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Los “colores de guerra” de Edilberto Jiménez, entrevista de Andrea Cabel

Más allá del dolor*


El Maestro (con mayúscula) Edilberto, no nos habla del conflicto interno (80-2000) como si fuera un evento pasado, solucionado, cerrado. Su respiración agitada al contarnos su experiencia como rondero, periodista, corresponsal de guerra, artista, víctima de la violencia, y sobre todo, como testigo de las matanzas y torturas realizadas a gente inocente, nos demuestra que queda mucho por pensar y por entender de lo que (nos) sucedió en la guerra interna. Al respecto, su obra, sus retablos, funcionan como fotografías manuales, elaboradas y nutridas con las experiencias propias y de otras personas que le confiaron sus experiencias. Estas son pruebas fehacientes, sin exageraciones, sin imaginería de los horrores de la guerra interna.

RETABLO “TORTURA”

En esta línea, la crueldad y toda la sangre que vemos corriendo en los retablos, son una representación directa y real, verdadera, de lo que él vio y de lo que los demás no quisiéramos ver. En ello su potencia, en ello lo inenarrable de sus textualidades visuales, pero en ello también su confianza en lo visual. Porque por ello Edilberto los elabora, porque confía en que estos son algo más que un objeto de arte. Son documentos de verdad y de barbarie.

Y por ello mismo, sus retablos son también testimonios: representan una situación de urgencia, una voz metonímica, es decir, una que habla por muchos, y que articula lo verbal y lo visual con el fin de denunciar una situación e invertirla (guerra a paz), y más aún, representa algo más allá de la muerte, como señala Agamben, es la producción de “hombres como cadáveres” (2000:78), es decir, nos obligan a ver como un centro, aquello que es prohibido, que es oculto, que es secreto. A ninguno de nosotros nos gusta ver torturas, muertes, asesinatos, abusos. Pero en los retablos de Edilberto estos son el centro. Son la escena misma de su arte y de la reflexión que nos entrega. ¿Qué hacer con el dolor del otro? pregunta Sontag. Gran pregunta que Edilberto parece materializar con gestos, cuerpos, paisajes, colores que deslumbran por la terrible belleza que articula.

RETABLO FOSA DE CHUSCHIHUAYCO

Las madres obligadas a asesinar con sus propias manos a sus hijos. Las mujeres violadas y luego aventadas en un abismo como si fueran cosas, los niños, lanzados junto con ellas. Los cerros de cuerpos muertos, apilados como si no importaran. Y en medio de todo una esperanza en forma de sueño: la mujer huamanguina que al menos sueña con que el alma de su ser querido sea salvado. Por lo menos el alma. Todo esto es el retablo de Jiménez, todo esto que, diríamos, la cultura oficial nos vela y nos muestra/vela/ocultado a través de cifras incompletas, o de restos iguamente incompletos, aquí aparecen en su máxima expresión.

Por esto, ver los retablos del maestro es acercarse a transformaciones estéticas (en fondo y en forma) que alteran la cultura oficial donde incluso el dolor se sostiene en ciertos márgenes. Jiménez rompe todos los márgenes y todos los límites. El mismo retablo se excede, y representa todo de largo, de corrido, de una, para intentar representar lo imposible, lo que él repite una y otra vez como “increíble, bárbaro, horroroso”. A esto nos enfrentamos. Pero, increíblemente, lo veremos con una belleza igualmente, enorme. Ahí su detalle. Una lógica de contrarios: lo terrible, que no quiere ser visto, se expone y los demás giran a mirarlo. Lo que lastima, hiere, de pronto, quiere ser visto por todos. ¿Por qué? porque aunque la voluntad ética está ahí, se excede también. Los retablos como gritos, como materialidad muy precisa de algo que aún sucede, de algo que se necesita procesar.

ACERCA DE ÉL
El maestro retablista Edilberto Jiménez nació en el Distrito de Alcamenca, en la Provincia de Víctor Fajardo, en Ayacucho. Es antropólogo egresado de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, y también ha ejercido el periodismo. Además, es el mejor retablista peruano. Tiene una importante producción de “San Marcos”, con los que ha ganado premios en diferentes exposiciones. Obtuvo el Premio nacional en la bienal de máscaras. Ha dictado conferencias en Inglaterra, Alemania, Japón, Colombia, Guatemala.

