Aqupampa, de Pablo Landeo Muñoz, la primera novela escrita en quechua. César Itier

Paqarin Limapi Atuqpa Chupan 4 reqsichinan kachkaptin Aqupampamanta Cesar Itier qellqasqanta Hawansuyupi churachkayku. Cesarpa qamutayninqa puntan Insula Baratirapi qespimurqa. Paykuna miki chayraq Huacavelicapi reqsichikunku. Allinmi.

13592328_10209969607062580_8636262071899837490_n

Aqupampa, de Pablo Landeo Muñoz, la primera novela escrita en quechua

César Itier

Institut National des Langues et Civilisations Orientales (INALCO – París)

Primera verdadera novela escrita en quechua, Aqupampa (Arenal), de Pablo Landeo Muñoz, constituye un doble acontecimiento literario. Por una parte augura una diversificación lingüística de la literatura peruana, hasta ahora de expresión esencialmente castellana. Marca, por otra parte, el acceso de la literatura quechua al género mayor de la literatura contemporánea, la novela. Las décadas de 1950 y 1960 vieron la aparición de los primeros textos de literatura escrita en quechua, por entonces casi todos consistentes en ediciones bilingües de poesía. La prosa, que requiere de mayores habilidades de escritura y de lectura, recién inició su desarrollo en la década de 1990, con la aparición, en el Perú, de los primeros cuentos literarios en quechua, los de José Oregón, Porfirio Meneses, Sócrates Zuzunaga, Macedonio Villafán y José Tapia. La década del 2010 ha sido la del ensayo, particularmente a través de la revista monolingüe Atuqpa Chupan, editada por el mismo Pablo Landeo y un grupo de jóvenes hablantes del quechua ayacuchano. En los últimos 30 años, esta variedad –que cubre los departamentos de Huancavelica, Ayacucho y el oeste de Apurímac– ha sido la más fértil en producción escrita de todo el mundo quechuahablante. José Oregón, Porfirio Meneses, Sócrates Zuzunaga y Pablo Landeo proceden de esa región. El interés de los “ayacuchanos” por elaborar literatura y ensayos en quechua se debe probablemente en parte a su masiva migración a Lima, donde el estímulo intelectual y las posibilidades de publicar son mayores que en las ciudades de provincias. Acentuada por el conflicto de los ochenta, la migración a la costa ha generado al mismo tiempo una aceleración del cambio socio-cultural que a su vez parece haber incitado a algunos migrantes a buscar en la escritura en quechua una manera de remediar la pérdida cultural que pudiera causar su dispersión en nuevos espacios.

Era de esperar, por lo tanto, que el quechua llegara a adueñarse también del género novelístico. Dos publicaciones recientes, esta vez bolivianas, pueden considerarse como una transición del cuento literario a la novela: Sumaq Urqu (‘El Cerro Hermoso’), de Zulema Pary Montesinos (2012), y Saqapa (‘El cascabel’), de Jinés Cornejo Endara (2013). Por su extensión (43 y 40 pp. respectivamente), estas narraciones se diferencian de los cuentos literarios de las dos décadas anteriores. Por sus características fundamentales sin embargo, no constituyen novelas sino cuentos largos: Zulema Pary imaginó un relato mitológico sobre los orígenes de los cerros tutelares de Bolivia, en particular el de Potosí; la cautivante narración de Jinés Cornejo, por su parte, sigue las pautas enunciativas del relato oral y se sitúa, como los cuentos, en un mundo atemporal. Es la historia del viaje de un hombre en busca de la semilla del maíz que un hongo hizo desaparecer completamente de su pueblo. Dentro de este panorama Aqupampa constituye una total novedad. Aunque con sus 100 páginas supera ampliamente todas las obras anteriores, lo que hace de ella una novela no es la extensión ni tampoco la sola complejidad sicológica de sus protagonistas, sino el hecho de que estos se inscriben en un medio social, un momento histórico, un conjunto de creencias e incluso un paisaje definidos. Por primera vez, una narración quechua explora la manera cómo unos personajes reaccionan y evolucionan ante los múltiples aspectos de un mundo históricamente situado.

Aqupampa transcurre entre los migrantes de Lima. El relato no es lineal sino que alternan en él cuatro momentos históricos que el lector puede situar alrededor de los años

1940, 1970, 1990 y 2000. La narración está a cargo de distintos personajes así como de un narrador omnisciente, que ofrecen otros tantos puntos de vista sobre los acontecimientos. Los espacios de la novela son asimismo plurales: si bien lo esencial de ella tiene lugar en Lima –en particular Surquillo y Villa El Salvador–, algunos episodios transcurren en un pueblo de la sierra. El personaje central de Aqupampa es Margarita, hija de una familia originaria de Huayllapata, imaginariamente ubicada en la provincia de Acobamba, del departamento de Huancavelica; desde la década del 70, ella y sus padres se establecen en Lima. La novela se construye principalmente alrededor de tres etapas de la vida de Margarita: (1) su salida de Huayllapata y su infancia en un barrio popular de Lima – Surquillo–, (2) su juventud y (3) su madurez en Villa El Salvador. La creación, por los migrantes, de esta ciudad satélite de la capital y la posterior llegada a ella de Sendero Luminoso constituyen el marco histórico de los episodios centrales de la novela. El progreso y las esperanzas de la familia se truncan con el asesinato del padre de Margarita, Saturnino, en un arenal de Pachacámac. La indagación de las causas y circunstancias de esta muerte forma el núcleo de la trama de Aqupampa, cuya hilación no revelaré aquí. Basta decir que la joven descubrirá que Carlos, el muchacho del que se ha enamorado y del que está encinta, es un militante senderista y ha sido el causante indirecto de la muerte de su padre. En la tercera etapa de su vida, la protagonista, ya profesora, se dedica a recoger y escribir los testimonios de las mujeres que la violencia expulsó de sus pueblos. En las sesiones de narración y escritura que tienen lugar en su casa, las mujeres también recuerdan relatos que encierran “saberes antiguos” (ñawpa yachaykuna) y antiguos cantos. Refiere Margarita: Hinaspam takiniku sunquykumanta nanaykunata wischunaykupaq, sasachakuy pachakunata llallipanaykupaq “Cantábamos entonces para expulsar de nosotras el sufrimiento y superar los tiempos de dolor”. Se puede ver en estos cantos una metáfora de esta novela, cuyo tema principal es la superación de los “tiempos de dolor”, es decir de la época de Sendero.

A las tres etapas de la vida de Margarita corresponde una organización ternaria, por la novela, del curso histórico contemporáneo:

(1) el muchuy pacha ‘tiempo de hambruna’ –título del primer capítulo– en el que algunos personajes ven un castigo de Dios y un anuncio del próximo fin del mundo; otros, como Saturnino, no se resignan a la miseria y a la muerte y migran a la costa;

(2) los sasachakuy pachakuna ‘tiempos de dolor’, marcados por la violencia senderista en una sociedad migrante aún no reconstituida;

(3) la etapa representada por la formación, por Margarita y las mujeres de Villa El Salvador, de un nuevo vínculo social entre los migrantes, tejido por la literatura oral y la escritura….

seguir leyendo ITIER-Aqupampa (1)

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s