Quechua y lenguas ukun ULISES JUAN ZEVALLOS AGUILAR

  III Coloquio Internacional sobre Lenguas indígenas de América. Expresiones, traducciones, recuperación y revitalización. Ulises Juan Zevallos Aguilar

Ulises Juan Zevallos Aguilar comparte una sintesis del coloquio sobre lenguas indigenas de America recientemente hecho en Cuba. Es un rastreo de la historia y las dinamicas  de la mas innovadora vanguardia literaria, en donde Juan hace notar los componentes audiovisuales que intervienen en el proceso. Cierra el articulo con una  apreciacion sobre Liberato Kani. Allinmi

III Coloquio Internacional sobre Lenguas indígenas de América. Expresiones, traducciones, recuperación y revitalización.

 

Inmediatamente después del paso del huracán Michael por La Habana se llevó a cabo el evento entre el 9 y 12 de octubre del 2018. Casa de las Américas convocó a artistas indígenas, estudiosos de lenguas y culturas indígenas, activistas de derechos lingüísticos y planificadores de políticas de recuperación y revitalización de lenguas amerindias de todas las Américas. Si bien los cuatro grupos tendían a mantener espíritus de cofradía, hubo varias oportunidades de diálogo. Para los extranjeros, la gran sorpresa fue la inauguración del simposio por una taina cubana. Idalis Ramírez Ramírez dio las palabras de bienvenida. Su hogar más 10 núcleos familiares se auto reconocen como Indios de la Ranchería de Guantánamo. En su galería de arte también se inauguró la exhibición Un mundo donde quepan muchos mundos: arte zapatista en la Casa de las Américas.

En los coloquios quedó claro que la última fase de recuperación y la revitalización de las lenguas amerindias había empezado en la producción de literaturas indígenas en los setentas. Sobre todo, cuando una mayoría de poetas amerindios decidieron escribir en sus lenguas maternas y leer sus creaciones en público estaban realizando acciones de recuperación y revitalización lingüística. En esta misma década empezaron a publicarse las primeras novelas de indígenas escritas en castellano (El tiempo principia en Xibalba, 1972, del kakchiquel Luis de Lión) y los primeros testimonios de indígenas en ediciones bilingües (Autobiografía, 1979, del quechua Gregorio Condori Mamani). Estas fueron iniciativas autogestionarias y se difundieron en ámbitos académicos principalmente. Los escritores sacaron provecho de políticas indigenistas de gobiernos reformistas o la carencia de censura al género lírico en regímenes dictatoriales. Los críticos y teóricos literarios se dieron cuenta de la emergencia de esta nueva generación de escritores. Empezaron a reflexionar sobre los límites del indigenismo, poesía cantada y temas de autorrepresentación. Así se empezó a hablar de la existencia de literaturas quechua, aymara, maya, quiché, guaraní como sistemas subordinados. En los años ochenta, aparte de una abundante publicación de poemarios (Pukutay, 1982, de Eduardo Ninamango; Arcilla, 1988, de Dida Aguirre) libros de cuentos y testimonios, en ediciones bilingües, se imprimieron antologías y compilaciones por organismos e instituciones gubernamentales (Biblioteca Ayacucho) y sale a la venta el poemario exclusivamente en kichua Mutsuktsurini (1988) de Ariruma Kowi. Sin embargo, la recuperación y revitalización se realizó mayormente con medios audiovisuales. El acceso de indígenas a grabadoras de casetes y de videos hicieron posible la grabación de su música y bailes acompañados por sus cantos. La producción y circulación de nuevas plataformas audiovisuales opacaron a la producción de libros. Eran más baratos y accesibles en países con altas tasas de analfabetismo.

