Sobre la Felicidad. Diego Luzuriaga

Hace unas semanas Roger Santivanez y noqa recalamos en los predios del musico, poeta y mejor amigo Diago Luzuriaga en la afueras de Phili.  Al fin pudimos en tener en las manos la edicion impresa de su primera libro de su libro, Sobre la Felicidad,  escrito con  los ojos abiertos a la infancia, las historias de sus hermano, los suenos temranos,  y la intermitencia entre Loja, Quito, y Nueva York. Este libro ha sido presentado recientemente en Ecuador, en donde tambien suelen sonar las producciones de su obra musical, ya que Duieguito es un  compositor como ninguno. Reproducimos, la nota que Plan V le hiciera sobre la presnetacion de su libro, que  tambien se puede  ver en si enteritud en Isuu: Sobre la felicidad

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Sobre la felicidad
El evocador y, por qué no, provocador, título del libro de relatos y poemas de Diego Luzuriaga Arias titula este artículo. El reconocido músico lojano, compositor, investigador y catedrático, que vive y trabaja en Filadelfia, Estados Unidos, lanzó su primer libro, en el cual se festeja la memoria el recuerdo de la lojanidad que lleva consigo por donde quiera que vaya.
25 de abril del 2017
JUAN CARLOS CALDERÓN

Diego Luzuriaga

Lojano, PhD en Artes Musicales por la Universidad de Columbia, NY. Compositor.  Sus obras han sido interpretadas por sinfónicas de Tokio, Nueva York, Canada, Quito… Es compositor de varias cantatas e invitado permanente al Festival de Música Sacra, de Quito.

A las siete de la noche del viernes 21 de abril, el patio central del Incine está rebozado de abrazos, sonoras palmadas en la espalda, expresiones como: !hombre, que gusto verte, hombre! y otras lojanidades. Se presenta el libro de poemas y relatos de Diego Luzuriaga Arias, publicado por la editorial Club de la pelea. Entre las primeras copas de vino que circulan están los once hermanos (sí, once) y hermanas del compositor, sus sobrinos y sobrinas, sus primos y primas. Están sus entrañables y antiguos amigos, Oscar Chalá, Ataulfo Tobar, Juan Mullo… del Taller de Música, grupo formado en Quito en la década de los 80 que innovó, investigó y rescató los ritmos profundos de las patrias chicas. Un gentío.

Diego está feliz. Ha venido por unas semanas al país de sus ancestros, con su esposa Clara y una de sus hijas, Sara. Ha presentado en la Semana Mayor una nueva versión de su cantata Resurrección en Quito, un conjunto de 19 piezas que es presentado en los mejores escenarios de la ciudad capital desde el 2003.  Ha ido a la costa ecuatoriana y ha regresado justo para tener en sus manos, recién salido del horno de papel, su libro Sobre la felicidad. Vaya nombre, atractivo al menos para quienes buscan un remedio para sus males del alma. Es un título que suena a autoayuda, quien lo niega. Varios se han sentido provocados por el título, para saber, quizá con un oculto sentimiento de vouyer, qué propone este PhD en Música sobre la felicidad. A secas.

La sala de proyección del Incine se queda pequeña para acoger a tanto invitado. Camilo, el histórico director de cine y hermano de Diego —y a la vez director del Incine— presenta el acto en el escenario. Solo dos sillas, una mesa pequeña, un arreglo de hermosas rosas —las bellezas que produce y exporta Gonzalo, otro hermano— la decoran. Y al otro extremo cuatro guitarras que reposan a la espera de que Donald Régnier les de vida y acompañe la hermosa y educada voz de María Tejada.

Camilo arranca con la introducción, a su modo, con desparpajo e irreverencia, y pone condiciones —que nunca serían cumplidas— para continuar la velada sin contratiempos. Presenta al dúo Régnier-Tejada, que empiezan su intervención. Entonces suena un celular y el guitarrista se detiene de pronto. Con rostro serio, mirada fija y con su silenciada guitarra sobre la pierna derecha dice al público: “miren, esto es importante. La música es un proceso que sale del silencio de acá —se topa la cabeza— y va hasta la guitarra y si suena algo en el exterior, como un celular, entonces el proceso se interrumpe”. Es suficiente el regaño con guante blanco y todos apagan los aparatos. Alguien entre el público exclama: “¿sabían que sí hay vida con el celular apagado? Nadie los va a olvidar, nadie los va abandonar, no se van a perder de nada”. Parafrasea a Luis Pescetti.

Son cuatro canciones que envuelven al público. Un público sobrecogido y arrobado que descubre que puede vivir varios minutos sin celular. Y que asiste también al cada vez escaso milagro de escuchar música en vivo.

Son cuatro canciones que envuelven al público. Un público sobrecogido y arrobado que descubre que puede vivir varios minutos sin celular. Y que asiste también al cada vez escaso milagro de escuchar música en vivo. Luego, Diego Luzuriaga y Huilo Ruales se sientan tras la mesa, las flores y dos botellas de agua. Ruales arranca con su texto de cuatro páginas, cuyos primeros párrafos transcribo:

“Del desarraigo proviene este tríptico de textos atados con un título que, sin necesidad de artilugios, abarca tanto, pues, basta y sobra con el sentido primigenio de sus palabras: Sobre la felicidad. Desde luego, nada tiene que ver con la felicidad a secas, temática sobre la que Borges se refería como lerda, como ociosa, a la hora de surtir literatura.  Pues, en tanto vampiro, en tanto “llevada por el mal”, la literatura suele provenir más bien de la infelicidad, del dolor, de los desajustes de la existencia. Y del desarraigo, por supuesto. En este compendio de narraciones y poemas, el tema recurrente es la felicidad que se tuvo. La melancolía gozosa de la evocación. La infancia, la familia, el terruño, el país, la juventud. Y, a su vez, aquella felicidad triste que estalla cuando por una ranura del presente, llega correteando la infancia, intacta e inasible. La escritura, entonces, resulta el gesto a través del cual se intenta recuperarla. Como le ocurrió a Proust, cuando cierta vez el aroma dulce y acanelado de las magdalenas verpertinas despertó en su alma más que en la misma memoria, la punta de la madeja de su magna obra En busca del tiempo perdido: la hora terrible del niño que en su lecho esperaba el beso de su madre, que por lo general no llegaba”.

Portada del libro

Habla además de los poemas; las frases certeras del escritor, editor y crítico desmenuzan el alma del poeta, habla de frases tatuadas más que escritas, de poemas desnudos de ornamentos líricos que deambulan por el paraíso perdido, poemas que perforan la corteza de la memoria en pos de la otra mitad del mapa, dice el poeta del poeta. Habla del poeta Ruales: “Sobre la felicidadsimboliza lo que Diego es en su alma, en su integridad: un hombre lleno de gratitud con la prodigalidad que le ha permitido su vida, sus padres, su familia, su terruño y la riqueza de su cultura original”.

Diego Luzuriaga habla después. Lee algunos de su textos: sobre Yangana, la hacienda del sur lojano donde creció, donde descubrió el mundo, el agua, la hierba, el lodo, los juegos, los hermanos y hermanas, la madre rebozante de ternura, el padre justo, severo y virtuoso, el repe, el firmamento, el horno de leña, las lomas de esta tierra de una geografía como la de un papel arrugado por la mano de un dios. Habla del amor, del recuerdo, de las vacas —una llamada Malvina—, de la chorrera, de la molienda, de la mesa repleta de comida deliciosa, sencilla y suficiente, del montón del hermanos que hablan al tiempo sobre el día siguiente, de la alegría de ver la caravana de sus primos, los Vivanco Arias acercarse con la promesa del amor por el fondo de la loma desde Masanamaca. Habla del paraíso, de los linderos, de la devoción de sus padres, de la guitarra, de sus travesuras, del lenguaje secreto de su hija, de las canciones de su tío Joaquín —sobre un pato y una sirena—, de las jicamas… Recita con acento lojano; su vida por Brasil, París, Roma o Nueva York no le ha quitado el cantado dulce y moroso. Lee un poema que es como un conjuro, en el cual dice que cuando en Nueva York pronuncie tres veces la palabra Yangana, habrá otro mundo. Dice las palabras lentamente, como invocando los viejos fantasmas. Entre el público, hay gente que en silencio llora.

Sobre la felicidad no es una fórmula de buenas prácticas para obtener el éxito en la vida. No es una definición conceptual ni una teorización académica de ese concepto tan sinuiso como mitológico.

