PEDRO FAVARON: LAS VISIONES Y LOS MUNDOS. Omar Aramayo

Hablando y aprendiendo de lo que es importante, gracias Omar y Pedro, gracias sabios y plantas mazonicos, gracias cantos curativos

Acábase de publicar uno de los libros más importantes y hermosos acerca de la Amazonía y de la espiritualidad. Humana, debería decir, espiritualidad humana, pero de esa tácita disquisición trata precisamente este volumen escrito por Pedro Favarón: el espíritu más allá de la antropolatría, del ser humano como eje del universo. Las plantas, por ejemplo, son un templo donde habitan los espíritus. Las Visiones y los Mundos, es un texto académico, adaptado para el lector común, que finalmente es lo que más importa, a desmedro de quienes crean lo contrario, la academia. No, mucho más importante es el ser humano creador y el ser humano destinatario, que la academia, que es un ente procesador, más todavía en tratándose de un libro acerca de la medicina.

Si la academia tiene un valor, es el de exigir un estándar de seriedad, de confiabilidad, de contrastación y cotejo con las fuentes posibles de información, de validar universalmente o no una verdad local, realidades presuntas que son verdades en mutación constante, para occidente. Porque es sabido que el tema es bocatto di cardinale para los charlatanes, y existe un momento para deslindar, y es el de la academia. Favarón acude a su experiencia, él mismo es un médico visionario y partícipe de una comunidad de sanación en Pucallpa, casado con una nativa de la tribu; acude también a una generosa bibliografía, no solo de teóricos de la antropología, si no ante todo, de autores que han tenido la experiencia de la ciencia amazónica, de intelectuales indígenas importantes, que han colectado mitos y discernido sobre ellos; y al análisis de los mitos que explican el origen y la existencia, con los métodos de la antropología contemporánea, una propuesta intercultural vinculada “a la emergencia creciente de sectores indígenas y mestizos que buscan la formación de un marco teórico académico en el que los pensamientos y conocimientos ancestrales no se sientan limitados ni vulnerados.” Es decir, un libro doblemente útil.

Como se sabe, los mitos están integrados en un sistema, riquísimo sistema en cuanto hablamos de un pueblo vivo, aunque terriblemente amenazado por el mercado, en plena creatividad. Y que como resultado nos van a dar la visión de mundo de un pueblo, cualquiera que fuere, y que Favarón, en este caso, evidencia en su estudio. El tema principal es la ingesta de ayahuasca, de las plantas sagradas, de su contexto, de sus consecuencias en el mundo espiritual tanto como en el que conocemos con el nombre de realidad. El ayahuasca es una liana que se enrosca en el tronco de los árboles, cuyo sumo al beberse nos convoca, “para los fines convenientes, a mantenerse concentrado. Entonces uno va estudiando y va aprendiendo, de las plantas, de la naturaleza, de los espíritus que se van acercando” (Juan Flores) En este libro están las voces de los maestros visionarios de la salud, que ha escuchado el autor y que a su vez podemos escuchar nosotros, sus reflexiones acerca de la vida, acerca del vegetal, sus cantos, sus mitos. El ayahuasca los hizo sabios/ los elevó con su fuerza, / mis poderes se han conectado/ con esa misma energía/ es desde allí que ilumino/ y voy guiando// a cada uno de ustedes/ para sanar su espíritu/ desde el espacio de luz. (Senen Pani) Por cierto que las enfermedades, no necesariamente se alojan en el cuerpo físico, el médico actúa en el espíritu.

Es cuanto sucede con el extraordinario legado botánico de la Amazonía, con los poderes curativos de las plantas mágicas, plantas maestras, que de hecho nos llevan al cuestionamiento radical del conocimiento, de la epistemología universitaria. Cita Favarón a la pensadora shuar Raquel Antún “nuestros mayores por la experiencia de muchos años conocen el mundo real y el irreal. El real es el que vemos tomando natem (ayahuasca) o (maikiua) floripondio; y el mundo irreal es que vivimos cada día, en el que nos desarrollamos” Toda una inversión para los occidentales, que suponemos que las plantas alucinógenas nos llevan a una realidad distorsionada, a una imaginación desbocada, la alucinación, cuando en verdad el objetivo esencial de las plantas sagradas es conducirnos al mundo de la conciencia y del espíritu, al conocimiento de una realidad insospechada, es decir, la verdadera realidad. Y el mundo irreal, que es en el cual vivimos días a día; un mundo de apariencia, desvanecimiento ante el tiempo, donde no podemos vernos como realmente somos: hipócritas, mentirosos, oportunistas, astutos, audaces, porque estamos cubiertos por la materia densa del cuerpo. Es más allá de ese cuerpo denso y opaco, y más allá de la intelección- emocionalidad, posible ascender a un tercer plano, donde las plantas nos conducen, para vernos como realmente somos: el espíritu.

