Chaykonibaon gema: el pueblo de los espíritus perfumados. Inin Niwe & Chonon Bensho

Hawansuyo da la bienvenida a Inin Niwe (Pedro Favaron) a quien hemos conocido a Panshin, Inin y Bensho.jpgpartir de Juan Guilermo Sanchez. Inin Niwe  y Chon Bensho, su esposa, comparten  con nosotros  un canto poema en lengua Shipibo usado por el en una ceremonia de Ayawaska. Luego del original y su traduccion hay una nota explicativa  escrita por Pedro que esperamos que  el lector no deje de leer. Es la primera vez que Hawansuyo tiene el honor de publicar en una lengua amazonica.

 

Chaykonibaon gema: el pueblo de los espíritus perfumados

Por Inin Niwe & Chonon Bensho

Nokon bewa shamabi

Bewa shama kanoni

Rao bewa shamabi

Metsa bewa abano

Bewa bewa baikinra

Maya maya bainkin

Bewa kene abano

Metsa kene shamabi.

Ea riki Onanya

Jakon joni Onanya

Ray rocotoro shama

Nokon metsa mayti

Nokon mayti shamabi

Biri biri mabokin

Inka mayti shamabi

Metsa kene shamabi.

Nokon metsa tari

Metsa tari shamabi

Josho tari shamabi

Metsa kewe shamabi

Nokon pino tari keweya.

Ea kaya keyanon

Nay shama panishon

Rao nete kepenkin

Rao nete shamabi

Ani nete kepenkin

Metsa nete kepenkin

Jakon nete kepenkin

Inin nete kepenkin.

Inin gema kanoni

Chaykonibaon gema kaya

Metsa gema shamabi

Jaton metsa shobo

Raro inin numabo

Maya masha iti kaya.

Nato metsa netenko

Ea riki awinña

Soi noma metsashoko

Ja riki nete biriay

Nokon papashokobo

Raro bewa shamanshon.

Rao nete ibobo

Maya maya shamani

Nonra isinbo benshoay

Non metsa bewa kaya.

Ea riki Meraya

Moatian jonibo keska

Nato xawan benshoay

Nato numa benshoay

Nokon rao bewa shamashon

Nete bewa shamashon

Nete Ibo jakon joi

Nete Ibo rao joi.

***

Con la profundidad de mi canto

conectándome con la profundidad del canto

con la profundidad medicinal de mi canto

estoy haciendo un canto hermoso;

y me voy encaminando con mi canto

avanzando dando vueltas y vueltas

haciendo un canto con diseños

con hermosos y profundos diseños.

Yo soy médico tradicional

un hombre bueno y curandero

un rey sabio y médico visionario

y tengo una hermosa corona

una profunda corona

que vibra resplandeciente

emejante a la corona de los Inka

con un diseño hermoso y profundo.

Y tengo una cushma

una cushma hermosa

una cushma blanca y profunda

con bellos diseños bordados,

mi cushma bordada del colibrí.

Mi alma se eleva

y se suspende en el insondable cielo

abriendo el mundo medicinal

la profundidad del mundo medicinal,

abriendo el mundo ilimitado,

el mundo hermoso, inexpresable,

el mundo sin mal, el mundo bueno,

el mundo de la medicina perfumada.

Me conecto con el pueblo perfumado

con el alma del pueblo de los espíritus perfumados

con la profundidad de ese pueblo invisible

en el que tienen hermosas casas;

y las alegres y aromáticas mujeres

dan vueltas bailando y cantando el masha.

En ese mundo hermoso

tengo mi esposa

un ave muy hermosa

y todo en ese mundo resplandece,

y mis queridos abuelos

cantan con mucha alegría.

Los espíritus Dueños de la medicina

giran y giran desde lo más hondo

curando las enfermedades

con el alma de nuestros hermosos cantos.

Tengo el saber de los  Meraya

como los antiguos

y a este hombre estoy curando

y a esta mujer estoy curando

con la profundidad de mi canto medicinal

con la profundidad del mundo medicinal

con la buena palabra del Dueño de la existencia

con la palabra medicinal de Dios.

