Manuel Scorza Omar Aramayo

Prólogo a Cantar de los Túpac Amaru, conocido también por su subtitulo, Balada de la guerra de los pobres de Manuel Scorza. Omar Aramayo

De poeta a poeta, con generosidad y la mirada abierta, como debe ser, Omar Aramayo nos ilustra la trayectoria de Manuel Scorza. Gracias…

LA SINFONIA INCONCLUSA

Scorza era flaco, no muy alto, de mirada elusiva, provocaba cierta antipatía en quienes no lo conocían; esa antipatía se hacía honda cuando hacía patente su poderosa imaginación y su ímpetu pragmático de realizador inexcusable. Y mucho más, cuando extendía su sonrisa como una amenaza del purgatorio. Entonces la antipatía se convertía en odio y en envidia, en un país colonial, anacrónico, y beato, como era el Perú de los sesenta, y como lo sigue siendo de alguna manera. Podría mencionar los nombres de los críticos literarios, de sus colegas novelistas o poetas, de los periodistas santificados, que denostaron su obra o simplemente lo ignoraron. Mejor no. Hasta las comas de los textos de Scorza resultaron ingratas, incómodas, dijeron que eran huachas, que las comas eran huachafas, los escritores de su tiempo. Inútil concederles un lugar en la sombra de los suburbios de la gloria, por eso no vamos a mencionarlos. Borges decía que la peor muerte es el olvido. Lo cierto es que nada de lo que Scorza hiciera les satisfacía, cuando publicó Los Desengaños del mago, un crítico del Dominical de El Comercio le dedicó una página titulada Los Desengaños del poeta, sin sospechar que años más tarde la saga de la guerra silenciosa conmovería al mundo, al ser traducida a más de cuarenta idiomas y permanecer en las vitrinas de París durante años, como se ha visto con muy pocos escritores latinoamericanos. Y que no obstante, no ser parte del Boom, es un escritor que sobrevivirá largamente a muchos de ellos.

Hay que agregar que Scorza es hijo de campesinos quechuas, huancavelicanos, aunque él reclama para su madre el origen chanca, de los chancas del centro del Perú, feroces enemigos de los incas del Cusco. Por un acaso del destino fueron trabajadores de un sanatorio mental del Estado, el hospital Víctor Larco Herrera, donde la madre trabajó como lavandera y luego el padre se hizo panadero. Scorza vivió una infancia donde el horror humano, la desesperación, el caos mental, y al mismo tiempo un mundo encantado, de gente candorosa y sabia, donde conoció entre otros personajes a Martín Adán, poeta magno, era cosa de todos los día. Alguna vez escribió: los locos están afuera, aquí está la gente normal. Allí donde observó y donde aprendió lo que es la fragilidad humana y las honduras de la conciencia. Mejor escuela no podría pedir un escritor. Un jardín con las mejores flores.

Scorza se enfrentó a la colonia y a la feudalidad, me parece que hasta el momento, después de tantos prolijos estudios, nadie ha dicho que Scorza confrontó a la feudalidad con un éxito literario y al mismo tiempo práctico, político e histórico, como pocos escritores han tenido la fortuna; en casual concomitancia histórica con el gobierno revolucionario del general Velasco Alvarado, en cuanto la reforma agraria afectó a los grandes latifundios de la sierra como a los de la costa, un punto aparte en la historia del país, al devolver a los campesinos después de siglos, la tierra que históricamente les pertenecía, bajo el slogan Campesino, el patrón no comerá de tu pan, frase recuperada y adaptada de un bando de Diego Cristóbal Túpac Amaru, de los últimos meses de 1782, en el pueblo de Acora. Dentro de ello, un extraño mestizaje de la ficción con la realidad, la liberación de algunos personajes de Redoble por Rancas, como el Nictálope, que purgaba cárcel por haber participado en los movimientos campesinos del centro, en 1962, con resonancia en la prensa mundial. Así como el asesinato de la viuda del juez Montenegro por las huestes de Sendero Luminoso, en 1984.

