Kachkaniraqmi y la escritura post arguediana en Niel Agripino Palomino. Fredy Roncalla 

“Santuyuqmi nisuptink

Waka chutaschallay”

Hace poco, Niel Agripino Palomino ha vuelto a circular una entrevista a Enrique Rosas Paravicino en torno a su novela “Muchas lunas en Machupiqchu”[1], escrita en parte para responder al no tan escondido racismo de la pregunta “el hombre donde estuvo” que Pablo Neruda, viendo cimitarras ciegas y escuadras equinocciales , plantea en Alturas de Machupiqchu. En esa reveladora conversación, hecha a vísperas del centenario del maestro JMA, Enrique Rosas habla sobre su obra y parece dar los lineamientos de la posterior producción narrativa andina en general y la de Niel Agripino en particular.

Pero si “Muchas lunas en Machupiqchu” puebla el vacío arqueologizado de nuestra historia con personajes de carne y hueso, y abre la veta de novelas históricas andinas como, entre otras, Las tres mitades de Ino Moxo (Cesar Calvo), El paraíso del arcángel San Miguel (Mario Suarez Simich), Incendiar la pradera (Feliciano Padilla), Cronicas del Silencio (NIlo Tomaylla) El espía del inca (Rafael Dummnet), y Los Tupac Amaru (Omar Aramayo), en la misma entrevista Enrique también hace referencia a una literatura post arguediana, aunque no he podido consultar su texto inicial.

A nivel teórico, la propuesta post arguediana parece haber tenido poco atractivo mas allá de la opinión de Nilo Tomaylla respeto a que ya es necesario, para el escritor andino, dejar de escribir como traductor cultural: adecuándose a la validación de la letrachayoq llaqta. En una comunicación personal, que esperamos sea desarrollada en un articulo, el mismo Niel Agripino, señala que un elemento central de la literatura post arguediana es la estructura no lineal y moderna a partir del Boom[2]. En todo caso, el florecimiento de muchos registros narrativos, poéticos y artísticos andinos en las ultimas décadas nos hace ver que los territorios de la narración caminan ya en otros espacios que la aparente alteridad absoluta ente cultura originaria y “occidental” subyacente en la producción del tayta. Un rasgo central de ese espacio postarguediano es que el sujeto andino e indígena habla en primera persona y va dejando de poner al campesino, el indígena, el cholo, el quechua y los registros híbridos entre comillas, como algo “otro”. Somos, kachkanchik, kachkayku, porque poblamos la página en blanco como antes /ahora habíamos poblado la geografía, el tejido y los espacios acústicos de poesía concreta.

Sin ir por las vertientes, la entrevista nos permite plantear que Todavía somos de Niel Agripino, se desenvuelve a partir dos ejes simbólicos que vienen del maestro: kachkaniraqmi o el impulso de permanencia, y el espacio post arguediano.

Junto a las metáforas sobre los zorros y todas las sangres, kachkaniraqmi, es tal vez el acierto simbólico mas imperecedero de JMA. Su peso solo es comparable a “mundo al revues”y “no hay rremedio”de Wamán Poma, “hay hermanos mucho que hacer”de Cesar Vallejo, “el mundo es ancho y ajeno” de Ciro alegría y “no podrán matarlo” de Alejandro Romualdo. Esa poderosa alusión a la capacidad de sobrevivencia cultural quechua frente a la hegemonía social y cultural hace eco a nivel personal y en la vida cultural y política del Perú. Que Todavía somos lleve por titulo la versión castellana de aquel símbolo es testimonio de su huella, como lo son innumerables homenajes nominales antes y después del centenario del tayta.

