Niel Agripino Palomino Gonzales Nilo Tomaylla

“CRÓNICAS DEL SILENCIO” DE NILO TOMAYLLA: PRIMERA NOVELA POSARGUEDIANA DE APURÍMAC PARA EL MUNDO.

Santun qepachanpi se cumple un viejo deseo de ver una resena de la magnifica Cronica de Silencio de Nilo Tomaylla, que es la primera novela postargediana escrita por un apurimeno. Es decir, una narrativa  mas autoreferencial, con la mirada interna que como traduccion cultural. Pero ante todo un esplendido despliegue de belleza. Gracias Nilo, Gracias Niel.

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“CRÓNICAS DEL SILENCIO” DE NILO TOMAYLLA: PRIMERA NOVELA POSARGUEDIANA DE APURÍMAC PARA EL MUNDO

 

¿Y tú, grauino, has leído a Nilo Tomaylla? Me preguntó mi maestro Mario Pantoja, en la ciudad universitaria de Perayoc– Unsaac, allá por el año 2006. No conozco en Cusco a un profesor más informado y actualizado en literatura que el maestro Pantoja. Ningún buen libro últimamente publicado se le escapaba a este docente y a eso se sumaba su amistad con los escritores vivos más destacados, incluido nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa. (Pantoja leyó el discurso de orden en el Paraninfo cuando la Unsaac, le concedió el Honoris causa a MVLL el 2002). Por eso, la metonimia envuelta en la pregunta me dejó irresoluto. No, a ese escritor cusqueño aún no lo he leído. Solo conozco su nombre que usted de vez en cuanto cita en sus escritos sobre poesía cusqueña de los 80, le contesté intimidado. Nilo no es cusqueño, es tu paisano. ¡Es de Grau!, me remató.

 

Y para la siguiente vez me trajo como préstamo el libro Crónicas del silencio: la mejor obra literaria escrita por un grauino, la primera novela escrita por un apurimeño que continúa a las de Arguedas en Apurímac. Un año después se publicó ¡Aquí están los Montesinos! de Chano Padilla, constituyéndose en la segunda y última novela escrita por otro apurimeño que tiene la factura literaria universal. Esto por el cuidado artístico en su elaboración, por la entrega total en su composición, por la calidad lograda de principio a fin, por la narración fragmentada que rompe la aburrida secuencialidad de la narrativa decimonónica, por el dominio de la estructura de la novela, por las eficaces técnicas narrativas empleadas, por la eficiente amalgama entre realidad y ficción, propiedad exclusiva de la obra literaria. Empero, como narradores modernos, tanto Nilo como Feliciano han logrado distanciarse de la luz umbría del tayta Arguedas, pues manejan técnicas más modernas que él. Por lo que Tomaylla y Padilla no serían narradores arguedianos, sino posarguedianos.

 

Es cierto, que en Apurímac y en el mismo Grau se ha escrito “novelas” o “cuentos”, pero algunas son desvaídas descripciones antropológicas o conmovedores relatos testimoniales con un mensaje de superación como si la novela fuese fábula o sirviese para dar consejos. Nilo Tomaylla y Chano Padilla saltan del relato simple, lineal y sin técnica; por ello, son los que arrancan con acierto y mucho fuego la nueva novela apurimeña para el mundo.

 

Entonces, le 2006 leí Crónicas del silencio con lágrimas, porque los nombres de los distritos de mi tierra estaban nombrados en un libro. Yo mismo me sentía el anónimo e intemporal personaje que narra la historia, o el otro que es el alter ego del autor. Así pues, hay una dualidad andina y universal en las historias, en el tiempo y la condición del personaje narrador. La primera historia está ambientada en Santa Rosa – Grau y zonas aledañas y pertenece a la infancia, la edad dorada, a la fuente de la vida eterna. A través de la técnica del raconto, el narrador protagonista nos narra pasajes de su infancia al lado de personajes míticamente humanos, mágicamente runas quechuas como Antonio Médico, el misterioso anciano que tiene la misma edad que el colosal templo San Pedro de Chirirque (250 años). El susodicho es un hombre tildado de pistaco, alguien peligroso y prohibido desde la visión adulta, pero un ser mágicamente encantador para los niños que entre el miedo y el asombro lo admiran y lo quieren. En una de sus páginas, con hiperbólica admiración, los párvulos santarrosinos le consultan: “_ Abuelo – le decíamos_, ¿a cuánta gente degollaste? Y el pistaco Antonio Médico les responde con naturalidad, con un “_ Uuuy” como quien entra al mundo de la inocencia para no estropear la imaginación de los niños. Así, Antonio Médico, que, por supuesto, no se nombra de esa manera, no solo es el benerable abuelo de uno, sino de todo el pueblo. Es un anciano cuentestero, que les hablaba del Inca Huáscar como si se tratara de su amigo.

