LITERATURA ANDINA. Juan Alberto Osorio

Juan Alberto Osorio comparte unas reflexiones muy actuales sobre la literatura andina, que es necesario poner sobre el tapete al hablar tanto de literatura occidental como andina en el Peru. Su propuesta es que ambas son mestizas, con un mayor grado de inclusion de la cultura quechua y aymara en la andina y un rechazo de parte de los criollos, que se verian como “occidentales”. Pienso que haya literatura y cultura “occidental” pura es harto incierto. Pero acaso el colofon mas importante es la critica radical de Juan Alberto a la alteridad discriminatoria

Por qué pueblos indígenas, lenguas indígenas, día de la mujer indígena. Porqué esa etiqueta de indígena. Suena a discriminación, hacer un aparte, una reservación; señalar algo distinto, marcar una diferencia con los otros. Por qué no pueblos peruanos, lenguas peruanas, mujeres peruanas, Casi quinientos años después, se trata de poblaciones mestizas. El mestizaje es un proceso en el que existe un centro y dos externos. Uno, con predominio occidental y algunos componentes andinos; el otro, a la inversa, con predominio andino y algunos elementos occidentales. Los pueblos, las lenguas y las mujeres indígenas, serían en realidad mestizos peruanos. Los españoles antes de llegar a estas tierras, desde 1514 o 1515, los llamaron peruanos. Los cronistas en la colonia hablaban de Reino del Perú o Pirú. Perú fue el nombre popular aunque otro fuese el oficial, en todo el periodo colonial y así se mantuvo en la República. Por qué excluir de esa república peruana a esos habitantes, que son los auténticos peruanos, con casi mil años de peruanidad.

LITERATURA ANDINA

                                                                                  Juan Alberto Osorio

Desde la década del ochenta se produjeron algunas confrontaciones entre escritores llamados criollos y andinos. Muchos intervinieron en ese debate que duró hasta muy entrado el año 2000. El debate tiene dos etapas, primero es la confrontación, y luego algunos escritores, asumen la denominación de andinos, y buscan precisar los rasgos distintivos de esta literatura. Participé en ese propósito, con trabajos publicados en revistas, como Apumarca de Puno y Umbral de Chiclayo, y Sieteculebras de Cusco. También lo hicieron otros escritores e incluso propusieron nuevas periodizaciones y una nueva historia de la literatura peruana, desde la perspectiva andina, como Jorge Flórez Áybar. Han transcurrido más de treinta años de esa efervescencia y de ese encono.

Fueron los escritores limeños los que usaron la denominación de literatura andina, de modo profuso, desde la década del ochenta. Les servía para nombrar a toda la producción literaria de la sierra peruana, y la entendían como subalterna, periférica, y de escasa calidad e importancia. De este modo, se proponían ellos como centro, como literatura hegemónica,  representantes de lo nacional, e imponían su canon.

Entonces los llamados criollos, a fines del siglo xx, concebían la literatura peruana como expresión simbólica de dos grandes segmentos socioculturales o semiosferas: la occidental y la andina. Ellos producirían  una literatura occidental, y la imponían como nacional. La literatura andina sería la producida en la sierra, expresión de una cultura andina.

La cultura andina es la que encuentran los españoles cuando llegan, en 1532. Se produce, entonces, una confrontación, un genocidio cultural y étnico. La nueva cultura hegemónica se impuso con violencia, provocando un repliegue de la cultura andina. Pero antes, fijémonos como fue la cultura occidental que trajeron los españoles, y cómo fue la cultura andina que encontraron. Lo occidental y lo andino los  estamos usando en términos generales, porque ninguna es homogénea. La occidental fue una cultura heterogénea y diversa, y de la misma manera, la andina. No hay cultura homogénea.

La cultura que traen los españoles está impregnada de elementos culturales judíos y árabes. Los judíos estaban en España desde hace mil años, y los árabes, desde ochocientos años. Estas culturas llegan a España, cuando esta no existía como Estado, y ese territorio estaba integrado por varios reinos, con sus respectivas culturas y lenguas, como León, Galicia, Castilla, Asturias, Cataluña, los Vascos y otros. El denominador común fue la religión católica. Varios escritores españoles son judíos o de ancestro judío. Había judíos en las mismas Cortes de la aristocracia española.  El caso de los árabes es de mayor presencia cultural y racial, porque era una población masiva que ocupaba parte importante del territorio español. Aquí el mestizaje es mayor, y la literatura da cuenta de ello.

