RENATO CISNEROS: ESCRIBIR PARA ENTENDER LA VIDA. Hélard André Fuentes Pastor

RENATO CISNEROS: ESCRIBIR PARA ENTENDER LA VIDA

Por: Hélard André Fuentes Pastor

Historiador y escritor

«La distancia que nos separa» se acorta.

Ha pasado un año desde que el periodista y escritor Renato Cisneros se mudó a la ciudad de Madrid (España), luego de casarse con la médica Natalia Freundt. Sin embargo, los recuerdos que perfilaron su vida permanecen aquí, en su país natal. La semana anterior, retornó al Perú y visitó la Ciudad Blanca reencontrándose con diferentes escritores en uno de los eventos culturales más importantes del año: la segunda edición del Hay Festival.

A pocas cuadras de la Plaza de Armas, en el tradicional Hotel Casa Andina de la calle Ugarte, nos encontramos con el escritor limeño para conversar de su niñez y adolescencia. Renato, con aquella expresión de familiaridad, nos confió algunos de sus recuerdos personales en un entretenido diálogo que pretende rescatar sus vivencias.

Su nombre completo es Renato Daniel Cisneros Sánchez. El escritor limeño nacido el 12 de enero de 1976, nos cuenta que su niñez fue muy gratificante: «Vivíamos primero en Miraflores en un departamento, luego nos fuimos a la casa de mi abuela paterna y siempre he sentido que crecí rodeado de mucha gente, de mucho cariño, de muchas personas mayores. No tengo ningún recuerdo ingrato de mi niñez». Esperanza Vizquerra Oquendo, su abuela, vivía en La Paz de Miraflores, lugar donde cultivó la amistad de otros niños y donde concibió la idea del «barrio». Recuerda a su abuela trabajando en su jardín: «Una mujer muy digna, muy aristocrática… Pienso que tenía una excelente una relación con mi hermana, tres años mayor que yo».

Su hermana mayor, Vanessa Carola (n.      17-04-1973) fue un importante referente durante las primeras etapas de su vida; nos cuenta que de muchacho se escapaba y «siempre cuando amenazaba con irme de casa, mi hermana se moría de pena. Era muy dramático». Entonces, ¿fuiste un niño travieso?, le preguntamos mientras se escuchaba en el patio algunos temas musicales de nuestra peruanidad.

De niño era un chico muy tímido –contestó–. Muy inseguro, no era precisamente avispado o travieso. Hacía travesuras pero muy domésticas –agregó.

Una vez tomó la bicicleta, escapó de su casa y pedaleó por la bajada de Armendáriz. En plena caída, se soltó la cadena, «y te aseguro que no paré hasta la Rosa Náutica» en Miraflores. Aquel descuido puede que haya sido la mayor travesura durante su niñez.

Luego de unas carcajadas, preguntamos por su familia. Nos comenta que la integraban sus papás y sus dos hermanos. Y del primer matrimonio de su padre, Luis Federico Cisneros Vizquerra, tiene otros tres hermanos que conoció a los ocho años. Ahora se enfoca en su familia nuclear para decirnos:

Siempre he sentido que el hecho de ser el segundo de tres, el hijo del medio, me dio una perspectiva que fue muy saludable, muy útil para mi trabajo como escritor.

Renato, no fue un muchacho mimado y era desprendido de sus padres, situaciones que definieron su personalidad.

Estudió la primaria y secundaria en el recordado colegio Nuestra Señora del Carmen de Miraflores, conocido como «Las Carmelitas» que comenzó a funcionar en Lima en 1956. Hasta tercero de secundaria fue un estudiante que pasaba desapercibido, «era un personaje opaco». Después, producto del cambio de salón, comenzó a juntarse con los muchachos más populares e inquietos: «y empecé a conocer otras cosas… las drogas, el sexo o las conversaciones sexuales… y como podía preverse tuve una serie de problemas académicos y de conducta». Tercer y cuarto de secundaria fueron años difíciles, distintos, pues había sido un estudiante con buenas calificaciones.  Y, cuando ocurrió esto, ¿Qué hicieron tus papás?

Ellos querían disciplinarme. Yo no me dejaba.

De aquella etapa de su vida recuerda a dos importantes maestros: Nicolás Astete, un profesor de Lenguaje que lo guió cuando participó en un concurso de oratoria resultando ser el ganador y, a Alberto Varela, profesor de Religión, que lo involucró en los retiros espirituales: «Participé mucho. Después, me volví más escéptico».