 

Como de una caja de pandora o como si el libro fuese una matriusca o un cajón de sastre en Crónicas del silencio van apareciendo historias una tras otra, al mejor estilo de Las mil y unas noches, como las de Valentín Guerra, forastero, músico que retorna a Santa Rosa en busca de la mujer amada, la hermosa, inolvidable e inalcanzable Asunta Romero; el ritual de la caza del cóndor por los runas santorrosinos para la yawar fiestas o turupuqllay. Fiesta taurina que trae consigo, la historia de los músicos Román y los más valientes toreros de Grau como Delgado de Vilcabamba, Román de Santa Rosa, Quispe de Mamara, Valenzuela de Chuquibambilla. Personajes reales convertidos en héroes legendarios por la población después de cada brava y sangrienta corrida. Se relata también, la destrucción del portentoso templo San Pedro de Chirique y del pueblo mismo, después de una batalla entre un cura y el cacique tuyro, que yo oí de niño de la boca de los Chipana, los Trujillo, los Contreras de Vilcabamba. Pues, la historia del santo patrono de Vilcabamba, el San Nicolás de Tolentino y de la misma campana tiene su origen el templo de Chirirque.

 

El genio del Realismo, el novelista que se propuso y logró terminar con la pluma lo que Napoleón empezó con la espada, el inmortal Balzac dijo que la novela es la historia olvidada de los pueblos. Fiel a ese precepto, Nilo Tomaylla ha escrito Crónicas del silencio y como para darle sentido al título a las muchas historias se complementa algunas olvidadas por el tiempo: la del taki onqoy promovida por Juan Choqñe, la del general indio José Antonio Navala Huachaca. Este indio de Iquicha – Ayacucho, tuvo una activa participación en las decisivas batallas que sellaron “nuestra independencia” en incluso antes; pero vergonzosamente combatiendo a favor de los españoles y contra y los libertadores. Antonio Huachaca llegó a ser coronel y siendo indio, opuso una feroz resistencia contra el ejército independentista durante mucho tiempo. Derrotado por los libertadores, Huachaca vivió en Apurímac y vive aún en la memoria colectiva de los runas.

 

Como para darle una tonada sublime, como no podía faltar, se relata un idilio de amor entre el militar francés Laurent y la bella Suyana, todo esto acontece entre Qonqaqa y Mallmanya y tiene como marco la tradicional y más importante fiesta de Grau y Cotabambas: la t’ikapalla. Fiesta de recojo de flores que simbolizan al amor, porque a la t’ikapallana acuden los jóvenes solteros y en edad casadera para encontrar a la pareja pretextando recoger flores como el surphu y la waqanki. Por lo dicho, historias de Santa Rosa para los grauinos, libro de Grau para los peruanos, crónica de Apurímac para el mundo es Crónicas del silencio.

 

Nilo Tomaylla es también poeta, el lenguaje florido, las figuras literarias, las ingeniosas metáforas de las que hace gala en su prosa, lo confirman. Se podría decir que esta novela es también poesía en prosa. La descripción prosaica y directa va contra la calidad de una obra literaria; pero la descripción poética le otorga una belleza singular, esta última predomina en Crónicas del silencio. Veamos: “El amor estaba escrito en las rocas, en los muros abandonados y sobre todo en las hojas del maguey, que al paso del tiempo se convertían en los palimpsestos que guardaban suspiros lejanos. El amor, el caballo chúcaro y el toro matrero adornaban el blasón de las canciones de mi pueblo. Guerra no era de esta estirpe, venía de los reinos de la melancolía y el llanto de los territorios del sur”.

