Shullay. Luis Flores Prado

Luis Flores Prado ha estado haciendo un paciente trabajo de recoleccion de historia oral el la Sierra de la Libertad, cosa que ha ido compartiendo en su pagina de FB, y compañando de fotografias documentales. Son diarios de viaje que nos muestran a los andes del norte, que son poco estudiados por la critica y las ciencias sociales. Acaso esta labor, enfocada en  testimonios y  experiencia vitales de la gente, es mas profunda que los programas televisivos de viaje, que si bien dan una idea del pais, ello se hace pawaychalla. Pero en esta obra Luis, como se ve en su propia presentacion  a la obra en Celendin Libre, ha ido tejiendo las historias recogidas en una obra de teatro. Esta es una propuesta y practica literaria nueva, mas alla del autor individual. Cosa que celebramos. Gracias Luis.

Esta   es la presentacion de Luis:

SULLAY
TEATRO PARA EL OPRIMIDO
Agradezco a la pagina de Celendín Libre por la difusión. No me refiero a la fotografía, que es de unos añitos antes y gracias a Godofredo Morillo. Sino a la difusión de unas tradiciones orales esta vez de la opresión del campesinado, estas se han ido mitificando en el tiempo; algunas de ellas estan sustentadas en videos, audios otras han sido recogidas al vuelo, en los viajes a esos pueblos lejanos de Marcabal, (San Alfonso gracias a Dhennyz Rojas Bringas) Piedra Grande, LLuchubamba, Maraybamba (Casahuate y Nayhuapata gracias a Richar Vargas). Pero también a la resistencia y lucha de los pueblos que las grandes mineras trasnacionales pretenden avazallar.
Mi labor no ha sido juzgar sino hilvanar y dar consistencia desde la perpectiva de campesino oprimido, avazallado a travez de la historia.
Esperamos su comprensión así como la puesta en escena.

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Campesino actual de las alturas de Lluchubamba. Recordando de la Hacendada de Casahuate. fotografia 2018 Luis flores Prado.

SHULLAY

Luis Flores Prado

A la lucha de los pueblos de Fuerabamba,

Tía María,

Celendín,

Chorobamba,

a la centenaria sangre derramada,

a su heroica resistencia.

 

Materiales y Escenografía:

Para la escena del Cushpiu usar dos alas independientes que lo muevan dos actores al unísono. O un solo personaje con alas bien grandes. Estas alas deben llevar una docena de cascabeles cada una y sonar a la misma vez.

Tras bambalinas debe haber una plancha de metal delgada que al agitarlo tenga un sonido parecido al rayo o a los truenos. Personajes:

  • Don Peña, anciano de 70 años, cuenta como las tradiciones míticas del lugar, De rato en rato hace sonar su checo de cal, se ha dormido con el “bolo” en la boca.
  • Margarita, mujer joven de 25 años. Movilizaciones ronderas, dirigente.
  • Don Roger, viejo campesino curtido, 80 a 70 años, está durmiendo sobre un pañolón negro de su mujer, se han tapado con su extenso poncho de color habano. Cuenta los tiempos de la Hacendada.
  • Doña Melcho, anciana de 70 años, esposa de don Roger. Viste de campesina pobre, en una bolsa de yute, ropas y algunas botellas, cancha trapos.
  • Imelda, una joven de 19 años, con casaca abrigadora moderna, chullo, guantes, está envuelta con una manta amarilla, lleva una mochila con un termo, ponchos de agua, esta recostada al costado de Margarita.
  • Ana María Ramos. Hacendada de Casahuate.
  • Samuel: Campesino en tardía rebeldía contra la difunta hacendada.
  • Doña Asuciona. Campesina una de las dueñas del bosque talado.

Don Peña, doña Margarita, don Roger, doña Melcho e Imelda descansan sobre paja de cosecha o sobre caronas viejas en el Centro Izquierda del escenario. Esta arropados con ponchos, rebozos, mantas, todos vestidos, son campesinos, algunos llevan botas viejas de jebe otros llanques. Don Peña está haciendo sonar su checo, y mira que todos ya se han acomodado para dormir y duermen; se limpia los labios, tapa bien el checo, y se arropa con su basto poncho, sobre todo las piernas, se sube la chalina y vuelve a bajarla para soplar una vela que da luz al grupo.

 

ESCENA I

Don Peña: Ya está madrugando cho. – (Sentado, como comentando a quien este despierto).

Don Roger: ¡Alay oigaste! ya empieza la helada – Responde medio soñoliento tapándose.

Don Peña: Hasta más de un ratito noma.

