APURÍMAC RADIO PODER: PODEROSA ONDA POÉTICA INTERCULTURAL. Niel Palomino Gonzales

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APURÍMAC RADIO PODER: PODEROSA ONDA POÉTICA INTERCULTURAL

Por Niel Palomino Gonzales

Bradley, filósofo inglés, con bastante acierto nos dejó dicho: “Uno de los efectos de la poesía debe ser el de darnos la sensación de no encontrar algo nuevo sino de recordar algo olvidado”. Esta es la clave secreta de la poesía o de toda la literatura: la sensación de recordarnos algo vivido, visto, soñado o imaginado, ya sea para el poeta como para su lector. Las canciones que nos gustan, y que las escucharíamos cuantas veces queramos hasta el llanto, son exactamente aquellos que nos llevan a un instante de nuestro pasado o que aún se aferran a nuestro presente. En el receptor, la sensación es intensa, porque acaba de hallar algo que él sintió y que no pudo decirlo tal como dicen las letras de la canción, por más que intentó mucho. Es el instante en que nos gusta la canción y nos provoca volver a escucharla. Lo mismo ocurre entre el escritor y el poeta. Les confieso pues, esta tarde, que cuando leí por primera vez los poemas sueltos de Álvaro Cortés experimenté en mi alma esa mágica sensación de que algo mío había en los versos: un recuerdo, seguramente. Para que esa sensación les embargue a vuestras almas, después de adquirir el libro, les digo también que el economista Álvaro Cortés Montufar, nos alcanza en esta oportunidad y, a manos llenas, su prístino canto, su ópera prima titulada Apurímac radio poder. Con ello nos entrega también su ser, sus sueños y anhelos; pero, principalmente sus recuerdos para que no queden en el olvido.

Apurímac radio poder es la voz poética de un dios que habla y que a través de las ondas poéticas nos dice: Muy buenas tardes amables oyentes, ajusten bien el dial de vuestros latidos, agudicen bien vuestras almas que voy a cantar en quechua, en castellano e inglés desde Apurímac para el mundo y con el mundo estos carnavalitos, estos huaynitos y estas chichitas al son del metal. Y con este poemario, se suma a la buena poesía iniciada en los 70 por el abanquino Feliciano Mejía y continuada en los 90 por el vate grauino Hernán Hurtado; pero, a diferencia de ellos, la poesía de Cortés es más intercultural, más experimental, más vanguardista en cuanto a la distribución de sus versos en la hoja, en su ruptura temporal y lógica, en la inclusión de guarismos y esquemas estadísticos y en la fusión de lexemas y semantemas de por los menos tres lenguas: castellano, inglés y quechua.  Está próximo a Guaman Poma, y, más cercano aún al poemario Escritos mitimaes del chalhuanquino Freddy Roncalla. Y eso es búsqueda y feliz encuentro de nuevas posibilidades expresivas para la nueva poesía de Apurímac. Veamos:

Como la inocencia no reprimida en la niñez/

la t’anta wawa reuniendo a la Antropología/

en el Sumaq Kawsay/

el sol atado a una Intiwatana por Pachacutec,/

Llega un sonido exagerado como tú llegando a la/

Av. Nuñez cuadra uno/

Al compás de un rock song de Pink Floyd/

learning to fly

 

Apurímac radio poder, es un poemario potente en extensión metafórica, en la experimentación, en el viaje de vuelta a la semilla para desde allí proyectar un futuro simétricamente integrado con el orbe. Como en toda radio poderosa hay música, hay cantos corales y está también, la finura del violín de Máximo Damián armonizada con la estridencia de Chacalón y el son monótono del metal. Y, donde como en toda obra poética, el vocablo apurímac ya no una simple alusión al río o al departamento, sino, a la misma creación poética. La poesía es una deidad que habla con su propio lenguaje; es un río bullente de palabras, un pueblo de imágenes, un ayllu o barriada de takis y harawis, como esta de Cortés Montúfar.