 

El genio Borges, había dicho que toda obra narrativa se reduce solo a dos líneas argumentales: la pasión y muerte de Cristo o la Odisea. Crónicas del silencio de Nilo, pertenece a la segunda, la de la odisea de un grauino desde Santa Rosa hasta Europa, en una especie de “Camina el autor” del siglo XXI. Esta obra tiene de Borges en la brevedad de los capítulos y la fusión de la reflexión con la fabulación, pero tiene también de Cortázar en ser una novela de varias posibilidades de lectura, tiene de Rulfo en la concisión y parquedad de los párrafos, en el lenguaje poético con se relata, en los seres fantasmales que se menciona y tiene de García Márquez en la disolución inseparable que se hace entre lo cotidiano y la extraordinario en la misma vida del poblador latinoamericano. Por ello, esta breve e intensa novela de Tomaylla merece un lugar dentro de la literatura andina posarguediana.

 

Otro aspecto resaltante en la obra es la nostalgia por la tierra dejada para irse a otros lares, nostalgia del recuerdo de quien desde otros mares, otros pueblos, otros cielos, otras lenguas y otras gentes, se aferra a la tierra natal. Como de un manantial andino, a veces gélido, a veces tibio, la nostalgia brota de las páginas del libro que definitivamente cautivan y conmueven al lector.

 

Como Los ríos profundos, Crónicas del silencio es una novela de migración interna y externa. Pues cuando todo iba bien en su natal Santa Rosa, un día fatal le avisan al protagonista que debe abandonar ese pueblo y ese hogar familiar para irse muy lejos, exactamente a Cusco en pro de una educación que para muchos del campo fue y es vedada. Ya adulto, el narrador emprende otra partida detrás de Vallejo, a los países europeos. La lectura me trajo al recuerdo, aquel 23 de diciembre de 1997, cuando mi padre me dijo que me despidiera de todo lo que quería porque me iría a Cusco a estudiar a la Unsaac a ser profesional, a no ser un campesino más como él. Esos episodios y la forma cómo los narra Tomaylla me arrancaron gruesas lágrimas mientras leía. Pues, igual que el niño Ernesto de Los ríos profundos, el protagonista de Crónicas del silencio sufre un desarraigo, ese fatal destino de dejar a tu pueblo para volver a al hogar familiar después de mucho tiempo y solo por unos días o tal vez nunca. Esa partida que desgarra el corazón de mamá por el hijo que parte llevándose un gajo del alma materna, en los pueblos andinos es expresada en cantos. Al respecto, el narrador nos confiesa: “Jamás conocí pueblo alguno como el mío, que de las partidas han levantado un género de música, dulce y estremecedora”.

 

Nilo, en un conmovedor y generoso prólogo para mi libro Cantar del Wakachuta, dice: “La partida siempre fue un desgarro del alma, pero también una voluntad firme de enfrentar al desarraigo más allá del lindero de nuestras querencias”. Es así, gran Nilo Tomaylla Bernal, hermano mayor de la escritura, santarrosino de pura cepa, Wakachuta por nacimiento, nuestra vida, como como el viento que vate parejo en la explanada de Chirirque o como las aguas del Lliwllita, ha sido y será un eterno transitar; por ello, con la esperanza de volver siempre a nuestro terruño aunque sea por un ratito, aunque sea en el lomo del recuerdo para quedarnos como el ñawpa machu, cantemos, Nilo, como el ruiseñor en el mutuy de flor amarilla que cerca las chacras de nuestros padres, cantemos para que la voz de Grau, la voz de nuestros abuelos, nuestra voz no quede en el silencio, hagamos más Crónicas del silencio. No importa que por ahora no nos conozcan ni nos lean, cantamos y contemos cantando, que nuestro canto siempre llegará a nuestros pueblo, a los jóvenes y niños en el tiempo justo, como la “lluvia güena” de Simón Robles, tu canto llegará Nilo, a Santa Rosa, tu tierra natal de donde hace mucho partiste y al cual siempre añoras volver.

 

1 comment on ““CRÓNICAS DEL SILENCIO” DE NILO TOMAYLLA: PRIMERA NOVELA POSARGUEDIANA DE APURÍMAC PARA EL MUNDO.

  1. Lenny Rodriguez

    Hermozo comentario, sobre la obra de Nilo.Es una delicia,leer la descripción,delos párrafos literarios,me trae a la memoria,las novelas costumbristas que leí de adolescente.

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