La insurrecion de Hanan Harawi. Jhon Martinez Gonzales / Arturo Desimone

La insurrección de Hanan Harawi

“Esta vida tiene todas las posibilidades, pero a veces sólo seguimos un camino vivido millones de veces con un discurso repetido durante eones. Ese es el problema.” Entrevista. English

  Entrevista tomada de Democracia Abierta con el Permiso de John.

John Martínez González, nacido en 1981,  es poeta, promotor cultural  y editor peruano, y uno de los fundadores de Hanan Harawi, editorial independiente que publica obras de poetas internacionales y latinoamericanos, en libros que se venden a costos accesibles para audiencias peruanas. En el manifiesto de Hanan Harawi se dice: “Sabemos que las redes sociales nos han acercado artificialmente y proponemos ediciones semi-artesanales para leernos de verdad. Sin blogs, posts, ni antologías web, que si bien acercan y sirven mucho, suelen provocar conformismo. Debemos leer libros, no Pdfs. Volvamos al libro.” Hanan Harawi, en quichua, significa “poesía desde arriba”.

Arturo Desimone: ¿Cuál es el objetivo de al editorial Hanan Harawi? ¿Surge como una respuesta al mercado, o al contexto socio-económico de lectores jóvenes peruanos?

John Martínez González: Nuestra plataforma editorial tiene el objetivo de acercar la obra de poetas contemporáneos de toda Hispanoamérica a un público peruano, en ediciones atractivas y pagables. Conocer la obra de un poeta no es leer dos o tres poemas en un blog. Hay que leer los libros. Sin embargo, cuando se han publicado libros de poetas extranjeros en el país, estos libros son caros o de poco tiraje. La primera colección publicada, La piedra que late, reunió a poetas de diversos países (Argentina, Costa Rica, Colombia y Nigeria, entre otros) y fue hecha artesanalmente. Lo que abarató los costes, haciendo posible la distribución de las obras. Lo que nos interesa es que se lean los libros. No que se guarden como un objeto preciado. Sí, apostamos por un libro artesanal, de bajos costes. Proponemos ediciones que reflejan, en diagramación y encuadernación, algo diferente de lo establecido en el mercado. Enfocamos la mayor parte de nuestro trabajo a las actividades manuales, reduciendo en su mayoría el proceso industrial.  En el Perú no existen fondos públicos de apoyo a la cultura. Por lo que todo tipo de actividad es auto-gestionada.

AD: ¿Qué te parece el bilingüismo en la edición? ¿Cuál es la relevancia cultural del multilingüismo? (Recientemente ha salido la primera traducción del Don Quijote de Cervantes al quichua, realizado por el cura y traductor Demetrio Tupac, siglos después de las crónicas de Guamán Poma de Ayala, que mostraron las atrocidades de los españoles en América). ¿Hay una inherente poética y semiótica en el Quipu (el alfabeto/abecedario incaico de las cuerdas)?¿Es posible que las poéticas del paganismo y la religión pre-cristiana incaica alimenten o influyan una estética literaria en castellano? ¿Existen himnos al sol nuevos en quichua compuestos por jóvenes poetas peruanos o andinos?

JMG: Existe poesía escrita en quichua y en otras lenguas. En la ciudad del Cusco se viene dando mucho movimiento al respecto. Nuestra editorial ha sacado recientemente Flor de Udumbara, de la poetisa brasileña Sandra Santos, un poemario trilingüe (portugués, castellano y quichua).  Entonces, si bien aún falta mucho, creo que el quichua está revitalizándose y se seguirá usando en la poesía. Por otro lado, quisiera hacer una aclaración. Es mentira que en el antiguo Perú no haya habido lenguaje escrito. Lo que no hubo fueron grafías sobre papel, pero investigaciones han demostrado que hubo semiótica y lenguajes en textiles, alfarería y, claro, los conocidos quipus.  El alto grado científico del antiguo Perú muchas veces fue ignorado y hasta ridiculizado. La historia más importante que ha sobrevivido es el drama  Ollantay, que es una especie de obra de teatro. Los relatos orales lograron también sobrevivir y otras recopilaciones, como Dioses y Hombres de Huarochiri, lograron imprimirse tras un trabajo de investigación sin precedentes. No creo que esas obras influyan directamente sobre los creadores, es toda esa “atmósfera” la que sí está influenciando. Así como la obra de escritores que “vieron” antes ese camino, como José María Arguedas o Gamaliel Churata, cuyo libro, El pez de oro, es vital para entender esa conjugación hermosa entre el mito andino y la poesía.