Los españoles que vienen a las Indias, lo hacen porque huyen de algo (de la pobreza, de la justicia, de su pasado judío o árabe). No tenían nada que perder. La Santa Inquisición los persigue, porque no pueden probar su limpieza de sangre. Se desplazan de una región a otra en la propia España.  Fuera de España, fingen ser cristianos antiguos, pertenecer a familias de cierta importancia cuando en realidad eran labriegos sin tierras, artesanos empobrecidos, vagabundos o delincuentes. Muchos españoles llegan al Perú con apellidos cambiados. Los adquirían en Ciudad de Dios. El escritor español Mateo Rosas de Oquendo, en Sátira a las cosas que pasan en el Perú (1598), se burla de ellos, de sus apellidos falsos, de sus fingimientos de alcurnia, de sus vestimentas y modales.  De muchos de los llegados al Perú, se sospechaba de tener orígenes judíos o árabes, y algunos de los cuales fueron descubiertos y enjuiciados. No olvidemos que a Diego de Almagro, padre, sus enemigos le apodaban el Moro. Rodrigo de Triana, el que da el anunciado de tierra, era judío. Pero también en España estaban los negros, aunque en escaso número, se supone que desde el siglo XVI. Junto a los españoles llegan a América algunos negros, son negros españoles, que hablan castellano. En El Lazarillo de Tormes (1554), primera novela picaresca, existe una muestra del mestizaje entre un negro y una española. También desde estos tiempos están en España los gitanos.

A propósito, como estudiantes antonianos, nos agradaba conversar con jóvenes extranjeros que llegaban al Cusco. En una ocasión, unas muchachas, no recuerdo bien si danesas o suecas, se sorprendieron porque nosotros nombramos a los blancos españoles. Una de ellas reaccionó, los españoles no son blancos, afirmó, mezclados como están con negros, judíos y árabes. Los blancos somos nosotros, los nórdicos, dijeron. Comprendimos que también entre europeos se discriminaban. Posteriormente, nos topamos con algunas novelas españolas y francesas, en las que se desatan algunas discusiones entre madres e hijas, cuando estas hacen las tareas domésticas con desgano. Las madres les dicen si se creían hijas de alemanes. En la novela La modificación de Michael Butor, una persona ingresa al vagón de un tren en el que viaja el narrador, quien al verlo, dice debe ser inglés.

Ese era el panorama de España en aquel momento. Es decir, los españoles eran los menos occidentales de los occidentales. Además, los españoles llegan al Perú, después de estar en Centroamérica cuarenta años. Al mestizaje de los españoles con las culturas judía y árabe, se añade entonces  la cultura centroamericana, además de un mestizaje étnico. Por ejemplo, en ese tiempo en Centroamérica, el maíz se había convertido en el alimento básico de los españoles, a menudo hay riñas entre ellos por este producto. En Centroamérica y en el Perú aparecen españoles que no conocen España, tenemos el caso de Diego de Almagro, hijo.

Por otro, se dice que la fase imperial del incanato era reciente, que al momento de llegada de los españoles, la nación inca estaba empezando su formación y fue obliterada. En su interior había varias culturas y lenguas. En los pueblos recientemente conquistados existía un resentimiento que se incrementa con la presencia de los españoles. Existían también descontentos y pugnas entre los diversos estratos de la nobleza incaica. La muerte de los Incas conmociona  las poblaciones, pero al mismo tiempo, alienta a los pueblos conquistados por los Incas, a recuperar su autonomía. Ven en los españoles sus salvadores y les ayudan a destruir el imperio de los Incas. Esos pueblos pensaban que los españoles se irían pronto. La cultura andina al momento de la llegada de los españoles fue una cultura también mestiza, en la que interactuaban varias culturas y lenguas, entre las cuales se establecía una relación de armonía y conflicto.

Entonces, en 1532, se produce el encuentro de dos culturas heterogéneas, híbridas, mestizas. El imperio de los incas era un espacio multicultural, donde la diversidad era evidente. De igual manera los españoles son portadores de una cultura occidental  atravesada por la diversidad, además de las diferencias, según las regiones de España. Esto va en contra de las posturas homogenizadoras en la cultura que traen los españoles, como en la cultura andina que encuentran aquí. La relación intercultural, incrementa la estructura heterogénea de ambas. El intercambio de elementos culturales genera una hibridez, que desemboca progresivamente en un mestizaje. Los españoles se van tornando mestizos, y de igual modo, los quechuas y aymaras; un mestizaje cultural y étnico se extendió con rapidez.