Don Roger: Digaste… falta poco pá que amanezca…

(Silencio … y la lluvia que empieza a sonar afuera cada vez con más intensidad, se oscurece el escenario, suena como rayo una plancha de metal, después un relámpago ilumina, al centro ha aparecido un inmenso Cushpiu, en sus grandes alas doce cascabeles en cada lado, los agita rítmicamente Shilín shilin shilin recorre entre dos puntos simulando el vuelo alto, entre relámpagos y después oscuridad y el grito: Cushpiuu Cushpiuu Cushpiuu …el viento y el silencio nuevamente.

Margarita: ¡Oyen! ¿lo han escuchaó? – (Pregunta al oscuro, mientras prende una linterna y pasea la luz por el escenario).

Don Peña: ¡Si pue! Clarito digaste – Incorporándose

Imelda: ¡Da miedo ese animal oigaste! Nos ha desvelaó, clarito a brillaó a la luna.

(Don Peña se ha incorporado a prender de nuevo la vela, y Margarita apaga su linterna, los demás duermen, don Peña acomoda la coca en el hoyo que hace su poncho entre las piernas, y mientras escoge las hojas, empieza a narrar).

Don Peña: Yo lo he visto una vez nomá; tabamos por aquí en las jalcas; íbamos de arrieros, escampábamos del aguacero en una cuevita. Afuera ya se había serenaó y díun de repente empezaron a bramar los cerros…

Margarita: ¡Qué va hacer oigaste! – (Media incrédula.)

Don Peña: Así como bueyes, así era el rumor, fuertón y diun de repente, sonó como calamina, y acasito nomas lo vimos, oigaste. Era como un cóndor, blanco, blanco, salía desde el Cerro Caure, pero era leche, leche oigaste, shilín shilín shilín sonaba sobre nuestras cabezas, cosa sería muchachas. Y así se fue a dar a Las Escalerillas ese cerro azul que para tapaó de nubes.

Imelda: ¿Y qué animal es ese pue?

Don Peña: No, no es animal, ese pájaro no es de carne y hueso. Ese tiene su hora nomá. Y solo sale en las noches, ese es el Cushpiu pue. Es el guardián del oro decían los antiguos, a veces a los caminantes los atolondra, y si están solos en las punas les hace vomitar sangre, mi mamita decía que vuela a veces bajo la tierra, como siguiendo callejón, callejón, así decía.

Margarita: ¡Tan bueno que hemos estado conciliando el sueño! apagueste la vela pá ver si descansamos un poquito, aunque sea. Hemos caminado todo el día: mañana y tarde

Don Peña: Será pue. – (Sopla la vela, pero él se queda sentado echándose el “bolo”. Su “checo” suena de rato en rato, nítido, en la oscuridad, este ritmo se va combinando hasta que lo anula con el de un sonido seco de tacos enérgicos sobre la madera.

Un rebenque revienta en el aire, y una voz femenina, aguda y mandona, grita desde la oscuridad).

Ana María Ramos: ¡Indias vilputas que se han creído para que se duerman!

(Y desde la semioscuridad desde el foro derecho hacia el centro, emerge una mujer pequeña, con rizos casi dorados y cortos, enérgica, vestida íntegramente de rojo, un rebenque en la mano derecha).

Ana María Ramos: ¿Dónde ha ido la Simona? ¡Que el agua para lavarme esta fría! (Mirando a la distancia) ¡Qué carajos! Nadie ha sacado los animales al pasto. (indagando hacia atrás) ¡Agucha! ¡Levántate india a planchar mis vestidos! (mirando a tres cuartos a la izquierda y elevando la mirada a la altura) ¡Haber, que el cholo Agapo suba al terrao y baje las papas para los peones! (increpante hacia el frente) ¿Qué están esperando para traer la leña? (mirando tres cuartos hacia la izquierda) ¿Ya está ensillaó mi caballo? (increpante mirando hacia el piso) ¡Lerdas! ¡Escarmenen bien la lana! (levantando el brazo izquierdo y crispando los dedos y agitando la mano) ¡Que venga el viejo Roque a darme las cuentas! ¡Qué el cholito Shilbe lleve este parte a la hacienda de Don Fermín!, ¿qué dices? ¿que no tienes llanques? ¡Así nomás! ¡Rápido, rápido! ¿Cómo que no llueve y no llueve?¡Un almud de trigo por cada arrendatario! ¡Nada más! (caminando hacia la boca del centro del escenario, persignándose y simulando mirar altas paredes) ¿Ya agarraron las goteras de mi capilla? ¡Qué importa la altura, suban nomás! ¡Miren las goteras en el altar mayor! (retorna hacia el centro derecha del escenario, mirando a la lejanía) ¡indios jijuna gran puta, se están metiendo a la hacienda! ¡Mañana madrugan a marcar los linderos! Sino: ¡juicio y bala! ¡bala!