Recuerdos que nos conducen a una cuestión: ¿Cuándo es que surge «el escritor»?. Renato Cisneros trae a colación la novela «El Mundo» (2007) de Juan José Millas, «que nos dice que la infancia es como el sótano de la experiencia humana». En efecto, tratándose de un niño observador, callado y muy curioso, la pasión por las letras tenía que despertar en su adolescencia: «Creo que eso de ser el ‘segundo hijo’ fue determinante para mi vocación, además que en mi familia hay gente vinculada con la literatura. Hay una cuestión genética y de predisposición emocional».

Comenzó escribiendo historias de terror a inicios de los ’80, cuando su padre actuaba como Ministro de Guerra durante el gobierno de Belaúnde Terry: «con los años no he podido dejar de hacer el paralelo entre el terror que vivía el país, el terror que infundada mi padre para un sector de la población y esos cuentitos». Nos dice que sus personajes eran hombres lobo y fantasmas. Escribió las historias en un cuaderno que nunca pudo recuperar, pero lo tiene presente: «Es un tema que me hubiese gustado reconstruirlo en la novela, en “La Distancia que nos Separa”». El terror le daba pánico pero a su vez le fascinaba y todo estaba asociado al contexto que vivía el país y a la participación política de su padre.

Cuando tenía 14 o 15 años aparece la poesía.

Me enamoré de una chica y escribía poesías patéticas donde me involucraba de una manera desgarradora. Poesía muy parecida a la que escribía mi abuelo, en rima y versos largos –sentencia el autor de «Busco novia» (2008), «Nunca confíes en mí» (2010) y «Raro» (2012)–. A los 17 años, gracias a su tío Luis Jaime Cisneros, hermano mayor de su papá, comenzó a conocer otros poetas y otras formas de escritura.

Cisneros postuló a la Universidad de Lima y, después de dos intentos, ingresó a la tercera vez a Ciencias de la Comunicación: «En realidad la postulación fue horrenda porque yo no soy competitivo, no me gusta sentirme a prueba, siento que voy a fallar. Tengo una natural habilidad para fracasar en exámenes numéricos». Y nos confiesa que tiene la sensación de no haber aprendido mucho en la universidad: «O sea, por supuesto tuve profesores interesantes, algunas clases que recuerdo, pero no siento que haya sido una experiencia que marque mi vida». No obstante, las actividades extracurriculares, como: las marchas colectivas contra el fujimorismo y los juegos florales, fueron experiencias sensacionales para su vida.

Participé de unos juegos florales y me acuerdo que gané, el primer y segundo lugar; y el premio era la publicación del poemario ganador. Es así que, el Fondo Editorial publicó su primer libro: «El ritual de los prójimos» en 1999. Su padre ya había fallecido, y a su madre «nunca le entusiasmó, especialmente, mi inclinación por la literatura, sino después, con los años y con más libros».

Renato Cisneros tiene la cualidad de contagiar su entusiasmo por la literatura. Ahora conversamos sobre la crítica. Él celebra la crítica y aplaude al crítico, pero le molesta el criticón. Hablamos de sus discrepancias con César Hildebrandt, de las críticas que recibió en su blog y lo difícil que es referirse en su obra a los orígenes de la relación de sus padres: «Quizá eso ha sido lo más difícil… una historia muy bonita pero que nació en medio de secretos, infidelidades, clandestinidades…».

Acercándonos al final, le pedimos que nos cuente cualquier recuerdo que ronde su mente en ese momento. Guarda silencio por algunos segundos. Sonríe y nos cuenta que: «Cuando yo era muy chico y vivíamos en Francia, mis padres se fueron con mi hermana a otras ciudades y yo me quedé con la nana. El no viajar activó mi obsesión por viajar, por conocer Europa… se inoculó en mí esa necesidad de conocer el mundo por mi cuenta».

Tenemos otras anécdotas que compartir pero casi es mediodía, y dentro de un momento, Pedro Pablo Kuczynski se presentará en el Teatro Municipal. Despidiéndonos de Renato Cisneros, él manifestó lo siguiente: «Para mi escribir es algo que te permite entender un poco lo que has vivido; cuando uno nombra las cosas, las posee y las entiende… Solamente cuando escribes, creo yo, es cuando las cosas realmente ocurren, cuando uno las vuelve a vivir, las entiende, las puede condensar, incorporar dentro de una experiencia más grande y descubres cosas alucinantes sobre tu propia vida. Escriban siempre, encuentren en el lenguaje una oportunidad para entender lo que han vivido».

3 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s