Al entrar en contacto y conflicto estas culturas, andina y occidental, fueron creando un espacio intersticial en la negociación de bienes culturales, que algunos llaman religación, en la que una cultura toma elementos de  otra, en un proceso de hibridación, pero luego cada cultura se repliega. Cuando la mezcla se incrementa con el tiempo y la intensidad de la relación, se produce un mestizaje generalizado. En esos momentos fundacionales, liminales, existen entonces dos grandes formaciones socioculturales o semiosferas enfrentadas, la occidental y la andina.

Cuando decimos cultura andina nos referimos a la presencia actual de las culturas quechua y aymara, y otras, una cultura andina mestiza, occidentalizada. Y paralelamente, cuando decimos cultura occidental nos referimos a la traída por los españoles, y que quedó atravesada por las culturas andinas. Ambas, andina y occidental, en estado de mestizaje.

Por aquella época, aparecen los llamados criollos, es decir, mestizos en su primera acepción, hijos de españoles nacidos en América, conocedores y participantes de su cultura. El mestizo cultural y étnico aparece por todos lados, en oposición de las concepciones esencialistas, que imaginaban la pureza de la cultura española en estas tierras. Se crea un espacio híbrido desde 1532. Estos dos mestizajes que en un primer momento se dan por separado, como expresión de dos segmentos socioculturales, de dos semiosferas, se van integrando, hasta constituir una, que es el existente en la actualidad. Los reductos han sido abandonados, se aproximan y mezclan, abandonando repliegues identitarios. Ambas se imaginaron homogéneas.

Pero después asoma otro componente cultural, el africano, con su secuela esclavista. No es el negro español, sino otro, posterior, producto de la comercialización de esclavos. El componente africano cobra importancia en la colonia y mucho más en la república. Si volvemos a una situación inicial, fundacional, tenemos dos culturas (española y andina), Semejan dos círculos, dos esferas, que se aproximan y colisionan, pero luego la interacción intercultural, agresiva de una parte, y pasiva, de otra, hace que estas esferas se atraviesen hasta crear un espacio común, pequeñísimo al comienzo. Es un intersticio entre ambas culturas, que con el tiempo, se va ampliando. Este espacio intersticial híbrido, que acoge elementos de ambas culturas, se va ampliando,  en un mestizaje creciente. Dos o tres años después de la llegada de los españoles, en muchos lugares del Perú, sobre todo en el Cusco, se veían muchos niños mestizos, vestidos a la usanza española. Y el primer conato de rebelión contra los españoles fue promovido por jóvenes mestizos, en 1567. Afirmaban que como mestizos los corresponde el gobierno.

Contrariamente, nosotros proponemos que en la actualidad, y desde hace varios siglos, en el Perú existen dos formaciones socioculturales, una que se imagina a sí misma como occidental pura y otra occidental mestiza, porque asimila elementos culturales andinos, y sus expresiones literarias se diferencian de las expresiones puramente occidentales porque puede admitir elementos culturales andinos.  No toda la literatura que se produce en la sierra debe denominarse andina, término discriminatorio e impropio. Esta literatura occidental  con elementos andinos, es la literatura que prevalece en el Perú de hoy, y no se considera periférica, y rechaza toda relación de subalternidad.

 Pero hay una literatura que se llamó andina. Había en ella una remisión al mundo rural, a  ciudades de la sierra, con  una profusión de deícticos que identificaban ese espacio, y con presencia de elementos culturales andinos. Se insertaban en esos discursos, narrativos o poéticos, relatos orales tradicionales de origen quechua o aymara, discursos míticos que remitan a situaciones utópicas. Es decir, hipotextos existentes en la tradición escrita u oral. Expresaban, además, formas de reflexión y sentimientos andinos, una epistemología propia distinta de la occidental. En diverso grado, hubo todo esto en la literatura que los “criollos” llamaron literatura andina, además del manejo de una lengua interferida en el habla de los personajes. La lectura extendía sobre ella una mirada arqueológica, como  productos de una literatura anclada en el pasado, y fundada en concepciones arcaicas.