(Se adentra en la semioscuridad se torna oscuridad total, resuena un disparo y se enciende a media luz el escenario todos duermen, Solo doña Melcho, bajo el pañolón tiene movimientos cercanos a un espasmo, una pesadilla de la que no puede salir. Don Roger prende una linterna de mano, ubica los fósforos y prende la vela, los espasmos de su esposa siguen, va despacio a Margarita y lo mueve diciéndole):

Don Roger: ¡Oye china! présteme su faja, a mi compaña lo agarraó la pesadilla.

(Margarita revolviendo la ropa en su pañolón, sacando una faja chazhi)

Margarita: Aquí está, aquí esta oigaste, (entregándole la faja y mirándola a la viejita) ¡ay la mamita! ¡Qué pesadilla le habrá agarraó!

(Don Roger extiende sobre su cuerpo de doña Melcho la faja, pausadamente deja de crisparse. Se incorpora con esfuerzo, se enjuaga el sudor de la frente con el pañolón, se sienta, ante la mirada asustada de los demás que se han ido despertando).

Doña Melcho: ¡Ay taytito! ¿Qué irá haber hoy?

(Imelda mientras pasaba la escena anterior, saco de sus cosas un termo y ha vaciado un poco de su contenido en una taza, la que alcanza a la anciana).

Imelda: Tómeste su agüita de coca, un poquito más que sea.

Doña Melcho: ¡Gracias niña! Dios lo pague. (tomando a tragos cortos)

Don Peña: A veces cuando agarra la pesadilla es bien feo oigaste ni respirar puede uno, y es malo que lo despierten en plena pesadilla.

Don Roger (acomodándose en un poyo): ¿Y voz qué pue has estado soñando?

Doña Melcho: (Arrebozando a su espalda el pañolón) Lo                                   he visto clarito a la hacendada de Casahuate, a doña Ana María Ramos. Así cuando salía a recorrer en su caballo toda su hacienda, agarraó fuete y no pue, cuando estaba de mal genio, se ponía su traje rojo, así lo he visto. Escuchaó su voz aquisita noma.

Don Roger: Ay esa vieja maldita, no nos deja ni en la vejez. Debe estar revolcándose en su tumba.

Doña Melcho: Estaba como siempre mandando de uno y otro laó, gritando a los pobres campesinos, siempre con rencor.

Don Peña: La famosa hacendada de Casahuate; (refiriéndose a las dos jóvenes) ustedes no lo han llegado a conocer, ni han conocido esos tiempos. Tiempos que los hacendados iban a caballo con revolver al cinto, en sus talegas llevaban los nueve décimos, ¡plata! Había uno que llegaba al pueblo con sus dos perrazos, en cada uno una alforja con plata a ambos laos, a ver quién se acercaba. Pero doña Ana María Ramos era la más maldita.

Don Roger: Nosotros hemos la hemos servido pue; en esos tiempos eran quince días pa la hacienda y quince días para nuestro arriendo, aparte de mandarle un cholito maltón o chinita pa su servicio. Que pue a veces nos ganaba las lluvias, o otras no quedaba tiempo para aporcar las papitas, otras tierritas, parcelitas nos daba al partir, y ahí nos quedaba alguito para comer. Recuas de mulas cargadas llegaban a la hacienda; los capataces gritaban por un laó y otro y la vieja en caballo se abría paso entre las mulas. Tenía varios maridos, uno de ellos recuerdo que se aburrió de estar en la hacienda, agarró una mula y salió al galope al pueblo, la vieja Ana María Ramos ensilló ella misma su caballo y al tantito lo vimos que lo alcanzaba en la bajada de Pallar Alto, acercó un tantito el caballo y le metió un tiro al hombre, y así nomás volvió a la hacienda, cuando alguien pregunto más tarde, dijo: “me estaba robando el sinvergüenza”.

Doña Melcho: Pá que ya acordarse de lo malo de la difunta; cuando ya viejita, no podía caminar y menos montar, pero nos hacía que hagamos una angarilla.

Imelda: ¡Y cual es pue la angarilla?

Margarita: ¡Que pue tanto estudio en la costa y no sabes! La angarilla es como una camilla, pero más grande pue.