Por los demás Scorza era simpatiquísimo, diáfano, de ojos hondos y transparentes para quienes podían atisbar la perspectiva de su destino, el vuelo de su inteligencia, el tino de su sarcasmo, y el caudal incesante del humor, que departió con poetas como César Calvo o Juan Gonzalo Rose, y donde las víctima insepultas en las calles de Lima, se contaban por minutos y segundos, en anécdotas que volaban como una cuadrilla de drones por la Lima de una Perricholi sesentera. Esa imagen se agiganta cuando emprende la tarea de editor y publica en Perú, Colombia, Cuba, y Guatemala, los famosos Populibros, que suman dos millones de ejemplares, según el reporte del estudioso sanmarquino Tomás Escajadillo, en una empresa que compromete a escritores como Adoum, Carpentier, o Asturias, y que financieramente empieza de la nada, casi de un chascarro, cuando se aproxima al magnate Manuel Mujica Gallo con un documento que debía firmar Mujica, donde le hace una donación de cinco mil soles, a lo cual don Manuel responde: yo nunca le he prometido ni siquiera un centavo. No quiero una donación, solo quiero su firma, responde el poeta. Es con ese documento, el prestigio de esa firma, que Scorza hecha a funcionar como una maquinaria única, exitosa, sin antecedentes ni continuadores en América Latina. La más grande empresa editorial jamás soñada por editor alguno, que marcó a una o dos generaciones de lectores, con obras clásicas y contemporáneas. Sin Scorza no existirían muchos escritores y la obra de muchos no se hubiese difundido. A los lectores tendría que buscarlos la arqueología en estratos que están más allá de la memoria. Con el tiempo don Manuel llegó a ser presidente del patronato de Populibros, y a cederle oficina en una casona impresionante el centro de Lima, El Tambo; empresa que acabó cuando el alcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes, su profesor en el Leoncio Prado, retira de las plazas los quioscos donde se vendía, por presión de la iglesia, Scorza había publicado En Octubre no hay Milagros, de Oswaldo Reynoso, donde se mezcla el eros, la iglesia y la burguesía limeña.

Hijo de la lectura, del estudio, y del exilio, de sus viajes por América Latina y Europa, donde aguza su lucidez y el ingenio para ver las cosas y llamarlas por su nombre, hacerlas aéreas y comprensivas, vestirlas de lujo, convertirlas en imágenes llameantes, en metáforas sorprendentes, donde la edad de oro de la literatura española y la vanguardia de los veinte se funden en un abrazo, en una caricia, en el ojo de la mosca, Cervantes y Ramón Gómez de la Serna al mismo tiempo, los indigenistas puneños y Bretón en la misma respiración, Gonzáles Prada y el Inca Garcilaso en la misma copa, re elaborados en un taller de fina y novedosa joyería. Líneas por donde el viento pasa sin impedimento alguno, en una prosa accesible a cualquier lector; y no obstante, sin repetir ni de lejos las líneas maestras: Narciso Aréstegui, Ciro Alegría, José María Arguedas, o Churata, a quien es probable conoció en su visita a La Paz en 1952. Aunque los protagonistas históricos sean inamovibles, una plantilla que se repite desde Guamán Poma de Ayala, y que repite y repica la sangre de la historia: Cura, curaca, y corregidor, todo lo peor; traducido al siglo veinte: el terrateniente, el cura, y el juez. El neoliberalismo ha llevado esas instancias al mercado.

Narrativa cuyos orígenes se hallan en la poesía, como vertiente inagotable, y que ha de cubrir un ciclo de diez años. Scorza, el novelista, migra de la poesía, sin dejar su equipaje de lírida incontenible y de rebelde indomable, desde las aulas universitarias hasta la lucha en defensa por las tierras comunales junto al abogado y político Genaro Ledesma, al confrontar no solo a los terratenientes locales sino a las grandes compañías extranjeras que se hicieron dueñas no solo de los yacimientos minerales sino de las haciendas agropecuarias de Cerro de Pasco. Pero, como dije, antes, mucho antes, aun cuando ni el mismo lo sospechara, está la poesía. La novela le vino como un corolario inusitado, como una sorpresa que la vida le aguardaba, se hizo novelista a pesar de sí mismo, casi sin querer, y eso también fue motivo de cuestionamientos, como si el aguatero solo sirviera para llevar o traer agua y no para mirar al cielo, si nublado o despejado. Es importante señalar que Scorza tiene el don natural para contar, es un narrador nato, narra con profunda alegría, las historias y sus enredos le fluyen como el agua; y en todo momento el humor, la alegría, lo amparan sin que él se lo proponga, la paradoja, la chanza repentina, bordonea; lo cual, sin duda, molestó y molesta a los serios, a los solemnes, a los que tienen la sonrisa y el alma congelada. Scorza no es una narrador llano, es un fabulador de sustrato popular; es un conspirador contra la realidad llana, la dinamita.