Pero mejor rastrear las connotaciones de estos ejes en los propios cuentos. Ambos están claramente presentes en “ El retorno de JMA” que abre la colección. Ahí el espacio post arguediano, fuera de la especulación teórica, es el territorio recorrido por la abuela Justina, que al fallecer se junta con el espíritu de JMA. Y la sobrevivencia, todavía soy, es el lapso va de la imposibilidad de unión entre los amantes juveniles y su posterior viaje a un territorio Hanan, que cobija sus flujos narrativos, vitales y espirituales. El nieto que cuenta la historia se nueve en varios espacios preparando al lector a un final sorpresivo para el cual Mama Justina viaja a Lima pese a estar anciana, enferma y ciega para luego encontrarse con el espíritu del tayta con el cual asciende a hanan convirtiéndose ambos en zorro y laguna de Pacucha. Esta misma laguna tiene gran poder simbólico en la narrativa oral y también en Anqhas Wayta, reciente novela de Hugo Carrillo. Si en general la alusión mítica es característica de las poéticas indígenas del continente lo novedoso de Niel es que es capaz de condensar varios ejes simbólicos en relatos breves desarrollados con técnicas no lineales que sin embargo remiten a hanan. 

En momentos que varios discursos parecen liberarse de la lectura utopista de la cultura andina, tal vez sea necesaria una mirada más puntual del flujo símbolo-literatura en las escrituras indígenas y andinas en general y las de Niel Palomino en particular. Sobre Niel ya contamos apreciaciones de Jorge Terán Morvelli, Juan Alberto Osorio y la reciente lectura hecha por Gabriela Isabel Cordero San Martin usando la teoría de colonialidad del poder de Aníbal Quijano y Walter Mignolo.  

En el Cantar de Vitkus, relato de apenas algunas páginas, lo primero que resalta es la capacidad del narrador de contar una historia de larga duración centrándose en un periodo relativamente corto pero que alude a varios símbolos centrales y de e la historia peruana. Si el articulo de Gabriela Isabel Cordero ha señalado las luchas de los jóvenes cusquenos contra los ispanas (sic) como acto decolonial, pienso que es también profundamente decolonial el que la historia es narrada en primera persona: el otro son los ispanas y los diversos grupos que los apoyan y dan la cara en sus lucha contra los jóvenes cusqueños. Abriendo el relato con una alusión al yana kuychi del Apu Inka Atahualpaman, la historia cuenta varios momentos de la resistencia que el Inka organiza desde el querido Yucay. Se relatan las campañas de resistencia en el Cusco y en Lima, que se perdieron por el apoyo de cañaris, wankas, waylas, chachpoyas y otras naciones le dan a un conquistador que esta siempre al trasfondo, como una garabato al pie de página del relato central. Resalta el fracaso del sitio de Lima a causa de apoyo de la cacica huaylas en apoyo a su hija, que era concubina del vil Pizarro. Pero en ese mismo episodio vemos que las jóvenes guerreras del Cusco han participado activamente. La historia se cierra con la muerte del Inca a manos de unos traidores ispanas. Pero antes de morir el Inka le encarga al joven narrador adentrarse a la selva y organizar la resistencia. Un final abierto en el que la imaginación puede elegir entre Juan Santos Atahualpa e Inkarri. Tal vez mas mejor Juan Santos, en cuya leyenda la mano del antropólogo y el etnólogo ha intervenido menos. Es acaso ese joven que ha recibido el mensaje de supervivencia del Inka –kanki, kanaykipunim- el que ahora habla kachkani en primera persona (colectiva) en el espacio postarguediano y post indigenista, como se ve en el actual florecimiento de las artes en lenguas originarias hibridas y en varios registros de español en los espacios andino amazónicos?

En todo caso, el “otro” va camino a ser un atavismo.

Hay que cantar. El canto es la materia de la cual estamos hechos, como dijo el Tayta. Y Niel es un wakachuta que canta y compone waka takis. Como grauino seguro ha escuchado la música de los Chankas, cuya belleza te jala a recorrer los espacios abiertos de las punas altas de Grau, Cotabambas y Chumbivilcas. De este acervo y espacio proviene la cancion Barbarita sobre cuyo origen escribe Niel como antes lo había hecho Felicano Padilla con Laulico Montesinos.