Externamente, Apurímac radio poder se organiza en cuatro secciones. Cada sección a su vez está constituida por cinco poemas. A nivel de la macroestructura, el texto gira entorno a tres temas: 1) las emociones amoroso – eróticas del yo poeta a un receptor que sería ella, 2) la continuidad del “mundo al revés” y la resistencia de este mundo andino nuestro a la extinción, y, 3) finalmente, la posibilidad de insertarnos en esta aldea global sin perder nuestras raíces identitaria. El mito del ayer milenario y del hoy se baten parejos como los causes del mismo río o las ondas de una radio hablante y poderosa. Así, la denuncia del bien perdido se equilibra con aquello que nos queda, el mundo al revés con el inakari, la muerte con la resurrección, el ayer con el mañana. Es también una poesía de resistencia, un pachakutiy de estos tiempos. Esta ciclicidad espacio temporal es, en concreto, el mismo libro desde el vocablo radio que hace alusión a lo circular de la onda sonora. Como todo texto, la poesía de Álvaro Cortez es un tejido no solo de palabras, sino, de lenguas y culturas. Es una poesía apurimeña que, como dije, intenta entremezclarse o tejerse con los otros, en un diálogo intercultural, para ser verdaderamente universal. Pero, esta inserción o transculturación, no es pasiva, tampoco violenta; sino, cuestionadora del sistema neoliberal que los de arriba imponen a los de abajo. Es, el poemario, un rechazo, una rebelión contra la actitud homogenizadora y hegemonizante que proponía Fukuyama. Migración o tránsito, invasión de los Andino a la Costa, intertextualidad (se inserta letras de waynos, de chicha o se parafrasea versos de poemas conocidos) y hasta denuncia de la discriminación y del neoliberalismo hay en los versos de Álvaro Cortés Montúfar.

 

Álvaro, es también dueño de talento innato para crear imágenes poéticas, pues, a través de la técnica de la escritura automática y la enumeración caótica, Álvaro Cortez crea bellísimas imágenes como:

“De pronto desperté regado en la banca de un parque/

abrazado a tu sombra…”.

“En la punta de mi lengua termina de florecer tu nombre”.

“Hemos recorrido el Pachachaca en el frondoso bosque

de los sueños y el néctar dulcísimo del cañaveral”

“Yo adoré tu forma de amar, fresca como un eucalipto en

lluvia de marzo”.

“Le abro los ojos al cielo y le saco un par de monedas a tu bolsillo”.

“Renacer cada día al canto de un cuculí es un arte”.

 

“Poesía y amor son actos semejantes. La experiencia poética y la amorosa nos abren las puertas de un instante eléctrico” nos dice el gran Octavio Paz. Conforme a dicho apotegma, en el poemario de Álvaro, lo erótico, como metáfora del fuego amatorio, está siempre presente en los poemas ya sea latente o manifiesto. Y, como no podría ser de otra manera, cada poema, cada verso es una elegantísima oda a la mujer amada. Es este libro, un canto al amor también. Comprobémoslo.

 

“Tú floreces viva y contorneada como una flor de maíz entre

mis brazos

y tus muslos de seda hermosos como un manojo de yerba

tendido sobre la mesa”.

 

“Y tus pasos como notas musicales guiaban a mis dedos tocando

tus senos como una serenata para celebrar la vida…”.

 

“Porque el sexo fresco y dulce y salvaje como una fruta andina

es también como un manojo de estrellas iluminando el Quisapata

Que es también algo parecido a ti cuando:

1.- Echada en mi cama bocabajo dibujas los andes con tus formas.

2.- Te estrellas en mi pecho como kamikaze enamorado”.

 

“así como a todos                  

los planetas alineados a tu sexo

la extensión de un poema en todo tu cuerpo…”.

 

“El florecer de los Amancaes meciéndose

al ritmo del pop de tus caderas Sofía Valdiglesias”.

 

Álvaro Cortés junto a Paul Valenzuela y a David Vicente Quispe Altamirano son las tres voces talentosas de la poesía apurimeña de inicios del siglo XXI, voces llamadas a la consagración de la poesía apurimeña. Y esta génesis hay que celebrarla. Pues, en la medida que ellos tres y, Álvaro Cortés en particular, se entreguen más a la poesía su palabra crecerá frondosamente rojiverde como el pisonay abanquino, límpida como la nieve del Ampay y vocinglero como el río Apurímac hasta extender verso sobre verso, un pachachaka de poemas sobre el mundo y para el mundo. Mientras esperamos la gloriosa venida de esas hojas y esa flor escarlata, mientras edifiquemos ese puente verbal, saludemos y brindemos con harto cañazo de Pachachaka por esta buena ópera prima de Álvaro Cortés Montufar.

 

 

4ta Fil – Cusco, 2017

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