Poema para que Antonio Chumbile no deje la poesía. Julio Barco

chumbi

Poema para que Antonio Chumbile no deje la poesía

 

Acuérdate chino de las conversaciones

con el puchito de mentol y de los chaufas allá

en las lomas de Villa El Salvador y

de lo mucho que nos jodía Lima en cada recodo,

en cada mesa y del sándwich que vendían a la espalda

y que tenía camote frito, su cremita de ají y una torreja de verduras

Acuérdate nomás de lo dejado por Juanrra en papeles

fotocopiados, anillados y releídos en los buses que

galopan a lo largo y ancho de Evitamiento

Acuérdate de las lecturas en los mercados de Pro,

San Juan de Lurigancho, del centro de Lima

y del ridículo que hacíamos arengando poemas en el discurrir

de Jirón de la Unión,

entre otras cervezas y certezas,

Y de la vez que nos escribimos tajo en nuestros pechos con un plumón gordo y negro

Pon en el apoyo de tu verso, algo del melón dulce,

y las pepas de una mandarina, más

la canchita en bolsa comprada en la esquina de Colmena,

más la sopa con fideos y huevo que tanto nos gustaba

(y que a veces hasta pedíamos chapa aunque nunca nos daban)

con su cebollita china pal gusto toda flotando

en el humo vaporoso.

Acuérdate de las discusiones sobre quién era el sucesor justo de Vallejo,

y mi abuela preparando el café de rigor, justo después de convertirnos en un hato de muchachos

con el hígado partido y la ternura en el hocico y en las piernas,

y cuando todo esto haya sido mecanografiado en tu risa de chibolo de barrio, achinado hasta no poder más,

y ahí si nos dolía el mundo, y ahí si todo era plural, fluvial y bello

Vuelve a releer los primeros versos del Ayni para

regresar a la idiosincrasia

porque todo siempre ha existo

porque como dijo Rose “no somos humanos, somos urus”

y si nada de este legajo te basta, deja para siempre la poesía

vuélvete a tus anchas y sácale el pellejito nuevamente al ser,

afina tu puntería, desempolva tu traje,

saca el mostro acorde del corazón

y silbemos mi hermano en estas delicadas cuerdas

del Titaníc donde viajamos y se hunde, y se hunde

recio como parvada de guajalote. Y entonces

ahora sí, ponte las dos primeras, que las otras dos las pongo yo.

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