Si en el Retorno de JMA el nieto es el narrador, ahora es la abuela, enferma también, que narra a su nieta el origen de la canción inspirada en ella. La historia empieza en el tikapallana de Progreso, continua con los amoríos a lomo de caballo de la joven con un profesor y se trunca cuando este no acude a una cita en Abancay que hubiese hecho posible que ambos se fugaran y vivieran juntos. Tiempo después, ya en Lima y casada con un buen hombre, escucha de Los Chankas la canción en su nombre, que este conjunto había grabado en tiempos de Velazco. Ese disco le va a hacer recorrer los recuerdos una y otra vez. Si bien este relato no tiene los mismos niveles etnográficos que la tradicional novela arguediana e indigenista, no deja de dar testimonio del desplazamiento cultural del ande a la costa, y del rol central que la música juega en todo ello. Por muchas razones las historias vitales de maestros, empleados y artistas del pueblo, terminan en condiciones precarias e inhumanas en el hospital, que es quizás uno de las caras más oscuras de la llamada modernidad. Y en el caso de Babarita, anciana diabética y solitaria, nada mas desolador que contarle su historia a la hija de un inquilino porque sus propios parientes no venían a verla.

Si Niel es narrador en castellano y poeta cantor en quechua, también maneja el registro hibrido, chapu chapu, que Zein Zorrilla acaba de llamar Clave Huambar: huella de las diversas zonas de intercalación e influencia lingüística entre el español y varios idiomas originarios. Si bien es entendible, ver a esta zona a partir de la diglosia tal vez a obstruido la valoracion y el cultivo de su potencial creativo. Pero no es el caso del relato El color del desarrollo en el cual el narrador cuenta la depredación minera a mártir de la metáfora de un gusano que come la tierra. Aquí el relato en español acusa marcada influencia del quechua en su composición morfológica. Se aumenta asi un corpus que empieza por Waman Poma, Huambar, Churata, Arguedas como predecesores y ahora aumenta en los trabajos de Virhuez (Volver a Marca), Oscar Colchado (Kuya Kuya), Apurunku (Killinchus pateadores de precipicios) para dar unos ejemplos. También esta zonas de creación hibrida, que ya la canción del ande ha practicado unaymanta, tendrían que tomar en cuanta experimentos multilingües como la ultima poesía de Odi Gonzales y la narrativa de Reyna Esther Aguilar y Jorge Muñez del Prado. Ello sin negar la floreciente actividad escritural tanto en quechua, español y en lenguas originarias con o sin traducción. Esta diversidad de recursos y universos creativos en constante dialogo es tal vez la marca mas notoria del espacio postarguediano en los andes. El color del desarrollo nisqan.

Transitada una suerte de lectura de arte poética en los primeros cuatro relatos de Todavía somos, la lectura se abre a la celebración de varios aspectos del tejido vital que al autor comparte con una gran cantidad de narradores para los el motivo del “otro” ha dejado de existir . En la confesión de Ofelio Uscamayta Niel nos cuenta una historia de violencia domestica, decepción , alcoholismo, celos y conversión en que al final el pastor evangélico navega con bandera de pendejo, pero se afana a la mujer del celoso, que ahora es un fiel seguidor de la secta. Puro humor, del que hay de sobra en los andes. Las historias de amoríos escolares y del alumnos pícaros y mataperros no podrían faltar. En Colegiala de mi primer latido se nos cuenta todo ello. Y también un partido de futbol entre los colegios Encinas José María Arguedas que poniendo los nombres de los maestros en la cancha los hace jugar pelota qaytaspapas en los nuevos espacios de la creatividad en el ande, como es en el caso de la narrativa postarguediana de Niel Agripino Palomino.

Casino Borgata, Atlantic City

14 de agosto de 2019

Terminado hikutallana por culpa del santo de Niel

Sasa qellqanam Todavia Somosmanta Kasqa

 
[1]

[2]Pero la no lienealidad, entre otros aspectos que Churata es el primero en reconocer, viene de Waman Poma.

1 Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s