Deceso, receso u obscenamente occiso. Walter Lingan

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Deceso, receso u obscenamente occiso

Tengo el penoso deber de comunicarles mi sensible fallecimiento acaecido el domingo pasado en circunstancias no claras, según la testigo, pero para mí no hay dudas (pues yo estaba en cuerpo presente), nos encontrábamos haciendo el amor con la mujer quien ahora funge de testigo presencial de “los hechos desconocidos” que pudieron haber ocasionado tan lamentable desenlace. Mi cuerpo desnudo fue llevado en una ambulancia rumbo a la morge de la ciudad de Colonia para ser descuartizado sistemáticamente y recoger pruebas de “una muerte natural” o asesinato con todas las de la ley: “premeditación y alevosía”. Lo curioso del caso es que nadie se ha dignado acercarse por la morge o alrededores a reclamar por el suscrito, o sea, por mí, a pesar de que dejo siete viudas, quienes poseen gran parte de mi grandiosa biblioteca que consta de más de tres mil volúmenes que naturalmente no alcancé a leer en vida, pero les prometo que a partir de la fecha hasta el infinito me dedicaré exclusivamente a la lectura, abandonaré definitivamente la escritura por incomodidad y, lo más importante, como no hubo ninguna editora que en vida publicara mis textos, incluso, al igual que otros autores, fue víctima de estafas de inescrupulosos y corruptos editores que también roban a otros editores. Es la corrupción, me dijo un amigo, que corroe todo, todo, todo, ya no se puede confiar ni en los parientes, desde presidentes traidores y mentirosos pasando por parlamentarios, alcaldes, jueces, y todo tipo de animales, incluyendo a la fauna de la izquierda, son el ejemplo vivo del robo, la coima y los cupos. Bueno, ya me estaba yendo por las ramas, acabo de escuchar que una de mis viudas ha convocado a las otras seis para organizar el sepelio, incluido el reparto de café, concurso de cuentos rojos y otros chismes propios de un velorio. La fecha y el lugar serán dados a conocer por este y otros medios masivos de comunicación, redes sociales, también por teléfono y por la radio, a lo mejor, hasta sea anunciado por la televisión. Se agradece obituarios, saludos, homenajes, diplomas de honor post morten y otras arengas, les ruego a quienes deseen hablar o escribir mal de mí que se abstengan de hacerlo pues la maldad tarde o temprano saldrá a la luz. ¡Ufff… mi cadáver ya hiede!

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