Dice Favarón: “los mundos supra sensibles, en cambio, son dimensiones sutiles, espirituales, de fuerte intensidad vital; solo pueden ser vislumbrados mediante el ejercicio trascendente de las capacidades perceptivas. Las sendas visionarias de la Amazonía occidental procuran restablecer las relaciones fluidas entre los humanos y el espíritu” Eso provoca temor, es lo desconocido, el misterio de uno mismo, al que hemos sido negados; y que en el Egipto o Grecia, fueron cultivados. Los misterios de Delfos y Eleusis. Recordemos que Platón decía que los griegos eran como niños ante el conocimiento de los egipcios, se refería al espíritu, el conocimiento de la muerte, conocimientos que se perdieron en el tiempo. Y aquello es lo que Favarón ha explorado en aquel inmenso y maravilloso laboratorio que es la Amazonía occidental del Perú.

Aquellos considerados como salvajes, ciudadanos de segunda clase, primitivos, folclóricos, son en realidad los depositarios del gran tesoro de la humanidad, que traen la tarea de devolver a la humanidad al estado al cual corresponde, el espíritu, ganado por la apariencia y que vive para la apariencia. Más aún, en el sistema positivista, individual y materialista, que ciega nuestros sentidos, a través los cuales podemos vislumbrar el conocimiento. Traen la tarea de restablecer el equilibrio de los seres y de la naturaleza, a través de un conjunto de técnicas, que comienzan con la purificación del cuerpo, la dieta iniciática. Favarón, me hablaba del daño físico que le provoca la presencia de una persona que se alimenta de cerdo, o de un drogadicto, primero tienen que purificarse, dice, dietar, tomar el espíritu de las plantas, vegetalizarse. Y luego iniciar una larga carrera de aprendiz, y llegar a los distintos grados del conocimiento. Así mismo distingue al ayahuasquero común, de aquel que ha iniciado una carrera para ser médico visionario.

El estudio de Favarón es importante, también, por el recojo y cotejo del conocimiento de las diferentes naciones indias de la Amazonía, que son naciones espirituales: los Chaikonibo y los Inka, estos últimos, antiguos gobernantes solares. La existencia plena en el tiempo. Estas dos naciones resumen la expresión de naciones que conocemos como los panos, los shipibo konibo, los shuar, los achuar, los awajún, los huni kuin, los tikuna, los candoshi, y otros. Es allí a donde se dirigen, a donde viajan estos pueblos. Este es, posiblemente, uno de los mayores y sabios aportes del libro, el sentido pan amazónico integrador, a través de lo más sensible e insospechado, la espiritualidad; y que desde la metrópoli observamos como un puzle más o menos casual; sin intuir, en momento alguno, que sea un universo homogéneo. Nada más alejados de esta gran verdad. Ningún desconocimiento mayúsculo como este, obviamente debido a razones históricas; la colonialidad.

Es el comienzo, el ingreso a un mundo desconocido (para nosotros): el médico visionario, que debido a sus dietas y ejercicios espirituales, llega a conquistar el estatus de Inka. Un mundo, una vida, un universo que parece ficción, pero que es más real que nuestra realidad, donde habitan los seres humanos que han alcanzado un nivel de superior del espíritu. El mundo de la perfección y la gloria, donde la mentira no existe, y donde todo es posible. El mundo mágico. El autor se encarga de advertirnos que “para ser médico hay que vencer el temor, el odio, la ira, la mezquindad, la soberbia y la envidia” Las pasiones que distorsionan la objetividad. Y cita al médico mestizo Juan Flores, que nos muestra el reverso de la medalla, el lado positivo, la visión que nos permite hacer nuestra la realidad: “son tres los preceptos que deben guiar las prácticas de los visionarios: el amor, el perdón, y la humildad”

