DE OIDAS SUPE… Ricardo Calderón Gutiérrez (sobre Huambar Poetastro Acacau Tinaja

Ricardo Calderón Gutiérrez, no solo paisano apurimeño, sino Ocobambino de los predios de Huambar y Juan José Flores, ha tenido al amabilidad de hacernos llegar el siguiente texto, que es la introducción  a una edición  que hiciera de la que, junto a los Ríos Profundos, es la mas importante novela peruana del siglo veinte. Llena de  humor, bilingüismo, irreverencia lingüística y ruptura de los cánones del modernismo e indigenismo; salida del  universo literario de los hacendados sureños Huambar, tiene la peculiaridad de ser un texto que trasciende la pagina y se inserta en la tradición oral, en la memoria de quienes lo han leído, han visto el libro de niños, de los que han escuchado de oídas, y de los que los desconocen por completo. Es un fenómeno que trasciende la literatura como se la conoce hasta ahora. Un libro cuyos misterios tal vez solo se comparan a la Nueva Coronica. Y es el caso de lo que pasó con el libro, y con Juan José Flores, sobre cuya  biografía hay datos generales y confusos, aunque ya es tiempo de escuchar con mayor atención  las versiones de don Edilfredo Flores Leyva, hijo del autor de Huambar. En esta entrega  Ricardo Calderón nos da algunas luces sobre el perfil de las personas reales que inspiraron a Huambar, sobre todo Daniel Aybar y Adelida Torres, a la cual relaciona con Valeriana Willka Condori, Valicha. Nos explica también  el modo de vida de los hacendados, y los motivos por los que desaparece el libro.  Otro dato importante es  que reitera la posibilidad que el texto haya sido escrito a alimón por Juan José Flores y por otra persona. Pero mejor leer este valioso texto sobre la primera novela apurimeña de un autor tan andahuaylino como Jose Maria Arguedas…

 

 

DE OIDAS SUPE...

Por Ricardo Calderón Gutiérrez*

 

Lo escuché de niño cuando en el pueblo mío alguien contaba pasajes del libro para distraerricardo-cal a sus oyentes, quienes reían con las picardías de Sardaniel Huámbar Lordigo, el personaje central del libro Huámbar. Volví a escuchar a otras personas hablar del libro no solamente en Ocobamba sino en otros pueblos vecinos, lo cual iba aumentando mi curiosidad por buscarlo y disfrutar de esas historias sin que otros me las contaran.

Pasaron los años, me fui de Ocobamba a Huancayo y luego a Lima. En estos lugares volvió Huámbar a mis oídos por boca de mis paisanos con quienes me juntaba de vez en cuando, pero ya no tenía esperanzas de encontrarlo. De Lima me fui aún más lejos, a Miami, en los Estados Unidos, donde ya no volví a oír del libro, y encontrarlo se quedó como un sueño irrealizable. Sin embargo, quedaban en mi memoria los personajes del libro, y esa manía del autor de traducir graciosamente algunas palabras del quechua al castellano. Recuerdo haber conocido a los personajes del libro, cuyos nombres aunque modificados, eran fáciles de identificarlos; sabíamos quiénes eran: Sardaniel Huámbar era Daniel Ayvar, el anciano que vivía en el cercado; Aledaida Pitorres era Adelaida Torres, la viejita que vivía en Huancallo a cierta distancia del cercado, ambos ya cansados de la vida, cubiertos de canas, casi ciegos, de hombros caídos y el cuerpo encorvado. Al verlos en ese estado quién podía imaginar las aventuras que vivieron – aunque ficticias- en su juventud, descritas y narradas por un señor rico y poderoso, digno de otro libro que, según cuentan, en la vida real se constituyó en el rival de Daniel, disputándole el amor de Adelaida y, al no poder conseguirlo, se inventó esta historia a fin de ponerlos en ridículo a ambos y quitarse la espina del pecho, convirtiéndolos en el hazmerreír de sus lectores.