Sobre la felicidad no es una fórmula de buenas prácticas para obtener el éxito en la vida. No es una definición conceptual ni una teorización académica de ese concepto tan sinuiso como mitológico. Son 165 páginas donde Diego Luzuriaga se ha puesto el overol para cincelar las palabras, cada una tan evocadora que lo regresa a uno sin más a esos años y lugares, ese paraíso perdido donde fuimos tan pero tan felices que no podemos de pensarlas —esas palabras— sin una lágrima y una sonrisa.

Cuando la gente sale del salón de actos y ha terminado de extasiarse con la segunda parte de los cantos de María Tejada, hay palabras que se repiten como un karma, como si con solo pronunciarlas todo el mal vivir, las malas energías y el mal aire se disiparan. Como si con solo evocarlas —las palabras— se conjurara el desamor, la mala leche y el odio inhumano de la política, y volvieran de golpe los días del asombro, como si estuviéramos en su Yangana frente “a un río de aguas diáfanas que se precipitan por un lecho de aguas pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”. Y el mundo fuera tan reciente que las cosas carecieran de nombre. Y entonces Diego Luzuriaga las hace nacer con solo nombrarlas.

Y cuando ya circulan las copas y los entremeses, y el frío de Quito es más que las decenas de abrazos y fotos y sonrisas y cuando los 12 hermanos y hermanas Luzuriaga Arias se han juntado nuevamente todos —la sexta vez en sus vidas— surge la pregunta: Diego, ¿y la felicidad? No responde sino con su amplia sonrisa. Pero la respuesta está escrita acá:

Un sillón cómodo
un ruido de tren lejano
una conversación de vecinos allá afuera
ininteligible
entrecortada
que se convierte en una tonalidad
gris
el sonido de la televisión que se hace intermitente
como las olas
y que deviene un parque con brisa tibia y patos
sin yo darme cuenta
una frase se hace tortuga
un amigo camina y me dice cosas
en una dimensión que no es ni tiempo
ni espacio
una masa voluminosa casi transparente
suave y placentera
como una avalancha lentísima
sin ángulos sin colores sin perfumes
avanza
poco a poco
envolviéndolo todo
hasta llegar a mi cuerpo
que no lo siento
me he quedado sin peso
sin músculos
sin uñas
sin hambre
sin dolor
sin necesidad de nada
sin pasado sin futuro
sólo ahora
y allí
allí sucedió
serían las tres de la tarde.

Se puede leer aquí

 

II. Al fondo de ese horizonte: Ithaca

Al fondo de ese horizonte: Ithaca, un pueblo del que Ulises y Cavafi hubiesen salido corriendo al enterarse que su mejor graffiti dice “happiness is seeing Ithaca in the rear view mirror”. Tierra de suicidas y paraíso del amor e infierno de la soledad en donde los inviernos, con nieve hasta el cuello y un frío de poca madre, solían alargarse por catorce o quince meses. Por esos lugares uno hacia el amor hasta perder la sensación del cuerpo arrojado a las piernas de la muchacha, de la rubia, la flaca, la nieta del pirata, la carpintera, la bailarina, la intelectual, la anarquista, la chonqadora, la que quería solo la puntita, la bohemia, la política, la fumona, la bisexual, la espiritual, la melancólica, la conflictiva, la siria y la judía, la desleal y la dedicada, la esotérica y la terrenal, la ya pasadita y la changuita aun, para luego recorrer los bares tratando de llenar una copa sin fondo. Miles de historias salían de un pueblo en que un chorro de medio genios solían empezar su locura paseándose de ida y vuelta por el Ithaca Commons, y al cabo del tiempo reclamaban sus historias por su humor, por su soledad, por su dolor del mundo, por sus sueños utópicos o por la calidad de las drogas que tomaban en un viaje a un tonal elusivo en un pueblo que tal vez fue sagrado. La suya era una manera brillante de vivir al margen, complaciente y dolida, carnal, de amores quebrados e imposibles, testigo de los últimos avances de la ciencia y la teoría, pero frágil al momento del último sorbo. A la una de la mañana la soledad era terrible y adictiva. Arriba quedaba el ingenio de la gran Universidad que para este tiempo ya dejaba atrás la florida contracultura y avanzaba a ser una fábrica de información, una gran chacra cognitiva donde pastaba el ganado cantando alegremente “you have to do what you have to do”. Pero estos preferían hablar de los dinosaurios y del Sandinismo; habían descrito las variables matemáticas de una cascada de agua y vivían entre el ajedrez y la nicotina; llegaron de la india hace un par de décadas y parecían ponderar misterios filosóficos sentados día a día frente el Olivers; mezclaban una gran selección de jazz con los mejores tragos y drogas; desaprecian luego de una noche de jam para volver años mas tarde bailando con los senos desnudos en homenaje a las serpientes y al espíritu del bosque; venían de Australia vía Marruecos y abordaban cada momento como un acto ritual; vivían en un laberinto llamado Motel Booby Sands, tenían una madre esquizofrénica, y le habían servido un cóctel a Molotov; celebraban con una cerveza la salida de una clínica de desintoxicación; eran choros baratos que andaban en mancha con literatos, poetas, pintores y vagos que algún día se tirarían en conjunto a su única novia. Para ellos crecían las espigas de los peñascos y las retamas al borde de los caminos. Para ellos existían los abismos, los remolinos, las turbulencias, los destellos eléctricos, las grandes pachangas, los choques, la confusión, los imanes de la ambigüedad, pero también las aguas calmas e infinitas que sólo se ven ciertas veces y que entienden los que entienden.

I Pico ha regresado de Puquio. Fredy Roncalla

domingo, 30 de mayo de 2010pim Hawansuyoblogspotpim lluqsimurqa.

Calle Grande / Grand Street I Fredy Roncalla

Calle Grande / Grand Street

Foto y texto por Fredy Roncalla

I

Pico ha regresado de Puquio. Se ha aparecido por el mercado como siempre: de improviso y cargado de ideas. Pensando en cómo mejorar su estilo de guitarra, en cómo construir su casa en Qollana, en qué regalos les va a llevar a los amigos a parte de los cientos que tiene apilados en su sala y closet de Queens y, por su puesto, en qué tipo de alfalfa debe comer para seguir siendo el padrillo de sus mujeres. Ha llegado a preguntarme cuándo ensayamos, a repetir el rito de las mil veces que hemos acordado sin éxito, porque tal vez es más importante nunca hacer el conjunto de huaynos, el estilo maldito, o la música más dulce. Pero sí hablar de la lejanía. Las dos semanas que duró su viaje lo han puesto en fa. Se le ve nuevo, como si su comadre le hubiese dado el tónico de la juventud. Y me ha dado una envidia amical, de esas que aprendemos a pocos. Mas aun porque hace cientos de años que no regreso a Chalhuanca y no tengo idea clara si la última vez que estuve en Waraqo me fui por el lado de Pinkawacho o por el lado de Kurankuni. Siempre quiere volver. Y yo también. Y los otros paisanos se van cada año a pasar sus fiestas, a tirar pana, a conseguir pareja, a comprarse un terrenito, a visitar un pariente enfermo, a ofrecer algún proyecto de irrigación para el pueblo. El hombre ya empezó su casa y se ha dado sus vueltas por el flea market buscando un par de botas para el albañil. Así estará a la par con el capataz y ambos trabajarán bien. Sobre el pucho me ha comprado una bicicleta montañera para algún otro amigo y al ver las fotos del Cusco que cuelgan de mi changarro, me dice que las cámaras se congelan en la puna. Que la última vez que pasó por Pampamarka se le malograron las tomas. Y que se han terminado los lentos viajes por camión por las lagunas de Yawriwiri, por las curvas de la Cuesta del Ciervo o los vicuñales Galeras Pampa: la pista asfaltada ya llegó a Chalhuanca y sólo falta el trecho hasta Abancay. Los dos estamos contentos. Sabemos que la próxima vez será cuestión de unas horas salir de Lima o del Cusco para darse una vuelta por la ruta del recuerdo, como decía el Picaflor de Los Andes. Será harto fácil meterse en el Expreso Wari y, con su calefacción y video y todo, largarme a Chalhuanca a encontrarme con la memoria de Marisol Camacho, de la cual recién me acordé la otra noche, en medio de una furibunda tranca.