TALLER DE AYACUCHO / FLORENTINO JIMÉNEZ CON SU ESPOSA AMALIA QUISPE E HIJOS EDILBERTO, ELEUDORA Y NEIL JIMÉNEZ QUISPE. AYACUCHO 1981. FUENTE: JIMENEZ.WEBSITE

En los años 2002-2003 fue miembro de la sede Sur-Centro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Es coautor del libro Lucanamarca memorias de nuestro pueblo (COMISEDH, 2007), Artesanía de Ayacucho (FOPTUR, 1987), autor del libro Chungui: violencia y trazos de memoria (IEP-COMISEDH-DED, 2009). Y es protagonista del documental Chungui horror sin lágrimas de producciones Buena letra de Felipe Degregori. Integró el equipo de asesoría “Apoyo para la Paz IEP/DED” sede Ayacucho-Perú en los años 2009-2016. Actualmente viene trabajando sobre “Género musical llaqtamaqta (joven del pueblo) de Chungui y los colores en tiempos de la guerra”.

30 AÑOS REFUGIADOS
Estas obras (23 retablos expuestos actualmente en el LUM) no son de ahorita, han estado más de 30 años como refugiadas, custodiadas o alojadas dentro del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), gracias a Carlos Iván Degregori, que no quiso que se dispersaran. Antes estaban ahí encajonados, guardados en el IEP. E incluso he restaurado muchas dentro del IEP. Lo que pasa es que cuando los traía de Ayacucho, muchas veces los policías te revisaban en las carreteras y revisaba, los rompía, y los tenía que rearmar acá. No era fácil. Esta es la primera vez que se están mostrando, gracias al IEP y al LUM, como un homenaje a Carlos Iván Degregori, quien se preocupó.

LOS RETABLOS EN EL LUM

Estas obras que he hecho recién se están conociendo. En ellas se ven temas que han soportado la población: torturas, ejecuciones, abusos, inclusive puedes ver cómo se comportaron los de Sendero, las fuerzas contra-subversivas, los sinchis, los de la guardia civil, los de la guardia republicana, los linces del ejército.

¿EN QUIÉN PENSABAS CUANDO HACÍAS LOS RETABLOS?
Cuando hice los retablos de la violencia, no pensé en el público. Me sentía impotente. Vi que asesinaban gente, vi injusticia, vi abusos. No pensé en “memoria”, no pensé en “reconciliación”, estaba en plena guerra, se vivía una barbarie y en una desesperación muy grande. Nunca pensé para quien sería. Solo los hice para desahogarme.Recién ahora estoy entendiendo lo que hice en mis retablos. Recién ahora estoy tratando de pensar en lo que hice.
Y me doy cuenta del papel fundamental de la mujer en el conflicto armado interno.Hacer mis retablos fue como tomar fotos  en ese momento. Para mi son testimonios de verdad. Ya no me interesa pintar flores, al inicio sí lo hice, pero luego ya no. Sino que escribo. Trato de decir que por sí solos estos retablos se defiendan y sensibilicen al observador.
LA VIOLENCIA HORIZONTAL
Debo reconocer que gracias a que viví esta violencia mi arte ha madurado. He tenido esos colores de guerra. Y he tenido esas temáticas. Inclusive por eso le puse nombres de guerra a mis trabajos. Ya no me interesaba pintar caras, pintar formas. Me interesaba mostrar el corazón mismo de la violencia, el corazón mismo del sufrimiento. Ahí me detenía. Y quería también escribir sobre lo que veía. Por esto en esta muestra no vas a ver trabajos que son de dos o tres pisos. Para mi no hay pisos, solo hay uno. Ayacucho no tenía pisos en la guerra, sino que era una guerra catastrófica en una forma horizontal, sin jerarquías, afectaba a todos. Por eso no hay pisos. Muchas personas dicen que yo cambié la forma del retablo tradicional, ¿qué quieren? ¿Que siga haciendo nacimientos y navidades? Hay otros temas de los cuales hablar ahora…

“EL HOMBRE” INSPIRADO EN LA MUSICA, EL LA CLAVE “SOL”, EN EL ASTRO “SOL”

RESIGNIFICACIÓN DE LOS COLORES Y LAS FORMAS
El color negro entra a mis retablos representando los lutos y la oscuridad por la que atravesaba Ayacucho. La sangre de los muertos, de las matanzas, también aparece en mis retablos representada por el rojo. Los golpes, las torturas, las agonías, las muertes lentas, todo esto aparece representado con el color amarillento. Además, Ayacucho en esos momentos tenía muchas tonalidades verdes, pero era por los uniformes. Otra cosa: casi a diario habían entierros en Ayacucho, ese cajón, la forma del cajón, se transforma en los retablos, que tenían tradicionalmente una forma cuadrada. Así los he cambiado, eso fue lo que hice en estos retablos.
LAS TABLAS DE SARHUA
Creo que en la capital no conocen este tipo de manifestaciones del arte popular. Es decir, yo recientemente estoy mostrando luego de 30 años de esta barbarie. Pocos conocen. Otros se horrorizan de lo que hice, me dicen, “¡qué fuerza tuviste!”, otros me cuestionan, “¿por qué hiciste esto?”. Creo que hay un desconocimiento de personas que deberían valorar lo que es el arte. No tenemos funcionarios que valoren en las instituciones, como en México y en Centroamérica que sí valoran su arte.

