Enrique Verástegui: poeta, maestro y amigo. Víctor Gonzalo Ramírez Herrera

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Enrique Verástegui: poeta, maestro y amigo

 

Víctor Gonzalo Ramírez Herrera

Pontificia Universidad Católica del Perú

 

  1. Introducción.

 

Me siento honrado por poder participar esta noche en la presentación de esta antología del excelente poeta, mi amigo y maestro Enrique Verástegui. Mi amistad con él se remonta ya por lo menos a una década, pero su mano como maestro me guía desde mucho tiempo antes. Y lo sigue haciendo con igual y renovado vigor.

Dos objetivos tiene esta presentación, breve por el tiempo pero amplia en cariño y sinceridad. La diferencia entre estos objetivos puede plantearse como la diferencia que existe entre un síntoma y un signo médico. El primero es subjetivo y participa mi versión de las cosas; el segundo, se asume como un dato concreto y es evidente para cualquier observador. El subjetivo, el primer objetivo, es rendir un sincero homenaje a Enrique y contarles por qué lo considero un maestro, mi maestro. El segundo objetivo es argumentar por qué es el poeta vivo más importante de los últimos años.

Para abordar estas ideas es indispensable dar un breve recorrido por su obra. Este será resumido y me concentraré en obras concretas. Eso es lo que haremos a continuación.

 

  1. La obra de Enrique.

La producción de Enrique Verástegui es inmensa. Caudalosa. Amplia como las diversas ideas que despliega en cada uno de sus trabajos, es también reconocida la fuerza vital que expresa en cada género abordado. Y los ha abordado todos con un magisterio incuestionable: poesía, novela corta, novela, guión cinematográfico, ensayo, etc.

 

En poesía, me gustaría referirme a su Ética. Una obra genial, ya que transita por distintos momentos de la historia universal, como por la historia del poeta. Hay un hilo conductor detrás de esa bella obra que es testimonio constante de un tiempo, de personajes diversos, inmerso en toda la cultura de occidente, pensando en el futuro, en la acción y en la verdad. A todos los libros de Ética les preocupa el futuro y que este se construya desde lo íntimo y desde lo político, y nos encamine a uno luminoso. Es ahí donde Enrique Verástegui se encuentra con lo universal del ser humano, en la búsqueda íntima de su propio sujeto. Mención especial merecen los dos tomos de Angelus Novus, que a mi entender representan un libro que está entre los mejores tres poemarios producidos por un peruano en cualquier momento de la historia. Ambos, sueño, pero ahora en voz alta, y reclamo, una urgente reedición.

 

Enrique me dijo en algún momento que él se encuentra con la verdad a través de la poesía. Ética es una obra plena en este sentido. Pero, dice Enrique, debe volver a la narrativa para poder comunicarse con los hombres también. Y al ensayo, añadiría yo. Y ahí es donde me gustaría hacer mención de El motor del deseo. Una obra furiosa, llena de un vanguardismo incalculable, inagotable, poderoso y violento. Un síntoma claro de la efervescencia de una época, de un tiempo que atraviesa al sujeto/poeta que es la voz de la historia. Solo los seres sensibles y entregados a la verdad podrían alcanzar ese enervado estado de oráculo. El libro es una guía y un manifiesto. Un punto en el camino de una mente enardecida por la cultura y por el amor. Esa mente encendida encuentra un fiel reflejo también en El terceto de Lima: colección de tres novelas cortas por donde transita la locura, la soledad, la realidad desfigurada y la voz alta de sus poemas más narrativos, aprisionada en esta ocasión en la intensidad de personajes singulares. Un libro que debería ser también reeditado, considero yo.

Otro libro al cual me gustaría hacer mención es El modelo del teorema. Curso de matemáticas para ciberpunks. Es aquí donde Enrique sigue una intuición que transita por diversos autores y pensadores: ese vínculo entre número y versos. No en el cálculo de sílabas, sino en ese poder de los números para decir algo sin que sobre o falte algo. Ese mismo intento está pensado en el modelo del teorema, siguiendo el camino abierto por el Tractatus de Wittgenstein.

Tratar de abarcar su obra en un comentario es imposible. Sin embargo, he puesto algunos hitos para poder dar cuenta de mis objetivos de fondo. Que quede claro, en este punto, que tanto en poesía, en ensayo y en narrativa tenemos a un autor combativo inscrito en occidente peleando contra lo que se debe pelear. Como dice Gilles Deleuze sobre la filosofía: “La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para contrariar. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas”. Yo creo que es la misma lucha que Enrique realiza en su producción, una denuncia constante a través de la fuerza de sus versos o de sus líneas.

Ahora bien, paso a contar por qué es un maestro para mí. Este es mi primer objetivo.

 

  1. Por qué es como un maestro.

La primera vez que leí a Enrique Verástegui yo tenía 14 años. Ya escribía poesía y me encontré con un poema sobre pintura escrito con una intensidad que casi me hace desistir en el camino de seguir escribiendo. Pero fue todo lo contrario, fue un reto. Así empecé a leer sobre el poeta y todas sus obras, al menos las que por ese entonces podía encontrar.