Las Imprecaciones

Libro escrito por un hombre herido por el exilio, al que parte a los veinte años; herido por la ausencia de los suyos, de la pobreza, por los trabajos que un expatriado debe de afrontar para existir; que asume esa condición material y espiritual, siete años como ciudadano de segunda clase, en los cuales ha fermentado una poesía de verbo afilado, fulgurante como un relámpago, contra un sistema autocrático y corrupto, de inequidades, abusos, vulneraciones, en una época en la que América Latina estaba sumida bajo las dictaduras de Somoza, Perón, Batista, Odría, Pérez Jiménez. Sin ese contexto es difícil explicar Las Imprecaciones, de ahí que su naturaleza es indesligable de la historia. El poeta impreca, exige castigo para las tiranías, reclama por el derecho de la gente, se queja de aquellos que se apropian por la violencia de la propiedad colectiva, de los países, de lo material y espiritual. América es un campo de batalla, los obreros y universitarios son encarcelados, torturados, o deambulan desterrados por patrias ajenas. Es una guerra perdida, años perdidos, es el tiempo que le tocó vivir y al cual responde con veintiún poemas que hablan de la pobreza, la tristeza, la angustia, la frustración, la soledad, el castigo, las prisiones. Muy raras veces habla de la fe, la esperanza. Son poemas que no han perdió sus actualidad en tanto el Perú como América retornan cíclicamente a ese estado de caos; mientras la palabra sigue siendo la relación con la realidad, la única realidad confiable ante el poder fáctico. Martín Adán, habría dicho: regresamos al estado natural. La característica principal de estos poemas es la riqueza de imágenes, Scorza ama a la imagen literaria, a la invención retórica, esta vez al servicio de una poesía lozana. Dentro de este ciclo debe considerarse el poema Canto a Los Mineros de Bolivia, dedicado al movimiento liderado por Paz Estenssoro y Juan Lechín, donde los mineros asumen la vanguardia de las luchas sociales, por lo que es invitado por el gobierno boliviano a La Paz, en 1952,y con cuyo motivo escribe un informe acerca de la situación política y social de Bolivia, para ser leída en París.

En aquellos años la poesía social o comprometida es un requisito que el poeta debe cumplir como ser sensible, debe ser una especie de caja de resonancia de los dolores del pueblo, está comprometido con su sociedad y su tiempo, y no puede desentenderse de la situación dramática. Por esa actitud de rebeldía precisamente, Scorza es exilado y perseguido. Paradójicamente es el exilio que alimenta su poesía, por la que recibe los premios en la universidad de México en 1952, y luego el premio nacional de poesía en 1955, en el Perú.

De la misma época son sus poemas de amor. Crepúsculo para Ana, o Serenata, poemas que con los años han regresado a su fuente, a decir de Vallejo, es decir, al pueblo. Los exquisitos, los académicos, se hacen los desentendidos, lo que presumen de exquisitos, los que no saben nada.Ningún cuestionamiento crítico o académico podrá arrancar de la memoria de los amantes de la poesía, o solo de los amantes. Los poemas de Scorza, por más que quisieran hacerlo están ahí, como los de Bécquer o Neruda, ya pertenecen al pueblo, ya han regresado.