Es raro el juego de distancias. Y raro también que Pico haya venido uno o dos días después que me soñara con Huaraqo. Del pueblo de la bisabuela tengo todo un catálogo de sueños. En la mayoría llego volando desde Pinkawacho, me doy la vuelta por Trigo Orqo y puedo ver el pueblo verdecito, las laderas verdecitas, el cerro del frente verdecito. Pero la casa solitaria. De vez en cuando uno que otro personaje, que se aparece un instante y se va. Otras veces estoy por Wanchuni, de donde tengo tan claro el olor del wakatay, que un día, en casa del galáctico, casi se me salen las lágrimas tan solo hablando de esta yerba verde oscura, pariente lejana de la cannabis, que crecía enorme al fondo de la quebrada. Más arriba, había visto nacer el río de un sinnúmero de manantiales, bajando entre cañas, chilcas, berros, zunchos y yerbas cuyo nombre nunca supe. Pero seguía una corriente subterránea, un camino que llevaba varias cuevas. Se sucedían edificios de piedra y lagunas mientras era perceptible sólo una leve música acuática. Muchas veces llegué a éste lugar de claridad luego de otros sueños confusos. Vuelta al origen. Contemplación del cordón umbilical. Ecos de los Apus cuyo recinto debería estar abajo de Cruz Pata, pero a los que nunca llegaba. Vasos comunicantes con los riachuelos y cascadas de Ithaca, en donde quise escribir sobre ciudades sumergidas. Geografía plácida de la nostalgia. Zona de prelenguaje. Tiempo recurrente donde nadie cruzaba palabra con nadie. Y al continuar curso abajo, un final abrupto. Un malestar trivial. Cerca a Kurankuni, quería saber si seguía el puente camino a Laqayqa, y si más abajo del río había una gran represa de agua, con una carretera que daba a la izquierda, en donde uno podía viajar en camión, oliendo el polvo de la tierra rojiza. El polvo del camino.

Pero la coincidencia más grande fue que Pico se apareció la noche después que volví a soñar con las carreteras. Ahora no sé si he vuelto a Huaraqo volando, o a pie. Pero voy desde el coso hasta la casa y me encuentro con una pista debajo de ella. Me confundo. No sé si el ruido que viene delante es un grupo de gente arreando unos caballos, o el de un camión que viene acercándose peligrosamente. Ahora levanto la mirada y veo que más arriba hay otra carretera. Mucha gente viaja de Huarkisa a Chalhuanca. He llegado penosamente a la casa. Apenas rastros. Paredes torpemente dibujadas por la antorcha del recuerdo. Palos viejos. Telarañas. Piedras y tejas enverdecidas. Una súbita tristeza. Muchas veces nadie aparece cuando he llegado por los trojes de trigo, he ido y buscado entre las palas y los picos, o me he quedado en la cocina tratando de escuchar el canto de los cuyes. Otras veces he aparecido por Tambo en un instante y he podido hablar con Mariano, que murió de tuberculosis, y Margarita, que corrió la misma suerte. Llegan furtivamente. Comemos algo. Podemos ir a pie en busca de las vacas por los peñascos de Kondorwachana, pasando el camino de los arrieros de Pampachiri y aparecer nuevamente en Huaraqo, donde no sabemos si la nueva gente que ha llegado a vivir a Lamarpata verá con agrado mi retorno. Una tremenda desconfianza suele invadirme cada vez que despierto, y sé que al otro lado de mi habitación están las calles de Nueva York. Y que a lo lejos, en aquel pueblo suspendido entre dos enormes laderas y los peñascos del abandono, sólo viven unos cuantos ancianos. Testigos mudos de la distancia de sus parientes, del tiempo en que los andenes daban su buen maíz y las laderas su buen trigo, y del fuego humano que arrasó con todo, dejando que las enredaderas y la grama crezcan por las paredes.

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verde sobre piedra, Lake Astoti

Si fuera de los entendidos, pudiera saber qué significan estos sueños y estas coincidencias. Pero pensar que todo éste rollo debe tener sus chácharas froydianas me da más frío. Sólo sé que me encantan las carreteras, que su llamado da un masaje al espíritu, que cuando el carro rueda hacia Upstate o la Montaña del Oso se van desatando las enredaderas de la mente. Suelo poner los casettes cada vez que voy rumbo al norte. Los he escuchado tantas veces que sé de memoria las notas, los silencios, las profundidades que abren. Las dulces alas de la voz de Julia Illánez. El picaflor borboteante de los charangos. Los remansos y remolinos de los acordeones. El caballo de paso y el galope tendido de los bordones y las guitarras. Uno cruza el puente George Washington y de inmediato aparecen los árboles. Los halcones de Palisades van volando en círculos, casi fuera del tiempo, como si desde arriba pudieran ver la caminata de los iroquies de antes. Tiempos simultáneos y un cielo azul. De pronto aparecen las colinas y más arriba unas pequeñas montañas. Al final de Palisades la ruta se bifurca. Al lado derecho está la Montaña del Oso y a la izquierda el Camino de las Siete Lagunas. Un nombre de poesía concreta. Una nube recargada de metáforas. Más bien una danza de silencio ahora que he apagado el casette y el carro sube lento cruzando el bosque que se erige sobre un lecho de musgos, piedras antiguas, palos podridos, verdes claros, verdes un poquito más oscuros, y helechos. Paso una laguna grande a la mano izquierda y avanzo hacia una más pequeña que da a la derecha. Suelo ir ahí. Hace poco me entero que esta es la entrada a Lake Astoti y Lake Skannatati. Nombres nativos con la población indígena desaparecida. Un residuo fetichista en las palabras. Un parque donde antes hubo una cultura. He sabido venir con Estela, que me enseñó a pedirle permiso al bosque para poder recibir y compartir su poder. Llegué con mis amigos y mi familia. Con Liz, que tenía la voz tan delgada como sus manos. Con el tío Oscar, que nunca estuvo tan lejos de Kurankuni. Y con la comadre, con la cual hicimos nuestras ceremonias de limpieza. Pero las mas de las veces llego solo y no importa lo que pase me pongo a escuchar el sonido del arroyo que baja a Lake Astoti. Son breves momentos. Apenas unos diez o quince minutos los que observo el agua lavar las piedras cubriéndolas de infinito.

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bosque invertido, Lake Astoti

Foto y texto © Fredy Roncalla

(Des)Conceptualizations: Beyond identity, coloniality and the subaltern. October 20-21

Paul Gillen comparte esta convocatoria a un forum sobre la necesaria conversacion sobre el caracter dinamico y negociado de los universo identitarios. Este foro contara con la presencia de Lurgio Gavilan, del cual alegra que este como docente en Huamanga.

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La Lógica del tercero incluido de Ale Wendorffnter a caption

 

Frederic Jameson propuso que los textos del tercer mundo deben leerse como alegorías nacionales, puesto que allí se implica por igual a la política y la dinámica libidinal en una forma de cartografiar la totalidad. Detrás de esto se encuentra la idea de que estos textos solo funcionan como mostradores de la realidad colectiva a través de la realidad individual y subjetiva. Además, con esta noción se refuerza el hecho de que las alegorías nacionales se apoyan en la concepción de la identidad como una entidad inamovible y hereditaria que no varía en el tiempo, cuando en realidad la identidad son construcciones culturales que se definen en nuestras relaciones con los otros, construcciones fluidas siempre cambiantes y en proceso. La identidad desde una postura contraria a la universalista y esencialista, como afirma Stuart Hall, es una: “representación estructurada que solo alcanza su carácter positivo a través del estrecho ojo de lo negativo. Antes de poder construirse, debe atravesar el ojo de la aguja del otro”. Entonces, de lo que se trata, siguiendo a Levinas, es de aceptar la alteridad como parte constitutiva del sujeto y, por otra parte, no caer en una visión estereotipada de la realidad. Achille Mbembe dice que “el racismo, es en términos foucaultianos, ante todo una tecnología que pretende permitir el ejercicio del biopoder, el viejo derecho soberano de matar”. Es decir que la forma de mirar al otro es de una extrañeza y de una legitimidad de la violencia y el asesinato.

