Fragmento de “Los papeles de Bea”. Marithelma Costa

Nota: Como un nuevo Caronte, el barquero Tito transporta a la protagonista de la historia, mi bisabuela, por la laguna Estigia. Fragmento del capítulo XXV donde mi bisabuela narra el encuentro que tuvo Tito con Pedro Lemebel. La novela se titula Los papeles de Bea.

                                                                                                 Marithelma Costa

XXV. Se formó la tángana

De repente Tito me interrumpió:

—Oye Rosalía, ¿para qué sirve ese simiñoco?

Se refería a la maquinita de enrolar que llevaba en la mano. Me la regaló mi nieto cuando volví a la Isla en 1935 y para mí era un amuleto. Se la enseñé. Estaba hecha de alumninio y tenía dos rodillos paralelos del tamaño de un pitillo unidos por una banda de plástico roja.

—Se usa para que los cigarrillos que enrolas a mano te salgan perfectos.

—¿Y cómo funciona?

—Se necesita papel y picadura de tabaco. El papel lo metes por aquí después de colocar la mezcla bien prensada acá. Pero sin material, no puedo mostrarte cómo funciona.

—Entonces toma.

Se sacó del bolsillo del una bolsa roja decorada con zig zags repleta de yerbas secas. Era un regalo de los chamanes que se montaron con él, cuando quisieron averiguar cómo los europeos y sus descendientes llegan al inframundo. Antes de salir volando, Inabón le dijo:

—Es para que te acuerdes de nosotros. Compártelo con algún viajero y la travesía se hará más agradable.

Cogí un puñado. Tenían un olor dulzón que me recordaba algo que no lograba precisar. Cuando me disponía a preparar el cigarrito…

—¿Y dónde está el papel?

—Perdona. —Fue a la popa y sacó un paquete de hojas muy finas que tenía guardadas en un tubo de cartón. Aparte de su tamaño y cantidad (eran tantas que podían dar para varios regimientos) estaban impresas.

—Vamos a fumarnos la tinta. Eso es respirar carbón.

—No te preocupes Lía, mucha gente asegura que esta tinta tiene un origen divino. Con que lleven un poco de razón, no nos pasará nada.—Buscaba la que se proponía utilizar.

—No quiero parecer curiosa, pero ¿qué libro mutilaste?

—Toma. —Me pasó una y cuando la tuve en mis manos me dio un vuelco el corazón:

—Por mi madre Tito, esto es la Biblia.

—Sí, hace un tiempito llevé en la barca a un escritor chileno muy simpático llamado Pedro Lemebel que se pasó expurgando la Biblia de sus pasajes homofóbicos,  misóginos y violentos. Fue una persona fuera de serie, creó en plena Semana Santa, un colectivo trans llamado Las Yeguas del Apocalipsis que hizo furor. Cuando cogíamos un break, me describía sus performances. A veces nos moríamos de risa; otras, él se ponía  serio y revivía las infamias que tuvo que soportar.

—El viaje tomó muchísimo tiempo, pues revisó la Biblia de rabo a cabo. Además, a menudo me pedía mi parecer, por lo que las discusiones duraban días. Terminamos hechos dos exégetas. Antes de desembarcar, me dejó las hojas descartadas y se llevó una Biblia flaquitita. Mira, tenemos varias posibilidades.

Entonces me pasó algunos fragmentos de Corintios, del Levítico y del Deuteronomio….

—Podemos elegir: “La mujer cuando conciba y dé a luz a un varón, será inmunda siete días…. Y si diera a luz a una niña, será inmunda dos semanas”. ¿Cómo te gusta eso? —Ya Tito empezaba a hablar como un boricua de Nueva York.

—O “yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol”.  Mira Lía, esto sí que es fuerte… que regalen las mujeres como si fueran cosas y después las violen en público. Provienen de Corintios y de Samuel. Ahí están apuntados los versículos. A Pedro le encantaba: “No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer, es una abominación”. Y este otro del Levítico: “Y cualquiera que tuviere ayuntamiento con macho como con mujer, abominación hicieron; ambos morirán. Su sangre será sobre ellos”. Algunos lo interpretan como que hay que lapidar a la gente gay, pero en la Biblia no queda muy claro.

—¿Cuál nos fumamos hoy?

—El que tú quieras.

Me pasó entonces la hoja del Levítico en honor a su amigo. Busqué el capítulo 20 versículo 13 con tal mala suerte de que quedaba justo en el medio de la página, por lo que tuve que recortar el pasaje con mucho cuidado. Al terminar, le devolví el sobrante. Me concentré entonces en preparar el pitillo.  El papel no tenía pegamento, pero ya era mucho pedir. Cuando terminé, se lo pasé para que lo encendiera. Lo palpó con cara de aprobación y lo pegó con saliva. Sacó entonces un cordón amarillo con un nudo en una punta y un mecanismo de hierro en la otra. Era un chisquero. Cuando vio mi cara, dijo:

—A que no sabes cómo funciona… A menos que se moje, nunca falla. Mira, aquí dentro hay una piedra que produce chispas cuando muevo esta ruedita. Las chispas hacen que la mecha se encienda y sólo tienes que soplar para que se avive la brasa. Prendió el pitillo, aspiró dos veces y me lo pasó diciendo:

—No está mal, no está mal…

Entonces, agarré una calada y toda la tensión que tenía acumulada desapareció. Era una sensación nueva. Se lo pasé:

—¿Oye, y cuándo aprendiste tú a fumar?

—Me enseñó Gladys en el Bronx.

—¿Y cómo fue eso?

—Me agarró un dolor de espalda que no podía ni caminar.  Cuando me vio tan mal, me llevó en un taxi a su apartamento, mezcló eucalipto, belladona y no sé qué más, lo enroló todo y me lo dio para que lo fumara. La verdad es que me mareé un poco, pero después de un rato me sentí mejor.

—Sí, sí, totalmente terapéutico… ¿Y no te colocó un poco?

—¿Colocó? —Mientras hablábamos, la niebla había desaparecido y en su lugar surgían un montón de puntitos luminosos como copos de nieve que se mecían alrededor de nosotros a velocidades diferentes…

—¿Y qué es eso?

—Pues tus sueños y mis sueños, y los sueños de cuanta persona ha pasado por esta laguna.

—¿A qué sueños te refieres? ¿A los que se quedaron en el tintero y se pudrieron esperando que llegáramos a ellos? ¿Los que nos visitaban por las noches? ¿Los que finalmente logramos?

—Pues son todos: depende del color, el tamaño y la textura. La época a la que se remontan también afecta la forma en que vuelan

—¿Se pueden tocar?

—No, no lo hagas, que si no son tuyos es muy peligroso. Mira los dibujos que trazan en el aire. Podemos adivinar de qué van.

Echó entonces el ancla, nos acostamos en la barca y comenzamos a soñar.

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