Recuerdo un dato que flotaba por la web. Este contaba que Enrique de niño leía un libro diario. A mí no me quedó duda alguna que este dato era verdad y traté de hacer lo mismo. Ya leía, pero ese ritmo descomunal lo impuso Enrique. Estuve así por meses buscando tiempo en cualquier parte de los días. Y se podía. Aprendí a buscarme espacio y a cumplir mis objetivos de lecturas. En esos meses siguientes también tuve retos puntuales con la lectura de sus obras: las referencias a autores y obras. Para mí es imposible, lo sigue siendo, leer un texto y dejar de lado ese tipo de información y así fui no solo leyendo a Enrique sino leyendo a los autores que él iba mencionando en sus poemas y ensayo. No podía quedarme relegado. Así fui descubriendo un camino y ampliando mis lecturas y mi producción.

 

Años después conocí a Enrique. Lo fui a recoger para ir a un recital. Conversamos en el taxi. Le leí un poema. Recuerdo que le gustó el ritmo del poema, pero él estaba más preocupado en que apague mi cigarro al entrar al grifo donde paramos. Su palabra fueron: ”no sea tan osado, compañero”. Inmediatamente, apagué el cigarro. Ese recital fue genial. No sé si Enrique lo recuerde, fue en la PUCP, mi alma mater. Enrique llenó el auditorio, leyó sus poemas y hasta cantó ese bellísimo “Canto a París” de su obra Andrómeda. Un hecho puntual de ese evento fue que la gente que repletaba el lugar le pedía que leyera ese bello poema “Datzibao”. Enrique dijo que eso era imposible porque no había llevado “En los Extramuros”. Pasó medio minuto y un joven de al fondo del auditorio corrió a la mesa de Enrique y le entregó el libro. Enrique no tuvo otra más que leer. Todos fuimos felices en ese auditorio. Luego del evento fuimos por las chelas y seguimos conversando con Enrique. Recuerdo que comentando no recuerdo bien qué tema, salió el tema de Hipatia, la bibliotecaria de Alejandría. La cara del poeta se iluminó y me dijo “dónde has leído sobre ella” me dijo. Ahí reconocí que tanto las lecturas como las referencias nos mantenían en sintonía y así cultivamos una gran amistad hasta ahora. Como se puede ver, Enrique representa en ese sentido un maestro: me impuso un orden, una velocidad y una valla alta de cultura occidental. Se lo agradezco. Más adelante él, leyó mi poemario y me lo comentó y criticó, así lo hizo con otros poemas y con el préstamo de algunos libros clave en mi formación.

Así encuentro en Enrique un maestro constante e inagotable. Aquí termino con el aspecto subjetivo. Paso a lo objetivo y a reconocer la importancia de Enrique para nuestra nación.

 

  1. Por qué es el poeta más importante.

Lo que les voy a comentar es una teoría que vengo esbozando hace no mucho. Creo que la misma es sencilla y permite integrar bastantes aspectos. Es una teoría sobre la imaginación.

Los animales pueden tener razón e instintos, más nunca imaginación. Qué es la imaginación, en este sentido. Es esa capacidad humana que permite que las cosas que hagamos, talentos o habilidades específicas como resolver problemas matemáticos o hacer chistes, sean sobre salientes dentro de otras capacidades. Es decir, alguien talentoso en algo es alguien que tiene un alto contenido imaginativo en dicha actividad. Qué es hacer las cosas bien, si es que no es hacerla con imaginación y con ello pensar soluciones nuevas. Cómo se aumenta la imaginación: viendo, viajando, leyendo, escuchando, reconociendo que lo diverso es lo natural. Esta es una teoría que debería tener un correlato pedagógico, después de todo, ya que lo que apunta es a nutrir la imaginación de los niños y con ello mejorar sus capacidades a futuro. Siempre pensando el proceso como uno lento, pero de inversión segura. Sin embargo, también podemos ver la imaginación en términos de nación, de tribu. Una nación con una cultura amplia, con producción científica y artística importante es una nación que está aumentando la imaginación de sus integrantes. Esta “alimentación”, lógicamente no es inmediata pero sirve para tener un colchón y generar esperanza en que los individuos que vengan más adelante puedan tener soluciones imaginativas en diversas áreas. El arte, en este sentido, sirve para aumentar la imaginación de la nación, de la tribu.

Enrique Verástegui, al igual que todos los poetas peruanos, es un agente en este nutrir constante a la imaginación de la tribu. Y lo ha hecho de una manera importantísima. Pero él a diferencia de los otros tiene algo que me permite ver esto con mayor claridad: su llegada a la juventud. Nunca he visto algún poeta, escritor, o artista en general, tan perseguido, buscado e investigado por jóvenes y adolescentes. No sé bien a qué se debe este vínculo, pero sospecho que es una mezcla de sinceridad, inocencia, fuerza, y tantos ingrediente más cercanos a la efervescencia de la juventud. Su impresión en estos es importantísima como lo fue conmigo y como en muchos más. Esto lo vuelve no solo un artista que en su noble labor aumenta la imaginación, si no que esto es más evidente en él que en otros. Es, así, una figura que debe ser cultivada con mayor vigor. Debe llegar a más y permitir que haga lo que mejor sabe hacer, retar al adolescente a adentrarse en su mundo fascinante y empujarlo a actuar.

 

Creo que ya debo ir terminando este breve comentario. En él he hablado de Enrique como maestro y de su importancia como guía para los jóvenes. Por ello debemos celebrar siempre que se publique un libro de él, en este caso una antología. Estamos encuadernando versos furiosos, casi como bombas molotov para el alma y para la imaginación, a la espera de ser leído por algún joven o niño y se pueda inscribir en él un alma de fuego: la fuerza de la imaginación que nos permitirá un futuro mejor para todos.

 

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