La literatura que se hace hoy, y viene de fines del pasado siglo, es –dijimos– una literatura occidental, se diferencia de la occidental limeña por la posibilidad de admitir elementos de la cultura andina, reflexiones y sentimientos andinos, allí el carácter de su mestizaje. Como lugar de enunciación no están solo las ciudades de la sierra, pues la cultura andina se ha desterritorializado en buena parte, y se reterritorializa en otros espacios.

 Una obra debe ser considerada como andina cuando es una expresión simbólica de la cultura andina. Cuando se hablaba de literatura andina se volvía  a situaciones iniciales: cultura occidental frente a una cultura andina, pensada como estancos cerrados, como reservaciones. La situación de entonces ya era de un mestizaje generalizado, mestizaje que además empezó con la llegada misma de los españoles.

Desde estos puntos de vista no sé si sea pertinente hablar de una cultura o nación quechua, y de una cultura o nación aymara. La primera nos parece más difusa e imprecisa. La segunda parecería tener más concreción, con una población más compacta, con una territorialización bastante más precisa. Aceptar esta situación sería suscribir criterios coloniales, porque esas culturas son también  mestizas. Pero existe hoy  literatura de ficción que defiende la existencia  de una nación aymara, por ejemplo.

Hasta hace poco, ciertos sectores literarios, se llamaban a sí mismos criollos, no en el sentido de mestizos que tuvo inicialmente este término, sino de occidental, de descendiente de españoles o europeos. Presentaron la literatura como expresión de dos formaciones socioculturales, dos semiosferas enfrentadas. Según ellos por un lado, una  cultura criolla, calificada como occidental, y por otro, la cultura andina. La literatura que se produce en el Perú, sería expresión de estas dos formaciones culturales. Los llamados criollos se calificaron como escritores occidentales, sin asomo de elementos culturales andinos, cultura que rechazaban y rechazan. Los escritores que producen en el interior del país, en  ciudades de la sierra, consideran sus obras como expresiones simbólicas de una cultura occidental, que admite componentes culturales andinos. La diferencia está en que una rechaza la cultura andina, y la otra, la acepta, la reconoce también como suya.

En el pasado estuvo la intención de presentar a la llamada literatura criolla como regida por una nacionalidad científica, y la literatura andina, como dominada por una racionalidad mítica. Eso resultó un absurdo. Desde sus inicios, cuando se produce el encuentro de estas dos culturas, los españoles son portadores de una racionalidad científica y de una racionalidad mítica, y la cultura andina es también usuaria de ambas racionalidades, la científica y la mítica. Lo contrario es suscribir un pensamiento colonial y nada científico. En los últimos tiempos se está abandonando las denominaciones de criollos y andinos, pero el fundamento ideológico sigue vigente.

En oposición, se plantea la existencia, en el Perú de hoy, de dos formaciones socioculturales, dos semiosferas: la cultura occidental mestiza y la cultura occidental, supuestamente pura. La literatura que se produce en el Perú es expresión simbólica de estas dos culturas, de estas dos semiosferas, una grande, que compromete a más del ochenta por ciento de la población nacional, que es la cultura occidental mestiza, y la otra semiosfera, pequeña, que se califica a sí misma como occidental, que no admite componentes andinos. La literatura nacional es una literatura occidental con la presencia de elementos culturales andinos, en diverso grado, frente a otra, literatura occidental, que no admite componentes andinos. Esa es la diferencia. Nuestra cultura es occidental desde el hogar, la formación educativa y la presencia permanente de ella, en nuestras vidas. La cultura andina aparece junto a estas vivencias, como herencia social.

La literatura que proponemos es una literatura nacional, una literatura peruana, de elaboración occidental, pero con presencia de elementos culturales andinos. Una literatura propiamente andina existe y es aquella, también mestiza, pero con predominio de elementos de la cultura andina. Una literatura oral o escrita, en castellano, quechua y aymara, próxima a la calificación de etnoliteratura, con presencia de una reflexión mítica y abundancia descriptiva con elementos deícticos.