En mis obras yo muestro cómo los de Sendero obligaron a que las propias madres maten a sus bebés, a sus niños, ¿quién conoce eso? Dibujé en mi libro Chungui, trazos de memoria en blanco y negro, ese trabajo lo hice como antropología colaborativa con los comuneros de Chungui. Es horrorizante. Ahí yo ni siquiera podía grabar, ni tomar fotos. Gracias a mis anotaciones se ha reconstruido.

LIBRO “CHUNGUI”

No podía tomar fotos porque en ese momento es difícil jugarse con la gente, tomar una foto en una comunidad no es fácil, es riesgoso. Es como sacarles su alma. No aceptan. Huyen. Entonces, junto con los comuneros, hemos reconstruido esa barbarie, cómo han sido ejecutados, cómo han sido fusilados, torturados, dentro del conflicto armado interno. Gracias al arte se conoce, se está llegando a conocer. Y eso es Sarhua. Es dar a conocer. Su concepto es dar a conocer.

Yo tengo más de 500 anotaciones, pero solo trabajé con 100 dibujos, y es una barbaridad, es dramático, ahí parece que la vida, capaz, no valía nada. Gente campesina, de ojotas, quechuahablante, quizás su vida ahí no valía la vida. Antes de la guerra tenían más de 6 mil habitantes, luego quedaron más de 2 mil, solo más de dos mil, es decir, no hay una cifra exacta. Entonces, esos 4 mil, están entre los ejecutados, desaparecidos, o los que huyeron, y Chungui es uno de los distritos con más de 350 entierros clandestinos.

“LAS CABEZAS ESTABAN POR DISTINTOS LUGARES”. LIBRO “CHUNGUI”

Ahora Chungui está en proceso de reconstrucción y reclaman más carreteras. Solo con la carretera capaz puede entrar un cemento, un fierro, un profesional. Sin una carretera es difícil, ¿Quién quiere entrar en donde no hay carreteras?

“LA MUERTE” Y SU HISTORIA
Cada trabajo tiene su propia historia. Y cada uno depende del tamaño y del tema que quieres hacer. Por ejemplo, el retablo “La muerte”. Una vez arribó uno de los sinchis cuando yo estaba en mi taller, trabajando un retablo que era  justamente sobre la detención por los militares. Ellos entraron a mi taller con sus metralletas, y me dicen “no te muevas ¿ah?”, me dicen, “continúa, ¿qué estás haciendo?”. Y yo le dije “estoy haciendo a un padre franciscano”, y le digo rápidamente, “es la santa inquisición”. Eso me salió. Esa palabra. Y les explico de qué trataba la santa inquisición. Y me dijeron “continúa”. Y al militar que estaba haciendo le puse una túnica. Entonces mi retablo se llama así “La muerte”. A muchos les gustó cómo entra una antropología simbólica en ese momento. ¡Yo estaba dibujando lo que me estaba pasando! ¡Y me salvé diciéndoles justamente lo que ellos hacían conmigo, ellos eran los que sancionaban, castigaban, como la Santa Inquisición.

LA MUERTE.

EL CARNÉ PRESBITERIANO / EL DE ESTUDIANTE / EL PASAMONTAÑA
En momentos dramáticos mi papá consigue que yo sea evangelista pensando que respetarían a los evangélicos y me consigue el carnet presbiteriano. A veces yo mostraba ese carnet. Lo tengo de recuerdo. Y ¡claro que me servía! Yo mostraba el carnet de estudiante, y si no me servía, mostraba el otro, de la iglesia. Esa es la guerra: uno tiene que sobrevivir, de uno u otro modo. Cuando estaba en Chungui fui rondero también. Me ponía mi pasamontaña y los acompañaba para conocer las acciones que hacían. Fui con ellos para saber qué hacían. Si no hacía eso no iba a conocer. Eso me sirvió para que me acepten, para que me cuenten lo que hicieron como miembros de autodefensa o de la ronda campesina. Los ronderos fueron instruidos por el ejército, entonces obedecen las órdenes de estos, y son controlados cada cierto tiempo y dan cuenta al ejército. Al menos en Chungui no eran autónomos, daban cuenta. Cometieron excesos. Sí.
“LOS CONDENADOS”
Te cuento: aquí tienes “Los condenados”: [sobre la forma del retablo] este es el ataúd, la caja, la forma, y [sobre el contenido, los personajes] he satirizado al poder. Tienes al diputado, al senador, como loros, burros. A la iglesia la he representado en la figura de un zorro. El ejército está representado como un perro. Tienes al rastrero como una serpiente. La justicia como un león. El corrupto, ¿ves?, aparece como una rata, un pericote sobre el caballo, y la población que huye, que se van. La población tiene machetes, combas, asadón, picos…me demoré unos 4 meses en hacer este retablo. Las herramientas de trabajo están acá porque siempre, aún en plena guerra siempre hubo trabajo. Quiero representar la tierra y su trabajo.

