La claridad inesperada de una luz lila. Andrea Cabel

Andrea Cabel ha  tenido la amabilidad de compartir su presentacion del cuaderno  El Sol Lila, de Luis Hernandez, sobre cual ayer y hoy hay una merecida conferencia en la Casa de la Literatura. Cuando leo “Para él, dentro del terror es posible encontrar una “claridad inesperada”, algo que los seres humanos no están acostumbrados a admirar, de ahí lo “inesperado”, de ahí la otra belleza” pienso en la estetica de lo sublime, que ya no estaria adscrita la lo gotico sino a una nueva tonalidad cromatica  trabajada en la poesia de Luis Hernandez, pero nispalla nichkani. Gracias Andrea, Gracias Luchito.

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La claridad inesperada de una luz lila[1]

Andrea Cabel García[2]

Universidad de Pittsburgh

 

Este poemario, aparentemente dividido en dos grandes partes (El sol lila parte 1, el sol lila parte 2), nos presenta en la primera varios poemas sueltos que se resisten a ser definidos como parte de algo o de alguien, y dos grupos de poemas agrupados en jardines llamados: “jardín de los cherris” y “jardín del después”. Ambos jardines son homenajes a Anton Chejov, “colega” de Hernández, como el mismo poeta lo nombra. A su vez, ambos jardines nutren la primera parte de este cuaderno e incorporan la voz de personajes del teatro de Chejov que sirven para contextualizarnos sobre las lecturas del autor. Del mismo modo, estas partes nos entregan algunos versos brillantes que nos obligan a pensar en la función del sol en este poemario: por ejemplo, este verso: “es el sol que compite duramente con verano”. A partir de este verso es claro que el sol no hace el verano, y es claro que el verano y el sol, quizás, tampoco tienen tanto que ver, ya que le acompaña a este verso un dibujo abstracto donde los únicos protagonistas son los colores. ¿Qué es el sol entonces, cuál es la importancia de su luz, por qué es lila y sin embargo lo pinta de verde y rojo? ¿Está Luchito jugando con nosotros? Quisiera intentar responder a estas preguntas a lo largo de mi presentación, y quisiera, con ello, que me acompañen a pensar en el universo de colores y de luz de Luis Hernández.

Casi al final del cuaderno hay una poema que se titula “filosofía barata”, en él, hay dos líneas que nos han causado una fuerte impresión porque creemos que son las que podrían servir para imaginar una guía para cursar por la poética que enalba este cuaderno. La primera está al comienzo, y dice así: “la realidad a través de los ojos del único ser de la creación que no puede admirarla: el ser humano”, y para entender mejor la última primero coloca nombres de reconocidos filósofos, Emerson, Charles Ives, los Alcott, Thoreau y a propósito de ellos, nos dice: “Solo conocieron la categoría débilmente cegadora: la belleza, pero hay algo en el terror. Hay algo en la fábula de acordes y en la claridad inesperada. El sol lila”. A partir de estos versos el poeta parece apuntar a que su búsqueda va más allá de lograr belleza, entendiéndola como un espacio de colores armónicos, de paisajes coherentes, de armonía y felicidad. Para Hernández la belleza está incompleta, de ahí que él plantee la búsqueda de algo más, ésta vez, dentro del terror. Para él, dentro del terror es posible encontrar una “claridad inesperada”, algo que los seres humanos no están acostumbrados a admirar, de ahí lo “inesperado”, de ahí la otra belleza. Esa cualidad de lo inesperado, que descentra y desequilibra, también lo encontramos en la médula de su poética y en la forma como él mismo ha decidido dar a conocer sus versos: de forma aleatoria, yendo en contra de las publicaciones oficiales, produciendo más bien “un sistema de creación marginal”. Hernández pues, apela más bien desde diversas aristas al asombro inesperado, desde diversos lares.

En esa línea, su poética y su forma de darla a conocer son como esta claridad inesperada y poseen, por ende, una luminosidad extraña, digamos, lila. Una luz que además, le pertenece a un astro distinto, que no es como el que estamos acostumbrados a pensar y reconocer, y que, como él mismo dice, pertenece a la mar, y es más que un cuerpo de fuego, es, cito, “un cuerpo salado, salado por el alga reluciente y un atardecer”. La luz lila que nos entrega, entonces, junto a esta criatura igualmente lila, no es sino una metáfora del estrépito de lo inesperado, del miedo y del asombro por lo desconocido. Como lo dice el primer poema con el que abre el cuaderno, cuando discute la decencia, y acaba describiendo su propio llanto, un llanto por el desconocimiento del sujeto amado, que no lo reconoce, que lo ve y escucha las 10 palabras del poeta, y que se ríe de él, estimulando un rápido “yo te amo, chau pues” del poeta, que cierra el poema fechándolo de un modo espacial, cito: “parque Roosevelt, Lima”. Es decir, sin importar el día, la hora, importando únicamente el espacio del rechazo, el lugar del desencuentro.

Luego de este poema, el poeta hablará del amor como hablando de otros temas. El sol producirá un estruendo al caerse, y esto evitará, de ahí en adelante, que el poeta escuche palabras de amor, y que más aún, incluso escuchándolas, no pueda ver tampoco el amor, porque, cito: “el brillo de tu corazón me lo impide”. El poeta, imposibilitado de ver al amor, sea por el sol y su estruendo, sea por el mismo corazón brillante, asevera nuevamente, que es el horror lo que supera la belleza. No obstante, aunque él no pueda ver al amor con la cercanía que quisiera, las menciones sobre este continúan en el cuaderno relacionadas a la luz, por ejemplo, cuando nos dice, “antes de mirar abres los ojos, para llenar la luz de tu luz, amor”. Es la luz extraña, la luz anormal, la luz parecida a la del amor, el amor que no es perfecto, que no es redondo, pero que es “perfectamente brillante”, como comenta el poeta, lo que nos invita a sumergirnos en un mundo amorosamente lila, y amorosamente luminoso.

[1] Texto leído en la presentación del cuaderno ológrafo “El Sol Lila” de Luis Hernández en la Feria Internacional del Libro 2017.

[2] Andrea Cabel (Lima, 1982) Actual candidata al doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh, universidad donde obtuvo la Maestría también en Literatura. Andrea es Licenciada en Literatura por la PUCP y ha publicado artículos críticos en diversas revistas internacionales y nacionales. Ha escrito cuatro

poemarios, dos de los cuales han sido publicados en otros países: “Las falsas actitudes del agua”(2014), en la editorial Cuadrivio, de México DF, y “A dónde volver, poemas reunidos”(2016) por Paroxismo, en México DF y en Pittsburgh, PA.

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