Paralelamente a la fama del libro, corría la fama del autor. No quedó nada escrito sobre él. Si hubiese dejado una autobiografía, tendríamos una fuente de información directa de su vida y, a falta de ello, sus datos biográficos lo escuchamos de diferentes fuentes y lo contaremos más adelante.

El sacerdote Yayala -Ayala en la vida real- es otro de los personajes de la obra contra quien el autor del libro descarga su batería de insultos, y no por ello podemos considerar esta obra anticlerical, puesto que la ira del autor no es contra la iglesia sino contra un sacerdote, cuya conducta ante los ojos del lector resulta reprochable, como también lo es la conducta de Sardaniel cuando al final de la obra, él entrega a su esposa a cambio de su libertad, como un acto supremo del ridículo.

De oídas supe que al autor de este libro, Juan José Flores, le gustaba disfrutar de su poder económico, ese gusto lo llevó a visitar algunas ciudades extranjeras, de las cuales se trajo unas palabras que identifican al país de origen. Cuando menciona gentelman, sabemos que estuvo en los Estados Unidos e Inglaterra. Cuando menciona bocatto di cardinali es porque estuvo en Italia. De esos países trajo el gusto por las pinturas, encargándole a Néstor Cavero, pintor y maestro andahuaylino egresado de la Escuela de Bellas Artes de Lima, a embellecer las paredes de su casona con varios murales que se conservaron por muchos años después de su muerte. Del mismo modo ilustró su libro con sendos dibujos que no sabemos si los hizo el mismo pintor. Esos

dibujos que ahora reproducimos en esta edición, tuvieron más suerte que los murales, de los cuales ¿alguien conservará una foto?

El hecho de reimprimir Huámbar nace del deseo de rescatar una obra literaria de un completo abandono. Esta obra representa la primera expresión literaria del pueblo de Ocobamba, cuya fecha de escritura se remonta al año 1898, fecha en la que los personajes de la obra intercambian varias cartas. Si el libro fue escrito ese año, podemos suponer que permaneció guardado por 35 años, hasta 1933, fecha en la que fue publicado con el prólogo de J. Héctor del Pino, quien resalta su aspecto poético y la curiosa traducción del quechua al castellano.

Yo conocí a don Daniel y a sus hermanos Pancho y Modesta, todos eran solteros y avanzados de edad. Daniel era el mayor, tuvo muchos hijos en madres diferentes, y cuentan que debido a su costumbre de mujeriego, contrajo una enfermedad venérea que lo caratula.pngllevó a la tumba. Nunca supe que tuviera afición literaria; de tal manera, no son suyos los poemas que se le atribuyen en el libro. Pancho le siguió por ese camino, pero la señorita Modesta, la más joven de la familia, les sobrevivió por muchos años. Ella caminaba con cierta dificultad, apoyándose siempre en un bastón de palo debido a un problema en las rodillas que le arqueaban las piernas. Yo los veía de vez en cuando al pasar por la calle donde vivían, a dos cuadras de la plaza; tenían una casa amplia con un patio bastante grande. Lo más destacado de la señorita Modesta era su carácter fuerte (dicen que por eso nunca se casó), no tenía miedo de enfrentarse a cualquier hombre, e imponía sus ideas en asuntos de administración pública, llegando a ser la primera alcaldesa del distrito, cargo que hasta entonces era un privilegio de los varones.

A fin de facilitar la lectura del libro, hemos aumentado el tamaño de las letras, por lo que el libro aumentó en 20 páginas. Hemos corregido los errores señalados en la sección original de fe de erratas. Las palabras extranjeras han sido también cambiadas de tipografía.

La primera edición de este libro no salió al mercado, sólo algunos ejemplares pasaron de mano en mano y, más bien, se difundió de boca en boca en los departamentos de Apurímac y Ayacucho. Aquellos lectores que nacieron en la sierra peruana disfrutarán más su lectura que aquellos que no tuvieron contacto con el idioma quechua; sin embargo, éstos últimos tendrán la oportunidad de enfrentarse al idioma nativo del Perú, que hoy es todavía el primer idioma del 40% de la población peruana.