Inin Niwe (Pedro Favaron) es escritor y médico tradicional. Este texto es un extracto de un ininchonon 419.jpgcanto que ejecutó en una ceremonia de ayawaska. Lo ha transcrito en lengua shipiba y traducido al castellano (con ciertas libertades poéticas) en colaboración con su esposa, Chonon Bensho (Astrith Gonzales Agustín). Ambos son comuneros de la Comunidad Nativa de Santa Clara de Yarinacocha, de la nación indígena shipibo-konibo. Con este tipo de canto, el médico visionario (Onaya) puede abrir el mundo medicinal y vincularse con los espíritus Dueños de la medicina, los Chaykonibo, seres de gran conocimiento y buenos pensamientos, que brindan ayuda a los médicos que se inician siguiendo la senda legítima enseñado por los antiguos. Él médico que llega a visitar los territorios escondidos de los Chaykonibo, se emparenta con ellos y de ellos aprende su ciencia médica. Los cantos medicinales no se escriben, sino que surgen en el momento mismo de la ceremonia medicinal; los médicos visionarios, haciendo  un uso trascendente de sus facultades perceptivas, captan la fuerza medicinal y la expresan mediante sus cantos. La vibración del canto viene desde el mundo espiritual, alcanza la profundidad de los pacientes y los cura. Quien canta sabe que es un médico, que se ha iniciado de la manera correcta, siguiendo el ejemplo de los antiguos, y que tiene la potestad legítima para convocar a las plantas medicinales; pero la fuerza curativa no le pertenece, sino que proviene de los mundos espirituales. La medicina viene y va hacia Dios. El buen médico es solo un instrumento.

 

 

Los Chaykonibo:

dueños de la medicina visionaria

 

por Inin Niwe & Chonon Bensho

 

 

Los médicos visionarios del pueblo shipibo cuentan que, en los lugares impenetrables del bosque, alejados de los motores del progreso, viven los espíritus Chaykonibo. Ellos son los legítimos Dueños (ibo) del mundo medicinal (rao nete). No podemos verlos con los ojos de nuestro cuerpo, sino que debemos hacerlo con los ojos del espíritu, en sueños y visiones. Y no cualquiera puede hacerlo. Es necesario vivir de manera correcta, como enseñaban los antiguos. Quienes viven mal, teniendo relaciones sexuales con diferentes personas, hablando mal de los demás, pensando de manera egoísta, son percibidos por los Chaykonibo como personas desagradables e inmundas. Nunca los dejarían acercarse a su mundo, ni profanarlo con su perversión.

Los Chaykonibo no conocen el dinero, la maldad, los celos, ni las discusiones. El hombre y la mujer no pelean, ni los suegros discuten con los yernos, ni los padres con los hijos. Todos se tratan con respeto y calma. Siempre se acuerdan de visitar a sus parientes. Y son muy generosos. No saben guardar algo solo para ellos o acumular, sino que todo lo comparten, sabiendo que Dios (Nete Ibo) les dará su alimento. Viven entre sí de manera perfecta. Nuestros abuelos nos contaban que también los humanos vivíamos así antes, cuando el cielo estaba más cerca de la tierra y podíamos conversar con el sol y la luna, con las plantas y los espíritus. Pero perdimos esa condición por nuestra desobediencia y ahora andamos perdidos, sin rumbo, como quien camina por el bosque sin poder orientarse y no encuentra la trocha para regresar a casa.

Los Chaykonibo viven acoplados a la ley de la tierra y de sol, que es la ley luminosa de la palabra de Dios. Y Dios enseña lo mismo a los Chaykonibo que enseña a los cristianos: que hay que amarlo por sobre todas las cosas, y amar al prójimo como a uno mismo, sin odios ni deseos de venganza. La única diferencia es que los Chaykonibo, además de eso, son expertos conocedores de las plantas medicinales del bosque. Por eso nosotros no entendemos cuando los cristianos critican a las plantas y a nuestras costumbres medicinales. ¿Acaso no hay un solo Dios que ama a los hombres y mujeres de buena voluntad de todas las naciones? ¿Y no quiere Dios que usemos de las buenas plantas que Él nos dio para aliviar el sufrimiento humano? La fuerza de las plantas medicinales que nosotros utilizamos desde antiguos, ¿no viene del Espíritu?