AD: ¿Cuáles son tus preocupaciones relacionadas con el peligroso asenso del partido Fuerza Popular de Keiko Fujimori y con la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski (PPK)? Recientemente,  Mario Vargas Llosa estuvo hablando, en la feria del libro en Buenos Aires, de la amenaza fujimorista, de su nuevo libro, de su apoyo a Kuczynski. Vargas Llosa parece combinar un entusiasmo por el multiculturalismo y la política de minorías con un entusiasmo para el neoliberalismo. Lo que él denuncia en Perú – la “chismografía” amarillista de la prensa, la apología de los dictadores – parece defenderlo en Argentina, apoyando el “milagro macrista” del gobierno actual, que debe su poder a la prensa amarilla argentina y que practica la política de revivir políticas de “amnistía” de los 90 y de cancelar juicios a los dictadores. ¿Puedes combinar una crítica de Vargas Llosa con algún aprecio para su obra? ¿Que significará PPK para la cultura en Perú?

JMG: La victoria de PPK no significa nada más que el sistema se prolongue y que, tal vez, las libertades individuales se respeten más que con el fujimorismo. Se votó por él no porque representaba el “kambio”, sino para que la cúpula delincuente del fujimorismo no copase el poder. Keiko significa la continuación de una dinastía cuyo líder quiere gobernar desde la cárcel, o que lo indulten, salga y volverse “consejero” de su hija.  El fujimorismo destruyó el país, robó más de 6 mil millones de dólares, borró todo tipo de plan cultural. En lugar de fomentar las artes, generó una prensa panfletaria, embrutecedora, tanto la escrita como la televisiva.  Lo que señaló Vargas Llosa es cierto, pero su voz pesa más en el extranjero que en el Perú. Personalmente, no leo sus columnas de opinión. Su amor por el neoliberalismo es total. Igual no se puede ignorar la opinión del Nobel, pero es cierto que no conoce mucho la realidad actual del Perú. Señala cosas perfectamente señalables, que cualquier otro extranjero podría opinar si se informa un poco. Su influencia en la literatura peruana es abrumadora, sin embargo. He leído alguna de sus novelas y he disfrutado enormemente con la experiencia, pero hace mucho tiempo que separamos al autor del opinador. Kuczynski, por su parte, es el típico cheto peruano culto, formado en el extranjero y que va a la ópera. Además toca la flauta dulce y lo hizo en sus mítines de campaña. ¿Eso significa que ahora apoyará la cultura? No lo sé, pero al menos hay una percepción de que los derechos civiles y las artes tendrán otra respuesta con él en el gobierno. Por ejemplo, hace unas semanas, antes de las elecciones, el portavoz de Keiko Fujimori, Becerril, no recordaba su plan de gobierno para la cultura.  Dijo que hay otras cosas más importantes. Estos síntomas no son buenos y confirman la idea de que a un sector grande de los políticos no les interesa la cultura.

AD: El movimiento literario y político llamado Indigenismo, junto a una reverencia hacia tradiciones incaicas, parecen ser motivos importantes, sociales y artísticos, que figuran en tus expresiones como artista y editor (el nombre quichua de tu editorial y la fascinación por las huacas, o lugares endiosados en la creencia andina). ¿Existe la posibilidad de que un indigenismo literario resurja en este siglo, en el arte y la literatura, ahora que han pasado más de 40 años desde la muerte de José María Arguedas? En este desastre de consumismo, democracia neoliberal y todo lo demás, ¿aún hay fecundas posibilidades de que las tradiciones y movimientos literarios y políticos en la literatura latinoamericana tengan alguna resonancia o continuación en la sociedad?

JMG: Siempre me ha parecido que los “ismos” son un recurso para que los teóricos lo enmarquen todo. Yo no sé si hay un indigenismo literario per se, en cambio sí creo que estamos volviendo a nuestras raíces, pero no por una cuestión de “exigencia social”, sino más bien porque los ciclos se repiten. El indagar en nuestro pasado no para volver a vivirlo, sino para aplicar su conocimiento en este tiempo. Creo que muchos estamos entendiendo esto. Especialmente con la cosmogonía y el espiritualismo. Por ese lado sí creo que hay un camino que se está explorando. La espiritualidad de los pueblos del antiguo Perú está volviendo a influenciar a muchos creadores. Porque no se trata sólo de admirar un pasado glorioso, sino de entenderlo desde la concepción misma de la realidad. Creo que Arguedas entendía eso, por eso no describe la realidad sino que se hunde en ella. Su influencia es fundamental. Creo que hay una resonancia de esto en las tradiciones literarias y políticas del país. No veremos un “nuevo indigenismo” – la palabra indígena es peyorativa. Por el contrario, veremos una tradición que tenga cada vez menos rasgos europeos.