Doña Melcho: Ancianita ya, pero iba a adorar el amito de Marcabal; salíamos de madrugao, las mujeres llevando ollas, ropas, velas, comida y sus peones: cincuenta o setenta hombres venían desde abajo del temple, los indios prietos de arriba de la jalca, gente de todos lados de su hacienda, atravesábamos las alturas, los pajonales donde el viento helaó soplaba toda la mañana, a veces entre la cordillera, por caminos llenos de lodo que solo usaban los arrieros en viajes largos, así, así llegábamos y la viejita se iba adorar al Amito, ¡Devota la viejita!

Don Roger: ¡Qué devota ni devota! Yo he sido turno una vez, se había quedado en Marcabal hasta terminada la fiesta del Amito, y nos mandó con un propio para que vayamos a recogerlo, cantidad de peones nos madrugamos hasta Marcabal, más de ocho horas de caminata; lo estábamos trayendo y se le antojó a la vieja quedarse en Agocás, en una donde su comadre, que dizque saldría al otro día por la tarde; ¿y nosotros? No teníamos donde quedarnos en esa media puna, dónde comida, donde pá dormir, la mayoría se fue de nuevo para a sus querencias más cercanas, a travesar la cordillera, unos pocos nos arrejuntamos y ahí en el piso amanecimos calea y calea, ya ni coquita teníamos pal amanecer, de hambre todo el día, ya cerca al medio día de nuevo llegaron los demás peones, todos débiles, y a ella que le importo si dormimos o no, si comimos o no. Nuestras uñas negras por la caminata, se zafaban del dedo y sangrando todo el camino llegábamos a la hacienda. ¡Devota!

Don Peña: Lo quería mucho a la Virgen de Loreto, por eso cuidaba mucho su capilla ahí en la hacienda, cada fiesta ella sacaba los cálices de plata, las cruces de oro, ponía las velas a sus abuelos que estaban enterrados. Y ahí se mandó enterrar cuando se murió y ahí esta tobía.

Don Roger: A ella lo enterramos en el suelo pue, pero hará unos 30 años había plata en la comunidad y mandamos arreglar la iglesita, le pusimos cemento al piso; y para eso sacamos a la muertita, mientras tarrejeabamos, paramos el cajón a la entrada de la iglesia; ahí fue que el cholo Goyo, abrió la ventanilla y ahí pue estaba, reseca la hacendada, todos lo rodeamos a ese cajón lleno de polilla, el difuntito Samuel, así cojo como era, rengueando se abrió campo:

(En los últimos diálogos la luz ha ido bajando a los actores y encendiéndose en intensidad en el foro de la Izquierda. Aparece el Samuel, rengueando, viste una camisa remangada, visera vieja, zapatos grandes con restos de cemento, en una de sus manos trae un badilejo)

Samuel: ¡A ver pue! ¡Ahora ponte tu traje rojo! ¡Ahora revienta tu fuete en la espalda de los pobres peones! ¿Dónde pue están tus capataces? ¡Suelta ahora tus perros bravos! ¡Ahora pue! ¿Qué son de las brindas de plata que tanto se lucían en la fiesta? ¿De las espuelas que hacían chorrear sangre al Lucero? ¡Mira! Esa ya no es tu casa hacienda, ¡ese, es nuestro colegio! ¡En esos tapiales esta la sangre y sudor de mis abuelos! ¿Y de los tuyos? ¿Dónde? ¡Aquí pue el rengo, yuntero en mis propios terrenos! ¡Los caminos son del pueblo, y no de los hacendados carajo! (tira el badilejo y se está retirando y se vuelve) ¡Vieja de mierda! (escupe al vidrio y sale rengueando por el foro izquierdo, se vuelve aprender las luces iluminando a los que cuentan, don Roger hace sonar el calero, se introduce la aguja en la boca y continua el relato)

Don Roger: Ella pue había pasado el caballo encima cuando él aún joven por eso su pierna torcida. Aunque no era para risa algunos cholos le decían al cadáver: ¡Ah ver pue doña hacendada, grítenos ahora pue, cual es pue su tierra, nadita le queda, tanta sangre y sudor pá esto! El sacristán medio serio cerró la tapa de la ventanita y nosotros ya no la enterramos en el piso, sino en la pared y ahí está todavía, ya casi se han olvidado la gente de hoy.

Doña Melcho: Por eso será que siempre lo soñamos a la difunta, a veces lo sueño haciendo sus cuentas, se pasea en su hacienda agarrao su cuadernito, suma y suma, y se acerca a nuestra cama y sopla frio, esto es amaneciendo ya.

Margarita: Ah, Fea historia, esos tiempos se acabaron con la muerte de la difunta, después vino la Reforma Agraria y ahí los indios prietos de las alturas no dejaron piedra sobre piedra de la casa hacienda, llevaron todo, quemaron el cuarto donde colgaba a los peones castigaos, ahí se encerraba dicen a flagelar a los campesinos rebeldes, los colgaba, así contaba mi papacito ya difunto.