Proponemos pensar la teoría desde diversos ángulos que den cuenta de las crisis de la alegoría nacional, los fracasos de la identidad y lo latinoamericano como un bloque homogéneo. Revisar los ejes propuestos nos permite reflexionar sobre en qué medida la producción de conocimiento se puede realizar en, y fuera de, el debate teórico, político y social. Para ello queremos convocar enfoquesinterdisciplinarios que, mediante acercamientos teóricos alternativos y/o práctico-empíricos, traten de colocarse fuera de las vías ya establecidas de la teoría para enriquecerla con nuevas reflexiones e hipótesis. Conceptos de identidades, colonialidad, subalternidad, entre otros, se estandarizan en la Academia, por lo que nuestro propósito no es solo repensarlos, sino llenarlos de nuevos significados o develar sus vacíos metodológicos. Ver / bajar texto completo de convocatoria

Belaúnde en la Amazonía. Marc J. Dourojeanni

Una buena contextualizacion sobre el arquitecto de la destruccion de la Amazonia y carnicero de la nacion Matse / Mayoruna y  los pueblos quechuas ayacuchanos,  que ha sido hasta ahora tratado con guante de seda,  Comision de la Verdad incluida. Comado de CAAP

1984: Fernando Belaúnde inaugura la Ciudad Constitución en la orilla del río Palcazú. Foto: Repositorio de la Universidad San Ignacio de Loyola

Por Marc J. Dourojeanni[1]

El Presidente Fernando Belaúnde Terry (1963 -1968 y 1980 – 1985) ha sido la personalidad peruana que más influenció en el destino de la Amazonia. Su doctrina “La conquista del Perú por los peruanos” se centró en la ocupación de esa región, que abrió a la explotación desordenada de sus recursos. Muchas de sus ideas fueron transformadas en obras, tanto por él mismo, como en el caso de la “Carretera Marginal de la Selva”, o años después, por otros. Su obsesión por la conquista y colonización de la Amazonia lo llevó a ordenar el bombardeo de pueblos indígenas no contactados, a intentar unir las cuencas de ríos amazónicos mediante canales y a pretender mover la capital del Perú a la Selva. Para imponer sus ideas y cumplir sus propósitos se convirtió en antagonista declarado de indígenas, académicos y de cuántos en el Perú o en el exterior ponían en duda su visión del desarrollo amazónico.

17:30|12 de junio de 2017.- Esta nota describe la enorme influencia que un solo hombre, un peruano notable, tuvo sobre la Amazonía peruana −la Selva− y sobre la Amazonía en general: Fernando Belaúnde Terry. Belaúnde nació en 1912. Estudió en Francia y en EEUU y en 1943 se incorporó a la docencia universitaria, habiendo sido en 1955 el decano fundador de la Facultad de Arquitectura de la Escuela Nacional de Ingenieros, hoy Universidad Nacional de Ingeniería. Ejerció la docencia en el Perú hasta 1960. Pero, desde 1944 también estuvo activamente dedicado a la política, lo que lo condujo a la presidencia en 1963, después de haber sido candidato en 1956. Él inauguró la práctica de hacer proselitismo político recorriendo palmo a palmo el territorio nacional, inclusive la Selva[i], y eso probablemente tuvo mucha influencia en su visión del desarrollo de esa región.

Marc Dourojeanni es Profesor Emérito de la Universidad Nacional Agraria.

Belaúnde es unánimemente reconocido por su honestidad personal[ii] y, también, como un caballero a la moda antigua, demócrata, elegante y ciudadano del mundo, capaz de expresarse en perfecto inglés y francés. Además era una persona de vasta cultura, capaz de dirigir la palabra de modo igualmente acertado, siempre elocuente y convincente, en salones, entrevistas y escaños así como en las más diversas tribunas populares. Y, asimismo, era un visionario, o más bien un soñador, que sin embargo consiguió transformar en realidad buena parte de sus proyectos. También tenía defectos. Apenas se quiere destacar uno que es el más relevante para este análisis: Belaúnde era obsesivo y, después de sus viajes por el interior del país y por el resto de su vida, convirtió la Amazonia en uno de los objetos centrales de ese comportamiento[iii].

La Amazonia como territorio a integrar por medio de la conquista

Con la publicación del libro “La Conquista del Perú por los Peruanos” (Lima, 1959) quedó evidenciado el pensamiento de Belaúnde en relación a la Amazonía. Este no es muy diferente del que ya existía en el Perú de entonces pero, siendo arquitecto, era más concreto. Aparece claramente descrito el objetivo de integrar la Selva al resto del país mediante obras viales que pasando por los Andes lleguen a las ciudades de la Sierra y de la Costa para poder aprovechar las riquezas de la Amazonía y de ese modo hacerla parte importante de su proyecto de desarrollo nacional[iv]. En los años 1950 y comienzo de los años 1960 la Selva no sólo estaba aún esencialmente aislada sino que, como él constató durante sus viajes, estaba vergonzosamente abandonada por el Estado, sin acceso a servicios esenciales.

“La conquista del Perú por los peruanos”. Libro publicado en 1959.

Esas ideas fueron progresivamente consolidadas y, cuando asumió la presidencia en 1963 ya estaban cuajadas en un proyecto más complejo y ambicioso, de cuño claramente desarrollista. Este incluía como herramienta crucial a la Carretera Marginal de la Selva[v] que él veía como una especie de Panamericana del pie de monte andino-amazónico, o sea una gran vía longitudinal Sur-Norte que, se articularía transversalmente, es decir Este-Oeste, con las carreteras de penetración existentes o previstas. Completando su visión esas vías deberían articularse con los ríos navegables amazónicos y, luego, como se verá, con el resto de América del Sur. También creó, en 1963, la aerolínea militar Transportes Aéreos Nacionales de la Selva. La integración de la Amazonía se complementaba con varias otras obras que incluían, en especial, aprovechar el gran potencial energético de la Selva Alta y, obviamente, impulsar las actividades agropecuarias y la explotación forestal.

Se trataba, pues, de una visión muy ingenieril y bastante simplista de “desarrollo” que según él era apropiado para la Amazonia. Esta era, para Belaúnde, una tierra inhóspita y vacía pero pletórica de recursos que debían ser explotados para beneficio de los peruanos del resto del Perú. Por eso, su estrategia declarada incluía la conquista, la ocupación y la colonización como medios para hacer realidad la explotación de esa región. Complementaba su ideario amazónico con medidas para aumentar su población mediante la migración y para “incorporar los nativos a la civilización”. Esto era una réplica modernizada del colonialismo europeo del siglo anterior que, precisamente cuando inaugurado el primer gobierno de Belaúnde, estaba viviendo sus últimos días en África antes de ser sustituido por el neocolonialismo. La población indígena amazónica era ignorada o considerada como un estorbo, como “salvajes” cuyas tierras podían ser ocupadas o aprovechadas. Aunque esa concepción de la Amazonia y de su desarrollo eran comunes en el Perú y en los demás países amazónicos, ya existía una fuerte corriente que propugnaba que esa región tenía derecho a un desarrollo autónomo respetuoso de las características de su sociedad original, que atendiese en primer lugar sus propias necesidades y que se fundamente en su realidad social y ecológica[vi]. Pero Belaúnde visualizaba el desarrollo amazónico esencialmente en función del beneficio del resto del Perú. De hecho fue durante su segundo gobierno que se consolidó la noción de que la Selva, en especial la Selva Central, debería ser la despensa de Lima[vii].

El IIRSA comenzó con Belaúnde

Pocos saben que prácticamente todos los principios, objetivos y hasta muchas de las obras previstas por la tan criticada IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) fueron anticipados por Belaúnde 20 a 30 años antes de su lanzamiento oficial a comienzos del año 2000. La IIRSA es un ambicioso paquete de obras inicialmente patrocinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF)[viii] que, ahora, depende de la Unión de Naciones Suramericana (UNASUR). Promueve una serie de ejes de integración de transporte, energía y comunicaciones por un valor estratosférico que, andando el tiempo ha sido muchas veces modificado y que, en general, es considerado el golpe de gracia para la Amazonia[ix]. En realidad, el IIRSA fue descaradamente promovido por el Brasil para ampliar su influencia económica en la región, obtener nuevas fuentes de energía y también para fomentar los negocios de su Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) y de sus corruptas empresas transnacionales.

Desde el primer día de su primer gobierno, Belaúnde planteó el proyecto de construcción de la carretera Marginal de la Selva, que una vez concluida se extendería desde el Arauca, en la frontera de Colombia y Venezuela, hasta el terminal ferroviario de Santa Cruz, en Bolivia, uniendo las tres grandes cuencas fluviales de América del Sur (Orinoco, Amazonas y La Plata), conectando en su extenso recorrido a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. En enero de 1964 Belaúnde reunió en Lima a representantes de Colombia, Ecuador y Bolivia “que acordaron la pronta iniciación de la obra”.