El surrealismo

No se sabe cómo ni cuándo, el poeta que hizo de la poesía una trinchera, el más terrible instrumento de lucha, la palabra, sorpresivamente aparece como un poeta donde la lógica y el mundo real se han roto para dar paso a un oxígeno encantado y desconocido, que tiene como única referencia la conciencia del poeta. No sabemos cuándo el poeta se hizo al puerto y a las barcarolas del albur. ¿Hay algo más allá de la poesía comprometida? ¿Cuáles son sus límites? ¿Qué otros compromisos, aparte del social, tiene el poeta? ¿Cómo y porqué salir de este compromiso, de este matrimonio hasta la muerte? Debieron ser las interrogantes que aquellos años, los sesenta, después de haber recibido el premio de Universidad Nacional Autónoma de México, y el premio Nacional José Santos Chocano, que rondaron sin descanso por la mente de Scorza. Y de sus amigos. Y de sus enemigos. Pero la poesía no es algo que el poeta se proponga, la poesía toma por asalto al poeta, al final el poeta es solo un instrumento, un medio, la poesía se impone sobre uno con el traje y con las muecas que le parezca, con el teatro sonoro o silencioso que se le venga en gana. Busca sus propias palabras y las emplea como solo ella lo sabe. Como una enfermedad maldita para la cual no existe cura. Solo el cambio, porque la poesía es el el más sutil vehículo del cambio. Así, Scorza amanece cualquier mañana con un país cuyos límites se han expandido hacia las regiones de la fiebre y la desolación, donde el eco de los osarios y de la fauna y la flora monstruosa, terrestre o marina, o aérea, han invadido sus sentidos, su lenguaje, sus alimentos su respiración ha cambiado. Los naufragios y sufragios del inframundo claman o se hacen a las playas del estío en la poesía de Scorza. Es inconcebible, para muchos es una traición, sin comprender que el ciclo de Las Imprecaciones y de Los Adioses, ha concluido, y que el poeta se encuentra en otro viaje, en un trasatlántico de seres complicados a los cuales debe nominar. Así como el ciclo de las dictaduras en America Latina ha concluido.

El puente a la novela

El poeta explica que la idea de la novela se le presenta cuando leía un informe político sobre Rancas, en París; siente en aquel momento que al documento le falta corazón, latido, sangre; decide entonces informar desde adentro, con aquello que sabe hacer: fabular, abrir la realidad, interpretar a sus personajes, invivirlos y mostrarlos al mundo como presencia singular. Como lo que eran , los exiliados del mundo, los invisibles, los muertos en vida. Exactamente eso, como un hecho inusitado, como una guerra silenciosa, una guerra que nadie ha visto, pero que está ahí, que mata gente a diario y que no tiene cuando acabar. Sin duda, esta es la motivación que nos remite al contenido, a la experiencia de aquellos años como agente y líder del Movimiento Comunal del Centro. La otra parte, viene de su experticia formal, del lenguaje, de su ser de poeta, de los recursos que maneja, de la temática y la matemática que lo ha conducido a ellos y en los cuales ha cosechado y se ha fogueado, y que concluyen en la Balada de los Pobres o Cantar de Túpac Amaru. Formas que vienen de la rica acumulación que lo han llevado a tocar temas como la rebeldía, la solidaridad, el amor, el desamor, la desgracia, el sueño, el absurdo, la vida misma, para los cuales ha forjado un lenguaje en cada circunstancia, una retórica que ha ido in crecendo, para lo cual se ha hecho de referentes universales. Nutrido de viajes, de una cultura vital como literaria, ha pasado por Neruda y por Vallejo, por los surrealistas latinoamericanos, ansía otro horizonte, otro vuelo, entonces vislumbra un cantar de gesta, un canto que comprometa vitalmente a un pueblo, a su historia, al principio elemental de la existencia humana y a los orígenes de la patria: la libertad. Para ello va al encuentro del personaje epónimo de la nacionalidad, sea por azar, por sus estudios, y gracias a la concurrencia de su grande amigo, el historiador Juan José Vega, tan amante de su poesía como de París, y de una cultura sofisticada. Vega, hijo del poeta indigenista Anaximandro Vega, ama al arte y a la literatura, como Scorza a la historia. Túpac Amaru, entonces se abre como una floración de mundos, una fiesta del pensamiento para cuyo abordaje tiene un presupuesto teórico y retórico, una visión y un lenguaje. Quiere un canto colectivo, quiere escuchar hablar a un pueblo, ver a los personajes en el camino. Una épica. El poeta ha vivido durante el siglo XX de espaldas a la épica de la realidad. Pero ha llegado Scorza con su fremitar de canto.