La poca difusión de la edición original de este libro se debió, posiblemente, a que el libro se imprimió poco antes de la muerte del autor, lo que no le dio tiempo de difundirlo. Sabemos que personas inescrupulosas saquearon su casa inmediatamente después de su muerte, llevándose cajas enteras de estos libros, creyendo que contenían objetos de valor, al descubrir que eran libros las abandonaron como cosa inservible o repartieron los libros entre sus amigos y allegados.

La presente reedición la hacemos en cantidad reducida con el único propósito de rescatar una obra que contiene el folclor del lugar donde nacimos y al que queremos mucho.

Hay dos elementos de este folclor que debemos resaltar: uno es el uso frecuente de la expresión ”no más” en Ocobamba y otros pueblos vecinos. El otro es el uso del “cauca”, instrumento musical de una sola cuerda que no lo he visto ni lo he escuchado nombrar en otros sitios.

Sucedió con la primera edición de este libro lo que le pasó al libro de Flora Tristán “Peregrinaciones de una Paria” (1838) que fue quemado en Arequipa por sus tíos, disgustados por algunos pasajes del libro, lo que ocasionó la escasa circulación de la primera edición de ese libro. Años más tarde aparecieron otras ediciones que tuvieron mejor suerte. Lo que le sucedió al libro de Flora se repitió en 1960, cuando el libro “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa corrió la misma suerte en el Colegio Leoncio Prado, donde el libro fue considerado ofensivo por la administración del colegio. Ahora el libro circula sin ningún problema en cualquier ciudad sin que le ladre un perro.

Supimos que una de las razones para la poca circulación de Huámbar fue que Sardaniel los perseguía y apenas los conseguía los quemaba uno tras otro. Ahora, a casi 75 años de la primera edición, y a 70 de la muerte del autor, vuelve a la calle con una nueva imagen, y tenemos la esperanza de que los ánimos de uno y otro bando ya se hayan calmado, y el libro circule en absoluta libertad, como lo hacen los ríos, lo pájaros y el viento a lo largo y ancho de Ocobamba. Como ya hemos visto, hay libros que sobreviven al fuego, que se levantan de sus cenizas como el mítico ave fénix, esperamos que este libro tenga la misma suerte.

Una historia parecida a la de Huámbar, pero en el área de la música, es la de Valeriana Huillca Condori, la musa que inspiró “Valicha” en 1942. La belleza maldita de la que fue víctima en su juventud, tenía 18 años, inspiró a su patrón, Miguel Ángel Hurtado, a crear una canción despechada, que algunos reclaman como un himno del Cusco. Cuando le inyectó esta amargura escrita a su bella música, el profesor Hurtado, hijo de los hacendados de Acopia, tenía 22 años. La hermosa joven quechuahablante de la cual estaba enamorado se había escapado a la ciudad del Cusco con un campesino de la zona. “Él bebió con sus amigos, entre ellos varios mistis (blancos) que también la asediaban, y se inventó esas letras de insulto”. La canción habla de un destino fatal para la migrante: “Y llegando a Cusco/ niñita de veras/ en las picanterías molerá maíz / en las puertas del cuartel/ mi niñita de veras/ estará robando corazones”. Las autoridades de la región la homenajearon como Patrimonio de la Mujer Andina. En una foto de 1988 aparece bailando con el presidente Alan García en Palacio de Gobierno y el ex presidente Juan Velasco Alvarado la proclamó símbolo de la mujer campesina. Pero ni esos honores evitaron que Valicha terminase sumida en la pobreza extrema y el abandono.

