“LOS TÚPAC AMARU” DE OMAR ARAMAYO: LIBRO DEL BICENTENARIO QUE TODO TAWANTINSUYANO DEBE LEER. Por Niel Palomino Gonzales

Leido por Niel en el reciente FIL Cusco. Companamos con una cancion de los Tupac Amarus de Tinta

Como se sabe, tanto la novela histórica como la historia novelada tienen por tema un hecho histórico y un personaje o personajes históricos. Empero, la diferencia esencial estriba en el elemento añadido. Es decir, la historia novelada es eso, una historia que se narra en forma de novela, sin variar los hechos y sin añadir algo del autor. En tal sentido, en ese libro predomina más la historia que la literatura. Y la crítica literaria no la acepta como novela por mala, la considera subliteratura. En cambio, la novela histórica es aquella en la cual, el novelista, sin variar los hechos históricos, aporta lo suyo, su cosecha personal. ¿Cómo así? Le inventa un sueño, ahonda más en el trauma o la una anécdota del personaje, le dota del lenguaje y le hace hablar, le concibe una carta, incorpora un personaje. Estos son los matices, que MVLL denomina “el elemento añadido” y son estos elementos los que, sin alterar la historia, enriquecen al cuento o a la novela y la hacen una obra de arte que no solo va a informar al lector, sino le va a entretener y conmover. En cambio la historia novelada solo informa. Ahora, ¿por qué el literato acude a la historia? ¿Cuál es el objetivo principal del novelista para tocar temas históricos? El gran György Lukács, en su Teoría de la novela, esboza una respuesta. Y nos dice que es para cubrir el espacio que no alcanza la historia en el público por su objetividad o porque pocos leen historia y muchos la novela. Balzac, el genio del Realismo, nos auxilia con otra respuesta. Porque, la novela es la historia olvidada de los pueblos. Y, nuestro Manuel Scorza, dice que la novela es el gran tribunal de apelaciones de los juicios perdidos.

Si juzgamos a la novela Los Túpac Amaru bajo los argumentos esgrimidos. Sí es una novela histórica, y mucho más, es la epopeya andina jamás escrita en esta patria grande. Comparable con las mejores epopeyas del mundo. ¿Cuál es el aporte o elemento añadido de Omar Aramayo?
En primer lugar está el lenguaje, la voz poética del vate Aramayo puesta en la boca de los personajes. El ritmo, la cadencia, la musicalidad y las figuras literarias desplegadas en toda la obra extensa y hasta en los títulos. Y, esto se explica porque Omar es un poeta consagrado desde hace más de 60 años. Otro elemento añadido son también las cartas, los mitos de Thunupa o Ekeko, la de Kopakati. Como también están los romances de los personajes, bien ficcionalizados y muy bien narrados. Y no podría ser de otra forma, Scorza dice sobre el mito: “Expulsado del tiempo y del espacio, los sobrevivientes de las culturas precolombinas. Porque un pueblo expulsado de la historia no puede retornar a la historia a través de la historia, sino a través del mito”. Es decir, de la literatura. Está también, el árbol genealógico de Túpac Amaru, está la línea del tiempo, el mapa del nuevo estado inca. Está la profusa bibliografía que el autor consigna en la parte final del texto. Todos estos elementos funcionan como hipotextos. Y a la vez son muestra de que la escritura de esta novela implicó también lectura e investigación del autor.

Geográficamente, los hechos ocupan tres continentes: América, Europa y África, por su puesto con mucha incidencia en Perú y Bolivia, en Cusco y el Altiplano. Y cronológicamente, abarca dos siglos y medio. Desde el crimen contra Túpac Amaru I por los españoles hasta la muerte del último Túpac Amaru, Juan Bautista en Buenos Aires.

La prosa poética de Omar Aramayo en esta novela, nos envuelve de hechos gloriosos de nuestros hermanos cusqueños y tawantinsuyanos, héroes nuestros, dignos de toda admiración; nos envuelta de ternura cuando se lee las cartas de Manuela Copacondori, a su esposo Pedro Vilcapaza, la carta de Diego Quispe a su mujer, de Narciza Castro a Andrés Tupac Amaru; nos envuelve de terror y dolor, los pasajes de la ejecución de José Gabriel Condorcanqui, y todos los que fueron presos y sufrieron la más insensata muerte por la libertad, derecho sagrado; nos envuelve de coraje e impotencia la historia de Antonio Varela Noguera, bebé mártir, que nació producto de la infame violación sexual del comandante Pedro Antonio Varela a la sobrina de Túpac Amaru, mientras ella estaba en la prisión del Cusco. Son hechos atroces. Nos muestra la crueldad de los españoles en la Caravana de la muerte; nos envuelve de sufrimiento con la agonía sin fin de Fernando Túpac Amaru y su muerte en España. Pero, además, la maestría poética de Omar Aramayo, su lenguaje, su amor a los Túpacamaru, nos conmueve hasta las lágrimas; pero también de admiración a los valerosos hombres y mujeres que lucharon contra la opresión y el abuso al tawantinsuyano. Nos baña de amor a ellos, porque lucharon por lo nuestro y murieron en la lucha, sin claudicar ni pedir clemencia al verdugo español. Más al contrario, murieron gritando “¡Libertad!”, “Volveré y seremos millones”. ¡Qué admirable e imitable forma de morir! Entonces hay que leer este libro con nuestros hijos, para purificar nuestra alma atormentada, para cicatrizar nuestras venas abiertas y para que nunca se nos olvide lo que ellos hicieron por nosotros, para reivindicarlos como legítimos mártires y héroes nuestros, para imitarlos y para terminar lo que ellos empezaron. Pues, a decir de Tito Galindo: “En 1780 la revolución tupamarista fue el intento más ambicioso de convertir a la utopía andina en un programa político. De haber triunfado, el Cusco sería la capital del Perú, la sierra predominaría sobre la costa, el indio y su cultura no habrían sido menospreciados”.