Entonces desata un poema río, un lenguaje que se desborda a sí mismo, que peligrosamente bordea la proclama y lo prosaico; donde aparece otra estética del verso, donde aparece el Perú con sus personajes reales y ficticios pero que hablan en nombre de los personajes reales. ¿Hasta qué punto, Scorza, cumple con su objetivo? ¿Hasta dónde satisface su anhelo de creador? Y la segunda parte de la circunstancia: ¿En qué recodo del camino decide abandonar el proyecto? Porque es cierto que pierde interés de acabar de escribirlo y publicarlo, al extremo que no existe mención posterior de su parte, cual si hubiese olvidado la maleta en cualquier paradero del camino. El texto, producido con tanto entusiasmo, al mismo tiempo que Redoble por Rancas, es abandonado en favor de la novela; eso ocurrió a fines de 1966. En enero de 1967 se publica el primer el primer fragmento, pero entonces el proyecto ha sido dejado de lado. Hasta que en 1990, siete años después de su deceso, editorial Peisa lo incluye en su obra completa, y aún, y así mismo, el texto que publica es incompleto, es el mismo publicado por la revista La Cantuta, porque nadie tiene los originales o nadie quiere hablar de ellos, hasta el día de hoy en que la fortuna nos permite exhumarlo en su versión definitiva.

En 1970, publica Redoble por Rancas, el primero de la pentalogía de la guerra silenciosa, (además de La Danza Inmóvil) en un periodo fugaz como vuelo de golondrina, diez años de inusitada gloria, de consagración internacional, diez años que pasan como un suspiro, Scorza se convierte en parte del jet set internacional de escritores. La balada de los pobres ha cedido paso a la obra del novelista, en algo más de tres años, tres años de escritura febril de Redoble por Rancas. La Balada de los pobre, o el Cantar de Túpac Amaru, cantar de gesta, rebosante, totalizante, donde habla un pueblo, ha sido el puente a la novela, donde la poesía se allana, donde Tinta, el lar de los Túpac Amaru se convierte en Yanahuanca (Cerro de Pasco), y la rebelión del pasado se traslada a las luchas campesinas de pleno siglo XX, cuando el ciclo indigenista se creía concluido y extinguido, aun cuando en la entraña de los Andes la hiperplasia crece purulenta , una guerra de la cual nadie quiere oír, nadie quiere hacerse cargo, el Estado y los medios atrapados por el centralismo son sordos y ciegos, los empresarios norteamericanos los tienen comprados, sus protagonistas son transparentes porque nadie los ve y nadie quiere verlos. De eso trata el texto, de esa transición; porque la pentalogía habría sido imposible sin ese arrojo, sin esa boutade que significó la Balada de los pobres. La Balada lo llevó a encontrarse con la novela y con el Perú de carne y hueso, con sus ojos penetrantes sin parpadeo, allí reside la potencia contenida de estos cantos, de esa fuerza que en algo más de tres años se transforma en novela y se convierte en éxito mundial, cuando ya se llama Redoble por Rancas.

La balada de los pobres

Scorza, espíritu versátil, inicia el cantar con el afán de superar dialécticamente su obra poética; después de haber cantado a la patria desgarrada, a los amores perdidos, de haberse hecho al encantamiento onírico, luego de haber descubierto su registro poético al fin, como si fuera un abanico, señala para sí distancias de mar adentro, y a la manera de Walt Whitman, con ese verso ancho, generoso, de a pie, y con las resonancia de Saint John Perse, y un sistema sinestésico nuevo en su poesía, en cuyo interior privilegia a la épica del individuo sin soslayar la colectiva; con versículos con cesura, donde modela la entonación del canto, concluye en treinta cantos o partes que componen el cantar de gesta. Generoso de epítetos para caracterizar a sus personajes múltiples, y el uso continuo que viene la prosopopeya, al darle atributos a las emociones, personalidad a las pasiones: la Ira, la Esperanza, construye un mundo propio autónomo, que no es poesía histórica ni depende necesariamente de ella.

Una breve explicación de lo que fue la gran rebelión inicia el libro, en ella señala la fecha en la que se inicia el movimiento, el lugar: Yanaoca, donde es capturado José Antonio de Arriaga, el más voraz, el más temible de los corregidores de su época, arquetipo del mal, luego advienen treinta cantos, dos de ellos de extensión mayor, el primero y el octavo, figuran al gran movimiento. No existe en ningún momento una relación estrecha o paralela entre el cantar y la historia real, la síntesis que esboza del proceso histórico lo aproxima más a una alegoría, a una caja de San Marcos alegórica, aunque su deseo inicial posiblemente hubiese sido narrar como narran los cantares de gesta, a través de su vasta imaginería. En esa síntesis y luego en el primer poema, por ejemplo dice que un año duró la pelea, la verdad histórica es que duró algo más de dos años la encarnizada lucha, y sus consecuencias inmediatas se prolongaron por lo menos tres más, con la cacería de rebeldes que emprendieron los españoles.