En el Perú de hoy existe una fuerte influencia de elementos culturales y étnicos de origen africano, como que tenemos negros campesinos y un mestizaje con miembros de comunidades de la sierra. Existe literatura que ficciona ese universo negro. Así podemos hablar de negros en diversos lugares del territorio nacional.  Posteriormente tendremos la presencia de chinos y japoneses que desarrollan otros mestizajes en la sociedad peruana, en todo el país. También están las culturas que traen los inmigrantes europeos del siglo XX: italianos, los de la antigua Yugoslavia, y de otros lugares. Por esa época también llegan al Perú, inmigrantes árabes, especialmente palestinos. Todos ellos se establecen en distintos lugares del interior del país. Últimamente es fuerte la influencia norteamericana, que modela drásticamente, sobre todo a la juventud de nuestro tiempo. Con la llamada globalización, la presencia de la cultura occidental es avasallante, aunque avivó sentimientos nacionalistas, provocando guerras interculturales, choques de civilizaciones, culturas occidentales frente a la cultura oriental. Occidente se considera propietario del mundo, en una etapa posterior al colonialismo occidental que concluyó a mediados del siglo XX. Esto recuerda en nosotros nuestras etapas colonial y postcolonial, y la subsistencia de situaciones coloniales en plena modernidad. Hemos pasado de un colonialismo español  a un colonialismo interno. Nuestra etapa postcolonial no fue de descolonización como correspondía. Y la estructura colonial del estado sigue presente, así como el pensamiento colonial. Esto se debe a que el Estado no fue fundado por los colonizados (indios, mestizos, negros, mulatos y criollos pobres) sino por una parte de los colonizadores, las llamadas élites criollas, y casi todo siguió igual.

Por qué pueblos indígenas, lenguas indígenas, día de la mujer indígena. Porqué esa etiqueta de indígena. Suena a discriminación, hacer un aparte, una reservación; señalar algo distinto, marcar una diferencia con los otros. Por qué no pueblos peruanos, lenguas peruanas, mujeres peruanas, Casi quinientos años después, se trata de poblaciones mestizas. El mestizaje es un proceso en el que existe un centro y dos externos. Uno, con predominio occidental y algunos componentes andinos; el otro, a la inversa, con predominio andino y algunos elementos occidentales. Los pueblos, las lenguas y las mujeres indígenas, serían en realidad mestizos peruanos. Los españoles antes de llegar a estas tierras, desde 1514 o 1515, los llamaron peruanos. Los cronistas en la colonia hablaban de Reino del Perú o Pirú. Perú fue el nombre popular aunque otro fuese el oficial, en todo el periodo colonial y así se mantuvo en la República. Por qué excluir de esa república peruana a esos habitantes, que son los auténticos peruanos, con casi mil años de peruanidad.

Desde esta perspectiva sería improcedente hablar de literaturas indígenas, estaríamos antes literaturas mestizas que se expresan en quechua, aymara o castellano. La escritura en quechua, sobre todo en poesía, es de antigua data, y hecha por élites criollas y mestizas, intelectuales, académicos. Los relatos son escasos, excepto los orales que recaen en el ámbito de una etnoliteratura. Esta literatura en la práctica carecía de lectores, como carece hoy. Si los hay, son unos cuantos intelectuales que se esfuerzan para estas lecturas, si las hacen. Aquí se produce un desfase. No sabemos si estos autores escriben en quechua directamente o lo hacen en castellano y lo traslucen después al quechua. Me inclino a creer que la segunda posibilidad sea la más socorrida, sobre todo tratándose de textos de mayor extensión. Los hablantes de estas lenguas, quechua y aymara, no leen esta literatura, porque no tienen la práctica escritural y menos la de lectura.

         En el momento, haciendo una abstracción dentro de la heterogeneidad, podemos proponer la existencia de tres literaturas peruanas. Una que es expresión simbólica de una cultura occidental mestiza, que se produce en todo el territorio nacional. Esta literatura admite la posibilidad de incorporar en los textos elemento culturales andinos, quechuas o aymaras, explícitos, implícitos o sustratales. La otra literatura es expresión simbólica, según declaraciones de sus propios autores, de una cultura estrictamente occidental, minoritaria, que no admite componente culturales andinos, y más bien los rechaza. Una tercera literatura sería la andina, expresión de esta cultura, también mestiza, donde el componente andino prevalece. Esta literatura, oral o escrita, en quechua o aymara, es próxima  a la etnoliteratura, y se caracteriza además por la escasa presencia de códigos y exigencias de la literatura occidental.

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