El adalid de esta gesta libertaria, José Gabriel Túpac Amaru, es mostrado como un hombre sabio formado por los jesuitas, políglota (hablaba latín, griego, castellano y quechua), político preparado, integrador de razas y culturas, amoroso esposo y padre, militante de la masonería, UN CUSQUEÑO UNIVERSAL. Y nuestra Micaela Bastidas, es mostrada como la amorosa madre, la incondicional esposa, la insuperable compañera, la gran estratega de guerra, la admirable agitadora de masas, la guerrera ejemplar, la ideóloga andina, la orgullosa y digna mujer que nunca se arrodilló ni derramó ni una lágrima ante la vista de los malditos pukakunkas españoles. ¡Cuánta falta nos haces hoy, mamá Micaela! ¡Reencárnate ya en alguna tawantinsuyana!

Así pues, como en las mejores novelas de la literatura universal, en Los Túpac Amaru, confluyen temas y sentimientos como el destino, la vida, la fatalidad, la muerte, la política, la historia, el honor, las traiciones, la venganza, las luchas, la ternura, los amores, las costumbres, la explotación, las abusivas mit’as, los impuestos, las perversiones de las autoridades coloniales y la iglesia durante el Virreinato, etc. Por lo manifestado, está Los Túpac Amaru quepa en lo que nuestro Nobel Mario Vargas Llosa denomina novela total.

A casi 500 años, esta novela tiene los méritos suficientes para constituirse en una obra de bicentenario junto a El espía del Inca de Dumett. Al respecto, hace unos días el narrador Zeín Zorrilla, nos preguntaba, ¿qué bicentenario de la independencia?, ¿la independencia de quiénes? ¿Cuál de las independencias? La que unos extranjeros regalaron a los criollos de Lima o el que la peleamos desde Manco II hasta Basilio Auqui? quiénes? ¿La que se proclamó en Tacna 1811, de Huánuco 1812, de Cuzco 1814, la proclamada por el capitán morochuco Basilio Auqui en Cangallo – Ayacucho de 1814 o la de San Martín en 1821? Con legítimo derecho, los escritores limeños, han escrito novelas como La Perricholi, reina de Lima y afirman que ella y Santa Rosa de Lima, son los personajes emblemáticos del bicentenario; pero para nosotros que aún miramos el mismo cielo que miraron Los Túpac Amaru, para nosotros que aún pisamos la misma plaza donde humillaron a los Túpac Amaru, para nosotros que terminaremos lo que Túpac Amaru II empezó, nuestros héroes del bicentenario son las y los Túpac Amaru, las Micaela Bastidas, las Tomasa Titto, los Túpac Karati, los Tampuwaqsu, los Vilcapaza, las Bartolina Sisa, etc. Por eso, este es el libro que todo cusqueño y todo tawantinsuyano debe leer.

Dice Scorza: “Nosotros vivimos en un continente donde lo escrito ha sido una permanente falsedad, que comienza con la instauración de la República. Las propias constituciones son colecciones de mentiras, de mala literatura; las Constituciones de América son resúmenes de humor negro. El periodismo mismo es una calumnia permanente de la realidad. En esa realidad de la literatura se presentó como una apelación a la verdad…”. Como un intento de establecer la otra verdad, la verdadera verdad, pero de ninguna manera la voz de los vencidos, sino la voz de los que, soslayando su egoísmo y sus intereses personales y familiares, fueron capaces de dar su vida por la patria grande, por la libertad del tawantinsuyano. En ese sentido, solo la literatura, solo las obras como Los Túpac Amaru de Aramayo nos puede redimir y manumitir. Por eso, quien pretenda buscar la información más completa sobre lo que significó el levantamiento tupacamarista que lea este libro.

Los Tupac Amaru es de un autor puneño. ¿Por qué un puneño debe escribir sobre Túpac Amaru? Porque ese puneño ama al Cusco, con el mismo amor milenario que sintió el puneño Manco Qapaq en cuanto hundió la barreta de oro en el sacratísimo Wanakawri. Pues, no olvidemos que los incas descienden del Altiplano. Y desde aquella lejana vez, los hermanos del Altiplano han estado siempre en auxilio a Pachacutec contra los Chankas, a Manco II contra los españoles y sus aliados, a José Gabriel Túpac Amaru II contra los españoles. Y, porque el Alto Perú se continuó la lucha de los Túpac Amaru. Entonces, Puno es Cusco y Cusco es Puno. Y tal parece que son los españoles quienes destruyeron esa unidad para enemistar dos pueblos hermanos. ¡Y ojalá este libro vuelva a hermanarnos!

Novela histórica, novela total, documento de resistencia andina, denuncia del vil e insano acto terrorista contra nuestros antepasados, ópera de los guerreros inkas, primera epopeya del Tawantinsuyo, este libro es un acto de amor a los Túpac Amaru y sus descendientes directos que aún viven en Cusco y el Altiplano, como diciendo, ¡LO MATARÁN Y NO PODRÁN MATARLO!. Por todo ello, Kawsachun Tupacamarukuna, Haylli, Jallalla wiñaypaq, taytamamanchis Túpac Amaru Micaela Bastidaspuwan.

Gracias, gran Omar Aramayo Cordero, por este amor al Cusco y a los Túpac Amaru!

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