La lectura de este libro es el ingreso al mundo vivo de la naturaleza, a la poesía, poesía en el sentido de creación, de contemplar la creación prístina, lo elemental de la existencia, de aquello que permitió hace miles de años la supervivencia del ser humano; la creación de una cultura maravillosa, destruida por los ciclos extractivos, que no cesan aún y que son una amenaza inmisericorde sobre la Amazonía. Ciclos tan perversos y penosos para el país, y que han tenido la fatalidad de esconder el recurso más valioso de la Amazonía: su espiritualidad, el fundamento de la existencia humana. El ser humano de occidente es ciego del corazón. Este libro es el encuentro con los Dueños de la medicina, que habitan en el bosque profundo. Y que aparecen a través de los estratos de la memoria, en era propicia, de lo post moderno y de la post verdad, que permiten algún respeto por el Otro. Deberíamos pensar que los amazónicos, son verdaderamente los Otros.

La belleza de las canciones, poemas, mitos, sueños, y visiones, y sus respectivas interpretaciones, se desarrolla a través de tres capítulos, cuyos temas, según me parece, son la estructura de la visión de mundo que muestra Favarón: Depredación, Transformaciones, y Luminosidad. El primero tiene que ver con el hábitat, la tierra, la vegetación, los animales; el segundo, con el ser humano que no lo es tanto, es decir con aquellas deformaciones míticas fantasmagóricas, es decir, las transformaciones; con la muerte, que es la transformación definitiva; Y el tercero, donde nos aproxima a los conceptos nativos del sueño, fuente de conocimiento que nos conecta con la realidad profunda que deseamos conocer y que muchas veces no la conocemos porque no escuchamos a nuestros sueños. Sueños o trances del ayahuasca. Los cantos y poemas de sanación, los Icaros, caminos o guías del navegante en la mareación. “Los cantos son medicina. Los diseños son medicina. La belleza es medicina”. Los perfumes de flores, medicina. Y el tiempo como un espacio donde es posible vivir, Favarón cita a César Calvo para explicar este concepto “porque el tiempo del tiempo / no cabe en este tiempo” Es el tiempo mítico donde es posible convivir con nuestros antepasados. Y tal vez, el más conclusivo de los temas: “la luz de los espíritus: el ayahuasca alumbra lo oscuro, echa luces sobre lo oculto, permite contemplar aquello que pasa inadvertido para la mirada ordinaria”, “los ojos del espíritu”. Y nos aproxima a la divinidad, Ajutap, Arutam, nombres que entre otros nominan a un ser esencial indescriptible, puro ser, que se manifiesta de las maneras más diversas; así como animales astrales, fabulosos. Pero ante todo, nos aproxima a nosotros.

En Las Visiones y los Mundos, se puede disfrutar de la frescura de la oralidad de los mitos y los cantos, presentir el latido de la fonética encantadora; los sentimientos colectivos que se expanden del rito a la vida cotidiana. La calidad poética de Pedro Favarón, le permite hacer una presentación decorosa de los mitos, con la debida respiración; la respiración marca los ritmos, y los ritmos crean las tensiones. Y la obra de arte es un juego de tensiones. Y si de literatura se trata, aquí está la gran literatura peruana, trascendente. La marginación que han sufrido estos pueblos ha impedido conocerlo y aprovechar su conocimiento, su belleza, su perspectiva.

Las Visiones y los Mundos, es un libro refrescante, orientador, que de inmediato nos trae a la memoria Las Tres mitades de Ino Moxo, la maravillosa novela de César Calvo; aunque sin duda se trata de dos géneros distintos, dos tonos diferentes, disímiles intereses de sus autores, pero es el mismo tema, el ayahuasca, el vaho ancestral de Amazonía; Luis Elvira Belaude, reconocida investigadora de estos temas, acierta a decir que “el autor muestra los repliegues y desdoblamientos del chamanismo”. Pedro Favarón Peyón, nació en Lima, en 1979, en el 2003 publicó un importante libro sobre César Moro, uno de poetas peruanos más queridos reconocidos, aquí como más allá de nuestras fronteras. Hace 17 años que trabaja con plantas medicinales, y médicos nativos. Vive a orillas del caño Mapo, Yarinacocha. Y es, sin duda, también, el más importante poeta de su generación, la del 2000, aunque sus contemporáneos, los muchachos de la católica no lo consideren, si tenemos en cuenta las zonas tan sesgadas de la cultura peruana. Pero eso, está por revisarse.

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