the mining paradigm; on the other side, the resistance of native and peasant communities in defending their territories, their cemeteries, sacred places, livestock, plants, and sovereignty.

Please read this wonderful article by Robert Llewelyn, “Across Colombia by train, with García Márquez”, published in Political Newsletter Counterpunch. (December 26-28, 2014) => http://www.counterpunch.org/2014/12/26/across-colombia-by-train-with-garcia-marquez/

A year after “Emerging Damages, Lost Profits”, on March 7th, 2012, the Wayuu poet Miguel Ángel López-Hernández, also known as Vito Apüshana, published an open letter entitled “Señores Multinacionales” (“Mr. Multinational”) in the Colombian newspaper El Tiempo, in which he also refers to this rivalry between the “progress locomotive” and the ancestral knowledge:

We know that our spirituality, which you call romanticism, is the worst enemy of business; that’s why we don’t expect you to agree with us, we just want to make evident the proportion of your thirst for profit, the size of your disasters, and the final disproportion of your responsibilities.

We compare the weight of your shiny names with the effects on the lands you will devastate: Greystar Gold = stone dust of Santurbán; El Cerrejón = Ranchería River’s steam; MPX (Brazil) = hollow of the green Perijá (Guajira); Anglo Gold Ashanti = sterile slopes of La Colosa (Tolima); Muriel Mining Corporation = poisoned waters of the Cara Perro Hill and Ellausakirandarra (Chocó); Brisa Group = wound in the Julkuwa Hill (Dibulla); Endesa (Emgesa) = Magdalena River’s hunger in El Quimbo (Huila)… among many others.

Large-scale mining is the creature that you have created to support the motion of the world, which, because of its infinite growing, will end up devouring itself, and then, the planet will collapse; the terrible creature who we fight and will fight with rogations of belonging, and songs of collective continuity by the rural inhabitants… songs interweaved from the Inuit’s ice in Canada to the Perito Moreno glaciers in the Tierra del Fuego. To this creature, we’ll say “No”, we’ll say “No more!” And our spilled blood, maybe, will be the last frontier. (Read the full letter in Spanish here)

Apüshana goes beyond Guajira, and sends his message against “the creature” in other latitudes of the Abya-Yala / Turtle Island. His argument puts together the local issue with the global need (post-racial?) for the survival of the humanity.

One month after this letter, Vicenta Siosi Pino, Wayuu writer from the Apshana clan, published “Letter from a Wayuu woman to the Colombian President” in the Colombian newspaperEl Espectador, a text that traveled the world in defense of the Ranchería River, the only one that crosses Woumain (published also in the Indigenous Message on Water). Through the mass media, Siosi’s letter generated a national and international attention on the devastation it would cause El Cerrejón’s project of change the course of the river.

The same year Siosi wrote his letter, the poet and linguist Rafael Mercado Epieyu dedicated some poems to the El Cerrejón struggle. In “El tren no sabe detenerse” (“The train doesn’t know to stop”), Woumain is permanently deformed, and She cries while her children cough and the stubborn train, “the progress locomotive”, continues its noise and hurry:

¡shalerein! ¡shalerein! ¡shalerein!

That’s how the noise of the train feet sound

¡tününüin! ¡tününüin! ¡tününüin!

That’s how the earth’s whine sounds under its weight

¡ojo´o! ¡ojo´o! ¡ojo´o!

One can hear the Wayuu cough

Because of that black fine dust that the train emits

They breathe it, drink it, and the children’s skin melts

– Goats should not cross here,

the train does not know how to stop –

Those are the words written in their signs.

¡ja ja ja!

If the old Wayuu don’t know how to make those written words speak

Neither do the goats.

The land of the Wayuu is deformed,

now they are disgraceful to her.

They are well with the richness of its Guajira land.

That’s what people say to them.

Lie, we all know it!

Just a few days ago, due to the resistance of the Wayuu nation against the changing of the course of the Ranchería River, and because of the company’s rush to exploit a mineral that is loosing its power in the macro-economy of the global production of energy, El Cerrejón proposed to change the course of the Bruno Creek, tributary of the Ranchería River, but the response of the community was immediate (read the Manifesto in Spanish).

Dear Mr. Multinational, the Wayuu nation is not alone anymore. With this post, the Indigenous Message on Watershows solidarity with the leaders, advocates, writers and the communities who are defending Woumain in the front-lines! It’s time to leave the coal underground, in the Mma’s guts.

Until next week when we’ll close this cycle of thirteen posts!