En memoria de Perrovaca. Favio V. Figueroa

Perrovaca,  al fallecer el pasado 28 en San Marcos, se ha convertido en un todo un acontecimiento literario que  teje historia y testimonios desde la palabra y la imagen, a traves de voces multiples digitales. Favio V. Figueroa  comparte su testimonio, tomado de FB, como tambien se puede ver en  la Pagina oficial de Perrovaca UNMSM  -que tiene mas seguidores que estrella de rock- y Ultimas Noticias y en los comentarios, que aumentan el caudal. La narrativa peruana se ensancha y adquiere nuevos territorios expandiendo el  canon literario gracias a una fiel companera de clases y luchas estudiantiles. Adios Perrovaca.

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Jamás tuve un perrito en casa: Perrovaca fue la primera. Porque San Marcos es nuestra gran casa, como la fue para Olguita durante once años. Desde el día en que la vi por primera vez, siendo un cachimbo despistado, pensé no sin cierta inquietud que detrás de sus enormes ojos de novia se escondía alguna secreta inteligencia, como si pudiera darse cuenta de sobra que era la animal más famosa y celebrada y querida del Perú.

Pero de ninguna de esas vanaglorias se ufanaba Olguita, la mascota del pueblo, haciendo gala más bien de la gloriosa modestia con que llevaba su vida canina, habitando en su sencilla casita de madera de debajo de las gradas, humildes señuelos de una sanmarquinitud ejemplar.

Yo jamás voy a olvidar la tarde inverosímil en que te apareciste de improviso en mi clase: una majestuosa masa peluda, de proporciones elefantiásicas, tambaleándose y jadeando como riéndote de nosotros, de la cara de asombro de la catedrática y de nuestra exaltación, del éxtasis de un salón de cachimbos trémulos que no se creían merecedores de un honor tan grande como recibir una visita tuya. Ese era el día de nuestro examen parcial, Olguita. Y ¿sabes qué? Lo aprobamos todos, según recuerdo; acaso convencidos de que la mejor cábala era tenerte ahí, milagrosamente, con nosotros. Ese día me enseñaste que en San Marcos suelen ocurrir las cosas más extraordinarias de la manera en que uno menos se lo espera.

Yo he guerreado contigo, Olguita. Juntos hemos correteado a los policías sinvergüenzas que habían profanado nuestra San Marcos querida. Y hemos marchado, lado a lado, pata a codo, exigiendo la destitución del hipócrita que ahora tuitea que va a mandar erigir un monumento en tu memoria. Como si hiciera falta algún monumento para no olvidarnos de quién has sido, de quién eres todavía y quién serás por siempre en nuestros corazones.

Tú no eras, pues, una perra de raza; eras mestiza, una perrita bien chola, pues, Olguita, quizá también por eso te tuvimos tanto cariño. No eras un venado importado de alguna pradera de Europa, sino una perra común y corriente como los millones de perros que andan por el Perú. En vez de tener pedigrí, tenías más bien tu calle, tu conciencia de clase, como nosotrxs. Fuiste una perra bien pata, Olguita.

Ni los conflictos más crispados de la política universitaria, ni las amenazas más grandes que se han cernido sobre nuestra Decana, poniendo en peligro su naturaleza misma de Universidad pública, popular e insumisa; lograron nunca congregar a la comunidad sanmarquina con la fuerza con que tú nos has congregado en torno tuyo, en tu lecho de muerte, como para despedirte debidamente de nosotrxs. Ni Hachi fue tan popular como tú, Olguita.

Desde hoy, sin embargo, ya no rugirá más la perra-leona, sentada desde su trono sobre las gradas del Comedor Universitario, anunciando como fiscalizadora suprema del ritual diario del almuerzo de seis mil estudiantes, que todo estaba en orden. Tu deceso coincide con el onomástico de Vargas Llosa, otro sanmarquino con pretensiones de inmortalidad, aunque acaso ni la mitad de simpático que tú; y que seguramente habrá oído, no sin cierta punzada secreta de envidia, acerca de ti.

Las pugnas por la designación de tu sucesora o sucesor, como ocurre a menudo tras la muerte de los grandes personajes de la historia, van a ser, de seguro, arduas e interminables. Lo único que sé con seguridad es que ningún animal, perro o gato, serpiente de huaca o Tapir 599 van a hacerse querer en mi corazón la mitad de lo que te he querido a ti, Olguita.

Tiempos oscuros se avecinan. Serán los tiempos de un vacío insoslayable en los almuerzos universitarios, tiempos de una insoportable orfandad moral en casa, en esta gran casa de todos que es San Marcos, que vamos a seguir cuidando y defendiendo justo como tú has hecho a lo largo de toda tu vida.

Ya no puedo decir que nunca tuve un perrito en casa, Olguita, porque tú has sido la primera. Descansa en paz, compañera de mi corazón.

En memoria de Perrovaca
2008 – ∞

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