Belaúnde fue un decidido propulsor de la integración sudamericana a través de la navegación fluvial combinada con carreteras. Algo en todo equivalente a los ejes de integración del IIRSA. Propuso la unión de las cuencas del Orinoco, el Amazonas y El Plata. En sus discursos nunca faltó la mención de unir a todas las naciones latinoamericanas, para desarrollar así economías más fuertes. Destaca el mensaje que dirigió al Congreso Nacional en julio de 1982, justo un año antes de su navegación por el canal del Casiquiare: “Propiciamos en Lima, una reunión técnica sobre interconexión de las cuencas del Orinoco, el Amazonas y El Plata, que sería comparable, en sus resultados, a los logrados en el eje Nueva Orleáns-Québec, en América del Norte. Los dos sistemas fluviales canalizados y unidos por la breve conexión oceánica en el Caribe y el Golfo de México, constituirían la infraestructura de un sistema de comunicación acuática de extraordinario potencial, entre Quebec y Buenos Aires. Este planteamiento se inspira en el mismo espíritu integracionista que expuse en la reunión de presidentes de Punta del Este, en 1967”. En 1983 el mismo definió su visión como “Hay que pensar en que la integración es algo simple, y tal vez se me perdone, dado mi antecedente de arquitecto, que quiera poner la integración en términos matemáticos, en una ecuación: Interconexión hidrovial y energética + libre tránsito + moneda común= integración

En su discurso anual al Congreso de 1984, Belaúnde anunció la culminación de la articulación con Brasil, diciendo que apenas “faltaba un pequeño tramo de 5% en la carretera que une Pucallpa y Cruzeiro do Sul”[x]. Sobre esta vía, Belaúnde avizoraba la conexión vial a futuro con Brasilia y con Río de Janeiro. Esta es la misma obra incluida en el IIRSA como Interoceánica Central y que ha generado tanta controversia durante la última década[xi]. Esa obra ya figuraba en un Convenio de Interconexión Vial con el Brasil firmado en 1981. Pero los planes de Belaúnde también incluían la esencia de lo que el IIRSA incluyó como integración energética especialmente con el Brasil que, como en el caso de la carretera, generaron toda clase de reacciones antagónicas, en base a sus impactos negativos sociales, ambientales y económicos[xii]. El propósito de construir una central hidroeléctrica, la muy discutida Paquitzapango[xiii], en el río Ene fue mencionado en sus discursos. En 1981 la empresa Shell fue facultada a iniciar la exploración y explotación de los lotes petrolíferos 38 y 42 que, años después, permitirían el descubrimiento de las reservas de gas del Camisea, en el departamento de Cusco. En 1982, el gobierno consiguió aprobar la Ley 23231 que exoneró de impuestos a las empresas petroleras y energéticas que operaban en el país.

Las carreteras y las colonizaciones

La carretera Marginal de la Selva, que debía recorrer el país entre las fronteras con Bolivia y Ecuador, fue iniciada en el Huallaga a poco de inaugurar su primer gobierno y fue continuada en su segundo. Otras vías componentes de su plan fueron asimismo continuados durante el gobierno militar que interrumpió su mandato. La apertura de carreteras, en especial la Marginal, cumplió cabalmente su finalidad de permitir la migración y ocupación de la Selva. Aparecieron rápidamente nuevos centros poblados y el Huallaga Central fue ocupado y masivamente deforestado. En 1979 en esa región ya se habían deforestado y quemado 615.375 ha de las cuales solo se usaban unas 138.000 ha. El resto estaba abandonado o “en descanso”[xiv]. Esa situación se repetiría a lo largo de todas las carreteras abiertas por él y por otros después. Y, en el caso del Huallaga Central, la Marginal fue el imán que atrajo el cultivo ilegal de la coca y que dio amparo al narcoterrorismo subsecuente. No es culpa directa de Belaúnde, pero eso era previsible[xv] y fue anunciado y denunciado sin que se tomaran medidas.

Fernando Belaúnde señalando la ruta de la Carretera Marginal de la Selva. Foto: Repositorio de la Universidad San Ignacio de Loyola

Impresiona en el comportamiento de Belaúnde su falta de compromiso con las consecuencias ambientales y, como se verá más adelante, sociales de sus obras. La innecesaria destrucción de bosques y el extraordinario desperdicio de madera que de no ser “fina” era simplemente quemada, eran evidentes y ya eran denunciadas durante su primer gobierno y mucho más durante el segundo. En su primer gobierno, en lugar de tomar medidas para mejorar la agricultura, intensificar el uso de la tierra, reducir la destrucción, todas sus acciones apuntaron a exacerbar ese comportamiento, abriendo o promoviendo más y más caminos, creando nuevos asentamientos sin considerar la calidad de los suelos pese a haber creado, en 1962 , la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN) que hizo un excelente trabajo y que, contrariamente a él, fue una de las primeras agencias peruanas a interesarse por los temas ambientales.

En el segundo gobierno, Belaúnde creó el INADE (Instituto Nacional de Desarrollo) que, en teoría estaba dotado de capacidad técnica y financiera para conducir proyectos de desarrollo integral especialmente en la Selva Alta. Estos proyectos, de naturaleza multisectorial, tenían como objetivo general la ocupación “racional” del territorio y la ampliación de la frontera agrícola. También consideraban el mejoramiento de la producción y productividad agraria, el “manejo racional de los recursos naturales y el medio ambiente”, el mejoramiento del nivel y la calidad de vida del poblador de la región y la ampliación de la cobertura de los servicios públicos y otros que coadyuven al “desarrollo integral”. Eso ya era un progreso teórico en el buen sentido y, realmente, dependiendo de sus jefes, algunos de esos proyectos comenzaron a preocuparse por evitar desastres ambientales y respetar a los indígenas. Antonio Brack fue uno de ellos. Pero ninguno contó con apoyo del mandatario en esos aspectos. Al contrario, fueron varios los discursos y comentarios lapidarios que él pronunció contra las limitaciones a sus expectativas expansivas que representaban los ambientalistas, incluidos algunos de los funcionarios públicos, y las organizaciones no gubernamentales que lo contradecían[xvi].

Posiblemente el colmo de ese comportamiento fue la apertura del trecho de la Marginal entre San Alejandro (von Humboldt) y Villa Rica. En setiembre de 1980, sin que el personal del Bosque Nacional Alexander von Humboldt fuera siquiera prevenido, el Ministro de Transportes de entonces ordenó personalmente que sus tractores pasen encima de los experimentos allí instalados a grande costo. La apertura inconsulta e innecesaria en ese lugar de esa carretera fue el fin de la mayor inversión peruana en manejo de bosques naturales tropicales[xvii]. El bosque, como los indígenas, eran apenas obstáculos.

Fue posiblemente a fines de 1985 cuando el autor de esta nota acompañó a una misión canadiense de alto nivel a una reunión con el Presidente Belaúnde. La misión, presidida por un ministro, promovía el uso sostenible y la conservación de los bosques amazónicos. Pero Belaúnde explicó e insistió, en inglés y luego en francés para que los canadienses no tuvieran duda de lo que él decía, que quería promover una plantación de 100.000 hectáreas de caña de azúcar en una localidad cercana a Iquitos. Los técnicos canadienses que acompañaban el grupo mencionaron tímidamente que los suelos de esa región no parecían apropiados, pero eso no conmovió al mandatario. Belaúnde, en esos días, se había transformado en un admirador del famoso programa Pro-Alcohol del Brasil que, si bien ayudó a resolver la crisis energética de aquel tiempo, ha sido la causa de la destrucción de prácticamente todos los bosques atlánticos de ese país[xviii].

Belaúnde, que no gustaba del bosque pero si de la madera como material de construcción, apoyó la iniciativa del Servicio Forestal y de Caza de construir un aserradero, el mayor del Perú, en la localidad de Tournavista, sobre el rio Pachitea, que inauguró en 1965. Sin embargo, a fines de 1967 el mismo gobierno de Belaúnde pretendió eliminar al Servicio Forestal y de Caza mediante el simple expediente de no incluirlo en el presupuesto anual de la República. La situación fue salvada gracias a una ardua campaña de funcionarios, campesinos y a la intervención de congresistas[xix].

