¿Hay un futuro para la lengua general? Gerald Taylor

Agradecemos a Gerald Taylor y a Cesar Itier tener la gentileza de hacer llegar una propuesta literaria que parte de la “lengua General” del  los siglos XVI y XVII, pero es vislumbrada  como propuesta literaria actual, de las cuales Choque Amaru y otros cuentos nuevos del buen Gerald Taylor es un avance. Desde ya  esperamos la aparición en septiembre de Huchukmarka llaqta, que se dará con las actualizaciones pertinentes a la mas reciente propuesta literaria nacional. Vivimos, munaspa mana munaspa, en el horizonte -no vanguardia- poético mas significativo y promisorio,  ante el cuales tal vez deban definirse las  literaturas oficiales, y no a la inversa. Gracias Dr.  Gerald Taylor.

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¿Hay un futuro para la lengua general?

Gerald Taylor

Durante los siglos XVI y XVII, en el virreinato del Perú, existía al lado del castellano una segunda lengua literaria llamada la “lengua del inca” o ”lengua general”. En las diversas variantes de este idioma se produjo una literatura abundante bajo la forma de obras publicadas (los sermonarios de Ávila y de Avendaño, el Symbolo de Jerónimo de Oré) y de manuscritos (el manuscrito quechua de Huarochirí, el teatro del Lunarejo y otras obras hasta hoy poco estudiadas). Se trata de la única época en la que el quechua funcionó como lengua de comunicación escrita. El prestigio que le dio la referencia a la “lengua del inca” explica parcialmente su origen. La lengua administrativa difundida por los incas en todas las partes que componían el Tahuantinsuyo tenía su base en el dialecto de la capital imperial, Cuzco, y, antes de la llegada de los españoles, probablemente poseía variaciones locales: la lengua “cortesana” (así llamada por Blas Valera, 1960: 248) de la élite y formas populares que permitían la comunicación entre las provincias del imperio. Fue sobre todo la segunda variante la que fue aprovechada por los invasores peninsulares y sirvió de vehículo a la “primera evangelización” (Estenssoro 2003).

¿Para qué estudiar la lengua general, fuera de la recuperación de un conocimiento del pasado colonial hasta ahora poco valorizado? Si se estudia los grandes vocabularios de la lengua general de los siglos XVI y XVII y los textos de los sermonarios, poesía lírica y teatro compuestos en dicho idioma sorprende la elegancia de la fraseología y la riqueza del léxico que, en esa época, por un lado conservaba valores que poco a poco, bajo la influencia de la aculturación religiosa, iban a desaparecer, y por otro, mostraba una capacidad excepcional de invención léxica para expresar conceptos nuevos asociados con la evangelización. Es que Ávila, Avendaño y Oré eran intelectuales de alto rango y han dejado huellas profundas en el idioma. No tenemos que olvidar que la lengua general era una lengua “mestiza”. La influencia del castellano no sólo se limitó a la transformación de términos relacionados con el adoctrinamiento religioso, sino también influyó sobre la estructura sintáctica (Itier 2012: comunicación personal). Esto puede notarse hasta en un documento que trata de la mitología autóctona como el manuscrito quechua de Huarochirí.

¿Por qué no se estudia en los colegios las obras de Ávila y Avendaño, y el manuscrito de Huarochirí en sus versiones en lengua general? El aprendizaje de esta variante del quechua no es difícil y refleja una herencia de todos los andinos. Por eso, publiqué varias recopilaciones de obras literarias en lengua general (Sermones y ejemplos, Taylor 2002; El sol, la luna y las estrellas no son Dios, Taylor  2003; Amarás a Dios sobre todas las cosas, Taylor 2007) con la esperanza de que pudieran ser aprovechadas en las escuelas. Infelizmente no ha sido el caso. Sin embargo, las ediciones se agotaron, lo que muestra cierto interés. Además, existe una edición admirable del Robo de Proserpina y sueño de Endimión, obra teatral atribuida a Juan de Espinosa Medrano, el llamado Lunarejo, realizada por César Itier (Espinosa Medrano 2010)….

 

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3 Comentarios

  1. Saludo respetuosamente al autor Gerald Taylor, sin embargo tengo algunas dudas.-1- en el Runasimi que yo practico , no se dice Qhechua sino Qjeshua, similar al nombre que lleva un conjunto folclorico Kjarkas. De igual manera el uso de la letra “q” como como la “j” española y finalmente el uso de “h” como la “j” española.
    Gracias anticipadas, por la gentileza de su atención.
    Le reitero mis saludos.
    Atte Marcelino

  2. Estimado Marcelino, me parece que aún usted sigue sin entender. Una cosa es la forma escrita, y otra muy diferente, LA FORMA ESCRITA.
    la “J” que usted pregona, solo existe en castellano.
    Ese sonido que menciona, en quechua se representa con la grafia “H”

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