Recién en los noventa, gracias a políticas culturales y educativas de gobiernos neoliberales que promovían el multiculturalismo, es que se da un incremento de los estudios lingüísticos de lenguas indígenas y aparecen los planificadores que se preocupan por su recuperación y revitalización. Las invenciones de la tecnología digital estimularon muchas más iniciativas autogestionarias audiovisuales. La producción de libros convencionales de literaturas indígenas se mantuvo y aparecieron las primeras novelas bilingües (La otra cara, 1992, del Q’anjob’al Gaspar Pedro González). Las instituciones dedicadas a los estudios literarios rechazaron en un principio a los estudios culturales que trataban de dar cuenta de los desafíos que planteaba la producción audio visual. Al final terminaron aceptándolo, a veces a regañadientes. Las nuevas generaciones de estudiantes con otros alfabetismos, faltas de comprensión lectora y su preferencia de producir artefactos culturales de manera audiovisual los obligaron a llevar a cabo reformas curriculares y renovaciones metodológicas y teóricas. Recién en el siglo XXI ocurre una recuperación del libro de papel que mantiene su prestigio como instrumento de consagración artística e intelectual. Las innovaciones en la tecnología de impresión y el diseño gráfico hacen que se haga más barato y accesible. Algunas editoriales han aprovechado la modalidad de publicación en línea. Se fundan editoriales con colecciones dedicadas a literaturas amerindias (Pakarina Editores en Lima, Pluralia en Ciudad de México), se siguen publicando novelas indígenas en castellano (Cherrufe. La bola de fuego (novela mapuche), 2008, de Ruth M. Fuentealba Millaguir) y salió a la luz la primera novela en quechua sin traducción a lenguas europeas (Aqupampa, 2016, de Pablo Landeo Muñoz). Sin embargo, no puede competir con la ola de documentales y cine indígena. De muchas películas de primera calidad recuerdo las conversaciones sobre Killa (2017) del kichua Alberto Muenala y el largometraje e Wiñaypacha (2017) del aymara Oscar Catacora.

Casa de las Américas concibió el evento desde una perspectiva hemisférica, multimedial e intergeneracional. Es decir, fueron convocados expertos de todas la Américas, desde Canadá hasta Chile, de por lo menos tres generaciones. Lorna Wanosts’a7 Williams, profesora retirada de la Universidad de Victoria-Canadá y Luis Enrique López-Hurtado, EDUVIDA-Guatemala leyeron ponencias en sesiones plenarias. Luego estuvimos colegas de mi generación y una nueva generación que aseguran el futuro de muchas iniciativas. Hubo ponencias sobre mantenimiento, recuperación y revitalización de las lenguas aymara, las variaciones del quechua, mapuche, lenguas amerindias de Centro América, México, EEUU y Canadá e indigenismos. Aparte de hablar de la creación de alfabetos y métodos de enseñanza de lenguas hubo presentaciones sobre las contribuciones del cine, video, música, danza e historietas como materiales de educación intercultural efectivos. En este sentido, se satisfizo la campaña “no al letrismo” de activistas de derechos lingüísticos. En su cruzada insisten que la recuperación y la revitalización deje de privilegiar la creación de alfabetos y su escritura. Para ellos, los pueblos amerindios, a través de otras formas de escritura y manifestaciones culturales, mantienen y defienden sus lenguas y culturas.

La convocatoria de participantes de todas las Américas planteó un serio desafío de interpretación y traducción a Casa de las Américas. La mayoría eran bilingües en una lengua amerindia y español, francés e inglés. Los organizadores, con el asesoramiento y entrenamiento de traductores de parte del colectivo Antena de Los Angeles, escogieron como linguas francas a las tres lenguas europeas. Al igual que en las Naciones Unidas, los traductores de Casa de las Américas traducían simultáneamente las ponencias y las transmitían por audífonos a los participantes. Si la ponencia era en español se traducía al francés e inglés a los que no sabían la lengua del Quijote.

Liberato Kani, el rapero quechua peruano, cerró el evento con un concierto al que invitó a sus pares cubanos. Su discurso y las letras de sus canciones en quechua abogan por su mantenimiento y difusión. Su lema es “Quechua en resistencia”. La vida de Liberato es ejemplar. Nació y fue criado en castellano por padres bilingües en Lima. Recuperó el quechua a los nueve años cuando su padre quedó viudo y mandó al huérfano a Umamarca, Apurímac para que lo criara su abuela. Después de superar varios desafíos, Liberato aprendió el quechua para sobrevivir y luego desarrolló amor y respeto por la cultura andina en dos años de residencia. Después de cantar rap en castellano se convirtió en un activista de la revitalización del runasimi a los 18 años. Escogió el baile y la música como herramientas para realizar su campaña. Tomar esta decision no fue difícil. El nació en una familia de artistas. Sus padres y parientes son cantantes y bailarines de música regional. Liberato es hijo del “Picaflor de Umamarca”. Aparte de interpretar rap con letras en quechua sabe cantar y bailar huayno, toriles y huaylías. Su viaje a La Habana inició una gira artística internacional. Fue invitado a cantar en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile el 28 y 30 de octubre. Entre el 5 y 12 de noviembre está haciendo varias presentaciones en un circuito alternativo de música de Madrid. El 16 de noviembre cantará en la ciudad de Nueva York, el 17 tendrá lugar su última presentación internacional del 2018, en Filadelfia, EEUU.

 

Ulises Juan Zevallos Aguilar.

 

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