Belaúnde y las hidrovías

Como he mencionado, Belaúnde daba mucha importancia a aprovechar los grandes ríos amazónicos para la navegación fluvial dentro y fuera del Perú[xx]. Como la IIRSA lo ratificó después, los ríos amazónicos deberían ser transformados en sendas hidrovías conectadas con la Costa y la Sierra mediante carreteras de donde bajarían hasta el río Amazonas, accediendo a los mercados del Brasil y tantos otros a través del Océano Atlántico. Sin duda él tenía razón en considerar la navegación fluvial como esencial pero, curiosamente, hizo muy poco para lograrlo. En lugar de construir los puertos que él mismo había anunciado (Pucallpa y Yurimaguas) y de hacer obras de mejoramiento de la navegación se lanzó en dos infortunadas aventuras que mellaron mucho su prestigio.

La primera fue tentar demostrar que barcos de cierto calado podían usar el río Casiquiare, en Venezuela, para unir las cuencas del Amazonas con la del Orinoco. El Casiquiare es un canal natural que une cuencas del Orinoco y el Amazonas. El canal, de 326 kilómetros en su mayor parte navegable, sale del Orinoco aguas abajo de la ciudad venezolana de Esmeraldas y se dirige al suroeste, hacia la cuenca del Río Negro, tributario del Amazonas en el Brasil. Habitualmente el flujo del agua es en el sentido Orinoco-Amazonas, pero cuando este último está crecido, el flujo es a la inversa. La explicación del fenómeno es el mínimo desnivel de los territorios por los que circula el Casiquiare y por la incierta divisoria de aguas entre ambas cuencas, que no es sino una vasta planicie repleta de zonas inundadas. Belaúnde asumió el riesgo de tentar cruzar el Casiquiare, usando un barco de la marina de guerra del Perú, la cañonera “Amazonas” y una lancha auxiliar, la “Pucallpa”.

Zarparon de Iquitos en julio de 1983 bajando por el río Amazonas hasta Manaos, en el Brasil, de donde surcaron por el río Negro hasta la Piedra del Cocuy llegando finalmente a San Carlos de Río Negro, en Venezuela. El viaje continuó por el canal del Casiquiare hasta el río Orinoco llegando a Puerto Ayacucho, capital del Estado Amazonas. El recorrido fue muy difícil, el barco encalló y necesitó ayuda y todo eso creó un serio incidente diplomático especialmente con el Brasil. La tal expedición, que fue catalogada como “safari presidencial” y “caprichoso viajecito”[xxi] en un momento de gran actividad del terrorismo de Sendero Luminoso y de crisis económica, no demostró nada que no se supiera ya.

Pero, habiendo “demostrado la viabilidad de navegar del Amazonas al Orinoco” se embarcó en otra aventura, esta vez procurando unir la cuenca del Ucayali (río Urubamba) con la del río Madre de Dios (río Manu), imitando la proeza del cauchero Fermín Fitzcarrald, que consiguió pasar un barco desmontado por el llamado Istmo al que se dio su nombre. En setiembre de 1983 Belaúnde hizo el primer anuncio oficial sobre el tal varadero entre el río Serjali (Urubamba) y Cashpajali (Manu) y dispuso que la Empresa Nacional de Navegación y Puertos (Enapu) estudie la interconexión de las cuencas mencionadas, mediante la construcción de un canal de unos 11 km. Luego, reiteró esa intención en diversas oportunidades[xxii] y anunció que él personalmente haría el recorrido a bordo del barco “Stiglich” de la Marina de Guerra del Perú. Eso generó muchas críticas, tanto por la idea como por sus elogios al cauchero Fitzcarrald, un personaje tenebroso. Pero él no se inmutó con la oposición y, en efecto, en enero de 1984 Belaúnde acompañó la expedición al istmo. En el proceso de abrir la trocha por donde se supone pasaría el canal, parte de la expedición fue atacada por indígenas Mashco-piros, circunstancia en que uno de los trocheros fue herido de flecha. Eso generó una violenta reacción armada, con uso de helicópteros, por parte de los efectivos de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea que aparentemente mataron a dos nativos. Pero, por eso, la expedición fue abandonada. El hecho, que ocurrió en la segunda semana de enero de 1984, fue ampliamente descrito en la prensa nacional y aumentó el nivel de las críticas al comportamiento de Belaúnde[xxiii]. Finalmente, ante el bochornoso desastre y las repercusiones negativas, Belaúnde no volvió a tocar ese tema públicamente. Tampoco hizo mucho más para mejorar la navegación en los ríos amazónicos peruanos posibilidad que hasta hoy continúa poco atendida[xxiv], a pesar de figurar en la IIRSA y de haber recibido financiamiento internacional.

Belaúnde y los indígenas

Como se ha visto en el caso del incidente en el istmo de Fitzcarrald y en otras ocasiones, Belaúnde no tenía una estimación especial por los nativos amazónicos. Su admiración pública y notoria por Fitzcarrald que al igual que Julio César Arana, bien podría merecer una acusación por genocidio por su despiadada conducta con indígenas de varias naciones para explotar caucho, ya era de por sí inadecuada para un presidente de todos los peruanos. Pero su muy reprobable conducta contra los indígenas del alto Urubamba y del Manu tenía un precedente aún más grave.

En efecto, a comienzos de 1964 los indígenas Mayoruna (Matsés) repelieron una invasión de madereros que entraron a su territorio abriendo una trocha entre Requena y la frontera brasileña, con el propósito de explotar madera ilegalmente. En esa ocasión murieron dos trocheros a manos de los Mayoruna. Las quejas fueron elevadas hasta el Presidente Belaúnde quien ordenó a la Fuerza Aérea bombardear las aldeas de donde se supone partió el ataque y que se concentraban cerca del río Yaquerana. Las fuentes de la época indican que los helicópteros no sólo ametrallaron las chozas de tres aldeas sino que también, con apoyo aéreo extranjero[xxv], se habría usado napalm contra los indígenas, que se defendían principalmente con arcos y flechas y quizá, con alguna escopeta vieja. Lo más vergonzoso del incidente cuyo impacto real sobre los indígenas es desconocido fue la forma en que la prensa nacional acogió el hecho, destacándolo como glorioso y triunfal, lo que Belaúnde nunca desmintió[xxvi]. Peor, sin prestar atención a las críticas, Belaúnde llegó al colmo de premiar con una recepción en Palacio de Gobierno al líder de los madereros ilegales, el comerciante y por entonces alcalde de Requena, Gumercindo Flores. Y, en 1965 Belaúnde fue en persona a inaugurar un nuevo aeropuerto en Requena. Estos hechos fueron documentados, entre otros, por Stefano Varese y Alberto Chirif[xxvii] .

Grafico del artista "Markus" inspirado en los hechos con los indígenas matsés. Fuente: http://lomaterialyloideal.blogspot.pe

Mientras que el trato a los indígenas no contactados era, como se ve, “meter bala” el dudaba mucho de hacer lo mismo con los terroristas de Sendero Luminoso, como fue bien documentado[xxviii]. Su actitud con relación a los indígenas contactados, era la misma que imperó durante el periodo colonial, es decir integrarlos a la peruanidad o asimilarlos a las tradiciones del mundo occidental inclusive utilizando el idioma quechua como lengua franca, tal como pretendieron hacerlo los misioneros españoles. El Estado promovió la ocupación de la Amazonia y su colonización mediante población costeña y andina, proceso que fue acompañado por las Fuerzas Armadas. Así, en su discurso inaugural como presidente ante el Congreso en 1963, Belaúnde propuso unificar las ramas de las Fuerzas Armadas para que conformen un cuerpo colonizador en la Selva. También lanzó un Plan Nacional de Desarrollo e Integración Indígena que, en realidad, apuntó más a la Sierra que a la Selva. Y, en 1964 propuso un marco normativo para favorecer el aumento de la población amazónica mediante exoneraciones tributarias.

Otra expresión de su visión colonizadora, inspirada sin duda por el Presidente Juscelino Kubitschek del Brasil (1956-1961), fue la construcción de Ciudad Constitución en la Selva, en el centro geográfico del Perú. Kubistschek materializó la conquista y poblamiento del oeste brasileño mediante el traslado de la capital, Rio de Janeiro, al centro del país, donde construyó Brasilia. Aunque la propuesta de mover la capital al interior del Brasil era antigua, él consiguió realizarla contra viento y marea, inaugurando la nueva capital en 1960. Ambos personajes tenían también en común ser demócratas, profesionales respetados y compartían el propósito de ocupar el territorio mediante grandes obras viales que, en ambos casos, apuntaban hacía la Amazonia. Kubitschek, por ejemplo, inició la carretera Brasilia-Belem do Pará.