Ignoro si José María Arguedas nacido en Andahuaylas (Apurímac), tuvo contacto con el texto original de Huámbar, o por lo menos supo de la existencia de esta obra que contiene mucho de folclor, pero sé que el escritor andahuaylino Luis Rivas convirtió Huámbar hace años en una obra teatral y lo representó en varias ocasiones. Ahora que sale esta nueva edición del libro él ha ofrecido remontar su obra en escenarios de Apurímac, Ayacucho y otras ciudades, esperamos que así sea.

JUAN JOSÉ FLORES

Su padre, Carlos Flores, fue un militar venezolano que llegó a Ocobamba con su esposa e hijos a mediados del año 1800, estableciéndose en una parcela de la Hacienda Mitobamba. Pariente de Carlos fue el General Juan José Flores*, el primer presidente de Ecuador, quien al perder su cargo se exiló en Perú. No sabemos exactamente cuál era la relación familiar de Carlos con el depuesto presidente, cuyos familiares buscaron también exilio en lugares tan remotos como Ocobamba, tal es el caso de Carlos Flores, quien fue

nombrado maestro de una escuela, donde se enamoró de una estudiante de 13 años de edad a quien la mandó raptar de la puerta de su casa y tuvo un hijo con ella. A este hijo, cuya madre falleció en el parto, le puso el nombre de Juan José Flores. El huérfano fue recogido por una hermana de la difunta de nombre Dionisia, quien lo crió en Mitobamba, pero un tiempo después fue recogido por su padre que lo tuvo junto a sus hijos legítimos hasta el día de su muerte. Después del entierro de su padre fue echado a la calle por sus hermanos a la edad de 10 años. Encontró refugio en casa de una familia de Ccarhuayacu, donde cuidó los animales de esa familia. Su protector, un hombre bueno y caritativo de 30 años, se compadeció de su orfandad y le enseñó a escribir en la arena del río, a leer con un pedazo de periódico y, a pesar de tener otros hijos, le compró cuadernos, lápices y ropa con la venta de un torito en Andahuaylas. Le enseñó también a multiplicar con la tabla de multiplicación del dorso de un cuaderno. Le dio educación con la idea de convertirlo en un hombre instruido capaz de vengarse del desprecio de sus hermanastros. A partir de ese momento a Juan José le nació la sed de aprender más y más, y de una manera autodidacta adquirió los conocimientos que otros niños aprenden en las escuelas. Un día, mirando en un puñado de coca, su protector le dijo que tendría un gran porvenir, lo cual él lo demostró con creces. Del seno de esa familia pasó a vivir en casa de doña Calixta en Ocobamba, donde don Jaime guiándose por recomendaciones lo empleó como mayordomo de la Hacienda Mozobamba, cuyo dueño se había refugiado en la Hacienda Santa Rosa por los problemas que tenía con sus colonos. Juan José consiguió ayudantes y logró apaciguar a los sublevados, le propuso al dueño comprarle su hacienda, lo cual se efectuó al poco tiempo. Al hombre que le enseñó a leer lo llamaba papá y le dio casa en Chóccyacc (un sector de su hacienda), proveyéndole de todas las comodidades, e incluso le firmó un papel haciéndole creer que sería su heredero. Conocedor de este documento un empleado de la Caja Fiscal se casó con una de sus hijas, pero la abandonó al cerciorarse de la invalidez del papel. Otro hombre que se casó con otra de sus hijas, obligaba a su esposa a pedirle a Juan José muchos productos incluyendo abundante aguardiente para su consumo personal. Enterado de ello, Juan José lo mandó flagelar. Otro día, mandó llamar a sus hermanastros con astucias y los hizo flagelar desnudos, arrojándolos a un pozo lleno de calabazas podridas. Su visión de grandeza y su trabajo duro y constante transformaron la hacienda en la más rica de la zona. Cultivaba gran cantidad de productos agrícolas y criaba cientos de ganado vacuno, mejorándolos con ejemplares de raza importada; fabricaba quesos y mantequilla en abundancia. Vendía sus productos en las ciudades vecinas y lejanas. Atraía a su hacienda gente de negocios que le compraban sus productos in sito. Construyó su casa-hacienda con grandes patios, corrales, jardines y huertos; con talleres de carpintería, herrería y mecánica. Construyó una capilla a donde iban sacerdotes a celebrar misa y festejar fiestas religiosas tradicionales (cuentan que su calavera se encuentra todavía en una de las paredes de esta capilla). Juan José Flores era un gran jugador y un insuperable anfitrión. Atraía a su hacienda políticos, artistas y personas con dinero e influencias, a quienes entretenía con actividades sociales y juegos de azar. Entre ellos estaba un pintor anónimo que pintó los murales en las paredes de su casa y un escritor anónimo que le ayudó a escribir este libro. Entre sus huéspedes no se mencionan mujeres notables, las flores del campo llenaron este vacío, pero sabemos que era mujeriego, entre ellas figura Aledaida, el personaje principal femenino de este libro. No se conocen otras mujeres, pero estando ya bien establecido en su hacienda, decidió contraer matrimonio con una jovencita del pueblo vecino de Ongoy,

