Mi pais no es pais y otros poemas. Virginia Benavides

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Mi país no es mi país. Es un rencor, un dormirse con hambre, una puerta entreabierta al vacío donde una escalera de emergencia te espera. Mi país es una piedra que hemos pintado limada por un mar calmo, pero áspera, pero dura y certera cuando la arrojamos para no olvidarnos de gritar a través de ella. Una herida que lloramos a solas, sin consuelo;un óxido, un miedo de niño, un caramelo vencido. Mi país es otro y el mismo, el que sueño, el que imagino cuando corro contra el tráfico para llegar a tiempo a la cita y no existe sino llegar, ansiar y detener el tiempo y siempre hacer algo para no morir, para distraerte de olvidar y recordar. Mi país es darte cuenta que la cita era otro día o que te inventas la cita para safarte o que la cita es con encontrar el lugar que amas, el ser que amas, tus refuerzos. Mi país hoy no es el del mapa sino el del cuarto de cuidados intensivos y pronóstico reservado. Mi país es un tren averiado, una estación de desamparados, una amnesia. Una casa ambulante, un exilio. Viento de un camino abandonado, una adicción a lo imposible, una luz de túnel sin salida, un puente en río crecido, una pena, una disidencia. Todo eso y más, mucho más que poesía como semillas, como calma y convocatoria a tomar las armas de la palabra o el acto de guerrear para que no se caiga la casa, para llenar el techo contra todos los derrumbes. Hermoso y doloroso reto, mi país. Resistencia, claridad, sanación, un lugar donde al fin la cita es con los sueños por cumplir, mi país..

 

Imágenes de la enterrada

Y más he de huir de mi razón
De mi verdad bien servida
De mis brazos abrasivos
Y más he de encontrarme

La cruel. La que ama los rincones orillados. La victima de sí misma.
Cicatrices como lombrices vivas arrastran su fosforescencia en la memoria.
Dolor de la parturienta. Neuronas supurando detrás de la sutura.
Nacimiento de una idea abortada la víspera. La condenada y su re cuerdo

Muda vacía jirones de incendiadas palabras

Toda la soledad de ser perseguida por un rostro de trizada ave.
Toda la sensación de triturada lengua. Odas interiores que no salvan nada.
Destellos de incendio. Veladas imágenes que poseo.
Monstruosidades mías que no dan miedo.

Aletazos en la desesperación

Entrañas donde el corcel se pierde, Bosque encantado. Tan roja y cristal tus ramas, tus descensos. Todo enredado el pez boquea. Todo redada el pescador fosea. Anzuelos que tiendo mientras espero. Corcel hundiéndose en un mar de lágrimas que salpican tus hojas.
Entrañas para los perros.

Corazones disolviéndose en la cal de la fosa común

Todo es lo mismo. Oquedad de nuncas y siempres todo extremo en el centro es un despecho.
La garza o el equilibrista ciego a orillas del estanque o al filo de la cuerda.
Todo es lo mismo. Salvación del vacío: El deseo es siempre hambriento.

Ángeles caídos en la fuente de los deseos

Han llegado. Cometa o pájaro sus transfiguraciones. Rumor húmedo en el sexo, sus mutaciones. Han llegado. Tuvieron sed. Sus manos escarbaron las arenas.
Latidos de agua entre las dunas ¿han llegado?
Alas envejeciendo en la fuente riente hablan del tiempo. Las tardanzas.

El sonido: saltado de tímpano para la muerte

Come sordera. Oído al tañido desteñido. Yanta sordera.
Que liberen los golpes secos. El desliz de un cuchillo al cortar la lengua.
El rayo que incendia mi cuerpo de madera. Que respiren afonía todas las palabras. Mudanza de voces, Llanto yanta sordera

Marioneta catatónica besando el aire

Mi titiritero envejece. Se le enredan los hilos, se duerme en otro cielo, olvida cuidarme.
Muchas mañanas amanezco inerte, desesperada, mirando el cielo raso fijamente.
Cuando se habla de las palabras siempre los nudos son difíciles de desatar: Se demora el poema.

( inédito, 2005)

 * (tomado de: Electrodependiente)

Si hablo de resistencia una chispa salta del artefacto que hace casa en tu lenguaje y todo se contrae, como un sexo contenido. Entonces callo y la expansión explora otros movimientos afines al silencio. Esta maquinaria que me hace decir y callar conoce bien de maromas y pausas, de hilos en suspensión y nudos marineros. No estoy. No soy. Entonces estoy y soy. He ahí la resistencia irresistible que roza mi lengua y la electrocuta. He ahí el nudo que me desnuda.

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Estertores que nunca veremos salvo a través del batiscafo, la escritura en tramado de agonía, la iluminación de estar al borde. La tocada poesía. Todo será como haber perdido las maneras de decir tú o estar en el mundo. Una disidencia o toque de queda es la dosis de calma. Salvaje rumor alumbra las cámaras mortuorias (es la espera de cobijarte, niño). Risas como de hiena escondidas tras las ventanas, ruido de utensilios médicos en música tribal , voces detenidas en la angustia del pariente que inquiere por qué porqué por qué  en catatonias de autista  o el mismo disco rayado de la desolación que es tu verso cacofónico, tu insonoridad, tu pierde.  El que pestañea pierde es el grito de guerra entre todas las bacterias que llegaron a la fiesta. Nadie se perderá su primer baile ni su primer drama. Nadie se perderá como cuando niño en los juegos y nadie te buscaba. Nadie se perderá porque ya se perdió hasta la sien. Estamos hechos. El viejo dj nos anuncia una conmoción, el temido código rojo que hace pogear a los doctores en translucidas salas de operaciones. Estados de emergencia, poesía,  trauma shock, pabellones sumergidos, poema perdido.

PABELLÓN B ESTE

Las lesiones del lenguaje, la lengua que tritura silencios, los destilamientos del asombro en barcos anclados, La pena que despena. Incidir y exceder las palabras supurando lo indecible. Las estancias de la cicatriz, la costura que se deshilacha como la vida. ¿Qué vida?  La que escuece, la que cavas, la que navega estando quieta, la que abordas a todo babor, la que no sabes de qué se trata, la incurable, la de pájaros restauradores de los cielos que tocaste, la imperdible, la que es comarca arrasada por bandos contrarios en tu mente,  y la que se erige isla sitiada por los anhelos como peces transparentes y escurridizos. la entubada, la de cuidados intensivos, la que se interna para nunca más salir sino es volando, fugando o reinventándose. La de adentro, La vida ida. Y asi se cuaja el silencio en ejercicios de lenguaraz, así se retira la venda para no ver y por fin mirar lo que navega. Así ibas rumiando el rumbo mientras atravesabas el pasillo en una camilla como una barcaza de entre guerras. Los peces como pacientes en los umbrales de los cuartos te saludan e invitan a desembarcar. No quieres. Así debería navegar sin puerto te dices, mientras el enfermero no sabe si vas a Endocrinología o a Siquiatría y relee la orden médica.  Sonríes. Todo es comprensión de lectura pero somos pésimos actores que llegamos en un río paralelo a otra isla, a otro puerto que se deconstruye apenas lo tocamos con el anhelo de quedarnos. Fluimos como el antibiótico dorado por nuestra carne adorada por algún gusano pasajero, no deseamos permanecer más que lo que desparece en el suelo soleado el escupitajo, la maroma médica como un aplazamiento, un zurcido invisible para lo incurable. Este decir que se escurre por el sumidero de lo eterno, poesía, caudal, remedio vencido, manos de mamá palpando la fiebre, párpados que se cierran como un poema dormido.

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