Ciudad Constitución era también parte de su estrategia para poblar la Amazonía con inmigrantes, sin llevar en cuenta los pobladores originales ni sus derechos adquiridos. Para diseñarla él convocó un grupo de arquitectos muy distinguidos y así Ciudad Constitución, ya conectada por la Marginal de la Selva, fue inaugurada por Belaúnde el 20 de mayo de 1984, en la orilla del rio Palcazú en la que por entonces era una provincia de Oxapampa. Cuando fundada aún era más un proyecto que una realidad, contando con instalaciones mínimas. El diseño original no prosperó y a pesar de que la ciudad creció mucho después, Constitución nunca llegó a ser la capital del Perú o de la Selva. En cambio sí se convirtió por largos años en refugio de narcotraficantes que fomentaron cultivos de coca y establecieron pistas clandestinas[xxix].

Belaúnde y la naturaleza

Es curioso en una persona de elevada cultura, como Belaúnde, su insensibilidad ante la extraordinariamente bella y rica naturaleza del país que, sin duda, amaba. La lectura de miles de líneas de sus discursos y textos no revela una sola mención, una sola expresión de admiración por los paisajes, las plantas o la fauna. Definitivamente él parecía apreciar mucho más el lodo generado por sus carreteras y construcciones, el humo de los bosques derrumbados y quemados, el ruido de los aserraderos o las explosiones en las laderas de las montañas. Para él, progreso parecía ser equivalente a la destrucción de la obra natural.

De hecho, Belaúnde ha sido uno de los presidentes en cuyos dos gobiernos fueron creadas el menor número de áreas naturales protegidas y con menos extensión. Los dos primeros parques nacionales del país: Cutervo (1961) y Tingo María (1965) fueron creados por leyes del Congreso y fueron generados sin ninguna participación del aparato gubernamental. Bajo su mandato se establecieron: la Reserva Nacional Pampa Galeras (1967), los santuarios históricos Pampas de Ayacucho (1980) y Machu Picchu (1981), el Santuario Nacional Calipuy y la Reserva Nacional Calipuy (1981), el Parque Nacional Río Abiseo (1983) y el Santuario Nacional Lagunas de Mejía (1984). Excepto Abiseo que tiene 274.520 hectáreas, todas las demás áreas son de pequeñas a muy pequeñas y todas, inclusive Abiseo, ya estaban propuestas y diseñadas durante el gobierno anterior.

Belaúnde obstaculizó personalmente la creación del Parque Nacional Manu porque eso obstaculizaría su proyecto de Marginal de la Selva en Madre de Dios. En 1968, debido al clamor internacional y a regañadientes autorizó la reserva temporal del área que fue efectivamente transformada en Parque Nacional en 1973[xxx]. Ya durante su segundo gobierno hizo todo lo posible para eliminar el parque, tanto intentando abrir el istmo de Fitzcarrald para la navegación como, especialmente, insistiendo en hacer pasar la Carretera Marginal en medio del Parque. La batalla contra esa pretensión fue ardua y duró prácticamente hasta el término de su mandato[xxxi]. Sin embargo, más tarde, erradamente Belaúnde reclamó ser él el creador de ese Parque, lo que fue públicamente desmentido[xxxii].

En 1982 un decreto supremo viabilizó la explotación minera en las reservas nacionales, amenazando directamente a la Reserva Nacional de Paracas, lo que generó un escándalo a nivel nacional, lográndose finalmente revertir la decisión[xxxiii].

En su favor está que no obstaculizó las acciones de conservación de la vicuña, a la que él confundía con las llamas[xxxiv], haciendo mención especial a la Reserva Nacional de Pampa Galeras en su discurso anual al Congreso de 1968[xxxv].

Conclusión

Belaúnde dejó huellas indelebles en la Amazonia pero, en su inmensa mayoría, esas huellas son heridas algunas aún abiertas. Es posible argumentar que de no ser él, otro mandatario hubiera hecho o permitido hacer lo mismo o parecido y que el pillaje y desperdicio de los recursos amazónicos o el maltrato a sus habitantes fuese inevitable. Pero Belaúnde fue un visionario que, como explicado, también realizó gran parte de sus proyectos en una época en la que aún no eran comunes ni bien aceptadas las nociones de prudencia ambiental, desarrollo sostenible ni, tampoco, las de reconocimiento de los derechos ancestrales de los indígenas amazónicos que, más recientemente, habrían frenado o modelado en alguna medida sus decisiones y acciones. También es difícil imaginar que existiese otra personalidad tan importante y a la vez tan tercamente obsesionada con la Selva. Belaúnde, a pesar de su formación académica, solamente aceptaba lo que encajaba en su ideario y no prestaba atención a argumentos contrarios. Por eso, es probable que la Amazonia peruana estuviese mejor ahora si él no la hubiese escogido como objeto de su obsesión.

Como es natural, muchos aún piensan que Belaúnde hizo un gran servicio a la Amazonia entregándola prematuramente a la explotación de sus recursos naturales. Su nombre está en todas partes en la Selva, en carreteras, puentes, colegios, puestos de salud, edificios públicos y, hasta hoy su nombre es recordado con fervor. El autor de esta nota recibió su diploma académico de manos del propio Presidente Belaúnde en 1963 y, como casi todos los jóvenes de esa época, creyó que ese mandatario lideraría el país por el camino del desarrollo que el país tanto esperaba. Pero, en cuanto a la Selva y quizá debido a sus grandes expectativas, fue frustrándose mucho y mucho más a cada día de sus dos mandatos.

Escribir sobre ese tema no es para entristecer -o enfurecer- a los que consideran o creen que Belaúnde fue un gran hombre y un buen Presidente del Perú. Tampoco es para denigrarlo. Es para que se recuerde lo que pasó en la Selva. La historia tiene muchas facetas y todas deben ser expuestas. De otra parte, como es obvio, Belaúnde no solo se dedicó a la Amazonia. En muchos otros asuntos públicos él hizo contribuciones y obras muy valiosas que siempre serán recordadas y celebradas.

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Referencias:

[1] Ingeniero Agrónomo, Ingeniero Forestal, Doctor en Ciencias. Profesor Emérito de la Universidad Nacional Agraria. Fue Director General Forestal del Perú, Oficial senior del Banco Mundial y primer Jefe de la División Ambiental del Banco Interamericano de Desarrollo. También fue vicepresidente de la World Conservation Union (UICN) y de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas y es fundador de Pronaturaleza.

[i] Belaúnde, Fernando 1960 Pueblo por Pueblo, Lima Ed. Tawantinsuyu

[ii] Ver, por ejemplo, Hildebrandt, César 2012 Recordando a Fernando Belaúnde La Primera, 3 de octubre 2012 (https://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas-y-colaboradores/recordando-belaunde-terry-23902/)

[iii] McBride Espejo, Juan 1966 Belaúnde y la Amazonia Peruana Tipografía Peruana, Lima 70p

[iv] Morel Salman, Jorge 2014 Colonización e integración vial: De una a muchas Amazonías: los discursos sobre “la selva” (1963-2012) In Barrantes Roxana y Manuel Glave (editores) 2014 Amazonía peruana y desarrollo económico Amazonía peruana y desarrollo económico Lima, GRADE e IEP (Estudios sobre Desigualdad, 8) pp. 21-46

[v] Belaúnde, Fernando 1960 La Carretera Marginal de la Selva Lima, Renardet, 1967

[vi] Entre muchos más, ver Goodland, Robert & H. S. Irving 1975 Amazon Jungle: Green Hell to Red Desert Elsevier, NY; Poore, Duncan 1976 Ecological Guidelines for the Development of Tropical Rain Forests, IUCN, Morges o; Dourojeanni, Marc 1976 Una nueva estrategia para el desarrollo de la Amazonia peruana Rev. For. Del Perú 6(1-2): 41-58

[vii] Dourojeanni, Marc J. 1981 Amazonía: ni infierno verde ni despensa de Lima Lima ¿Qué hacer? 12: 82-88

[viii] IIRSA 2002 Integración de la Infraestructura Regional en Sur América Corporación Andina de Fomento/Banco Interamericano de Desarrollo/Fonplata Caracas (Varios fascículos)

[ix] Van Dijk, Pitou 2013 The Impact of the IIRSA Road Infrastructure Programme on Amazonia Routledge

[x] http://fernandobelaundeterry.com.pe/category/discursos-2/

[xi] Piden declarar inviable el estudio de perfil del proyecto sobre la carretera Pucallpa – Cruzeiro do Sul 2 de Noviembre, 2012 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=17176) ; IBC 2012 Ucayali: demuestran presencia de indígenas en aislamiento en el trazo propuesto para carretera Pucallpa-Cruzeiro do Sul(http://www.actualidadambiental.pe/?p=17272); Exponen deficiencias en proyecto de la carretera que unirá Pucallpa–Cruzeiro do Sul 3 de Diciembre, 2010 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=8243)

[xii] Por ejemplo: Serra Vega, José 2010 Inambari: La urgencia de una discusión seria y nacional Pronaturaleza, Lima 228p.