LOS CONDENADOS.

ELLAS EN EL CONFLICTO ARMADO
Solo tiene una tapa, ¿por qué? Es porque la guerra viene rápido, me gana el negro, por el luto, el blanco es por pedir a diario la paz. El cerro, es porque Ayacucho está dentro de un cerro que está lleno de minerales. Y ella sueña, cómo el ejército se está llevando a su ser querido, y como su ser querido está perdido, se está yendo y ahí están los dos dioses: el sol, la luna que están apenados. Los dioses andinos están apenados mirando esta situación.

SUEÑO DE LA MUJER HUAMANGUINA

Y está el cristiano, el occidental, el padre eterno, que manda al arcángel para que salve el alma del muerto. Se quería, diariamente, siquiera salvar al alma del muerto. Entonces yo coloco a San Miguel que se lo está llevando. Esa es una conclusión. De otro lado, ahí están los picaflores que son los conectores con los dioses andinos. Ellos son los mensajeros. Mayormente los voy a pintar porque para los campesinos vale tener picaflores. Por eso he pintado otro retablo que se llama “Picaflorcito”, como la canción.

Ahora, que estoy analizando las obras que hice durante la guerra, me doy cuenta de que ellas son un tema central en mi trabajo. Ellas defendieron a sus seres queridos a pesar de haber sufrido los peores maltratos. Ellas resistieron como nadie. Como Mamá Angélica. En “El sueño de la mujer huamanguina”, mi retablo, puedes ver el rol central de la mujer en el conflicto. No hay nadie que pueda hablar de la vida como ellas. Ellas son las que más han luchado, las que más han soportado. Y ellas siempre han estado detrás de sus hijos, sus esposos, sus familiares. Siempre. No hay nada más que decir sobre el conflicto, que ellas no lo hayan demostrado con sus acciones.

LA POESÍA/LA VIDA
Yo leí y me gusta mucho Arguedas, Vallejo, Neruda. Siempre me ha gustado la poesía. Escribía poesías en el colegio, ganaba los juegos florales, y por eso es que me inspiré en Vallejo en ese momento de violencia por haber visto estos cadáveres, arrimados, como si fuera “Masa”. En el retablo mismo lo he pintado al fondo…

Yo he estado a punto de ser ejecutado, perdí a un tío, he sufrido detenciones como estudiante. Y al ver cómo golpean, como te tratan inhumanamente, creo que hacer mi arte ha sido una manera de desahogarme, mis obras me han servido para seguir viviendo. Me refugié con la cruz roja, viví junto con ellos, y también conocí a través de ellos lados terribles del conflicto interno. No lo planeé, yo sabía de ellos, pero llegué a ellos por la violencia. Igual, cuando leí el poema de Vallejo, veía los cadáveres a diario, y por eso hice este otro retablo.

RETABLO “MASA”. FUENTE: ANDINA

Inclusive sobre mi libro Chungui: yo no fui a Chungui a dibujar, más bien todo el terror que escuchaba me hacía sentir impotente, no podía creer todo lo que decían. Fui con una ONG y luego hice los primeros dibujos para decir, “mira, estamos yendo a Chungi y aquí pasó estas barbaridades”, tratando de apoyarme en mis dibujos para que me creyeran. Porque esto fue antes de que se formara la CVR, yo había llegado antes, en el 96. Era un pueblo destrozado, he recogido testimonios terribles, no podía creer todo lo vi. Y es lo que dibujé.

“CALLADITOS, SIN QUE SEPA NADIE, NOS LLEVAMOS SU CUERPITO” DIBUJO DE EDILBERTO JIMENEZ

TIERRA
En muchos casos, como señala Victor Vich, a quien Edilberto conoció en Ayacucho, cuando el crítico fue profesor de la Universidad de Huamanga, el artista ya no solo construye las figuras con yeso, sino con la propia tierra que recoge en sus viajes por las comunidades ayacuchanas asoladas por la violencia y deja macerar esta tierra en su taller por un tiempo. El olor de esta tierra entra en las cajas y en esto recae la materialidad específica en la que se convierten los retablos. Encarnan en sí mismos una tierra, un lugar, un espacio/historia de tortura. 

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