Poesía dramática, narrativa, habitada de personajes reales y ficticios, de este y el otro bando, que le dan movimiento interno en cuanto actúan y hacen la trama de los poemas como la vida misma, la estructura donde la palabra sirve al motivo, a la razón de ser del poema. El canto es un sinónimo de lucha, en cuanto ambos tienen el ímpetu del entusiasmo, el embate,la alegría por la cauda, el retorno a la raíz de la vida. En cuanto a los personajes, el proceso está en la enumeración de ellos, imágenes de una migración, un flujo democrático casi interminable, personas con sus rangos, sus cargos, habilidades y discapacidades, el ojo del poeta se detiene y en la multitud persevera en el individuo, no es una multitud anónima, es la humanidad con nombres y apellidos, donde todos se conocen, se hablan, cohabitan, se llaman.

El primer canto, dedicado al autor teatral y rebelde de la cotidianidad, Manuel Solari Swayne, y algunos de los subsiguientes, son una convocatoria, un llamado a las gentes, un canto a la multitud, a su inmensa variedad, a sus diferencias, a sus costumbres, a sus ocupaciones, a sus comidas, en confabulación plena con los animales, las águilas, los búhos, las serpientes, aquí aparece el Scorza telúrico, panteísta. Canta a la gesta de Túpac Amaru, pero también al Perú, a sus riquezas naturales, a sus paisajes diversos, a su heterogénea composición social, esta es la heterogeneidad, es un poema que a medida como avanza despliega la mirada sobre un territorio extraño y generoso. Un maestro de aula, tiene aquí una visión panorámica de la complejidad que tiene el país, sin regionalismos, sin diferencias aldeanas, solo como elementos de un todo complejo, sin arbitrariedades ni egoísmos, es la migración humana, la concurrencia de la humanidad. En el canto seis aparecen personajes reales, aquellos que ejecutaron la celada para capturar a Arriaga: Andrés Mendigure, tan joven pero al mismo tiempo tan osado y decidido, y que en la historia real es el guerrero con mayores éxitos bélicos en toda la gesta, sobre todo después del sacrificio del Inca; Antonio Bastidas, hermano de Micaela, hombre reflexivo; Diego Cristóbal, primo hermano de José Gabriel, personaje principal de la rebelión que al ser capturado el Inca asume el mando y prolonga la guerra en el Kollao, por un año más desde Azángaro; Parvina, se refiere a Tomás Parvina, que como Miguel Bermúdez de Chumbibilcas y Diego Verdejo de Caylloma y otros españoles, se hicieron a la causa de la gran rebelión; y Micaela, de todos conocida, la esposa del líder, pero además jefe de logística, organizadora y combatiente. Es el Estado mayor de Túpac Amaru.

El canto ocho, titulado (a diferencia de los demás, que no tienen título) como Reunión de la cólera, se refiera a la movilización de los ayllus, como evidencia de la organización del antiguo Perú, no son las gentes, los tumultos desorganizados, los que se hacen presente, es la estructura social viva con sus dirigentes, los Varayocs, los que vienen al combate. Y es, entre la multitud anónima que algunos tienen nombre, el poeta los llama por sus nombres, aunque ellos no hayan existido en la realidad histórica, así la multitud tiene nombre, no es una sombra, no una mancha de gentes: Miguel Samalva, el Viejo; Andrés Condorpusa, el campanero; Gregorio Malqui, el Legañoso, Francisco Frinancancha, el Yerbatero; Narciso Puyucawa. Es más, en las comunidades andinas preferentemente, la persona que ejerce autoridad no sufre discapacidad alguna, marca o secuela física, sin embargo el poeta, a sabiendas, rompe con el tabú: así Nicolás Sanka es tartamudo; Gregorio Malki, legañoso; Juan Canke tiene el labio leporino; Pedro Silva Condori es tuerto; gente desnarigada por la uta. De esta manera el compromiso es para todos, los que padecen algún mal también pueden ser autoridades y está comprometidos con la gesta. Tal vez hay otra forma de interpretar esta transgresión a la costumbre, y considerar que es gente marcada por la naturaleza, son illas, es decir gente sagrada. Y gente que más allá de su discapacidad va a combatir. Solo queda aclarar que Nicolás Sanca es un coronel lampeño, que incendió Lampa, estuvo en el gran recibimiento que tuvo José Gabriel en 1980 en esa ciudad, ocasión en la que fue juramentado junto a Andrés Ingaricona, asesinado por los españoles mientras custodiaba la ciudad, en tanto Ingaricona combatía en la toma de Puno, los primeros meses de 1782; y no fue tartamudo. Este canto está dedicado a Juan José Vega, su amigo en Lima como en Chosica o en París, historiador tupacamarista, que sin duda fue su fuente oral, con quien compartió conversaciones como lecturas.

