Poema gestual. Humberto Ak’abal / Juan Guillermo Sanchez

Hawansuyo cumple un viejo deseo de tener en casa a Humberto Ak’abal, poeta maya. Gracias al contacto y la nota introductoria de Juan Guillermo Sanchez. Los  caminos de la poesia son amplios.

¡Utz ipetik Ak’abal! Performance y educación

Juan Guillermo Sánchez M.

El 26 de abril de 2013 fui a encontrarme con Humberto Ak’abal en el teatro municipal de Totonicapán (Guatemala). Lo esperaba un auditorio lleno de niños y jóvenes, todos estudiantes de colegios aledaños a Totonicapan tales como La Semilla y Atanasio Tzul. Ak’abal iba a ser condecorado como Huésped Distinguido por el Consejo Municipal.

¡Utz apetik Ak’abal! ¡Bienvenido, Ak’abal!

Los maestros y los niños estaban realmente emocionados de encontrarse con el autor de Entre patojos, una antología preparada por la editorial Piedra Santa (Séptima reimpresión, 2012)[1]. Después de los discursos de los políticos locales, finalmente el poeta tomó la voz: “Tanto nos cuesta aprender a leer para no leer…”, comenzó. Grandes y chicos estábamos fascinados con su chispa: “La sencillez es un esfuerzo por hacer mi poesía accesible a todos”. Su discurso me trajo a la memoria el poema “Una tabla”:

                        Quisiera ser sencillo

como un árbol.

Aún menos,

Como una tabla.          (Entre patojos 157).

Lo que siguió fue un performance/happening al mediodía con cientos de niños riendo y disfrutando los juegos experimentales de la poesía gestual. Ak’abal invita a los niños a seguirlo: primero un viento llega shshshshshshshsh, luego el sonido débil de los dedos sobre las palmas: tac tac tac gotas que caen. Luego las palmas caen más fuerte como la lluvia: pac pac pac. Pero ahora sobre las piernas. Y entonces finalmente llega la tormenta, la tempestad, ¡Kaqulja! Ak’abal llama a la lluvia con su poesía, y todos los niños lo siguen en un encuentro literario más allá de la lengua. “Ojalá las autoridades tengan un libro mío en su casa, porque de nada sirve darle un homenaje a un individuo si no lo han leído”, dice Ak’abal con su sonrisa a prueba de balas. Y entre chiste y chanza sigue con la poesía. Ha llegado el momento de la onomatopoesía: “klis, klis, klis… / Ch’ok, ch’ok, ch’ok… (Entre patojos 44). El poeta le recomienda a los niños y a las niñas sacarle provecho a la lengua de sus abuelos.

Aquí el video: https://www.youtube.com/watch?v=p_E7eVQugGc

Sentado en uno de los balcones del teatro, reafirmo en toda su dimensión el compromiso de Ak’abal con su lengua, su cosmología y con su gente. Mientras en los artículos académicos y en la burocracia de la educación se discute sobre conceptos, metodologías y “normas de calidad”, Ak’abal, quien es autodidacta, parece gritarnos con la dulzura de su performance que la clave hoy no es si se lee o no en k’iche’, sino de qué modo los versos, las onomatopoemas, la narración oral, el poema gestual llegan a las escuelas y al corazón de los niños a través de los maestros y docentes. El gusto por la poesía es contagioso, y del verso se salta a la conversación con los mayores y con el territorio.

 

[1] Entre patojos se organiza en los siguientes apartados: “Entre patojos”: poemas desde la perspectiva de un niño indígena; “Tukur, tukur, tukur”: poemas sobre la naturaleza; “De puro pueblo”: poemas sobre la vida en los pueblos indígenas de Guatemala; “El cielo termina donde comienza el mecapal”: poemas desde la marginalidad; “Como jarrito quebrado”: poemas de amor y desamor; y “Otras veces soy jaguar”: poemas que expresan la vida interior del autor.

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