 AD: ¿Se puede ser romántico y a la vez conectado a la realidad latinoamericana?

JMG: Sí. El romanticismo no es sinónimo de confort. Y sin amor no hubiera ocurrido jamás una revolución. Recuerda que Lord Byron se fue a pelear por los griegos y murió en un barco. Nosotros somos romanticistas, no cursis. El compromiso debe ser el del ser humano. No el del poeta. Un poeta comprometido con alguna ideología, no sirve. Un poeta debe estar comprometido con la poesía. Pero antes de descubrirnos poetas, somos humanos, y eso nos lleva a querer igualdad y paz para la humanidad.

AD: El pensamiento y la poética de los pueblos indígenas tienen una actitud muy distinta, y, parece, menos aterrada por la muerte, si los comparamos con el ideario cristiano. ¿Existen, en cualquier lado del mundo, poetas sin huacas? ¿Puede un poeta temer mucho a la muerte y aún ser bueno?

JMG: Creo que el poeta se enfrenta desde siempre a esa pregunta eterna ¿qué es la muerte? La muerte (el morir) es un estado vedado para los vivos y que ha movilizado a toda la humanidad. Yo creo que los Andes echan raíces profundas en sus hijos. Claro que la globalización nos ha dado una falsa modernidad pero, sobre todo, ha eliminado el tiempo que teníamos para conocer la naturaleza, para conocer nuestro pasado. Creo que más que un lugar, un poeta no puede vivir sin esa nostalgia de la memoria perdida. Esa intuición que te da la poesía de que el mundo es otra cosa.

AD: El mundo es otra cosa: con eso, ¿quieres decir ajeno? ¿Que el mundo es una alienación, una cárcel, y no el verdadero mundo que fue perdido, o aniquilado? ¿Que la poesía nos da el conocimiento de nuestras cadenas?

JMG: No creo que este mundo sea una cárcel. Sin embargo, algunas realidades sí lo son. Aclaro: esta vida tiene todas las posibilidades, pero a veces sólo seguimos un camino vivido millones de veces con un discurso repetido durante eones. Ese es el problema. Paul Éluard decía: “Hay otro mundo y está en este” (Il y a un autre monde, mais il est dans celui-ci). La poesía, para mí – para nosotros – no rompe la tela de la realidad, sino que se hunde en ella, ve sus intersticios, descubre nuevos pliegues. La poesía no es un refugio onírico o irreal. La poesía te dice que las cadenas son la libertad y, en esa lucidez de la contradicción, se genera eso que algunos llaman “el momento poético”.

AD: El momento poético, como satori?

JMG: Sí, a la manera que lo concebían los poetas de la generación Beat. O, más oníricamente, como los surrealistas.

AD: Durante su tiempo, el novelista Oswaldo Reynoso fue tan reconocido como criticado y casi censurado por ofender la moralidad, por mostrar una sexualidad que rompía tabúes sociales en Perú, criticado por su novela sobre un empresario que era homosexual  y que ayudó a facilitar un golpe militar. ¿Cuál es su legado hoy en día, con la escandalosa reaparición de grupos fujimoristas en el escenario político?

JMG: Reynoso siempre fue un autor insular. Exitoso, pero no “visible”, o al menos eso intentaban las “vacas sagradas” de la pequeña literatura peruana. Ver tres páginas sobre Reynoso, en El Comercio, diario que sólo en los años finales le dedicaba exiguas notas, fue algo bueno pero triste. La gente tiene que morirse para que su obra se reconozca de verdad. Su legado va más allá de una circunstancia política. Oswaldo fue un autor con gran cercanía con las nuevas generaciones. Creo que ya es un inmortal y que será uno de los más leídos en los próximos años. No puedo entender lo que los críticos conservadores de Reynoso llamaban “moralmente dañino”. Tampoco me interesa entenderlo. El erotismo, el asesinato, cualquier acción humana puede ser narrada o poetizada. El valor es siempre la belleza del lenguaje sobre la profundidad de la experiencia, como decía César Moro. Lo único censurable sería la mala poesía, la que no moviliza o estremece.

AD: ¿Pueden haber guerreros-poetas? ¿O solamente se puede elegir entre ser guerrero o ser poeta?

JMG: Un guerrero a la manera del ejército, no. Un poeta tiene que elegir entre luchar o escribir. Un poeta escribe aunque no tenga manos. Si dejas de escribir, nunca fuiste poeta. Por eso yo no creo que Arthur Rimbaud, mientras traficaba con armas, dejase de escribir.

Este artículo ha sido publicado anteriormente por Dunken Boat

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