Juan Malqui, Morkos Malqui, Marco Torres, Juan Contara, Blas Quiñones, Carmela Canke, María Malqui, Pedro Pomainga, son nombres ficticios con los cuales identifica a la inmensidad anónima. En cambio Marcela Castro, Tomasa Tito Condemayta, Micaela Bastidas, son nombres de la basta y fecunda martirología femenina tupacamarista. Marcela madre de Diego Cristóbal Túpac Amaru, fue torturada bárbaramente antes de ser asesinada; Tomasa Tito Condemayta, la segunda figura política de la gran rebelión, una cacica, después del Inca; Y Micaela, reconocida ampliamente por la historia. Ellas aparecen en la Balada de los pobres, como en un juego de simetrías que Scorza maneja a lo largo del poema. También los españoles tienen nombres prestados a la ficción, el coronel marqués de Rocafuerte, el coronel Ocampo; así como están los reales, como el del Mariscal del Valle, el comandante general del Ejército del rey.

En los cantos subsiguientes continúa la marcha de los campesinos para derrotar al poder, la marcha y/o la balada, que para este caso son lo mismo, en versos que fundamentalmente crean el oxígeno, la sensación, de aquel tiempo complicado, con versos como ¡Oh días crinados por el verde penacho de los gritos! Sinestesia que nos instala en la poesía misma tanto como en la estancia bélica; sin abandonar las referencias de la realidad, de ciudades que son afectadas: Puno, Chucuito, La Paz, Sorata, que son un anclaje en el motivo del canto. De pronto, entre sus recursos, emerge el yo, la primera persona, que como un reclamo de la eidesis, que la realidad sea realmente real, que estén al mismo nivel de los otros personajes reales o ficticios, es el soldado anónimo que combate, que grita que reclama. La carne viva. Yo. Cada estancia del poema está dedicada a un aspecto o momento de la gesta revolucionaria, de pronto es la expansión del movimiento o la aparición de los episodios más importantes, como la batalla de Sangarará, sin ser evidente necesariamente, y así aparecen los personajes españoles, los corregidores Cabrera o Landa, el juez Mata Linares, o el Virrey Guirior, sin personalidad propia dentro de la narrativa sino como valores exponenciales de la colonia, de España, de la otra parte, de los que combaten a José Gabriel.

Tampoco omite a los curas, obispos, arzobispos, ellos mixturan la extensión del canto, que tiene su clímax cuando habla del Obispo Juan Moscoso y Peralta, verdadero Fouché de su época, un Vladimiro Montesinos; maquiavélico, oportunista, complotador, y tránsfuga. No hay que olvidar que cuando José Gabriel es capturado y entregado por el Mariscal del Valle a José Antonio de Areche, en una marcha macabra es custodiado por mil doscientos soldados, pero además por trescientos dominicos, son estos quienes lo guardan durante semanas en la cárcel que no hasta hace mucho había sido cuartel de los jesuitas, antes de ser descuartizado el 18 de mayo de 1781. Curas y seminaristas, organizados por el obispo Juan Manuel Peralta y Moscoso, que se adelantó a la defensa del Cusco, antes que llegara el Ejército del rey, tomaron los fusiles para repeler a los rebeldes en enero de ese año, cuando el Inca intenta tomar el Cusco. A ellos Scorza les endilga una anáfora profana que proviene de los rosarios católicos, y al obispo Mosco y Peralta, en el canto dieciocho, que es un recusación a la iglesia católica, absolutamente actual.