Después llegaron los familiares de la difunta a punta de bala recuperaron una gran parte de la mejor tierra, estaban ya quitándonos todo de nuevo, y en ese tiempo llegaron los guerrilleros, ya no pudieron hacer nada los nuevos hacendados, algunos hijos de hacendados desde el pueblo acusaban a los comuneros de estar con los compañeros de la guerrilla, al final solo escuchábamos por la noches que se contestaban entre ellos; Después ya ni noticias, todo se quedó mudo, y de nuevo empezaron los descendientes de los hacendados a reclamar sus tierras, vinieron con fiscales, jueces, policías. (Se atenúa las luces sobre la narradora, un sonido a sierra sobre madera de impone, el de hachas golpeando y desgajando madera y desde el foro de la izquierda emerge una campesina ya entrada en años)

Doña Asuncióna: ¡Malditos! Déjenos pasar, señores policías miren lo que están haciendo con los arbolitos, ¡son seres vivos! ¿Quién ha ordenado que los corten? ¡Todo el bosque de frutales de Chorobamba! ¿Ustedes a quién dan la razón? Nuestros árboles tienen más de 25 años de sembraós, ¡Miren… miren las paltitas verdecitas! ¡No sean malos! ¡Qué les ha hecho los arbolitos! Dígale que pare ese hombre con la sierra, ¡Oiga! (corre a otro lado) ¡Oiga pare la sierra!, muestre los papeles donde dice que los tumben! Shi shi caishita, y así dicen que debemos respetar la paz y ustedes con armas, ¡Servidores de la maldita mina! ¡Desgraciaos! (impotente arrojando las paltas, simulando tirar sobre los escudos de la policía, mira hacia atrás simulando llamar a los campesinos) ¡Aquí!, ¡aquí compañeros! ¡Ve! está bajando también la viejita Micaela, se va a rodar por la peña, ¡doña Micaela espere!, ¡Espere! Yo le ayudo. (se retira por el foro izquierdo)

Margarita: Después fuimos todos a reclamar al pueblo, ahí nos enteramos que este nuestro terreno ya no era nuestro ni de los descendientes de los antiguos hacendados, lo había vendido los malditos a la mina, revolvimos nuestros papeles, nada se ha podido hacer, a las semanitas nomas nos enteraos que había denunciado el agua de la laguna para su mina, ¿y agua pa nuestras chacras?, ¿para dar de beber a los animalitos?, ¿pa tomar?, ¿de dónde pue? por eso compañeros estamos aquí, ¡Organizados! pá defender nuestras lagunas, nuestra agua, por eso estamos trasnochando, ya los compañeros deben estar llegando a la falda de cerro, todas las comunidades, los caseríos, el pueblo…

(Suena en la oscuridad un disparo)

Imelda: ¡Oí! ese fue disparo, (abriendo los ojos y levantándose)

Margarita: Ya están ahí seguro la policía, como siempre de lado de la mina, a ellos le pone carro, alimentos, les paga, para que nos disparen y persigan, vamos a acompañar a los compañeros ronderos que ya están luchando en la defensa de la laguna, ¡pá eso hemos venido! Todos el pueblo del Perú contra los explotadores mineros. ¡Vamos compañeras!

(Todos se ha ido parando y dos de ellos han levantado una pancarta larga y grande sobre el fondo blanco dice en letras rojas: ¡Agro si! ¡mina No! se ajustan los pañolones y rebozos, las mochilas y se alistan a salir)

Margarita y Imelda y todos:

Agua sí mina no.

Agua sí mina no

Abajo las trasnacionales mineras

¡Abajo!

Viva la lucha de pueblo.

¡Viva!

(salen agitando)

El escenario nuevamente en oscuro y la música empieza a surgir e iluminarse el espacio donde el cushpiu baila al ritmo de la música y de las coplas:

Pallas:              De la jalca vengo de sufrir el frio

por venir al pueblo con este cushpiu. (bis)

Cushpiu:          Estas ardilosas han ido a escucharme

no han dormido niuno solo por pescarme. (bis)

Pallas:              Porque eres bonito yo mucho te quiero

alitas de oro piquito de acero. (bis)

Cushpiu:          Por qué vez que tengo me ofreces tus brazos

si me vieras pobre no me hicieras caso.

Pallas:             Baila cushpiíto que te quieren ver

Sacude tus alas a bien parecer. (bis)

Cushpiu:          Sacudo mis alas con grande placer

Para que me oigan y hacerles querer. (bis)

Fin

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