Los Chayconibo viven con simpleza y de nada carecen. Son expertos en todas las cosas de la selva, cazando, pescando y cosechando. Ellos crían algunas aves de monte, como la garza, de la misma manera que los humanos criamos a las gallinas y patos. Y también hay quienes dicen que los jaguares y pumas son sus mascotas, y defienden su mundo para que no entre ningún intruso. Estos espíritus buenos viven en sitios alejados cerca a quebradas o lagunas de agua cristalina. Tienen abundante sachapapa y dale-daleY no les faltan los pescados finos, como el paiche y la doncella. Nunca los vemos comiendo esos pescaditos que ahora nosotros tenemos que comer, porque cada vez hay menos peces en los lagos y los ríos de nuestra selva.

Cuando una persona se inicia en la medicina visionaria de la manera legítima, siguiendo los pasos dejados por los antepasados, soñará con los Chaykonibo. El alma del visionario puede desplazarse hasta sus casas, o ellos pueden venir a visitarlo. Sorprende mucho el verlos remando en sus canoas: lo hacen con tanta técnica y agilidad, que avanzan más rápido que un deslizador con motor fuera de borda. Es así como viajan en pocos minutos grandes distancias. ¿Qué es el tiempo y el espacio para los espíritus? No se sabe si los Chaykonibo mueren o son inmortales, pero nunca se les ve enfermos o velando a uno de ellos. Ellos no tienen arrugas en la piel; aunque a algunos los vemos como ancianos y a otros como jóvenes, en cierto sentido no parecen sentir el paso del tiempo. Son atemporales.

Los Chaykonibo son shipibos, pero no sabemos hace cuánto que no cambian su modo de vida. Hablan en shipibo, pero de una manera un poco distinta. Y no lo mezclan con palabras castellanas. Tampoco comen sentados en mesas, sino que lo hacen en el suelo. Todas sus ollas, platos y vasijas son de barro. No utilizan cubiertos. No conocen lo que es el tenedor, sino que con sus mismas manos comen. Tampoco usan zapatos, sino que andan descalzos, ni tienen ropa interior. Los hombres se visten con sus cushmas (tari) y todas las mujeres se visten con falda (chitonti) y blusa (coton) tradicionales, incluso las más pequeñas; no son como las muchachas jóvenes de las comunidades, que dicen que la blusa tradicional les da mucho calor y no se acostumbran, y les encanta vestirse como mestizas y usar maquillaje.

Las comunidades shipibas sufren la presión del mundo moderno y el crecimiento de la sociedad mestiza. Siguen siendo indígenas, hablando su lengua y decorando sus telas con los diseños kene, pero su modo de pensar y de vivir ha cambiado, y nunca volverá a ser como los de antes. Cuando los Chaykonibo viajan a visitar las comunidades actuales, se sorprenden de estos cambios de vida. Para los humanos es muy importante vincularse con ellos: cuando los médicos tradicionales los encuentran en sueños y visiones, ellos brindan buenos consejos para vivir con rectitud y enseñan su medicina. Gracias a los Chaykonibo nuestros abuelos eran personas de mucha sabiduría (ani shinanya) y pensamientos poderosos (koshi shina).

No todos los que se dicen médicos o maestros (onaya) pueden llegar a trabajar con los Chaykonibo y aprender con ellos. Para hacerlo, primero, hay que iniciarse en la medicina de la manera antigua, dietando como hacían nuestros ancestros: sin sal, sin azúcar, sin aceite, sin jabón, sin sexo. No se trata de dietar unos cuántos meses, porque la medicina se demora en abrirse; hay que dietar años, soportando los sufrimientos, con paciencia, hasta que llegamos a verlos y aprender con ellos. Entonces, cuando la persona ya va avanzando en su aprendizaje y tiene un alto grado de iniciación, empieza a ver a los Chaykonibo en sueños y en visiones.

Hay que pasar muchas dificultades y pruebas para aprender. No todos pueden superarlas. Ya cuando una persona avanza un poco más en la dieta y los Chaykonibo comprueban que es buena gente, con pensamientos rectos, y que quiere aprender por las buenas razones, entonces un Chaykoni le entrega a su hija por esposa. Entonces, ese Chaykoni se convierte en su suegro y maestro, le trasmite su fuerza y su conocimiento; la esposa Chayconi asiste al médico humano en sus sesiones, para poder curar a los pacientes. Entonces, así como el médico es parte de una comunidad humana, también es parte de la comunidad de los Chaykonibo. El médico vive entre ambos mundos, y en los dos tiene responsabilidades. Pero también de ambos mundos lo apoyan quienes lo quieren.