[xiii] http://canaln.pe/actualidad/hidroelectrica-paquitzapango-anundaria-95-mil-ha-bosques-denuncia-lideresa-ashaninka-n134519

[xiv] Ver, por ejemplo, Proyecto Especial Plan Selva, 1980 Escoger el futuro: Una estrategia de desarrollo para las cuencas del Huallaga y del Bajo Mayo Ministerio de Agricultura, Lima 144 p.

[xv] Dourojeanni, Marc J. 1981 Posibilidades para un desarrollo rural más integral en el Huallaga Central y Bajo Mayo, Perú Lima, Boletín de Lima 3(16/17/18): 129-148

[xvi] Uno de ésos discursos, el 23 de junio de 1981 en el Pacto Andino, con ocasión del Seminario Internacional sobre Maderas Tropicales, fue particularmente agresivo e incluyó a los indígenas entre sus desafectos.

[xvii] Vasquez, Winston 2017 Entre Huánuco y Ucayali: La destrucción del Bosque Nacional A. Von Humboldt Actualidad Ambiental 27 de Enero, 2017 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=42865) ;Dourojeanni, Marc 2017 Bosques nacionales en el Perú: De importantes centros de investigación a zonas deforestadas Actualidad Ambiental, SPDA, Lima / 30 de Enero, 2017 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=42935)

[xviii] Ver Dourojeanni, Marc 1985 Alcohol a la brasileña en el Perú? La República, Lima 29 de setiembre de 1985; Dourojeanni, Marc 1986 Otra vez el alcohol La República, Lima 22 de junio de 1986 yDourojeanni, Marc 2004 Do Proalcool ao Biodiesel: a história se repete OEco 19 agosto 2004 (http://www.oeco.org.br/colunas/marc-dourojeanni/16323-oeco-10036/)

[xix] Dourojeanni, Marc 2009 Crónica Forestal del Perú Ed. San Marcos/UNALM, Lima pp. 217-219

[xx] Sosa, José F. 2011 La integración fluvial latinoamericana no es una utopía: Fernando Belaúnde Terry y el Canal del Casiquiare Petróleo YV, Caracas (http://www.petroleoyv.com/website/uploads/jfelix.pdf)

[xxi] Por ejemplo: “….al despilfarro que fue el caprichoso viajecito al canal casiquiare” (https://www.google.com.br/search?q=belaunde+y+el+Casiquiare&oq=belaunde+y+el+Casiquiare&aqs=chrome..69i57.14545j0j4&sourceid=chrome&ie=UTF-8#q=belaunde+y+el+Casiquiare&start=50) o Marc Dourojeanni 1983 Obsesión tropical La República, Lima 28 de julio 1983.

[xxii] Canal en istmo de Fitzcarrald unirá cuencas Ucayali y Madre de Dios, El Comercio, Lima, 10 de setiembre de 1983. Ver, por ejemplo, Belaúnde estudiará unión de cuencas, Expreso, Lima, 24 de noviembre de 1983

Partida a Buenos Aires, El Comercio, 9 de diciembre de 1983

[xxiii] La verdad completa sobre el incidente fue ocultada por el gobierno. Apenas aparecieron versiones no oficiales. Ver, por ejemplo, Nativos atacan con flechas a expedición de la Marina, El Comercio, 17 de enero de 1984; Tribu atacó a trocheros en el istmo de Fitzcarrald. Coincidió con el arribo del Presidente Belaúnde quien dispuso auxilio a un trabajador herido, El Comercio, Lima 23 de enero de 1984; Tribu piromasco hirió al trochero, Expreso, Lima, 24 de enero de 1984; La tribu más temida es la de los Amahuacas, La Marina exploró Fitzcarrald cuando repelió a feroces nativos y Los pirumashcos atacaron recientemente a trocheros, El Comercio, 31 de enero de 1984. También, Suplemento Indígena del Diario de Marka, de 10 de febrero de 1984; ¿Por qué los indígenas atacan en el Manú? Por Thomas Moore, Diario de Marka, Lima, 11 de febrero de 1984; Hubieron muertos entre los Yaminahua del Manú, Marka, Lima, 24 de febrero de 1984; El otro Perú por Gustavo Ruiz, Caretas No 785 de 26 de enero 1984; More Manu por Barbara D’Achille, Lima Times de 27 de abril de 1984

[xxiv] Dourojeanni, Marc 2012 Hidrovías en la Amazonia peruana Xilema, Lima 29(25): 5-14

[xxv] Según el periodista Ricardo Virhuez aviones norteamericanos llegaron al Ucayali para lanzar napalm sobre las comunidades nativas (cit. por Lenin Quevedo 2015 El baguazo de Fernando BelaúndeDiario Voces Opinión 11 de Junio, 2015 (https://www.diariovoces.com.pe/38098/baguazo-fernando-belaunde)

[xxvi] Ver Revista Caretas, Lima, del 23 de abril de 1964 por César Lévano, con titulares como: “A sangre y fuego, civilización y barbarie se disputan un territorio en que hasta ayer campeaban las víboras y el tigre” o “El helicóptero rompió la ley de la selva” seguido de comentarios o subtítulos como: “mientras los silvícolas, en medio de espeluznante coro de gritos, disparan sus perdigones con escopetas de retrocarga, los vigías del grupo acorralado montan guardia y vomitan fuego a fin de contener el alud de los salvajes” o “en esta vivienda la civilización resistió el sitio de los salvajes iracundo.” Otro titular decía: Los indios mayoremos, más sanguinarios que cualquier piel roja del farwest””.

[xxvii] Varese, Stefano y Alberto Chirif 2006 Witness to Sovereignity. Essay on the Indian Movement in Latin America International Working Group for Indigenous Affairs Copenhagen y periódicos Correo, El Comercio, La Crónica, La Prensa y La Tribuna del 12 al 15 de marzo de 1964.

[xxviii] Ver, por ejemplo: Prieto, Martín 1983 El Gobierno Belaúnde tardó demasiado en reaccionar frente a Sendero Luminoso El País 9 de junio de 1983 (http://elpais.com/diario/1983/06/09/internacional/ 423957610_850215.html)

[xxix] http://elcomercio.pe/blog/huellasdigitales/2014/05/a-30-anos-de-la-fundacion-de-ciudad-constitucion;

Pongo Huamán, Carlos 2009 Reflexiones en Ciudad Constitución, Selva Central 31 de mayo 2009 Con Nuestro Perú (http://www.connuestroperu.com/actualidad/punto-de-vista/6382-reflexiones-en-ciudad-constitucion-selva-central)

[xxx] Dourojeanni, Marc 2009 Crónica Forestal del Perú Ed. San Marcos/UNALM, Lima pp.487-488

[xxxi] Manu: Una riqueza para conservar, La Prensa, Lima, 18 de diciembre de 1983; Conservationists campaign to save Manu jungle park y Saving Manu, Lima Times, 3 de febrero de 1984; Denuncian que Marginal cortaría Parque de Manú, La República, Lima, 26 de febrero de 1984; La carretera Marginal y el Parque Nacional del Manú por Álvaro Vargas Llosa, Oiga, Lima, 27 de febrero de 1984; ¿Desaparecerá el Parque Nacional del Manú? El Observador, Lima, 28 febrero de 1984;

[xxxii] Ruiz P., G. 1994 El Manu: Precisiones sobre su historia Medio Ambiente, Lima vol. 58: 52-53

[xxxiii] Ver Paraíso amenazado en Caretas 723 de noviembre 1982

[xxxiv] Dourojeanni, Marc 1983 La llama presidencial La República 3 de mayo de 1983

[xxxv] Mensaje anual al Congreso de la República, julio de 1968 (http://fernandobelaundeterry.com.pe/mensaje-anual-al-congreso-de-la-republica-julio-de-1968/)