Tres cantos dedica a la toma del Cusco, los diez primeros días de enero de 1781, en ellos antes que las acciones bélicas están las emociones, las pasiones, la ebullición social, el movimiento de la gente. Es una exultación de la lucha y de los combatientes de la gran migración, gentes traídas en defensa de sus derechos contra el imperio español. El canto veintinueve es singular en tanto trata de la batalla de Checacupe y su posterior captura del Inca por la traición del cura de Langui o de su compadre Santa Cruz en Combapata. En el juego de simetrías, como oposición al poema anterior, el que viene, es uno dedicado a Areche, a su tarea como agente principal del terrorismo de Estado, que se vale de todos los medios para sojuzgar al gran movimiento, incluida la delación y la traición. Areche, que finalmente es castigado por elusión de fondos, por su propio sistema. El cantar concluye con un Harawi andino, una canción de beneplácito de plenitud, en homenaje al combate permanente por la libertad.

Estos poemas bordean peligrosamente la proclama, el manifiesto, la reivindicación campesina está encima del dato histórico, el grito libertario y la ternura misma sobre la fidelidad con el hecho consignado. Los nombres totémicos le dan el color de la tierra, el sabor de sus manantiales, los nombres de las gentes nombran también la esencia de las cosas, las tocan en cuanto cada persona es un agente del cambio a nivel físico y metafísico. En él podemos sentir los mitos soterrados de una antigua nación. El valor supremo para el poeta Manuel Scorza es la justicia social, la justicia para los pueblos, para los sin rostro a quienes él les devuelve su identidad.

Túpac Amaru significa la rebeldía de todos los tiempos, es el arquetipo del hombre noble, que se desposee para dar a los demás, íntegro en sus principios, consecuente hasta la muerte. Es la padre de todos los libertadores, Bolívar o San Martín, que cuarenta años después acudieron al Perú para romper el nudo con España, nada de lo que hicieron se podría explicar sin su sacrificio, sin la muerte de más de cien mil personas y las decenas de mártires crucificados, ahorcados, asesinados a traición. Cientos de perseguidos y encarcelados.Como dije, el poeta no concluyó el extenso poema, se trata de un texto inconcluso; fue sorprendido por otros avatares; por eso acusa cierta inconsistencia histórica, vacíos. Y sin embargo debe ser comprendido como lo que es, como un fragmento griego detenido el tiempo, como un friso latino, como una pared mochica o un muro Inca destruido por el tiempo pero que a los ojos de las nuevas generaciones bastan para figurar lo que fueron o lo que pudieron ser. En este extenso poema hay que apreciar la inspiración del poeta, su versatilidad, y los valores de los cuales está insuflado. Túpac Amaru lo atrajo como atrajo a Alejandro Romualdo, autor del Canto coral que es la libertad o a los muchísimos pintores que finalmente le han dado rostro, cuerpo, presencia.

Acerca de esta edición

– El 8 de enero de 1967, el suplemento Dominical del diario El Comercio, publica el Canto I, (incompleto) dedicado a Manuel Solari Swayne. La nota de redacción de la edición del Dominical del 25 de agosto de 2013, al recordarla treinta y seis años después, indica: “El 8 de enero de 1967 se publicó en el Dominical La balada de la guerra de los pobre. Un poema que iba a ser parte de un libro que tenía a Túpac Amaru como personaje principal. Esta obra formaría una trilogía dedicada a América, que Scorza jamás pudo concretar. Actualmente, el poema se conoce también como “Cantar de Túpac Amaru”

– La revista Cantuta, dirigida por Manuel Velázquez Rojas, en periodo rectoral de Juan José Vega, publica once cantos. Estos cantos están fechado en 1966.

– Editorial Peisa reproduce en la Obra Poética, el 1990, los once cantos publicados en la revista Cantuta, con el título Cantar de Túpac Amaru.

– Para la presente publicación se han contrastado las fuentes señaladas. Por primera vez se publica la versión completa del Cantar de los Túpac Amaru, conocida también por su subtítulo, Balada de la guerra de los pobres. Fue entregada por Lily Hoyle, la primera esposa de Scorza a Jaime Guadalupe.

2 comments on “Prólogo a Cantar de los Túpac Amaru, conocido también por su subtitulo, Balada de la guerra de los pobres de Manuel Scorza. Omar Aramayo

  1. Pingback: Prólogo a Cantar de los Túpac Amaru, conocido también por su subtitulo, Balada de la guerra de los pobres de Manuel Scorza. Omar Aramayo – Comunidade UNILA

  2. Peru milenario, pueblo exquisito de poetas.

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