llamada Elvira, con quien tuvo una hija llamada Iris. No se conocen de otros hijos, de tal manera, la esposa y la hija heredaron todo su patrimonio.

*General Juan José Flores (Puerto Cabello, Venezuela, 19 de julio de 1800 – Isla Puná, Ecuador, 1 de octubre de 1864), el primer presidente de Ecuador, sirviendo como tal tres veces: de 1830 a 1834, de 1839 a 1843, y de 1843 a 1845.

Tres meses después del estallido de una revolución en Guayaquil en marzo de 1845, Flores hubo de partir al exilio, Con su caída concluyó el período histórico de quince años que se conoce como la “época floreana” en la historiografía del Ecuador.

Exiliado en Costa Rica, Chile y Perú. Desde este último país dirigió en 1852 una expedición para recuperar el poder en el Ecuador, que fracasó aparatosamente. No fue sino hasta 1860 cuando, por invitación del Presidente ecuatoriano Don Gabriel García Moreno, pudo regresar a su patria adoptiva después de quince años de exilio. Fue calurosamente recibido en Quito y le fueron devueltos sus bienes y honores. En los años siguientes, el “Primer Ciudadano del Ecuador” volvió a participar activamente en la vida política y militar del país, e incluso presidió la Asamblea Constituyente de 1861 aunque no manifestó intenciones de volver a la primera magistratura. Murió el 1° de octubre de 1864, a bordo del buque Sinyrk, en una travesía de la isla de Puná a Guayaquil, a los sesenta y cuatro años de edad. El gobierno de García Moreno declaró tres días de luto nacional, hizo sepultar su cuerpo en la Catedral de Quito e inscribir en su tumba el epitafio AL PADRE DE LA PATRIA, EL PUEBLO, AGRADECIDO.

*RICARDO CALDERÓN GUTIÉRREZ

Nació en Ocobamba (Apurímac, Perú). Fundó y dirigió en Lima la revista “Llacctánchic” (Nuestro Pueblo) de 1968 a 1971. Fundó la Biblioteca Municipal de Ocobamba en 1970 que lleva su nombre. Se graduó de profesor de Castellano y Literatura en 1971. Reside en Miami desde 1972, donde publicó sus poemarios: Allpamama (Madretierra, 1989) y Toma mi corazón (1991). En narrativa: Genio y Figura de don Artemio (1994), En torno a la biblioteca de Ocobamba (2001), Mamacha Candelaria: Patrona de Ocobamba (2009), Redoble por Ocobamba (2012), Cartas de amor entre estudiantes (2016) y otros libros. Fundó y dirige en Miami el Instituto de Cultura Peruana (ICP) desde 1991. Convocó exitosamente a 23 concursos de poesía y narración. En 1969 fue declarado Hijo Predilecto de Ocobamba. En 1997 y 2006 recibió la Medalla de Honor del Consulado General del Perú de Miami, Trofeo Tumi (1999),

VIDAL OCHOA Y RICARDO CALDERON

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