Los médicos que han dietado de manera estricta y con las plantas correctas, pueden llegar incluso a tener varias esposas Chaykonibo. Ellas desconocen los celos y en ninguna manera rivalizarán con la mujer humana del médico; al contrario, la apoyarán y cuidarán amorosamente, como si fuese su hermana (Lo que parece un poco más peligroso, es cuando una muchacha soltera entra en amores con un varón Chaykoni; en tales casos, el Chaykoni sí puede mostrarse un tanto celoso, no queriendo que la joven tenga un marido humano). Las mujeres espirituales de un médico lo atenderán con esmero. Las mujeres y hombres Chaykonibo son de gran belleza. Sus rasgos son finos y no tienen manchas o cicatrices en sus cuerpos. Esta belleza y perfección es reflejo de su pureza interior. Su piel es muy blanca, casi luminosa, pues viven al amparo del bosque y los rayos del sol nunca los quema.

El médico legítimo debe comportarse como lo hacen los Chaykonibo, viviendo con pensamientos alegres, sencillos y serenos. Un médico así podrá abrir el mundo bueno (jakon nete) y grandioso (ani nete) de la medicina y trabajar con los Chaykonibo. Este mundo medicinal se abre con los cantos de curación (rao bewa), llamados ikaros por los curanderos mestizos. Los Chaykonibo, como ya he dicho, no gustan de las personas egoístas, ni soberbias. Ellos ven a las personas por dentro y no pueden ser engañados. Por eso, muchas veces los propios malos pensamientos de los pacientes cierran la acción medicinal del ikaro, y llega un momento en que si sus resistencias a la medicina no ceden, no se puede hacer nada por ellos. Y ahí es mejor decirle, “sabes que amigo, amiga, no podemos ayudarte, mejor búscate a otra persona”.

Nosotros podemos querer ayudar a un paciente, pero hay personas que no nos permite hacerlo. Si los Chaykonibo no quieren ayudar a una persona, ellos nos dicen en nuestra visión: “esta persona es mala, es mezquinosa, es racista, no la vamos a ayudar”. Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros? El médico no puede hacer nada por su propia voluntad o fuerza, sino que trabajamos en conjunto con los espíritus Dueños de la medicina. Para curar a una persona y usar la fuerza de las plantas, hay que pedirles permiso. Nosotros solo somos instrumentos de la medicina; no podemos caer en la ilusión de pensar que el poder nos pertenece.

Pero cuando un paciente es humilde, tiene buenos pensamientos y en verdad quiere sanarse, entonces los Chaykonibo abren su mundo medicinal. Y ahí, en nuestras visiones, los espíritus medicinales aparecen alegres, en sus casas, con sus chacras ordenadas, y vestidos bien arreglados, como de fiesta, recibiendo con generosidad a los pacientes, atendiéndolos, curándolos. Es muy hermoso de ver, y nuestro corazón se emociona con tanta belleza. Muchas veces vemos que los pacientes son pintados con diseños kene. Y ahí podemos estar seguros de que tenemos la capacidad de ayudar a esa persona y que la curación tendrá éxito.

El mundo de los Chaykonibo es tan hermoso (metsa nete) que hay veces que no nos provoca volver a nuestro mundo de conflicto, en el que nunca faltan los problemas y las envidias, las discusiones y la violencias. Si nos hemos comportado de forma legítima, como verdaderos humanos (joni kon), tal vez al morir iremos a vivir con ellos, sin sufrimiento, con alegría. Y desde ahí podremos guiar a nuestros descendientes para que este conocimiento, herencia de nuestros antiguos, nunca se pierda. Y gracias a nuestros consejos, nuestros nietos sabrán vivir con dignidad y sabiendo agradar a nuestro padre Dios (Papa Ibo).

 

 

Inin Niwe (Pedro Favaron) y Chonon Bensho (Astrith Gonzales) son esposos y comuneros empadronados de la Comunidad Nativa de Santa Clara de Yarinacocha, de la nación shipiba. En dicha comunidad han fundado la clínica de medicina tradicional Nishi Nete y un jardín etnobotánico.

 

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