El quechua lucha por su autonomía. Pablo Landeo

Texto leído el miércoles 22, en el auditorio del Ministerio de Cultura, donde se presentaron diversas producciones en quechua, evento organizado a propuesta del Colectivo Rimaypacha. 

 

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El quechua lucha por su autonomía

 

El quechua o runasimi, prosigue enfrentándose a los desafíos del mundo moderno, ahora lucha por conquistar su autonomía.

Es acaso un exceso de entusiasmo decir que ‘el quechua va dejando de ser el invitado de piedra de las actividades culturales?’ Sabemos que en los diversos trabajos de investigación sobre las culturas andinas (literatura, lingüística, antropología, religión, salud, educación, música, teatro, etc.), el quechua está presente porque los registros de la materia prima: testimonios, recolección de relatos, entrevistas, informes, entre otros, se realizan en esta lengua; pero, a pesar del papel fundamental que desempeña en la generación de conocimientos y, no obstante hallarse presente en las publicaciones bilingües, el quechua todavía habla y respira a través del castellano, todavía delata su condición de lengua marginal, de lengua subordinada. Sin embargo, hoy en día, el quechua presenta su batalla frente al castellano y las normas que atañen a las prácticas culturales de nuestro medio; se rebela, se visibiliza y se da a conocer como una lengua capaz de responder a las exigencias de la modernidad. Ya no solamente se publican cuentos sin traducir al español, ya no solo se publican poemarios monolingües o se escribe una novela en quechua (respecto a esta última, “una golondrina no hace el verano”, dirán los incrédulos pero a ella, con el tiempo, se sumarán otras y otras). La osadía, la irreverencia, el atrevimiento en el contexto lingüístico y cultural se hacen cada vez más evidentes y el quechua se visibiliza; ahora, con el apoyo inusitado del Estado (responsable, a la vez, de todas las diferencias sociales y confrontaciones), tenemos ya, en la televisión peruana, un noticiero en quechua, aunque los conservadores y puristas digan, en “quechuañol” (acaso con algo de razón).

Tradicionalmente el quechua estaba asociado al campo, de manera especial a los andes y las prácticas culturales y actividades propias de este espacio, agricultura, ganadería, religión andina, medicina tradicional, turismo vivencial, culinaria, folklore, pequeños intercambios comerciales, etc. Bien, en este orden, sabemos que toda lengua, como cualquier otro producto cultural, migra cuando migran las personas que la utilizan; la consecuencia de este fenómeno migratorio, en el caso andino, convierte de manera particular a Lima, en la ciudad con mayor población quechua-hablante. Es en este nuevo territorio donde el quechua debe adecuarse a las nuevas experiencias sociales de sus hablantes, pues en Lima las actividades económicas son distintas de las que se practican en los Andes, las formas de pensamiento cambian, las necesidades son diferentes, la tecnología es determinante y todo es dinero; por esta razón, cuando hablamos del quechua y de las manifestaciones culturales que se vehiculan a través de esta lengua ya no solo debemos pensar en los andes sino también en los millones de quechua-hablantes de las zonas marginales de Lima, que han generado formas particulares de vida amalgamando dialécticamente lo andino y lo urbano. Instalado el quechua, en la urbe, en el entorno familiar de los migrantes, en la recreación de diversas manifestaciones culturales propias del terruño, esta lengua estaba ubicada, desde un principio, en la cocina, allí donde asumió su condición de lengua doméstica sometida por la fuerza inusitada del castellano. Ahora, el quechua emerge en la televisión pública, en un espacio cuya recepción es abierta y amplia. Este acontecimiento es trascendental porque el quechua se somete un proceso de evaluación. Se analiza sus capacidades y competencias para comunicar acontecimientos nacionales e internacionales, también su potencialidad en términos económicos y las cualidades comunicativas y, ahora, de uso estratégico en el contexto político (ya hicieron uso de esta lengua algunos políticos, en la campaña electoral anterior, y otros al saludar en esta lengua (algunos, de forma risible), la primera emisión de Ñuqanchik willakuykuna). Vemos pues, que el quechua deviene de lengua restringida en lengua de referente público y visibiliza a millones de peruanos casi inexistentes (o existentes, según las circunstancias políticas). Pero una lengua que de pronto se enfrenta a un acontecimiento lingüístico y cultural novedoso, diferente de su contexto tradicional y familiar, debe sintonizar con las reglas del mercado, con las normas y características de comunicación ya establecidas en este contexto. Claro, también existe la posibilidad de ser utilizada tal cual la utilizamos los quechua-hablantes, justificando su insoslayable carácter oral o sus aspectos estéticos y afectivos; sin embargo, utilizarla con las mismas particularidades expresivas, creo yo, limitaría su desarrollo y expansión. No olvidemos, el objetivo es hacer del quechua una lengua capaz de ser utilizada en la producción de conocimientos en todas las áreas del saber. En tal sentido, la presencia de numerosas variantes del quechua implica, a futuro, la necesidad de conocerlas, de estudiarlas y hablarlas, para posteriormente proponer acaso, una versión general del quechua, una versión sobria, decantada, que nos permita construir conocimientos en el contexto académico y científico. El logro de este objetivo -difícil por cierto, pero no imposible-, pienso, puede otorgarle al quechua la autonomía, la independencia, por la que ahora ha empezado a luchar.

Repensar una lengua, con las características indicadas, (lengua franca, ‘lengua general’ moderna[1]), * requiere de una actitud de apertura por parte de los involucrados porque el objetivo sería, en principio, interrelacionar quechua-hablantes, lectores e investigadores nacionales a través de una variante común, posteriormente hacer lo propio con todos los espacios donde se habla esta lengua (Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Chile). Esto no quiere decir que un hablante del quechua ayacuchano deje de comunicarse en su variante o uno que habla el kichwa ecuatoriano deje de utilizar la suya. La propuesta es, repito, para el desarrollo de proyectos académicos, artísticos, económicos, (trabajos de investigación, proyectos culturales, proyectos de preservación del medio ambiente, proyectos económicos, publicación de revistas, libros, etc.) Por ejemplo, en el caso de las actividades vinculadas a la literatura significaría la emergencia de un gran circuito literario y comercial que a su vez activaría el diálogo entre escritores, investigadores y lectores (en un contexto de unos 7 millones de hablantes del quechua, en su totalidad) interesados en esta lengua.

[1] La propuesta de forjar una lengua quechua unificada no es nueva, pues ya la propuso Cerrón Palomino, resultado de esta propuesta es el Quechua Sureño, Diccionario Unificado (http://www.illa-a.org/wp/diccionarios/quechua-cerron-palomino/). Por otra parte, es importante conocer la incorporación del quechua a la escuela propuesta por Gerald Taylor, en su artículo “¿Hay un futuro para la lengua general?”, publicado en el blog Hawansuyo https://hawansuyo.com/2016/08/19/hay-un-futuro-para-la-lengua-general-gerald-taylor/.

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